Vancouver, la perla de Canadá a orillas del Pacífico

Esta ciudad canadiense es una urbe moderna y vibrante encajada en mitad de una naturaleza esplendorosa

30 de diciembre de 2017

Vancouver goza de una situación privilegiada en la provincia de British Columbia, con un extenso perímetro de playas y altas montañas a poca distancia del centro. La inquietud de sus habitantes por la preservación de la naturaleza tiene una larga tradición –allí nació Green-peace en 1971– y la sitúa entre las cinco ciudades con mayor calidad de vida del mundo. El centro de estética futurista cohabita con tranquilos barrios residenciales salpicados de parques. La vida cultural es intensa, la gastronomía, multiétnica, y la práctica de todo tipo de deportes de mar y de montaña está al alcance de cualquiera.

La península de Burrard, sobre la que se asienta Vancouver, se adentra en el mar y concentra la mayoría de puntos de interés. El corazón de la ciudad es Downtown, al norte, una esponjada congregación de altos edificios acristalados que empezó a desarrollarse en los años sesenta de la mano del arquitecto y urbanista Arthur Erickson. Este ideó y organizó el crecimiento de la ciudad no a lo ancho sino a lo alto, hasta dibujar el elegante skyline actual. Granville St., que va de norte a sur, y Robson St., de este a oeste, son las calles que sirven para orientarse en la cuadrícula urbana.

Dos de los iconos de Downtown son Canada Place, un atrevido edificio en forma de velas del arquitecto Eberhard Zeidler, y el Vancouver Lookout, una torre de 169 metros en Hastings St., coronada por una planta circular que ofrece una panorámica de 360 grados. La Vancouver Art Gallery en Hornby St., la mayor del oeste de Canadá, reúne obras de arte clásico y contemporáneo. Robson St. es el eje comercial, donde se concentran las marcas de moda internacionales.

Naturaleza en el Downtown

Al norte de Downtown se halla el mítico Stanley Park, un oasis de 404 hectáreas, reclamo verde para pequeños, mayores y para quienes a pie, en patines, bicicleta o a caballo recorren el Seawall, el paseo de 22 kilómetros que rodea el parque a la orilla del mar. En este mundo fascinante los inmensos árboles y la madeja de senderos –un mapa resulta útil– hacen olvidar que al lado se alza la gran ciudad.

Muy cerca del parque, Brockton Point, con la reproducción de espectaculares tótems de los indios de la costa noroeste, es uno de los lugares más frecuentados, mientras que por su parte el Vancouver Aquarium cuenta con 9.000 especies, pabellones de tiburones y de peces payaso y un bosque tropical con aves, reptiles y mariposas. Otras atracciones son el tren miniatura que realiza un recorrido través de los árboles, Lost Lagoon y las playas Second y Third.

Si Downtown es el corazón de Vancouver, Gasstown, al noroeste, es el embrión de la ciudad. Ahí es donde John Deighton, alias Gassy Jack, abrió en 1867 el Globe Saloon, una taberna a la que acudían marineros y trabajadores de los aserraderos. Alrededor se levantaron los primeros comercios y viviendas. Conocido como Gasstown en homenaje a Gassy Jack, es el barrio más antiguo, y aunque en 1886 sufrió un incendio la reconstrucción fue rápida. Ofrece un entorno tranquilo, de calzadas adoquinadas y edificios victorianos de ladrillo, cuyo símbolo es el reloj de vapor de Water Street, una columna con cuatro esferas que suelta vapor y silba como una vieja locomotora cada cuarto de hora.

Justo al lado de Gasstown, Chinatown, surgido a partir del año 1885, es uno de los mayores barrios chinos de Norteamérica. Los fines de semana de verano por la tarde, las calles Pender y Keefer se inundan de animación y de aromas procedentes de las paradas de comida del mercado nocturno al aire libre, y los comercios ofrecen productos exóticos, artesanía o electrónica.

