Pintores famosos

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Carlos III, un rey de costumbres

Carlos III llevó una rutinaria vida durante todo su reinado en la que cada jornada estaba estrictamente pautada por el reloj. Cada tarde del año (excepto la del Viernes Santo) salía a cazar, su verdadera pasión. Sobre estas líneas retratado de cazador por Francisco de Goya. Museo del Prado, Madrid.

FOTO: Album

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Un almuerzo público

Carlos III almorzaba cada día en presencia de las máximas autoridades del Estado y de los embajadores extranjeros, una costumbre impuesta por su padre, Felipe V, heredada del boato versallesco de Luis XIV. Luis Paret y Alcázar retrató la ceremonia en este óleo de 1775. Museo del Prado, Madrid.

FOTO: Joseph Martin / Album

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Carlos IV, un heredero limitado

Carlos III se dio cuenta pronto de que su hijo, el futuro Carlos IV, no era precisamente una inteligencia privilegiada. Un día, el príncipe le dijo a su padre que un rey no debía temer que su esposa le fuera infiel ya que una reina sólo tendría relaciones con un igual. Carlos III lo miró desconsolado y exclamó: "¡Hijo mío, eres completamente idiota!". Sobre estas líneas, Carlos IV retratado por Rafael de Mengs. 1765. Museo del Prado, Madrid.

FOTO: Joseph Martin / Album

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La batalla de las Termópilas

Este óleo de Jacques Louis David recrea los instantes anteriores al definitivo combate en el que los pocos centenares de hombres al mando de Leónidas perecerían defendiendo su posición en las Termópilas. En el centro, el diarca espartano rodeado de hombres que se abrazan ante la perspectiva de una muerte segura. Museo del Louvre, París.

FOTO: Erich Lessing / Album

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Ambrosio Spínola, el asediador

El general Spínola inició su meteórica carrera militar, marcada por su excepcional habilidad como estratega, en Flandes en 1602, pasada la treintena. El asedio de Breda lo convirtió en el general más célebre de Europa, pero murió tan sólo cinco años más tarde marginado por el conde-duque de Olivares. Retrato de mano de Pedro Pablo Rubens, Galería Nacional de Praga.

FOTO: Art Archive

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Una escena inmortal

Diego de Velázquez inmortalizó la escena en uno de sus óleos más famosos, La rendición de Breda o Las Lanzas. La pintura enfatiza la clemencia de Spínola, y por añadidura de la monarquía española, con el enemigo derrotado. El óleo es una de las obras más conocidas de las que se encuentran en el Museo del Prado.

FOTO: Aisa

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¿Autorretrato de Leonado?

Este dibujo de un hombre de edad avanzada es reconocido universalmente como un autorretrato de Leonardo da Vinci. La obra fue descubierta en el sigo XIX y, según estudios actuales, habría sido realizada en fechas en torno a la partida del artista a Francia. Aunque no hay dudas sobre su autoría, también se ha identificado la imagen como el estudio de un personaje, un filósofo antiguo o su padre, Piero. Biblioteca Real, Turín.

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La muerte del genio

Leonardo da Vinci murió el 2 de mayo de 1519 a los 67 años. Según el relato transmitido por Giorgio Vasari, el artista falleció en su cama en brazos del rey Francisco I, quien le profesaba una gran admiración y que fue su protector y mecenas en los últimos años de vida del florentino. La escena, una leyenda inventada por el biógrafo italiano, fue reproducida en 1818 por Ingres en este óleo. Petit Palais, París.

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Una obra de arte viajera

La Mona Lisa es, tal vez, el mayor icono mundial del arte. Leonardo comenzó el retrato de Lisa Gherardini hacia 1503 en Florencia, se lo llevó consigo en su traslado a Francia en 1516 y nunca dejó de trabajar en él. El rey Francisco I lo adquirió poco antes de la muerte del artista y lo incluyó en las colecciones reales. Museo del Louvre, París.

