Lima, la ciudad de los balcones

El Centro Histórico de la capital de Perú es Patrimonio de la Humanidad. Recorrerlo es viajar en el tiempo hasta los orígenes mismos de la ciudad.

16 de enero de 2018

Hasta no hace mucho, en Lima se podía adoptar por unos cuantos soles alguno de los muchos balcones coloniales y republicanos que se ven en el Centro Histórico. Se trataba de una campaña para participar en la restauración de estos elementos arquitectónicos, los más característicos de una ciudad en la que perviven los ecos de otro tiempo.

Cuando se llega a Lima, el viajero encuentra muchas ciudades en una: es el mejor destino gastronómico del mundo, es la histórica Ciudad de los Reyes, es la del Miraflores de Vargas Llosa, o la del Barranco, más bohemia, del poeta Martín Adán, la que nunca duerme, la urbe gigantesca. Tal vez por ello, Lima es la ciudad más visitada de América del Sur, junto a São Paulo y Buenos Aires.

El Centro Histórico de Lima

Pero comencemos por el inicio. En la época del Virreinato, Lima era el orgullo de la Corona de España. Cuando un nuevo virrey llegaba, se le hacían todos los fastos necesarios: cuentan que a su paso se revestían los adoquines con plata. Tal vez, los balcones sirvieran para no perderse detalle alguno de esas celebraciones.

En el Centro Histórico de Lima resuenan los ecos del Virreinato del Perú. El 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó la ciudad, en aquel entonces con el nombre de Ciudad de los Reyes, y ordenó todos los poderes alrededor de un mismo centro: la Plaza Mayor, o más conocida como Plaza de Armas. Aquel trazado fundacional se conoce como el Damero de Pizarro. El conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1988 y, hoy, constituye uno de los destinos turísticos más importantes de Perú.

Una ruta por la Lima fundacional debe empezar en la Plaza de Armas. La fuente en el centro es la misma, superando tantos sismos desde que se construyó. Alrededor pasean los fotógrafos callejeros que por unos pocos soles te sacan un retrato. Los carros de caballos se detienen para ofrecer paseos. En este mismo punto están algunos de los edificios más importantes, no solo de la ciudad, sino de todo Perú: está el Palacio de Gobierno, la Catedral y la Municipalidad. Un conjunto patrimonial de los más bellos de toda América del Sur.

Muy cerca de la Plaza de Armas, por Jirón Carabaya, se encuentra, ocupando una antigua estación de tren de 1912, la Casa de la Literatura Peruana. Actividades, exposiciones temporales y, en la planta baja, uno de esos espacios tranquilos que toda ciudad requiere: la Biblioteca Mario Vargas Llosa. Enfrente, un lugar que permanece anclado en el tiempo, el Bar Cordano. Toda una institución por la que pasaron escritores y bohemios de distintas procedencias. El Parque de la Muralla y la Basílica de San Francisco nos entretendrán algo más antes de seguir nuestro paseo.

En Lima, las calles son jirones. Así que los limeños inventaron el verbo “jironear”. Hay que seguir por Jirón de la Unión hasta la Plaza San Martín. Esta plaza es reflejo de la Plaza de Armas, pues se inauguró con el centenario de la independencia de Perú. La parte central rinde tributo al general José de San Martín.

A partir de aquí, Lima puede ser todas las otras ciudades que es. Nos espera el barrio de Miraflores con la ruta dedicada al Nobel Vargas Llosa y su Parque del Amor; o largos paseos por el barrio más poético de la ciudad, Barranco. No faltará un buen ceviche, o visitar alguno de los muchos y buenos restaurantes que han llevado a Lima a lo más alto del podio de la gastronomía mundial. Todo esto... ¡Y luego dicen que en Lima no hay cielo!

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