Bucovina, los monasterios pintados de Rumanía

Los bosques del norte de Rumanía albergan una de las exquisiteces artísticas más desconocidas de Europa: un grupo de conventos con los muros interiores y exteriores envueltos en vívidos frescos

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Monasterio de Voronet

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Monasterio de Voronet

El voladizo del tejado del monasterio de Voronet protege los frescos de la lluvia y la nieve. Este monasterio se distingue por lucir un color azul irrepetible cuyo origen se desconoce.

Adrian Calugaru / AGE Fotostock

Entrada monasterio Voronet. El monasterio de Voronet

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El monasterio de Voronet

Conocido como la Capilla Sixtina del Este, sus muros muestran escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Voronet exhibe el fresco considerado más maravilloso. Unos pergaminos marcados con los signos del zodiaco presiden la escena de un Juicio Final en el que quienes se salvan circulan con cierta relajación escoltados por ángeles y acompañados por san Pablo.

Bruno Cossa / Fototeca 9x12

Monasterio de Dragomirna. Fortalezas cristianas

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Fortalezas cristianas

La estructura fortificada tenía por objetivo proteger el recinto de los turcos. Sobre estas líneas, claustro del monasterio de Dragomirna. La cercana ciudad de Suceava tiene varios enclaves históricos de interés.

Balate Dorin / Shutterstock

Fresco en monasterio de Humor. Fresco en el Monasterio de Humor

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Fresco en el Monasterio de Humor

Un mensaje muy gráfico para los pecadores

Los murales medievales tenían como objetivo aleccionar a una población mayoritariamente analfabeta. Como solo clérigos y algunos aristócratas sabían leer, las pinturas servían para explicar las Sagradas Escrituras y relatar hechos históricos. Es lo que ocurre con el tétrico Apocalipsis de san Juan que se aprecia en las paredes exteriores del cenobio de Sucevita; el asedio a Constantinopla de 1453 que hay en el monasterio de Humor; o las escenas del Génesis que se reproducen en el de Arbore. Y en cuanto a las vidas de los santos, no hay el menor empacho en retratar con todo detalle los martirios a los que se les sometió.

AGE Fotostock

Monasterio Sucevita Rumania. Monasterio de Sucevita

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Monasterio de Sucevita

Los pigmentos empleados en las pinturas tienen unas tonalidades según sea el monasterio. En Sucevita el verde es el color principal, mientras que el de Moldovita es conocido por los diferentes matices de amarillo.

Maria Draper / 500 Px

Pintura monasterio de Sucevita. Techo sobre el altar de Sucevita

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Techo sobre el altar de Sucevita

Un color para cada convento

El más famoso es el de Voronet, donde una mixtura de la que no se ha desentrañado el origen y que –dicen– jamás ha podido repetirse, da a las imágenes un dominante azul que ha trascendido precisamente como "azul de Voronet". Azurita o lapislázuli podrían ser dos de los elementos utilizados para ello, pero los historiadores del arte y los químicos siguen estudiando su misterio. En Humor predominan el marrón y el rojo, tal vez provenientes del mismo mineral de hierro.

Emily Wilson / AGE Fotostock

Icono monasterio de Moldovita. Icono en el monasterio de Moldovita

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Icono en el monasterio de Moldovita

Datos útiles para la visita    

La mayoría de los monasterios de Bucovina pertenecen ahora a comunidades de monjas. Hay que pagar entrada y seguir ciertas normas: respetar el silencio de las liturgias y vestir de forma recatada, sin mostrar piernas ni hombros.

AWL Images

Monasterio Barsana en Maramures. Las iglesia de Maramures

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Las iglesia de Maramures

La provincia vecina a Bucovina por el oeste es Maramures, considerado el terruño más tradicional de Rumanía. Allí los amantes del arte, la historia y la arquitectura tienen cita también con iglesias. Pero en esta ocasión se trata de templos que no se distinguen por sus adornos sino por su estructura. Más recientes que las de Bucovina, se erigieron a partir del siglo XVII enteramente en madera, sin usar un solo clavo metálico. Y, además, compiten entre ellas por llegar lo más alto posible, con unos campanarios puntiagudos que parecen rascacielos. Ocho de estas iglesias son Patrimonio de la Humanidad. Las que se alzan hoy en día siguen utilizando la misma técnica constructiva.

Lucian Bolca / Shutterstock

Cruz cementerio Sapanta. Cementerio de Sapanta

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Cementerio de Sapanta

En el Cementerio Feliz de Sapanta (Maramures) las cruces narran anécdotas divertidas de los fallecidos. Las tumbas están decoradas y los epitafios están escritos en tono de broma o de enseñanza.

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Cementerio Sapanta Maramures. Manufactura de las cruces del cementerio de Sapanta

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Manufactura de las cruces del cementerio de Sapanta

Las cruces de estas tumbas conocidas hoy en todo el mundo se producen de forma artesanal. 

Gtres

Monasterio Sucevita Rumania

Bucovina, los monasterios pintados de Rumanía

Bucovina es la región más septentrional de Rumanía. En sus misteriosos bosques se oculta un grupo de monasterios ortodoxos único en el mundo
por las pinturas murales en el exterior de las iglesias. Un relato medieval de la vida de los santos, escenas bíblicas y un futuro nada placentero para los pecadores.