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Un mural codiciado

Leonardo pintó La última cena en el refrectorio de Santa Maria delle Grazie, en Milán, entre 1494 y 1498. Cuando Luis XII invadió la ciudad quedó tan admirado de la obra que pensó en descolgarla de la pared y llevársela a Francia.

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La batalla de Anghiari

Pedro Pablo Rubens realizó a principios del siglo XVIIl la copia más conocida de la obra inacabada de Leonardo da Vinci: un dibujo realizado a partir de las copias anteriores y de los diseños del propio Da Vinci. Museo del Louvre, París.

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Duelo a garrotazos

En esta pintura, dos hombres con las piernas semienterradas se pelean con mazas en campo abierto. Francisco Goya. 1819-1823. Museo del Prado, Madrid.

ORONOZ / ALBUM

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Aquelarre o el gran cabrón

El pintor representa en esta pintura, en primer término, a un oscuro macho cabrío, con un asistente a la derecha y rodeado de brujos y brujas de todas las edades, que se agitan y miran con ansiedad. Francisco Goya. 1819-1823. Museo del Prado, Madrid.

ORONOZ / ALBUM

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Saturno devorando a su hijo

Esta célebre pintura representa al titán Cronos o Saturno devorando a uno de los hijos habidos con su esposa Rea. Francisco Goya. 1819-1823. Museo del Prado, Madrid.

ORONOZ / ALBUM

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La Quinta del Sordo

Fotografía de la finca de Goya tomada hacia 1873 por el fotógrafo francés Jean Laurent.

ORONOZ / ALBUM

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Señas convenidas

Damas y galanes concertaban citas mediante todo tipo de signos mientras el cura oficiaba la misa. En la imagen, La dama del abanico, óleo de Diego Velázquez, Collección Wallace, Londres.

FOTO: Wallace Collection / Bridgeman / ACI

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Mujeres en el papel de hombres

Un siglo antes del nacimiento de la Monja Alférez, mujeres como Estebanía de Valdaracete o Helena Céspedes, vivieron como hombres y llegaron a casarse una mujer. Valdaracete había sido declarada hermafrodita por un médico, mientras que Céspedes no pudo sostener tal condición al ser descubierta y fue recluida en un hospital por la Inquisición. Combate de mujeres, de José Ribera, muestra una escena asociada tradicionalmente a hombres protagonizada por mujeres: dos luchadoras pelean a muerte delante de un público formado por militares y civiles romanos. Museo del Prado, Madrid.

FOTO: Album

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La púrpura y el perro de Merlqart

Según la leyenda, Melqart descubrió la púrpura en el morro de su perro, después de haber encontrado un murex. Rubens recreó esta leyenda en el óleo El descubrimiento de la púrpura. Museo del Prado.

FOTO: AKG / Album

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Manos a la obra

Picasso pintando el Guernica en su estudio de Rue des Grands Augustins.

Foto: Ministerio de Cultura y Deporte de España / Centro Documental de la Memoria Histórica / Dora Maar

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Estados de ejecución del Guernica

El Guernica de Picasso durante sus estadios previos.

Foto: Ministerio de Cultura y Deporte de España / Centro Documental de la Memoria Histórica / Dora Maar

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Mujer en cuclillas

El arte de Picasso se entretejía con su vida personal y sus relaciones amorosas. Hallaba musas en sus hijos, sus amantes y sus esposas, como Jacqueline Roque, retratada en este cuadro. En la casa de subastas Christie’s de Nueva York, los técnicos transportan Mujer en cuclillas (Jacqueline) desde una exposición privada hasta la galería.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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Museo Picasso de París

La genialidad se nutre del trabajo. Picasso fue uno de los artistas más fecundos de la historia. El elegante Museo Picasso de París, en el barrio del Marais, alberga la colección pública de Picassos
más nutrida del mundo. En la foto, una visitante francesa estudia el retrato de una de las amantes del pintor, Marie-Thérèse Walter.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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La mente de un artista

