Viaje al salvaje oeste (de Irlanda)

La ciudad de Galway es el trampolín perfecto para descubrir la riqueza natural del oeste de Irlanda

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Dolmen de Poulnabrone Irlanda. Dolmen de Poulnabrone

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Dolmen de Poulnabrone

Desde hace siglos resiste los embates del viento atlántico en el Parque Nacional de The Burren (An Boíreann en gaélico), una zona de roca cárstica. 

Getty Images

Connemara Irlanda. Parque Nacional de Connemara

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Parque Nacional de Connemara

El poni de Connemara, la raza autóctona del oeste irlandés, podría proceder del cruce entre caballos españoles llegados con la Gran Armada en 1588 y la especie que vivía en estado salvaje en la isla. Otra teoría apunta a un origen vikingo.

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Playa Glassilaun Irlanda. Playa de Glassilaun

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Playa de Glassilaun

Este arenal blanco junto a la bahía de Killary, en Connemara, está resguardado por altas montañas. Es una playa perfecta para el baño. 

ACI

Bosque Barna Woods Irlanda. Barna Woods

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Barna Woods

El robledal más antiguo de Irlanda se localiza cerca de la ciudad de Galway. También poblado por hayas, alberga vestigios arqueológicos y está surcado por una red de senderos.

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Piedra de Turoe Irlanda. Piedra de Turoe

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Piedra de Turoe

Esta roca de un metro de alto presenta grabados celtas, líneas y dibujos florales realizados entre los siglos III y I a.C. Se localiza cerca del pueblo de Bullaun. 

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Acantilados de Moher Irlanda

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Acantilados de Moher Irlanda

Dolmen de Poulnabrone Irlanda

Viaje al salvaje oeste (de Irlanda)

En Galway sorprende que no solo haya prados y colinas. Todo es verde, pero amenizado por los matices rojizos de las turberas y las fucsias que crecen silvestres, y por los reflejos azules de los lagos y las playas de arenas blancas. En cuanto a los pastos, su extensión queda minimizada frente a la magnitud de los acantilados de Moher o del paisaje cárstico de The Burren. Tampoco hay que desdeñar los bosques, fuente de madera y de leyendas que aún perduran bajo el musgo que cubre piedras y troncos.

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Fotografías

La actividad humana, tras siglos de pastoreo, explotación de las turberas y pesca, se ha mimetizado con el paisaje, como testimonian los muros de piedra seca, los vestigios de iglesias medievales o una granja en medio del campo. Estos elementos forman parte del entorno, de igual manera que un arroyo, un bosque o una colina.

Los vestigios celtas son uno de los mayores atractivos del oeste irlandés

Lo mismo podría decirse de la toponimia gaélica, tan genuina que con solo verla escrita o escucharla resulta ya imposible disociarla del enclave que representa. Así sucede con la isla de Inishbofin, situada frente a la costa de Connemara y cuyo nombre significa «isla de la vaca blanca»; o en el pueblo de pescadores de Kinvarra, al sur de Galway y surgido bajo el dominio del otrora poderoso monasterio de Kilmacduagh (siglo VII), que aún conserva una torre cilíndrica.

A poca distancia de Kinvarra, se localizan dos enclaves más con nombres que remiten a épocas lejanas. Uno de ellos es Thoor Ballylee, un torreón que sirvió de residencia veraniega al poeta W.B. Yeats en la década de 1920. El otro es la piedra celta de Turoe, cerca del pueblo de Bullaun; esta roca de granito de 1 m de alto y realizada entre los siglos III y I a.C., presenta líneas y dibujos florales grabados. Otra muestra más de que en el oeste irlandés, el hombre y la naturaleza tienen un acuerdo milenario.

Parque Nacional de Connemara

Diamond Hill (442 m) es la montaña estrella de esta reserva natural, aunque no es tan alta como las cuatro cumbres de la cordillera de los Twelve Bens (en torno a los 700 m) que se elevan dentro de sus límites. Los senderos que rodean este monte de silueta cónica permiten explorar un paisaje de turberas, brezos y pastizales en los que campan manadas de ponis de Connemara. El centro de visitantes se encuentra a la salida de la localidad de Letterfrack.

Bosques de hadas, literatos y robles

El condado de Galway presume de tener algunos de los bosques más bonitos del oeste de Irlanda. Aquí se sugieren algunos: Barna Woods es el robledal más antiguo de Irlanda y se halla cerca de la ciudad de Galway. Coole Park es una propiedad del siglo XVIII que atrajo a numerosos literatos de la época. Hay 6 km de senderos. Está a 38 km al sur de Galway. Merlin Park, muy próximo a la ciudad de Galway, ofrece multitud de itinerarios y las ruinas de un castillo. Knockma Forest Park, donde leyendas de hadas y reyes celtas resuenan a lo largo del sendero circular del parque. A 30 km al norte de Galway. Clonbur Woodland es un bosque de hayas, avellanos silvestres y pino rojo. El río Clonbur y los restos del castillo Ballykine amenizan la excursión.

The Burren

El dolmen de Poulnabrone parece tentar la suerte cuando el viento del Atlántico barre la superficie de The Burren, An Boíreann en gaélico. Esta área de 350 km2 de piedra caliza tiene aspecto de desierto hasta que la vista detecta las orquídeas y cientos de flores que crecen entre las rocas y las grietas. En cuanto a la fauna, hay zorros, martas, ardillas y la cabra feral (Capra hircus), que vive asilvestrada; y hasta 90 especies de aves, en especial rapaces y marinas. La zona está declarada Parque Nacional.

Coral Beach, también llamada White Strand, debe su blancura al maerl, una acumulación de algas coralinas.

Playas de arena blanca

Glassilaun Beach, junto a la bahía de Killary (Connemara), es una playa de arena blanca con un paisaje de altas montañas a la espalda.

Coral Beach, también llamada White Strand, debe su blancura al maerl, una acumulación de algas coralinas.

Doonloughan Beach, aislada y rodeada de prados en los que suele haber rebaños de vacas y ovejas, está en la península de Ballyconneely.

Traumstrand Beach, también en Ballyconneely, en la localidad de Mannin. La arena está compuesta por restos de esponjas y conchas.

Trá an Dóilin es otra playa de coral que está cerca de Ceathrú Rua. Perfecta para practicar snorkel y buceo.

Salthill Beach, un conjunto de playas urbanas de Galway muy popular.

Trá na mBán, ideal para dar largos paseos con vistas a la tradicional localidad de Spiddal.

Gurteen y Dog’s Bay: estas dos playas de Connemara tienen forma de herradura y parecen darse la espalda.

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