Universo

1 / 187

1 / 187

Inflación Cósmica

Foto: Christine Daniloff / MIT, ESA / Hubble / NASA

2 / 187

Los cambios se deben a las manchas solares o a los rayos cósmicos

Las manchas solares son regiones de la superficie del astro que albergan una intensa actividad magnética y pueden ir acompañadas de erupciones solares. Si bien estas manchas poseen la capacidad de modificar el clima de la Tierra, desde 1978 los científicos han empleado sensores en satélites para obtener un registro de la energía solar que llega al planeta y no han observado la existencia de una tendencia ascendente, por lo que no pueden ser la causa del calentamiento global reciente.

Los rayos cósmicos son radiación de alta energía originada fuera del sistema solar, surgida, quizá, en galaxias lejanas. En alguna ocasión se ha señalado que estos rayos podrían ser uno de los motivos por los que se “fabrican” las nubes, por lo que si se redujera la cantidad de rayos que alcanzan la Tierra disminuiría el número de nubes, lo cual haría que se reflejase menos luz solar en el espacio y, como consecuencia, que el planeta se calentase.

Sin embargo, esta teoría tiene dos escollos. En primer lugar, la ciencia demuestra que los rayos cósmicos no son demasiado eficaces a la hora de crear nubes, y en segundo, a lo largo de los últimos 50 años la cantidad de radiación cósmica que alcanza la Tierra ha aumentado hasta establecer nuevos récords durante los últimos años. Si la hipótesis fuese correcta, los rayos cósmicos deberían enfriar el planeta, pero lo cierto es que está ocurriendo todo lo contrario.

 

Foto: NASA

3 / 187

Saturno

Foto: NASA / ESA / A. Simon (Goddard Space Flight Center) / M.H. Wong (U.C. Berkeley)

4 / 187

Exoplaneta K2-18b y su estrella anfitriona

Foto: ESA / Hubble / M. Kornmesser

5 / 187

La colisión de dos galaxias

Hace aproximadamente 100 millones de años, una galaxia más pequeña se hundió en el corazón de la galaxia de la Rueda del Carro, creando breves ondas de formación estelar. La primera ondulación que aparece como un anillo exterior azul brillante alrededor del objeto más grande, irradiando luz ultravioleta, fue visible para el telescopio GALEX. Los grupos de rosa a lo largo del anillo azul externo son rayos X (observados por Chandra) y radiación ultravioleta. Una combinación de luz visible e infrarroja captadas por el Hubble y el Spitzer, representan el anillo interno amarillo-naranja y el centro de la galaxia, y que conforman la segunda onda de choque, creada en la colisión. Los tonos verdes pertenecen a la luz visible de estrellas más antiguas y menos masivas. Aunque los astrónomos no han identificado qué galaxia colisionó con la galaxias de la Rueda del Carro, se pueden ver dos de las tres galaxias candidatas en esta imagen en la parte inferior izquierda del anillo, una como una burbuja de neón y la otra como una espiral verde

Foto: NASA/JPL-Caltech/STScI/CXC

6 / 187

El arcoíris del molinillo

Esta imagen de Messier 101, también conocida como la galaxía del Molinillo o M101, combina datos en infrarrojo, visible, ultravioleta y rayos X del Spitzer y otros tres telescopios espaciales de la NASA. Los colores rojos muestran la luz infrarroja, como la vio el Spitzer. Estas áreas muestran las zonas en la galaxia donde se forman las estrellas. El componente amarillo es la luz visible, observada por Hubble. La mayor parte de esta luz proviene de las estrellas, y trazan la misma estructura en espiral que las líneas de polvo que se ven en el infrarrojo. Las áreas azules son luz ultravioleta, emitida por estrellas jóvenes y calientes que se formaron hace aproximadamente 1 millón de años y que fueron observadas por GALEX. Las áreas más calientes se muestran en púrpura, donde Chandra observó la emisión de rayos X de las estrellas que explotan y mueren. M101 es un 70% más grande que nuestra Vía Láctea, con un diámetro de aproximadamente 170,000 años luz, y se encuentra a una distancia de 21 millones de años luz de la Tierra.