Los neurocientíficos calibran el impacto del arte sobre el cerebro. En la Universidad de Houston, Texas, José Contreras-Vidal usa técnicas de imagen para registrar las ondas cerebrales de un pintor, una bailarina y un músico. Las imágenes proyectadas muestran la actividad cerebral de cada artista. Quizás algún día la neurociencia desentrañe la biología de la creatividad.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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Fomento del arte moderno

La reputación de Picasso se vio favorecida por el apoyo de influyentes mecenas, tales como Gertrude y Leo Stein. Hoy los coleccionistas Mera y Don Rubell son punta de lanza en el fomento del talento moderno; la artista Allison Zuckerman es su último patrocinio. Zuckerman, que inserta elementos de estilo picassiano, empezó colgando sus obras en Instagram y pronto protagonizó una exposición en solitario en la Rubell Family Collection de Miami.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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Objeto de falsificaciones

En la localidad china de Dafen, cerca de Shenzhen, Yaoliang Liu pinta varios Picassos falsos al día, como este retrato de Dora Maar, la fotógrafa y pintora que mantuvo una tormentosa relación con el artista en la década de 1930. La Picasso Administration, entidad con sede en París que gestiona los derechos de autor del artista, denuncia este tipo de negocio. La creación y venta de falsificaciones es ilegal en virtud de la legislación francesa en materia de propiedad intelectual.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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Un amplio legado

El legado del genio proyecta una alargada sombra sobre sus descendientes. Olivier Widmaier Picasso no llegó a conocer a su abuelo, pero ha escrito dos libros sobre el artista «para aclarar rumores, leyendas y verdades», dice. Jurista de formación, Olivier propició la firma de un acuerdo con la empresa francesa de automoción Citroën para dar el nombre del pintor a un modelo de automóvil. O vives con Picasso y por Picasso o vives sin él, afirma.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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Pasión por los toros

El amor de Picasso por la tauromaquia nació durante su infancia, en sus visitas a la plaza de toros de la Malagueta, en Málaga, donde hoy los jóvenes continúan adiestrándose y toreando. Los picadores y los toros constituyen un leitmotiv en su obra, como también lo es la figura mitológica del Minotauro, mitad hombre, mitad toro.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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Una marca internacional

Durante sus primeros años como pintor en París, Picasso era pobre de solemnidad; murió siendo multimillonario. Cuarenta y cinco años después de su muerte, la obra de Picasso es una marca internacional. Wang Zhongjun, productor de cine y magnate chino, compró este retrato de Françoise Gilot por 29,9 millones de dólares en 2015. El pasado otoño Wang abrió el Museo de Arte Song, cerca de Beijing, donde pinta inspirado a veces por el arte del genio malagueño.

Foto: Paolo Woods y Gabriele Galimberti

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“Femme au beret et a la robe quadrillee”, Pablo Picasso,1937

Foto: AP / Frank Augstein

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Una obra maestra de Vermeer

La joven de la perla es una obra maestra de Johannes Vermeer, pintada alrededor de 1665. Su mirada enigmática, el uso del color por parte de Vermeer y el excelente juego de luces y sombras han cautivado a todos aquellos que han contemplado la obra, que se exhibe en el museo Mauritshuis de La Haya, en los Países Bajos.

Foto: Mauritshuis collection, The Hague

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Los últimos días de Pompeya

Óleo sobre lienzo realizado por el pintor Karl Briullov entre1827 y 1833. Tras estudiar los artefactos encontrados en las excavaciones y algunos documentos históricos, como las cartas de Plinio el Joven -de quien se dice que fue un testigo del evento- Bryullov eligió una ubicación existente en Pompeya como escenario de su pintura en la que muestra la erupción del Vesubio, que supuso la destrucción de Herculano y Pompeya en el año 79.

Foto: The State Russian Museum

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Carlos II, El Hechizado

Obra del año 1675 atribuida al pintor español de la corte española de Felipe IV, Juan Carreño de Miranda, en que aparece retratado Carlos II a la edad de 10 años en el Salón de los Espejos del Real Alcázar de Madrid.

