48 horas de turismo en Malta

El pequeño tamaño de la isla del Mediterráneo permite conocer sus encantos a fondo en poco tiempo

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Fortificación de La Valletta

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Fortificación de La Valletta

La Valletta está rodeada por un conjunto de fortificaciones y murallas que la protegían de los ataques constantes durante los siglos XVI y XVII.

Foto: Visit Malta

Puerto de Marsaxlokk

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Puerto de Marsaxlokk

En el puerto de Marsaxlokk destacan sobre todas las cosas los coloridos luzzu, embarcaciones típicas de pesca.

Foto: Visit Malta

La Valletta

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La Valletta

La cúpula que domina el horizonte de La Valetta es la de la  Basílica de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Foto: Visit Malta

Mdina

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Mdina

La ciudad amurallada de Mdina, también conocida como "Ciudad del Silencia" es una de las grandes joyas de la isla de Malta.

Foto: Visit Malta

Fortificación de La Valletta

48 horas de turismo en Malta

Con más de 7.000 años de historia, el archipiélago de Malta (formado por las islas de Malta, Gozo y Comino) es uno de los secretos mejor guardados del Mediterráneo. A medio camino entre África y Europa y enclave codiciado durante siglos por las potencias europeas y africanas, la isla de Malta tiene mucho que contar y lo hace en apenas dos días.

Día 1: La Valletta y Las Tres Ciudades

Declarada Capital Europa de la Cultura 2018, La Valletta es también la capital de Malta. Perfecta para recorrerla a pie, la primera parada es la Puerta de la Ciudad un proyecto de Renzo Piano quien también firma el Parlamento. Tras ella espera la Concatedral de San Juan, del siglo XVI, en cuyo interior se pueden admirar obras de Caravaggio. La siguiente parada la forman los jardines superiores de Barrakka, construidos como la catedral en el siglo XVI y ubicados en el nivel superior del Bastión de San Pedro y Pablo, por lo que ofrecen unas espectaculares vistas del Gran Puerto de Valletta.

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Tras visitar el Palacio del Gran Maestre, centro de la vida política de Malta al albergar la presidencia de la República, y el Fuerte de San Telmo, escenario de antiguas batallas por su ubicación en el extremo de la península Sciberras, entre el puerto de Marsamxett y el Gran Puerto, es hora de poner rumbo a las Tres Ciudades.

Senglea, Vittoriosa y Copiscua es el nombre de estas Tres Ciudades, hasta las que se llega en dghajsa -barco tradicional maltés-. La primera a visitar es Vittoriosa, primer hogar de Los Caballeros de San Juan. Aquí se encuentra el Museo Marítimo de Marta y algunos edificios de especial importancia como el Palacio del Inquisidor -sede de los tribunales civiles de la Orden de San Juan- y el Fuerte de San Angelo.

De aquí, el camino lleva a Copiscua la más grande de las Tres Ciudades y donde no hay que perderse la Colegiata de la Inmaculada Concepción, las fortificaciones Firenzuola y las Líneas de Santa Margarita.

La última parada la forma Senglea, cuyo principal atractivo es el Fuerte de San Miguel, al que se accede por la calle Settembru y desde donde apreciar las vistas de la Valletta, Vittoriosa y el Gran Puerto.

Día 2: Marsaxlokk, Rabat y Mdina

Para hacer este recorrido se necesita un medio de transporte, ya sea en coche -hay que tener en cuenta que se conduce por la izquierda- o en autobús. La primera parada es el pequeño pueblo de pescadores Marsaxlokk, al sur de la isla. Su puerto se convierte cada domingo en una lonja improvisada a la que se han añadido puestos de artesanía y otros caprichos. Pero lo que más llama la atención de Marsaxlokk son los luzzu, las típicas y coloridas embarcaciones de pesca maltesas donde el ojo de Horus siempre está presente para atraer la buena suerte.

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Y en centro de la isla esperan las ciudades vecinas de Rabat y Mdina. Mientras que Rabat destaca por sus cuevas y las Catacumbas de San Pablo, donde se cree que vivió el santo, y las de Santa Ágata, donde se puede descubrir cómo eran los enterramientos en el siglo III, Mdina es una de las grandes joyas de la isla. Conocida como la Ciudad del Silencio, a esta ciudad amurallada cuenta con una riqueza arquitectónica única en la isla. Su pequeño tamaño hace que sea perfecta para perderse por sus calles y callejones donde la piedra caliza lo inunda todo. Aún así, no hay que perderse lugares como su Catedral de San Pablo, el Convento de los Carmelitas, el Palazzo Falson o el Palazzo Vilhena.

Antes de regresar, en el límite entre Rabat y Mdina se hace indispensable una parada en la Domus Romana, una casa aristocrática del siglo I a.C. donde aún se pueden ver frescos, estatuas y otros artefactos de origen romano. En la misma zona, también se descubrió un cementerio musulmán del siglo XI muy interesante.

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