Foto: NASA/ JPL Caltech

7 / 187

Una araña espacial vigila a estrellas jóvenes  

Ubicada a unos 10.000 años luz de la Tierra en la constelación del Auriga, la nebulosa de la Araña reside en la parte exterior de la Vía Láctea. Combinando datos del Spitzer y el Two Micron All Sky Survey (2MASS), la imagen muestra nubes verdes de polvo iluminadas por la formación de estrellas en la región. A la derecha, contra el fondo negro del espacio, se encuentra un brillante grupo de estrellas llamado Stock 8. La radiación de este cúmulo forma un cuenco en las nubes de polvo cercanas.

Foto:

8 / 187

Una obra maestra

Ubicada a 1.500 años luz de la Tierra, la nebulosa de Orión es el punto más brillante en la espada de la constelación de Orión. Cuatro estrellas masivas, denominadas colectivamente el Trapecio, aparecen como una mancha amarilla cerca del centro de la imagen. Los datos de las luces visible y ultravioleta del Hubble aparecen como remolinos de color verde que indican la presencia de gas calentado por la intensa radiación ultravioleta de las estrellas del trapecio. Estrellas más lejanas aparecen como manchas verdes y las estrellas en primer plano como manchas azules. Mientras tanto, la vista infrarroja de Spitzer expone las moléculas ricas en carbono conocidas hidrocarburos aromáticos policíclicos, que se muestran aquí como briznas de rojo y naranja. Los puntos de color amarillo anaranjado son estrellas jóvenes incrustadas en capullos de polvo y gas.

Foto: NASA/JPL-Caltech/STScI

9 / 187

El Spitzer revela humo estelar

Messier 82, también conocida como la galaxia del cigarro Cigarro o M82, es un semillero de estrellas jóvenes y masivas. En luz visible, aparece como una barra difusa de luz azul, pero en esta imagen infrarroja, los científicos pueden ver enormes nubes rojas de polvo expulsadas al espacio por los vientos y la radiación de esas estrellas. Messier 82 se encuentra a unos 12 millones de años luz de distancia en la constelación de la Osa Mayor.

Foto: NASA/JPL-Caltech

10 / 187

La galaxia espiral Messier 81

Esta imagen infrarroja de la galaxia Messier 81, o M81, revela carriles los de polvo iluminados por la formación estelar activa en los brazos espirales de la galaxia. Ubicado en la constelación norte de la Osa Mayor (que incluye el Big Dipper), M81 también está a unos 12 millones de años luz de la Tierra.

Foto: NASA/JPL-Caltech/K. Gordon (University of Arizona) & S. Willner (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics)

11 / 187

Las nubes torturadas de Eta Carinae

La estrella brillante del centro de esta imagen es Eta Carinae, una de las estrellas más masivas de la Vía Láctea. Con alrededor de 100 veces la masa del Sol y al menos 1 millón de veces su brillo, Eta Carinae libera tal cantidad de energía que ha erosionado la nebulosa circundante. La visión infrarroja del Spitzer nos permite ver el polvo de la nebulosa, que se muestra en rojo, así como las nubes de gas caliente y brillante, que parecen verdes.

Foto: NASA/JPL-Caltech

12 / 187

El Spitzer espía al espectacular sombrero

Ubicada a 28 millones de años luz de la Tierra, Messier 104, también llamada la galaxia Sombrero o M104, es llamativa por su orientación hacia nuestro planeta. Las observaciones del Spitzer fueron las primeras en revelar el suave y brillante anillo de polvo -visto en rojo- que rodea la galaxia. La vista completa de Spitzer también muestra que el disco está deformado, resultado probablemente del un encuentro gravitacional con otra galaxia. Las áreas agrupadas que se ven en los bordes lejanos del anillo indican regiones de formación de estrellas jóvenes.

Foto: NASA/JPL-Caltech/STScI

13 / 187

Estrellas bebé envueltas en una manta de polvo cósmico

Las estrellas recién nacidas se asoman desde debajo de su manto de polvo en esta imagen de la nebulosa Rho Ophiuchi. Llamado "Rho Oph" por los astrónomos y ubicado a unos 400 años luz de la Tierra, es una de las regiones de formación estelar más cercanas a nuestro propio sistema solar. Las estrellas más jóvenes en esta imagen están rodeadas de discos polvorientos de material a partir del cual se están formando las estrellas y sus potenciales sistemas planetarios. Las estrellas más evolucionadas, que han perdido su material natal, son azules. La nebulosa blanca extendida a la derecha del centro es una región de la nube que brilla con luz infrarroja debido al calentamiento del polvo por estrellas jóvenes brillantes cerca del borde derecho de la nube.