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La adoración de los pastores

La obra representa el momento en que el Niño Jesús fue adorado por los pastores poco después de su nacimiento y en presencia de sus padres. Pintado entre los años 1612-1614, se trata de una de sus últimas composiciones destinada a su capilla funeraria. Su estilo final es dramático y antinaturalista, intensificando los elementos artificiales e irreales: cuerpos muy largos en cabezas pequeñas iluminados con luces fuertes y estridentes.

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El Expolio

Situado en la Catedral de Toledo y fechado de entre los años 1577-1579, la obra representa a Jesucristo en el momento en que fue despojado de sus vestiduras, y es considerado una de las obras más destacadas de El Greco.

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La crucifixión , del colegio de María de Aragón

Realizada entre los años 1597 y 1600, la obra representa a Jesucristo crucificado, hallándose a sus pies su madre, la Virgen María, San Juan Evangelista y María Magdalena, entre otros personajes.

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Inmaculada Concepción, capilla Oballe de Toledo

Realizada entre los años 1608 y 1613, la obra pertenece al último periodo Toledano del artista. La Inmaculada Concepción era una de las imágenes predilectas del arte de la Contrarreforma, a la que servía el Greco. La Virgen María se sitúa en el centro del lienzo, acompañada por ángeles, querubines y la paloma del Espíritu Santo. A sus pies se encuentran varios símbolos marianos, como la luna.

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La Trinidad

Realizada entre los años 1577 y 1579, esta obra que representa a los 3 miembros de la Santísima Trinidad que formaba parte de El retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo, fue su primer gran encargo en Toledo. Es notoria la influencia de Miguel Ángel.

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Adoración del nombre de Jesús

Conocida también como El sueño de Felipe II o Alegoría de la Liga Santa, la Adoración del nombre de Jesús fue realizada en 1579 durante su primer período toledano. La obra es considerada por algunos especialistas como la primera obra encargada por el mecenazgo del rey Felipe II.

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Giulio Clovio

Retrato pintado por el Greco sobre 1571 de Giulio Clovio, quien introdujo al Greco en el círculo del cardenal Alejandro Farnesio en Roma.

 

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La curacion del ciego El Greco Dresde

Pintura del año 1567 relativa al periodo veneciano de Greco realizada con la técnica del temple, método empleado en Creta. El Greco asimiló rápidamente los conceptos de la pintura veneciana.

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San Lucas pintando a la Virgen y al Niño

Obra datada con fecha anterior al año realizada en temple y oro sobre tabla y perteneciente al período cretense del Greco.

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El Greco se congracia con Toledo

Vista y plano de Toledo (1608), de El Greco. 

© MUSEO DEL GRECO, TOLEDO / EL GRECO 2014

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La ciudad de las 3 culturas

Vista de Toledo (1604-1614), de El Greco.

© THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART, NEW YORK / EL GRECO 2014

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Entierro del Duque de Orgaz

El Greco aceptó el encargo de realizar la obra en 1586, algo más de dos siglos y medio después de los hechos que en ella representó. El entierro del señor de Orgaz, más conocido como El entierro del conde de Orgaz, es un óleo sobre lienzo pintado en estilo manierista por El Greco entre los años 1586 y 1588. Fue realizado para la iglesia de Santo Tomé de Toledo, donde aun permanece, y es considerada una de las las mejores obras de su autor. En él se representó un entierro del siglo XIV presenciado por hombres vestidos a la manera del siglo xvi. Parece que eran retratos de personas que vivían en Toledo. Solo se ha reconocido a Antonio de Covarrubias, amigo del pintor. El niño señalando el milagro al espectador se cree que era el hijo del pintor, Jorge Manuel. 

Obra pintada por El Greco (1586), en la iglesia de Santo Tomé.

