Bosques para vivir

Si ya tienes suficiente ciudad y quieres cambiar museos y tiendas por naturaleza, aquí tienes diez escapadas para oxigenarte

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El castañar de El Tiemblo. El castañar de El Tiemblo (Ávila)

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El castañar de El Tiemblo (Ávila)

Este magnífico bosque de castaños cuenta con un conocido ejemplar centenario que se ha convertido en el reclamo más popular de la Reserva Natural del Valle de Iruelas a la que pertenece. El pueblo de El Tiemblo es el punto de partida de una excursión que llega hasta el castaño centenario y que permite deleitarse con el impresionante contraste cromático de castaños, sotos, robles, servales, acebos y pinos. Se trata de una ruta de 4 kilómetros de trazado bastante suave y muy fácil de realizar.

 

turismodeavila.com

Selva de Irati. Selva de Irati (Navarra)

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Selva de Irati (Navarra)

Ubicado en entre los valles de Aezkoa y Salazar, es un extenso territorio (17.195 Ha) de gran valor natural y ecológico, considerado como uno de los mayores hayedo-abetales de Europa. Para conocer Irati existe una red de 16 senderos señalizados que facilitan el recorrido. Los denominados SL son caminos balizados en verde y blanco, con panel de inicio y con una longitud inferior a 10 kilómetros aptos para todas las edades.

 

Foto: AgeFotostock

Saja-Besaya. Cantabria. Saja-Besaya (Cantabria)

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Saja-Besaya (Cantabria)

Flanqueado por los ríos Saja y Besaya, es el parque natural más extenso de Cantabria y alberga los bosques caducifolios mejor conservados de la Cordillera Cantábrica. Robles, alisos, hayas, acebos y abedules se alían con sus tonos dispares para crear un gran espectáculo otoñal. Existen numerosas rutas para recorrerlo, una de ellas es la que va desde el pueblo de Bárcena Mayor al de Ozcaba (12 km ida y vuelta) y que atraviesa bosques de castaños, robledales y hayedos.

 

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La Fageda de’n Jordà. La Fageda de’n Jordà (Cataluña)

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La Fageda de’n Jordà (Cataluña)

En el corazón de la comarca de la Garrotxa, se trata de uno de los hayedos más espléndidos de Catalunya. Enclavado en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, este bosque crece sobre la colada del antiguo volcán Croscat. Su suave relieve lo hace ideal para recorrer en excursiones a pie, a caballo o en carro. Dentro del hayedo se pueden seguir varios itinerarios señalizados de distinta dificultad y duración. El más popular es el sendero Joan Maragall, de poco más de un kilómetros de longitud, que parte del monolito dedicado al ilustre poeta catalán.

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Fuentes Carrionas. Fuentes Carrionas (Palencia)

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Fuentes Carrionas (Palencia)

En plena montaña palentina, este parque natural es refugio del oso pardo y formado por bosques de sabinas, sobre todo en el valle del Pisuerga donde destacan extensas masas arboladas que flaquean el río. Una de las rutas más asequibles del parque es la que lleva hasta el Bosque Fósil de tres kilómetros de longitud y que parte de Cervera de Pisuerga.

 

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Sierra Nieves. Sierra de las  Nieves

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Sierra de las Nieves

Situado en plena comarca natural de la Serranía de Ronda malagueña, alberga importantes bosques de pinsapos.Sierra de las Nieves. Málaga. El parque, catalogado como Reserva de la Biosfera, alberga importantes bosques de pinsapos que sobreviven en su interior. Este abeto mediterráneo se halla en las zonas frías y umbrías; es una reliquia botánica que se remonta a la época glaciar de la península. Situado en plena comarca natural de la Serranía de Ronda, una de las mejores formas de conocer las especies que pueblan sus bosques es la excursión hasta un espectacular ejemplar de pinsapo llamado de las Escaleretas, que tiene entre 350 y 500 años de antigüedad y unas medidas colosales.

 

sierradelasnieves.com

parque sierra cebollera . Sierra de Cebollera  (La Rioja)

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Sierra de Cebollera (La Rioja)

Siete senderos con más de 80 kilómetros señalizados atraviesan este singular paisaje riojano. Se halla en la vertiente norte de las montañas del Sistema Ibérico, entre los municipios de Villoslada de Cameros –donde está el Centro de Interpretación– y Lumbreras. Sus bosques de robles y hayas se pueden recorrer de forma sencilla a través del sendero adaptado del Achichuelo de un kilómetro de longitud y con paneles informativos sobre la flora y fauna del entorno.

 

larioja.com

Hayedo de Tejera Negra. Hayedo de Tejera Negra (Guadalajara)

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Hayedo de Tejera Negra (Guadalajara)

 Este excepcional bosque de hayas, uno de los más meridionales de Europa, esta situado entre los valles del río Lillas y el del Zarzas, en un paraje de belleza extraordinaria formado por profundos barrancos que son sobrevolados por el águila real, el azor y el Milano real. El hayedo forma parte del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara.

 

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Parque Natural de Gorbeia. Parque Natural de Gorbeia (entre Álava y Vizcaya)

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Parque Natural de Gorbeia (entre Álava y Vizcaya)

Debe su nombre al pico homónimo de 1.482 metros de altitud. Una red de 14 sendas –unas comienzan en la vertiente alavesa y otras en la vizcaína– permiten descubrir los bellos parajes de este espacio protegido. Hayedos y robledales cubren buena parte del territorio, principalmente en su vertiente meridional, donde destaca el extenso hayedo de Altube. La excursión más típica es ascender a la famosa Cruz.

 

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somiedo. Parque de Somiedo (Asturias)

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Parque de Somiedo (Asturias)

 Con una extensión de unos 290 km2, se trata de uno de los espacios naturales que mejor representa a la montaña asturiana. Habitado por unas 1600 personas, merece la pena elegir una de las rutas que conducen hasta las brañas o conjunto de cabañas que muestran cómo vivían los montañeses desde tiempos inmemoriales. Las brañas mejor conservadas son la Pornacal y Mumian, aunque existen hasta cuarenta más. Somiedo está formado básicamente por hayedos, aunque también hay bosques de robles, abedules, arces y tilos. Pero lo más destacable de Somiedo es que alberga uno de los principales núcleos oseros de la Cordillera Cantábrica. El parque organiza rutas durante todo el año.

 

parquedesomiedo.es

Saja-Besaya. Cantabria

Bosques para vivir

A veces se atraganta tanta ciudad, la modernidad conectada en mil redes sociales, el asfalto, el tráfico, los patinetes. Cuando eso ocurre, hay que sentir la llamada íntima de la naturaleza. Hay que irse a los bosques, a caminar, a notar el olor de la tierra mojada, a escuchar el sonido de las hojas, oxigenar pulmones, acariciar la textura de los árboles. Ir a los bosques, como pedía Thoreau, para pensar en las cosas esenciales de la vida, para vivir profundamente, para como dejó escrito: “no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido”.

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