NASA/JPL-Caltech/Harvard-Smithsonian CfA

14 / 187

Estrellas gigantes producen olas

Esta imagen del Spitzer muestra a la estrella gigante Zeta Ophiuchi y la onda de choque frente a ella. Visible solo con luz infrarroja, el arco de choque es creado por los vientos que fluyen desde la estrella generando ondas en el polvo circundante. Ubicada aproximadamente a 370 años luz de la Tierra, Zeta Ophiuchi eclipsa a nuestro Sol: es aproximadamente 6 veces más caliente, 8 veces más ancho, 20 veces más masivo y aproximadamente 80.000 veces más brillante. Incluso a su gran distancia, sería una de las estrellas más brillantes del cielo si no estuviera en gran medida oscurecida por las nubes de polvo que la rodean.

Foto: NASA/JPL-Caltech

15 / 187

Las 7 hermanas posan para el Spitzer

El cúmulo estelar de las Pléyades, también conocido como las Siete Hermanas, es un objetivo frecuente para los observadores del cielo nocturno. Esta imagen de Spitzer se acerca a algunos miembros de la hermandad. Vistas en el infrarrojo, las estrellas parecen flotar sobre un lecho de plumas. Los filamentos que rodean las estrellas son polvo, y los tres colores representan diferentes longitudes de onda de luz infrarroja. La porción más densa de la nube de polvo aparece en amarillo y rojo, y las afueras más difusas aparecen en tonos verdes.

Foto: NASA/JPL-Caltech

16 / 187

La nebulosa de la Hélice

Localizada a unos 700 años luz de la Tierra, la nebulosa de la Hélice, con forma de ojo, es una nebulosa planetaria, o los restos de una estrella similar al Sol. Cuando estas estrellas se quedan sin su suministro de combustible interno, sus capas externas se hinchan; la nebulosa se calienta por el núcleo caliente de la estrella muerta, llamada enana blanca, que no es visible en esta imagen, pero se encuentra en el medio del "ojo". Nuestro Sol se convertirá en una nebulosa planetaria cuando muera en unos 5 mil millones de años. Este espectacular objeto celeste, una estrella moribunda que se desenmaraña en el espacio, es por igual uno de los objetos favoritos de astrónomos aficionados y profesionales. Spitzer ha cartografiado la estructura exterior expansiva de esta nebulosa de seis años luz de ancho, y ha sondeado la región interior alrededor de la estrella muerta central para revelar lo que parece ser un sistema planetario que sobrevivió a la caótica agonía de su estrella anfitriona.

Foto: NASA/JPL-Caltech / J. Hora (Harvard-Smithsonian CfA)

17 / 187

Eta Carinae

Foto: NASA / ESA / N. Smith / J. Morse

18 / 187

Representación artística de un cuásar frío

Esta concepción artística representa un cuásar que ya ha despejado el centro de la galaxia de gas y polvo, y cuyos vientos ahora se están propagando a las afueras de la misma. Pronto, no quedará gas ni polvo, tan solo un cuásar azul luminoso.

Foto: Michelle Vigeant

19 / 187

Representación artística de un cuásar

Los cuásares se forman cuando el agujero negro situado en el centro de una galaxia comienzan a "engullir" toda la materia que se encuentra a su alrededor. Durante este proceso y formando lo que se conoce como un disco de acreción, todo el material que rodea al agujero negro súper masivo se precipita hacia su centro de un modo parecido al que lo haría el agua que se escapa por un sumidero. Y durante este proceso, las velocidades alcanzadas por la ingente cantidad de materia en movimiento dan lugar a la liberación de una descomunal cantidad de energía en forma de ondas de radio, luz, infrarrojo, ultravioleta y rayos X, que hacen de los cuásares los objetos más brillantes del universo conocido.

