Pesca

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Sewing Net

A medida que disminuyen las poblaciones de peces, los métodos de pesca se vuelven cada vez más extremos. La pesca destructiva con redes de agujeros cada vez más pequeños arrasa con el medio marino.

Foto: EPOTY 2019 / Tran Tuan Viet

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Impactos económicos

Este deshielo impactará en el acceso al agua, la producción de alimentos, la pesca de agua dulce, la generación de energía y las actividades económicas a lo largo de estos sistemas fluviales, particularmente para las comunidades ya vulnerables.

Foto: iStock

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Red fishing net making / La fabricación de una red de pesca roja

Premio Nacional de Corea

Foto: Master Na / Sony World Photography Awards 2019

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La pesca del calamar gigante

La prueba definitiva de la existencia de calamares de enormes dimensiones se produjo en 1861, cuando el vapor Alecton se encontró con uno de ellos en aguas de Tenerife. Su capitán intentó subir a bordo a la bestia, de seis metros de longitud. No tuvo éxito, pero tras horas de lucha se quedó con un fragmento del cefalópodo que hizo llegar a París, junto con su relato del suceso. 

FOTO: Bridgeman / ACI

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Ningde, Fujian. China

Foto: Danny Wong

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Lago Inle, Myanmar

Foto: AgeStock

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Provincia china de Fujian, China

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Nueva Taipei, Taiwan

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"Cormorant Fisherman"

Categoría: People

 

Un pescador tradicional navega durante las primeras horas antes del amanecer. Navega en su balsa de bambú con sus cormoranes entrenados para coger peces.

 

 

Foto: Duangmon C. / Smithsonian Photo Contest

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Pescado fresco... o no tanto

Un trabajador utiliza un mazo para desalojar el atún congelado a bordo de un buque de carga chino atracado en la ciudad de General Santos, en Filipinas.

Foto: Adam Dean / National Geographic

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Técnicas de pesca ancestrales

Los pescadores wagenia siguen confeccionando enormes nasas para capturar peces en los agitados rápidos de las afueras de Kisangani , como ya hacían cuando el explorador Henry Morton Stanley los observó por vez primera en su famoso viaje por el río Congo en 1877.

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Mercado de canoas

Unas piraguas nuevas atraen clientes en el mayor mercado de canoas del Congo, cerca de Bumba. Sus fabricantes se adentran en la selva en busca de árboles adecuados; las ventas les permiten poco más que subsistir.

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Almadrabas

Pescadores españoles izan los atunes atrapados en el cerco de redes que han tendido en el Atlántico. Esta técnica ancestral, llamada almadraba, se extingue con la misma rapidez con que mengua la población de atún rojo. En el golfo de San Lorenzo, donde este gigante se alimenta, suele pescarse con sedal y carrete.

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Foto: Brian Skerry

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Golfo de San Lorenzo

Solamente los atunes rojos adultos más grandes migran tan al norte como para llegar al golfo de San Lorenzo. Estos ejemplares de 20 años tienen unos 2,7 metros de longitud y pesan unos 360 kilos cada uno. El atún más grande jamás capturado –678 kilos– provenía de estas aguas, frente a la costa de Nueva Escocia. Sin embargo en este lado del Atlántico la población reproductora ha caído un 80% desde 1950, por lo que estos gigantes y sus parientes podrían desaparecer algún día.

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Foto: Brian Skerry

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Isla del Príncipe Eduardo

En la isla del Príncipe Eduardo, un pescador canadiense corta la cabeza de un atún con una sierra. Desde allí, un avión transportará rápidamente el pez a Japón, país que desde la década de 1970 acapara los atunes rojos capturados en esta parte del mundo.

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Foto: Brian Skerry

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Tecnología punta

Los atunes son peces muy enérgicos, dotados de un equipamiento biológico puntero, altamente especializado, y cuya configuración hidrodinámica es prácticamente perfecta para su medio.

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Foto: Brian Skerry

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Perspectivas

Un atún rojo de casi tres metros pasa junto a un buzo mientras busca comida en el golfo de San Lorenzo. En verano y a principios de otoño los atunes se reúnen en estas aguas para alimentarse de arenques y caballas.

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Foto: Brian Skerry

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Un purasangre del mar

Auténtico purasangre del mar, el reluciente atún rojo del Atlántico posee una anatomía perfecta para nadar a gran velocidad, realizar largas migraciones y sobrevivir al frío gélido de las aguas profundas.