Los jardines Sun Yat-Sen, en Carrall St., merecen un alto en el camino. Se crearon para la Expo 86 siguiendo el modelo clásico de la dinastía Ming y principios taoístas y de feng-shui. En su interior se respira un ambiente tranquilo, casi místico, que hace olvidar que uno está en una gran ciudad. Pero los tiempos cambian y, a finales del siglo XX, nuevas oleadas de inmigrantes de Hong Kong y Taiwán se establecieron en el barrio residencial de Richmond, cerca del aeropuerto, convencidos de que el nombre les aportaría riqueza. Ahora hay tantos chinos en Vancouver que se la apoda Hongcouver o Vankong.

Los viejos almacenes de ladrillo de False Creek se transformaron en amplios lofts, cafés, restaurantes y tiendas. Hoy es uno de los lugares de moda de la ciudad

La Expo de 1986 dio pie a profundas intervenciones urbanas, una de ellas se realizó en Yaletown, antigua terminal de la Canadian Pacific Railway. Los viejos almacenes de ladrillo de False Creek se transformaron en amplios lofts, cafés, restaurantes y tiendas. Hoy es uno de los lugares de moda de la ciudad, donde la gente acude a mirar y a dejarse ver. Otro enclave en esa onda es Granville Island. Se llega a través del puente de Burrard y el foco de atención es el mercado público, abierto de lunes a domingo, con todo tipo de alimentos frescos y numerosos artesanos y comercios ocupando un espacio antaño portuario e industrial. Hay, por supuesto, chiringuitos de comida y restaurantes, así como un buen número de músicos actuando en sus calles.

La diversidad de Vancouver

Cada tribu urbana tiene su hábitat y los alternativos se concentran en South Maine y Comerial Drive, un barrio pobre recuperado por la bohemia en el que abundan los bares, restaurantes y tiendas alternativas. Se la conoce también como Little Italy porque aquí se establecieron los inmigrantes italianos y griegos. En el John Hendry Park, los sábados de mayo a octubre los granjeros venden sus productos, lo que invita a hacer un pícnic en algún rincón del parque.

West End es un tranquilo barrio residencial al este de Downtown. En Davie Village, la parte más animada, vive la comunidad gay y está el llamativo paso de cebra pintado con los colores del arco iris. Al final de esta calle, English Bay es el escenario donde cada verano se celebra una competición de fuegos artificiales. La ciudad está muy ligada a sus playas, ya sea Sunset Beach, Spanish Banks, Kitsilano o Jericho, todas bonitas y de fácil acceso.

Para sumergirse en la naturaleza vale la pena desplazarse hasta Vancouver Island, a la que se llega en avión o en los ferries que salen de Tsawwassen, a 40 kilómetros de la ciudad, con destino a Swartz Bay, a 32 kilómetros de Victoria. Aunque solo tenga 350.000 habitantes, Victoria es la capital de British Columbia. Su centro conserva un aire británico que merece la pena descubrir andando. Destaca el Parlamento, en Belleville St., un portentoso edificio de cúpulas revestidas por una pátina verdosa de sales de cobre y abierto al público. Frente a él se halla el extraordinario Royal BC Museum, dedicado a la cultura indígena, la historia natural y la colonización de la región. Otros edificios emblemáticos son el Castillo de Craigdarroch –mansión de un magnate del carbón– y la casa donde nació Emily Carr, una de las mejores pintoras de Canadá y de la que la Art Gallery of Greater Victoria reúne una gran colección de lienzos. Victoria también tiene su consabido Chinatown. El Fisherman’s Wharf es una animada zona de tiendas y restaurantes.

De regreso a Vancouver, en un último paseo por la ciudad, tal vez se identifique un escenario de las series Expediente X, Smallville, Arrow, Fringe o Supergirl. También se podría tropezar con un equipo de rodaje, porque en las últimas décadas la ciudad se ha convertido en un gran plató que confirma que Vancouver, en efecto, está hecha de buenos y variados ingredientes.

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