Foto: NASA

20 / 187

Recreación artística de una superfulguración solar

Foto: NASA / D. Player

21 / 187

Núcleo cristalizado de una enana blanca

Esta iIlustración muestra una enana blanca, el remanente muerto de una estrella como nuestro Sol, con un núcleo cristalizado y sólido. Las enanas blancas son los restos de estrellas medianas similares a nuestro Sol. Una vez que estas estrellas han quemado todo el combustible nuclear en su núcleo, arrojan sus capas externas, dejando atrás un núcleo caliente que comienza a enfriarse. Los datos capturados por la nave espacial de cartografía de galaxias de la ESA, Gaia, revelaron por primera vez cómo las enanas blancas se convierten en esferas sólidas a medida que la materia originalmente caliente dentro de su núcleo comienza a cristalizarse, volviéndose sólida

Foto: University of Warwick/Mark Garlick

22 / 187

La evolución de las estrellas

Representación artística de algunas de las posibles vías evolutivas para estrellas de diferentes masas :

Algunas protoestrellas, enanas marrones, nunca se calientan lo suficiente como para encenderse en estrellas de pleno derecho, y simplemente se enfrían y se desvanecen.
Las enanas rojas, el tipo más común de estrella, siguen ardiendo hasta que han transformado todo su hidrógeno en helio, convirtiéndose en una enana blanca.
Las estrellas similares al Sol se convierten en gigantes rojas antes de explusar sus capas externas formando coloridas nebulosas, mientras sus núcleos colapsan en una enana blanca.
Las estrellas más masivas colapsan abruptamente una vez que han quemado su combustible, provocando una explosión de supernova o una explosión de rayos gamma, y dejando atrás una estrella de neutrones o un agujero negro.

Foto: ESA

23 / 187

Representación artística del exoplaneta Barnard-b

La estrella única más cercana al Sol alberga un exoplaneta al menos 3,2 veces tan masivo como la Tierra, una llamada supertierra. Utilizando datos de un conjunto de telescopios de todo el mundo (incluyendo el instrumento cazador de planetas HARPS de ESO), se ha revelado la existencia de este mundo helado y débilmente iluminado. El planeta recién descubierto es el segundo exoplaneta conocido más cercano a la Tierra. La estrella de Barnard es la estrella más rápida del cielo nocturno.

Foto: ESO/M. Kornmesser

24 / 187

Mision Apolo XII

Foto: NASA / MSFC

25 / 187

Ilustración de un diluvio intergaláctico

En las profundidades del corazón del cúmulo de galaxias más brillante, Abell 2597, los astrónomos observaron por primera vez en 2016, un pequeño grupo de nubes de nubes gigantes de gas precipitando su contenido sobre el agujero negro central en forma de “lluvia”.

Foto: NRAO/AUI/NSF/ Dana Berry/SkyWorks / ALMA / ESO/NAOJ

26 / 187

Fuente galáctica en Abell 2597

Composición del cúmulo de galaxias Abell 2597 mostrando el flujo de gas en forma de fuente, alimentado por el agujero negro supermasivo de la galaxia central. Los datos de ALMA muestran en amarillo el gas frío. En rojo, los datos del instrumento MUSE, muestran el gas de hidrógeno caliente en la misma región. En color azul-púrpura se ve el gas caliente ionizado y extendido, tal y como lo reflejan los datos del Observatorio Chandra de rayos X.

 

Los datos amarillos de ALMA muestran material que cae y los datos rojos de MUSE material lanzado en un inmenso chorro impulsado por el agujero negro.

Foto: ALMA/ESO/NAOJ/NRA / Tremblay et al. /AUI /NSF / B. Saxton; NASA/Chandra /VLT

27 / 187

Rigel and the Witch Head-Nebula

Segundo puesto en la categoría: Stars and Nebulae

El cielo oscuro de Namibia era el lugar perfecto para capturar la maravilla de la Nebulosa Cabeza de Bruja y Rigel. La Nebulosa Cabeza de Bruja es una nube de gas molecular muy débil que está iluminada por la estrella supergigante Rigel, la séptima estrella más brillante del cielo y la estrella más brillante en la constelación de Orión.

