Reino de Castilla

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Felipe el Hermoso Retrato atribuido a Juan de Flandes, Siglo XV

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Felipe el Hermoso Retrato atribuido a Juan de Flandes, Siglo XV

Pese a la leyenda de príncipe codicioso y marido insensible, Felipe el Hermoso dejó buen recuerdo en muchas de las personas que lo trataron. Así lo recoge el cronista Lorenzo de Padilla en la semblanza que trazó del soberano unas décadas después de su muerte. Naturalmente, Padilla destacaba en primer lugar su apostura: Felipe era “de alta estatura y abultado. Tenía muy gentil rostro, hermosos ojos y tiernos, la dentadura algo estragada, muy blanco y rojo. Las manos por excelencia largas y albas y las uñas más lindas que se vieron a persona”.

El vigor físico era otro rasgo visible. Según Padilla, Felipe era “muy diestro en todos los ejercicios de las armas, así con ballesta como con escopeta. Cabalgaba muy bien a caballo a todas sillas. Era muy buen justador, jugaba a todos juegos de pasatiempos y era más aficionado a la pelota que a otro ninguno”. Eso sí, sufría un enojoso problema en una pierna: “En su andar mostraba sentimiento algunas veces por causa que se le salía la chueca -rótula- de la rodilla, la cual él mismo con la mano arrimándose a una pared la volvía a meter en su lugar”.

Pero el príncipe flamenco sobresalía aún más, a juicio de Padilla, por su delicadeza de carácter. “Era muy amigo de sus criados –escribía– y muy afable a todos. Era templado en su comer y beber”. Y aunque reconoce su afición al galanteo, el cronista afirma que el rey sintió verdadero afecto por su esposa. “Quiso mucho a la reina; sufríale mucho y encubría todo lo que podía las faltas que de ella sentía acerca del gobernar”.

Foto: Museo de Historia del Arte, Viena

Felipe el Hermoso, Conde de Flandes, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence

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Felipe el Hermoso, Conde de Flandes, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence

Como príncipe soberano de los Países Bajos, Felipe el Hermoso era duque de Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Hainaut, Holanda, Zelanda y Artois, y señor de Amberes y Malinas. Eran estas unas tierras de gran riqueza agrícola, manufacturera y comercial, repletas de prósperas ciudades y en las que se concentraba una nobleza que desde hacía decenios daba el tono a la vida cortesana de toda Europa. No es raro, por tanto, que Felipe mirara con cierto desapego el país del que provenía su esposa Juana, a sus ojos tan lejano como poco civilizado.

En su entorno se creía que “los reyes españoles van vestidos como campesinos, con trajes pesados y sin forma, anticuados y descuidados”. El primer viaje de Felipe a España le hizo cambiar su impresión, y a la muerte de Isabel la Católica se lanzó sin pudor a la conquista de su nuevo reino.

La infanta Juana de Castilla, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence

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La infanta Juana de Castilla, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence

Las relaciones de Castilla con Flandes se remontaban al menos al siglo XIV, cuando la lana castellana sustituyó a la inglesa como fuente principal de abastecimiento de la industria textil flamenca. A ello siguió la influencia cultural de los Países Bajos en la Península, en el dominio de las artes o la religión. Con todo, Juana de Castilla sufrió un fuerte impacto a su llegada a Flandes en 1496.

La riqueza de las ciudades, la suntuosidad de los vestidos, la misma libertad de costumbres de la corte, contrastaban con la austeridad en la que había sido educada por su madre Isabel. En una ocasión, por ejemplo, cuando su marido quiso besarla en público en la mejilla, según la moda francesa, ella se retiró con un gesto de repugnancia. Pero más tarde, cuando quisieron retenerla en España para que diera a luz mientras Felipe volvía a Flandes, Juana no cejó hasta volver al que consideraba su hogar.

Felipe I de Castilla

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Felipe I de Castilla

Apodado "el Hermoso", Felipe I de Castilla (1478 - 1506) era  yerno de Fernando el Católico, con quién no pudo evitar disputarse el trono de Castilla.

Foto: Museo del Louvre

Pedro el Cruel

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Pedro el Cruel

Grabado perteneciente a una edición de la crónica de su reinado por Pedro López de Ayala. Siglo XVI. Biblioteca de Cataluña, Barcelona.

Foto: Album

Querido por los Sevillanos

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Querido por los Sevillanos

Pedro I de Castilla en una gran dobla castellana.  

Pedro I residió largas temporadas en Sevilla, para lo que hizo ampliar considerablemente el alcázar en un estilo mudéjar. Los sevillanos lo recordaron siempre como un rey que escuchaba al pueblo y administraba justicia sentado en una silla del patio del alcázar, jugaba con sus hijas en los jardines reales y salía por las noches, disfrazado, para apostar a los dados en las tabernas.

Foto: Oronoz / Album

La batalla de Nájera

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La batalla de Nájera

La batalla de Nájera, de 1367, en una miniatura del siglo XIV. Enrique de Trastámara y los franceses luchan contra Pedro el Cruel y tropas inglesas. 

Foto: Art Archive

La muerte de Pedro el Cruel

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La muerte de Pedro el Cruel

Enrique II dando muerte a Don Pedro. Miniatura del siglo xv. Biblioteca Nacional, Madrid.

Pedro el Cruel murió a manos de su hermano Enrique de Trastámara cuando trataba de huir del asedio al castillo de Montiel. 

Foto: Oronoz / Album

Coronación de Enrique II

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Coronación de Enrique II

Enrique II es coronado rey de Castilla en 1366, tras haber expulsado del reino a Pedro I. Éste recuperó el trono en 1367, aunque lo perdió dos años después.

Foto: AKG / ALBUM

Felipe I de Castilla

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Felipe I de Castilla

Felipe I de Castilla, (1478 - 1506), apodado "el Hermoso", yerno de Fernando el Católico., y con quién no pudo evitar disputarse el trono de Castilla.

Foto: Museo del Louvre

La conquista de Almería

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La conquista de Almería

Pintura al óleo de Juan Mata Prats. La obra se muestra expuesta en el Museo del Ejército de Madrid.

Foto: Gtres

La conquista de Granada por los Reyes Católicos

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La conquista de Granada por los Reyes Católicos

Pintura al óleo de Carlos Luís de Ribera. La obra se muestra expuesta en el Museo de la Catedral de Burgos.

Foto: Gtres

Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. Los Reyes Católicos

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Los Reyes Católicos

Retrato al óleo de los Los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. La pintura está datada en el siglo XV y localizado en el Convento de las Augustinas, en Madrigal de las Altas Torres, Ávila. 

Fernando de Aragón e Isabel la Católica

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Fernando de Aragón e Isabel la Católica

Los Reyes Católicos recibiendo una embajada del rey de Fez. Museo Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

Oleo: Vicente Lopez

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