Los tesoros artísticos imprescindibles de una visita a Toledo

La "ciudad de las tres culturas" se actualiza para mostrar su legado, declarado Patrimonio Mundial

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Alcazar de Toledo. El Alcázar de Toledo

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El Alcázar de Toledo

La imponente silueta de este monumento domina la ciudad desde su construcción en 1535. Toledo se eleva sobre un amplio meandro que ciñe su núcleo amurallado.

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El Greco. "El entierro del conde de Orgaz"

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"El entierro del conde de Orgaz"

Este emblemático cuadro de El Greco se contempla en la iglesia de Santo Tomé de Toledo.

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Catedral de Toledo

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Catedral de Toledo

El gran templo toledano empezó a construirse en el siglo XIII y fue culminado en el XVIII.

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boveda monasterio san juan de los reyes. Monasterio de San Juan de los Reyes

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Monasterio de San Juan de los Reyes

Detalle de la decoración de estilo mudéjar del monasterio.

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gargola monasterio san juan de los reyes. Monasterio de San Juan de los Reyes

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Monasterio de San Juan de los Reyes

Una de las gárgolas góticas que decora el exterior del recinto.

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Toledo Santa Maria La Blanca. Iglesia de Santa Maria la Blanca

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Iglesia de Santa Maria la Blanca

Este templo mudéjar fue construido el año 1180 como sinagoga y funcionó como tal durante 211 años. En el siglo XIV fue expropiada y transformada en la iglesia de Santa María la Blanca.

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Toledo Santa Maria La Blanca

Los tesoros artísticos imprescindibles de una visita a Toledo

Toledo es, antes siquiera de abordarla, una estampa reconocible y admirable ya desde la distancia. Desde tiempos lejanos se constató la importancia estratégica del granítico espolón sobre el que se asienta la ciudad, ceñida por el hondo curso del Tajo, en pleno centro geográfico de la Península Ibérica.

Pocos lugares se ven tan rotundamente definidos por su situación espacial. El perfil más característico del casco antiguo, flanqueado por los puentes de Alcántara y de San Martín –ambos Monumento Nacional desde 1921– se obtiene desde el Mirador del Valle, en la carretera de circunvalación. También obtendremos buenas vistas recorriendo la llamada Senda Ecológica del Tajo, cinco kilómetros de puente a puente, entre la ciudad y sus famosos cigarrales, pequeñas fincas agrícolas repletas de tradición.

A Toledo se la conoce como la «Ciudad de las tres culturas» por el rico legado que acumula.

Lo mejor es inicar la visita de Toledo por la más renombrada de sus antiguas entradas: la Puerta de La Bisagra. Desde ella, bordeando la muralla, se llega fácilmente a las escaleras mecánicas creadas para salvar parte del desnivel que separa la orilla del Tajo del centro histórico, asentado sobre una pendiente.

Toledo, con más de tres millones de visitantes al año, es una de las urbes españolas donde más ingenio se está invirtiendo para hacerla peatonal. También es pionera en participar en el Plan de Ciudades Inteligentes que, en su caso, incluye medidas como un control telemático de coches en los trece puntos de acceso al centro y una app que ofrece información turística a través de dispositivos móviles.

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Viajando en el tiempo es sabido que romanos, visigodos, árabes, judíos, mozárabes y cristianos castellanos dejaron su impronta en el abigarrado laberinto de callejuelas toledanas. Se la llamó la «Ciudad de las tres culturas» tras el medio milenio de fecunda convivencia entre judíos, musulmanes y cristianos que marcaron a esta villa de contrastes armonizados.

Toledo, Patrimonio Mundial

El paso de todos ellos ha convertido Toledo en un tesoro. En 2016 cumplió treinta años como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Su casco histórico es uno de los que más monumentos reúne del mundo: más de un centenar. Sobresale la Catedral gótica, alzada sobre la gran mezquita que, a su vez, suplantó a una iglesia visigoda. Otro tesoro de visita imprescindible es el Monasterio de San Juan de los Reyes, edificado en 1478 por deseo de los Reyes Católicos, conserva un magnífico claustro gótico. También resaltan las espléndidas sinagogas del Tránsito y de Santa María la Blanca, esta con su bosque de arcos de herradura; ambas constituyen la joya de la judería toledana, una de las más grandes y ricas de la Europa medieval.

El casco antiguo de Toledo es uno de los que más monumentos reúne del mundo.

Desde hace poco más de una década, al centenar de monumentos que se pueden visitar en Toledo hay que sumar una ciudad subterránea con sótanos, termas, cuevas, aljibes, pozos, túneles y criptas. Las visitas que se organizan permiten entender esta urbe formada a base de capas sucesivas. Un mismo espacio puede contemplarse así desde diversas perspectivas. Por ejemplo, las Cuevas de Hércules que formaban parte de la red hidráulica romana y también acogieron misteriosos rituales.

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Fotografías

A la vez que el subsuelo de Toledo, así también empieza a cobrar protagonismo la noche toledana. Cada vez hay más empresas que organizan recorridos nocturnos por sus angostos y quebrados callejones. Y es que la hora de las estrellas es el mejor momento para apreciar el encanto de sus rincones y revivir
historias y leyendas de personajes ilustres, cuyas biografías están ligadas a la ciudad del Tajo: Alfonso VI
de Castilla, Alfonso X el Sabio, Cervantes, Francisco de Rojas, Garcilaso de la Vega, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, El Greco, Bécquer...

Gastronomía manchega

Es probable que muchos de ellos se deleitaran con guisos que hoy se siguen cocinando en los fogones: sopas de ajo castellanas, asadillo de pimientos, perdiz a la toledana, conejo a la cazadora, cochifrito especiado de cordero o cabrito y venado en salsa. Estos platos pueden acompañarse de vinos manchegos. Y conviene probar el tradicional mazapán de Toledo que se disfruta todo el año. También son muy populares los bares de tapeo, que no dejan de renovar sus cartas de platillos clásicos con tapas de fusión. Y mientras se recorre Toledo sin rumbo ni prisa por cuenta propia o en visitas comentadas que muestran lo esencial u otras más específicas, el visitante encuentra asimismo multitud de tiendas de artesanía, especialmente de cerámica, damasquinado y réplicas de armaduras y espadas medievales.

Pero Toledo no se detiene aquí y sigue creciendo con aportaciones urbanas como ha sido la recuperación del histórico Miradero. Este paseo junto a la muralla creado en 1575 «para mirar», fue ajardinado en 1887, pero lamentablemente cayó en el olvido en el siglo xx. En él se levanta el Palacio de Congresos, una obra proyectada por Rafael Moneo y que, como no podía ser de otro modo, recibió el nombre de El Greco por votación popular.

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