Tivoli Southern Sky Guest Farm, Namibia

Takahashi FSQ 106 ED telescope, Astro-Physics 1200 GTO mount, Canon EOS 6D Cooling CDS Mod camera, 383-mm f/3.6 lens, ISO 1600, 1, 3 and 6 min, total 5 Hours exposure

Foto: Mario Cogo / Insight Investment Astronomy Photographer of the Year

28 / 187

Esfera armilar

Este instrumento es un modelo del firmamento visto desde la superficie terrestre. Está formada por una pequeña esfera situada en el centro que representa la Tierra y diversas armillas (aros) que muestran el viaje del Sol durante un año (eclíptica), los equinoccios, solsticios y el zodiaco. Las armillas de la esfera se articulan entre sí para simular el movimiento aparente e la bóveda celeste durante un año. Esfera armilar del siglo XVI, Pinacoteca Ambrosiana, Milán.

FOTO: Bridgeman / ACI

29 / 187

Triquetrum

El triquetrum (tres esquinas), también llamado instrumento paraláctico está formado por dos brazos articulados de igual longitud y otro más largo, la hipotenusa del triángulo rectángulo que forma con los otros dos brazos. Dos de estas varillas eran fijas y la tercera móvil y servía para calcular la altura del astro observado en la bóveda celéste, medida en grados.El triquetrum de la imagen es una réplica del instrumento que usó Copérnico en Frombork.

FOTO: Alamy / ACI

30 / 187

Cuadrante

El cuadrante es el instrumento más antiguo de los tres que utilizó Copérnico. Apuntándolo al Sol se obtiene la altura del astro, en grados, que están marcados en el semicírculo. Cuadrante de 1784. Observatorio Astronómico de Brera, Milán.

FOTO: Bridgeman / ACI

31 / 187

Un esquema revolucionario

Nicolás Copérnico incluyó en su obra Sobre las revoluciones de los orbes celestes un diagrama del modelo del universo, según los datos que fue recopilando en sus observaciones.

FOTO: Album

32 / 187

Copérnico y su obra

Nicolás Copérnico fue un hombre introvertido y reservado que dedicó casi toda su vida al estudio y a la observación del firmamento. Los datos que recopiló durante años fueron plasmados en su gran Obra, Sobre las revoluciones de los orbes celestes, en la que expuso la teoría de que los astros giran alrededor del Sol. Esta litografía de Jean-Leon Huens, recrea al astrónomo en su taller elaborando su modelo heliocéntrico.

FOTO: Alamy / ACI

33 / 187

El astrónomo en Frombork

Copérnico pasó las últimas décadas de su vida en Frombork, una ciudad en la desembocadura del río Vístula, donde trabajó para la diócesis. Allí, la leyenda sitúa su trabajo de contemplación en una torre en el recinto de la catedral, pero lo cierto es que el astrónomo poseía una residencia fuera de las murallas que protegían el templo y en cuyo jardín mandó construir el llamado pavimentum, un suelo nivelado y firme para sus instrumentos. El óleo de 1873, Astrónomo Copérnico, o conversaciones con Dios, de Jan Matejko, recrea la leyenda del científico polaco en su torre observando el firmamento con sus instrumentos. 

FOTO: Bridgeman / ACI

34 / 187

Narratio Prima, síntesis de la obra copernicana

El astrónomo austriaco Georg Joachim Rheticus fue la persona más importante para la futura fama de Copérenico: fue a conocerlo a Frombrork en 1540 y lo persuadió para que le dejara escribir y publicar la Narratio prima, una exposición simplificada de las investigaciones de Nicolás Copérnico. Gracias al empeño personal de Rheticus se editó también, en 1543, la gran obra del astrónomo polaco, Sobre las Revoluciones de los orbes celestes. Esta imagen pertenece a la portada de una edición de la Narratio prima de 1566.

FOTO: Culture Club / Getty Images

35 / 187

Ptolomeo, el astrónomo geocéntrico

En el siglo II d.C., el astrónomo y científico greco-egipcio Claudio Ptolomeo formuló la teoría sobre el universo que estuvo vigente hasta la publicación de la obra de Copérnico 15 siglos mas tarde. Ptolomeo defendía que la Tierra era el centro del universo y alrededor de ella giraban todos los astros que cruzaban el firmamento. Retrato de Ptolomeo, hacia 1475. Museo del Louvre París.