 

Foto: Age Fotostock

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Felipe el Hermoso Retrato atribuido a Juan de Flandes, Siglo XV

Pese a la leyenda de príncipe codicioso y marido insensible, Felipe el Hermoso dejó buen recuerdo en muchas de las personas que lo trataron. Así lo recoge el cronista Lorenzo de Padilla en la semblanza que trazó del soberano unas décadas después de su muerte. Naturalmente, Padilla destacaba en primer lugar su apostura: Felipe era “de alta estatura y abultado. Tenía muy gentil rostro, hermosos ojos y tiernos, la dentadura algo estragada, muy blanco y rojo. Las manos por excelencia largas y albas y las uñas más lindas que se vieron a persona”.

El vigor físico era otro rasgo visible. Según Padilla, Felipe era “muy diestro en todos los ejercicios de las armas, así con ballesta como con escopeta. Cabalgaba muy bien a caballo a todas sillas. Era muy buen justador, jugaba a todos juegos de pasatiempos y era más aficionado a la pelota que a otro ninguno”. Eso sí, sufría un enojoso problema en una pierna: “En su andar mostraba sentimiento algunas veces por causa que se le salía la chueca -rótula- de la rodilla, la cual él mismo con la mano arrimándose a una pared la volvía a meter en su lugar”.

Pero el príncipe flamenco sobresalía aún más, a juicio de Padilla, por su delicadeza de carácter. “Era muy amigo de sus criados –escribía– y muy afable a todos. Era templado en su comer y beber”. Y aunque reconoce su afición al galanteo, el cronista afirma que el rey sintió verdadero afecto por su esposa. “Quiso mucho a la reina; sufríale mucho y encubría todo lo que podía las faltas que de ella sentía acerca del gobernar”.

Foto: Museo de Historia del Arte, Viena

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Felipe el Hermoso, Conde de Flandes, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence

Como príncipe soberano de los Países Bajos, Felipe el Hermoso era duque de Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Hainaut, Holanda, Zelanda y Artois, y señor de Amberes y Malinas. Eran estas unas tierras de gran riqueza agrícola, manufacturera y comercial, repletas de prósperas ciudades y en las que se concentraba una nobleza que desde hacía decenios daba el tono a la vida cortesana de toda Europa. No es raro, por tanto, que Felipe mirara con cierto desapego el país del que provenía su esposa Juana, a sus ojos tan lejano como poco civilizado.

En su entorno se creía que “los reyes españoles van vestidos como campesinos, con trajes pesados y sin forma, anticuados y descuidados”. El primer viaje de Felipe a España le hizo cambiar su impresión, y a la muerte de Isabel la Católica se lanzó sin pudor a la conquista de su nuevo reino.

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La infanta Juana de Castilla, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence

Las relaciones de Castilla con Flandes se remontaban al menos al siglo XIV, cuando la lana castellana sustituyó a la inglesa como fuente principal de abastecimiento de la industria textil flamenca. A ello siguió la influencia cultural de los Países Bajos en la Península, en el dominio de las artes o la religión. Con todo, Juana de Castilla sufrió un fuerte impacto a su llegada a Flandes en 1496.

La riqueza de las ciudades, la suntuosidad de los vestidos, la misma libertad de costumbres de la corte, contrastaban con la austeridad en la que había sido educada por su madre Isabel. En una ocasión, por ejemplo, cuando su marido quiso besarla en público en la mejilla, según la moda francesa, ella se retiró con un gesto de repugnancia. Pero más tarde, cuando quisieron retenerla en España para que diera a luz mientras Felipe volvía a Flandes, Juana no cejó hasta volver al que consideraba su hogar.

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Doña Juana "la Loca",1877, de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado, Madrid.

Sobre las extrañas circunstancias en que se produjo la muerte del rey Felipe el Hermoso, en Burgos, contamos con algunos testimonios de la época. El 23 de septiembre de 1506, estando presente el prestigioso doctor De la Parra, el estado del enfermo revestía enorme gravedad. Así se nos cuenta: “Por la noche empezó a tener gran dolor en los costados, escupiendo sangre al amanecer, mientras empezaban a salirle manchas pequeñas, entre coloradas y negras, que los doctores llaman blatas, y que se extendieron por todo su cuerpo. Una gran infección se extendió por la lengua y paladar, inflamándose la úvula, perdiendo a ratos los sentidos y sobreviniéndole al tiempo terribles calenturas y largos estados de frío… El miércoles le sobrevino un frío aún más riguroso y después un sudor caliente harto copioso en todo el cuerpo, quedando como alienado y con sueño”.