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Foto: Brian Skerry

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Dejarlos crecer

Fieles a una tradición de más de 3.000 años de antigüedad, unos pescadores españoles procesan un atún rojo capturado con red en el Atlántico. Solo se quedan los ejemplares más grandes; el resto son devueltos al mar.

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Foto: Brian Skerry

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Víctima de las modas culinarias

Estos atunes rojos son engordados en una jaula submarina del Mediterráneo para abastecer el boyante mercado del sushi. Al estabular atunes salvajes, la potencial población en edad reproductora se reduce.

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Foto: Brian Skerry

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Depredador voraz,

El atún rojo se alimenta básicamente de pececillos, crustáceos y calamares. Pero también es presa de un depredador implacable, el ser humano, cuyo apetito por esta especie no deja de crecer.

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Foto: Brian Skerry

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Los últimos balleneros

A la pálida luz del sol de medianoche, un rorcual aliblanco es descuartizado en la cubierta del Jan Bjørn, uno de los pocos barcos balleneros que todavía faenan en aguas de las islas Lofoten de Noruega. 

Foto: Marcus Bleasdale

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Oficios extintos

Ganarse la vida en el mar es peligroso, por eso la mayoría de los jóvenes de las islas Lofoten prefiere no hacerlo. Una rara excepción es Raymond Nilsen, de 34 años, uno de los pocos jóvenes de su isla que en las últimas décadas se ha dedicado a la pesca. 

Foto: Marcus Bleasdale

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Modos de vida

El ballenero Jan Bjørn Kristiansen hace una señal y Marius Hansen baja una tajada de carne de ballena a la bodega. «La caza de ballenas es mi vida», dice Kristiansen, que empezó como marinero de cubierta en 1958. Para Hansen, estudiante de psicología de la Universidad de Tromsø, es un trabajo de verano.

Foto: Marcus Bleasdale

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La captura del día

Raymond Nilsen y su padre, Eilert, sacrifican un rorcual aliblanco a bordo del Nordfangst. Durante la temporada estival de caza de ballenas capturan una media de entre 20 y 30 rorcuales. En invierno pescan bacalao.

Foto: Marcus Bleasdale

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Arpones y granadas

Eilert Nilsen busca ballenas entre los fiordos de las Lofoten. El cañón arponero reflejado en la ventana del puente tiene un potente explosivo en la punta para garantizar una muerte rápida.

Foto: Marcus Bleasdale

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Una vida cazando ballenas

Oddvar Berntsen es el último residente permanente del pueblo costero de Kjerkefjorden. Empezó a cazar ballenas con 18 años y se jubiló a los 70. «Fue el final de una época en mi vida –dice Berntsen, que ahora tiene 83 años–. Ahora estoy tranquilo. Todo tiene un principio y un final, y uno tiene que adaptarse.»

Foto: Marcus Bleasdale

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Paso a las multinacionales

En la actualidad, un empleado de una fábrica de pescado de Røst se prepara para descargar en el embarcadero las capturas de una flota pesquera mucho más pequeña. Los arrastreros factoría y las grandes compañías pesqueras han acabado con los negocios familiares.

Foto: Marcus Bleasdale

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Secaderos de bacalao

En Røst, peones extranjeros trabajan sin descanso para poner miles de bacalaos en extensos secaderos. El bacalao seco es la exportación más antigua de Noruega y se remonta a la época de los pueblos nórdicos antiguos.

Foto: Marcus Bleasdale

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Cuando había pescado para todos

Atraídos a las Lofoten por la lucrativa migración invernal del bacalao, cientos de barcos pesqueros abarrotaban el puerto de Henningsvær en 1951. 

Foto: Sverre A. Børretzen, NTB SCANPIX

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Campamento a la deriva

Un campamento de pescadores flota a la deriva en el Sudd, uno de los humedales más extensos de África (más de 51.800 kilómetros cuadrados en la estación lluviosa). Las dimensiones del lugar dificultan a las autoridades la vigilancia y aplicación de las leyes sobre caza y pesca.

George Steinmetz

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Península de Irisseyl

En la península de Irisseyl, los pescadores se dedican a la pesca de escualos.

Foto: Oriol Alamany

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Socotora

La mayoría de los habitantes de Socotora vive de la pesca y faena a diario en pequeñas barcas, como ésta que navega por el mar Arábigo frente a Hallah, en el norte de la isla.

Foto: Oriol Alamany

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