Unos grisáceos demonios escamosos acompañan a pecadores hasta la comisura de la boca de la bestia...

Una enorme lengua de fuego surge de la boca de un dragón de mirada sorprendentemente relajada. Sobre el magma purificador, unos grisáceos demonios escamosos acompañan a pecadores hasta la comisura de la boca de la bestia, símbolo del infierno, mientras muchos otros aguardan haciendo cola. Es una de las imágenes más poderosas que ofrecen los murales exteriores del monasterio ortodoxo de Putna, en la Bucovina rumana.

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Fotografías

A 70 kilómetros de ahí, el monasterio de Dragomirna parece una fortaleza porque es una fortaleza. Un cuadrado de piedra protegido por las correspondientes torres de vigía. En el centro geométrico se halla una iglesia con silueta de barco pero tejados puntiagudos y aleros muníficos. Es la estructura que encontraremos reiteradamente en los llamados "monasterios pintados" de Bucovina. La explicación se halla en los continuos embates que las fuerzas turcas realizaban sobre la región, obcecadas en conquistar el territorio hasta Viena.

Mosaicos para el pueblo

Estos monasterios se alzaron a partir del siglo XV. Las iglesias eran de reducidas dimensiones, algo muy común en los templos ortodoxos. Las élites del momento tenían derecho a asistir a los oficios y fuera quedaban el pueblo llano y las ingentes tropas que defendían la posición. De ahí que se optara por seguir con las historias bíblicas que ilustraban los muros interiores pintando también frescos en las paredes externas.

Así, aparecieron una docena de monasterios que han sobrevivido al paso de los siglos, los avatares históricos y los elementos atmosféricos. Son como biblias iluminadas pero en las paredes de iglesias de inquietante estética centroeuropea. Hierofanía al aire libre.

Aun siendo uno de los atractivos culturales más poderosos de Rumanía, los monasterios de Bucovina permanecen aislados en una región fronteriza con Ucrania, de malas carreteras y peor transporte público. De ahí que para visitarlos todos se requiera cierta organización, un vehículo propio o la contratación de un tour. De esta manera se pueden ir recorriendo los cenobios, que sorprenden porque, en su uniformidad, poseen cada uno características propias. Nunca distan más de 20 kilómetros entre ellos.

La angosta escalera era un objetivo militar: permitía matar a los asaltantes uno a uno, pues no había manera de acceder en tropel

Al subir los peldaños de la torre de vigía del monasterio de Humor se tiene una visión maravillosa de la iglesia en el centro del rectángulo, dominando los cuatro costados de la muralla. La angosta escalera era un objetivo militar: permitía matar a los asaltantes uno a uno, pues no había manera de acceder en tropel.

Desde el puesto de vigilancia se comprueba una constante de todos los conventos: las pinturas de los muros norte están prácticamente borradas por efecto de la lluvia y el viento. Las situadas en las paredes sur, aunque han perdido algo de color y definición con el paso de las centurias, son inteligibles e hipnóticas. Muestran el universo de las creencias medievales en todo su esplendor.

Las imágenes de santos y sus correspondientes milagros y martirios llenan lienzos de pared. Se agolpan como ejércitos que llegaron a la Tierra para proteger a los mortales. Escenas bíblicas como la expulsión del Edén y el Diluvio Universal; pasajes evangélicos como la crucifixión de Cristo o la coronación de la Virgen; hechos históricos como el sitio de Constantinopla del año 626; y dilemas que nos esperan a todos en un futuro más o menos lejano como el Juicio Final llenan cada centímetro de los muros, a veces incluidos los contrafuertes. Escoltando siempre las escenas, huestes de ángeles con las alas y el cuerpo repletos de ojos que todo lo ven.

Arte bizantino

Las pinturas no son únicamente conmovedoras por tener siglos, sino también por mostrar la hierática expresividad clásica del arte bizantino. No en vano toda esta estética tiene su fuente de inspiración en el heleno monte Athos, de donde llegaron algunos de los primeros monjes que ocuparon estos monasterios.

Como muestran las imágenes; da igual que sean clérigos o aristócratas, solo los puros se salvan

El convento de Voronet, que se distingue por lucir un color azul irrepetible cuyo origen se desconoce, exhibe el fresco considerado más maravilloso. Unos pergaminos marcados con los signos del zodiaco presiden la escena de un Juicio Final en el que quienes se salvan circulan con cierta relajación escoltados por ángeles y acompañados por san Pablo. Por el contrario, los destinados a la sangre hirviente del averno ponen cara de circunstancias cuando no de completa angustia.

En el monasterio de Sucevita la escena más llamativa son los milagros de Jesús y la Escalera de las Virtudes, que consta de 32 peldaños. Quien no sea digno de acceder con ella al Cielo cae en un momento u otro, tal y como muestran las imágenes; da igual que sean clérigos o aristócratas, solo los puros se salvan.

Todos estos recintos monásticos se hallan en lugares aislados, fuera de los núcleos urbanos, protegidos por los profundos bosques rumanos, una masa forestal sin parangón en Europa. Ello hace que su recorrido sea todavía más sensitivo e interesante, transitando por un mundo agrícola al que a duras penas ha llegado la mecanización. Agricultores y ganaderos se mueven en carros de caballos y realizan las tareas con horcas y a fuerza de brazos. Una atmósfera de salto atrás en el tiempo que resulta imborrable.

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