El historiador zurita, por su parte, nos cuenta: “considerando las cosas que habían precedido y la naturaleza de la dolencia que le acabó la vida tan arrebatadamente, no se dejó de tener alguna sospecha que le hubiesen dado ponzoña, pero de esta opinión salieron los mismos flamencos sus servidores en cuyo poder estaba. Porque los físicos [médicos] que él traía… descubrieron la causa de su enfermedad, y se entendió haberle sobrevenido de demasiado ejercicio y de una reuma, de donde se encendió la fiebre de que muchos morían en el mismo tiempo en aquella ciudad”.

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Retrato ecuestre de Luis XIII, por Claude Deruet. Castillo de Versalles.

Los propagandistas contrarios a Richelieu dejaron la imagen de un ministro que se había adueñado totalmente de la débil voluntad de Luis XIII. La realidad fue más compleja. Durante mucho tiempo Luis miró con mucho recelo a Richelieu. Y aun después de elegirlo primer ministro, seguía sintiéndose incómodo ante un hombre 17 años mayor, con una inteligencia y una determinación de las que él mismo carecía. Richelieu supo valerse de las debilidades del rey para fortalecer su poder, por ejemplo indisponiéndolo con la reina madre y sobre todo con su esposa, Ana de Austria, y proporcionándole amistades, femeninas y masculinas, que dieran cauce a la emotividad del rey. Gracias a su condición de cardenal, no dudaba en ocasiones en sermonearlo, instándolo a comportarse a la altura de su cargo.

Pero Luis XIII nunca dejó de ser el verdadero soberano. Richelieu era sabedor de que su posición pendía del delgado hilo del favor real, y en varias ocasiones creyó perderlo, como en la Jornada de los Engaños o en la conspiración de Cinq-Mars, alentada tácitamente por el soberano. Su gran baza para mantenerse en el poder era su propia capacidad política, y la creencia que supo transmitir a Luis de que con su política la monarquía francesa recuperaría todo su esplendor. Los éxitos militares y diplomáticos que se sucedieron desde 1628 convencieron a Luis de que la política de Richelieu era la buena y que su contribución resultaba imprescindible. Como le escribía ya en 1626: "Tengo puesta en vos toda mi confianza, y ciertamente nunca he encontrado otro hombre que me sirviera tan a mi gusto...". 

Foto: Art Archive

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La religión al servicio del estado

La pintura reproducida junto a estas líneas, un óleo sobre lapislázuli, se titula El triunfo de Luis XIII sobre los enemigos de la Religión. Su autor fue Jacques Stella, uno de los pintores de corte de Richelieu y Luis XIII. No se sabe la fecha exacta de la obra, ni el acontecimiento que conmemora. Tal vez se trata de una celebración de la política religiosa de Luis y su primer ministro, decisiva para la consolidación del catolicismo como única religión oficial, poniendo fin a decenios de guerras de religión. La toma de La Rochela en 1628 fue el hito decisivo en este proceso.

EL Óleo de la Stella es un ejemplo del carácter peculiar que tuvo la ofensiva de Richelieu en el ámbito religioso. No hay duda de su empeño en favorecer el catolicismo y restringir la libertad de acción de los protestantes, que gozaban de grandes privilegios en amplias regiones del país. Pero Richelieu estuvo lejos de ser un fanático. Por ejemplo, tras la conquista de La Rochela, mientras los sectores ultracatólicos instaban a la destrucción de la ciudad, el cardenal impuso una postura de clemencia, como la que muestra Luis XIII en la pintura de Stella. 

Foto: Bridgeman

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