FOTO: Bridgeman / ACI

36 / 187

Sobre las Revoluciones, la gran obra de Copernico

En 1543, gracias al empeño personal de Rheticus, apareció en Núremberg la versión completa de Sobre las revoluciones de los orbes celestes, la gran obra en la que Nicolás Copérnico exponía su modelo de cosmos: un universo cerrado con el sol en el centro y los demás astros girando a su alrededor. La imagen pertenece a una edición de la obra magna de Copérnico y la Narratio prima publicada en Basilea en 1566.

FOTO: Bridgeman / ACI

37 / 187

Atlas del universo copernicano

El modelo heliocéntrico representado por Andreas Cellarius en su atlas Harmonia macrocósmica, publicado en 1660, en el que plasmó los modelos de universo de Ptolomeo, Copérnco y Brahe.

FOTO: RMN-Grand Palais

38 / 187

Los cálculos y las observaciones del astrónomo

Copérnico anotó las observaciones que hacía y las incluyó en su obra. Esta imagen reproduce un par de páginas del libro II de Sobre las revoluciones de los orbes celestes con las tablas astronómicas de las observaciones copernicanas.

FOTO: SPL / Getty Images

39 / 187

Johannes Kepler, el continuador

El astrónomo alemán Johanes Kepler (1571-1630) era un firme creyente en la teoría heliocéntrica, que a principios del siglo XVII todavía no se había impuesto completamente en el mundo científico. El alemán perfeccionó el modelo del polaco y calculó las órbitas exactas de los planetas, elípticas. Sus leyes describen el movimiento de los planetas alrededor del Sol. Retrato anónimo de Kepler pintado hacia 1620. Fundación Saint-Thomas, Estrasburgo.

FOTO: Erich Lessing / Album

40 / 187

La última visión

Una leyenda sostiene que, cuando estaba postrado en su lecho de muerte y sin conocimiento, pusieron en manos de Copérnico una copia recién impersa de Sobre las revoluciones. Entonces, el astrónomo recuperó la conciencia por un momento, vio el libro y a continuación expiró. El episodio, arriba ilustrado por Josep Planella en 1876 para La ciencia y sus hombres, si no es totalmente apócrifo, recuerda mucho a la biografía de santo.

FOTO: Bridgeman / ACI

41 / 187

El perfecto universo esférico

La teoría de Copérnico se basaba en observaciones y cálculos matemáticos, pero también en ideas filosóficas, como que el círculo «es la forma más perfecta de todas». El astrónomo creía en un universo finito (aunque muy grande) formado por ocho esferas concéntricas girando en torno al sol.

FOTO: G. Duprat / Ciel et Espace Photos / Contacto

42 / 187

El brillo púrpura de Aurora tiñe de misterio el paisaje nocturno

Foto: NASA / Scott Kelly

43 / 187

Buenas noches, Japón

Foto: NASA / Scott Kelly

44 / 187

Vía Láctea: eres vieja, polvorienta, gaseosa y deformada

Foto: NASA / Scott Kelly

45 / 187

Luna, Venus, Tierra, Júpiter; buenas noches a todos

Foto: NASA / Scott Kelly

46 / 187

Bahamas, los trazos de tus acuarelas son siempre refrescantes

Foto: NASA / Scott Kelly

47 / 187

Buenas noches Luna

Foto: NASA / Scott Kelly

48 / 187

La aurora vuelve a la ciudad

Foto: NASA / Scott Kelly

49 / 187

Lágrimas de San Lorenzo

Foto: AgeFotoStock

50 / 187

Atacama Large Millimeter/submillimeter Array - ALMA

El fotógrafo embajador de ESO Babak Tafreshi, captó esta impresionante imagen de las antenas del conjunto de Telescopios ALMA con el esplendor de la Vía Láctea como fondo. ALMA fue el telescopio utilizado para observar la galaxia lejana MACS1149-JD1 y ea partir del cual se detectó el débil resplandor emitido por oxígeno ionizado de la galaxia.

Foto: ESO/B. Tafreshi

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de National Geographic España?