Aventura en Guijuelo, donde el jamón se convierte en arte

El sur de Salamanca ofrece una ruta en la que descubrirlos secretos mejor guardados de uno de los manjares de nuestra gastronomía: el jamón

Dehesa de Salamanca

Dehesa de Salamanca

Foto: Age Fotostock

Dehesa de Salamanca

A los pies de la Sierra de Béjar, pero con la Sierra de Francia y Gredos al fondo, es donde se crían los cerdos que han dado a esta comarca (Sierra de Béjar) el sobrenombre de “cuna del jamón ibérico”. El relieve montañoso y el clima hace estos jamones hayan conseguido una Denominación de Origen propia. Y es que los cerdos se crían en dehesas de encinas y alcornoques y tienen una alimentación basada en bellotas. Además, los vientos fríos y constantes que sufren los secaderos a más de 1.000 metros de altura hacen que los jamones no necesiten tanta sal para curarse, lo que influye en su sabor, más dulce que otros.

Pero no todo es jamón en esta comarca cuya historia se remonta a tiempos vettones -tribu de origen celta- y que tiene una clara impronta romana, pues el imperio se asentó aquí en el siglo I a.C. Aunque los vestigios más claros son, sin dudad, de la Edad Media, tal como se puede ver en localidades como Candelario o Béjar.

Jamón ibérico
Foto: AgeFotostock

La Ruta del Jamón

La primera de las paradas de esta ruta es, sin duda, Guijuelo. Aquí el visitante reconocerá el olor a jamón, pues todo en todo el pueblo se puede oler gracias a la cantidad de fábricas jamoneras que aquí se ubican: hasta 173 dedicadas a la industria jamonera y de embutidos. Algunas de ellas se pueden visitar y ofrecen degustaciones, aunque para conocer todos los secretos del jamón el Museo de la Industria Chacinera ofrece un recorrido por los procesos de transformación de jamones y embutidos, sus ingredientes, condimentos, procesos...

La mejor época para visitar Guijuelo es desde el último fin de semana de enero hasta finales de febrero

En cuanto a Guijuelo, se hace imprescindible un paso por las inmediaciones de su plaza Mayor, donde se ubica su ayuntamiento, y una visita a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. A las afueras, sobre un promontorio, el conocido como El Torreón, es un un ábside de una iglesia ojival que data la primera mitad del siglo XV y que está en ruinas, hecho que no le resta belleza.

La mejor época para visitar Guijuelo es desde el último fin de semana de enero hasta finales de febrero. Esta es la época de matanza y durante todos los fines de semana se celebran las Jornadas de Matanza Típica, fiestas declaradas de Interés Turístico Regional y que tienen lugar en la plaza de la Matanza donde se ofrece una degustación de productos típicos a los vecinos a los visitantes. Además, matarifes y choriceras explican, a quien lo desea, la tradición de sus labores.

La ruta continúa

La segunda de las paradas es Béjar, ubicada en plena sierra y con una historia que narra acontecimientos árabes y románicos. Entre sus monumentos indispensables se halla su muralla, de origen árabe y construida en el siglo XI. Tampoco hay que dejar de ver el Palacio Ducal de Béjar, o Palacio de los Zúñiga, mandado construir en 1567 por el Duque de Béjar en estilo renacentista; así como el Parque de El Bosque, uno de los pocos ejemplos en España de jardín renacentista italiano. Este jardín se construyó como villa de recreo de los Duques de Béjar y Plasencia en el siglo XV y fue remodelado en el siglo XIX.

De Béjar llama la atención la gran cantidad de iglesias. La más antigua es la de Santiago que data del siglo XII. A esta le siguen las románicas Santa María la Mayor y de San Juan Bautista, del siglo XIII; la iglesia del Salvador, del Medievo y ampliada en el siglo XIV; y la iglesia del Pilar y San José, construida entre los años 60 y 70 del siglo XX en estilo neorrománico italiano.

Hombre musgo de Béjar
Foto: AP

No hay que dejar Béjar sin dar un paseo por el Barrio de la Judería y las inmediaciones de su Plaza Mayor. Y si la visita se hace durante el Corpus Christi no hay que perderse la procesión del Hombre Musgo, cuya leyenda data de mediados del siglo XII y ha sido transmitida de padres a hijos. Durante la procesión, los hombres, vestidos con un traje de musgo recorren la ciudad emulando a sus antepasados. Según la leyenda fue durante la festividad de Santa Marina (17 de junio) cuando un grupo de bejaranos recubrieron sus ropas con musgo para camuflarse y sorprender a los musulmanes. E verlos, los guardianes de las murallas huyeron, momento que aprovecharon los bejaranos para introducirse en la ciudad y liberarla del dominio musulmán.

La ruta finaliza

La última parada de esta ruta es Candelario, a unos 4 kilómetros de Béjar, que, se cree, tiene su origen en un antigua colonia de pastores asturianos, aunque tiene algunos vestigios de origen romano. Ejemplo de conservación de la arquitectura comarcal, las calles de esta pequeña localidad se caracterizan por las canalizaciones por donde discurre el agua. En sus casas llama la atención las “batipuertas” una doble puerta de madera que las protege de la nieve.

Candelario
Foto: AgeFotostock

Pero además de dar un paseo por sus encantadoras -y algunas empinadas- calles, se hace imprescindible una visita a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y el rosetón gótico que adorna su fachada; la ermita del Humilladero, dedicada al Cristo del Refugio; y el Museo de la Casa Chacinera, dedicado al arte de la matanza.

Si nos hemos quedado con ganas de más, Montemayor del Río cuenta con un bonito castillo del siglo XV recientemente restaurado. Llamado Castillo de San Vicente, mantiene su estructura medieval con seis torres, cuatro cuadradas y dos semicirculares.

La monumental Salamanca

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