Literatura

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Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura, 1977

Vicente Aleixandre (1898-1984), recibió el Premio Nobel de Literatura en 1977 como reconocimiento a su obra, y por extensión, a toda a Generación del 27. Este poeta polifacético, que anteriormente había recibido el Premio Nacional de Literatura en 1934 y el Premio de Crítica en 1963, también formó parte de la Real Academia Española. Su amistad con Dámaso Alonso y sus inquietudes literarias le llevaron a leer y a estudiar a los grandes poetas de la literatura universal, como Bécquer y Rubén Darío. Sin embargo, en un giro del destino, fue una grave enfermedad y su lenta recuperación las que le llevaron a escribir poesías que finalmente fueron publicadas en las revistas culturales más importantes de la época, Ahí empezó su amistad con los otros componentes de la Generación del 27, como Federico García Lorca y Luis Cernuda. Tras la Guerra Civil permaneció en España y su obra tomó una trayectoria muy personal. Su obra se caracteriza por el uso de la metáfora y es reconocido como el principal poeta surrealista español. Pasión de la Tierra (1935) o La destrucción del amor (1932), son algunas de las obras más relevantes de su antología poética.

 

Foto: Cordonpress

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Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura, 1989

Camilo José Cela (1916-2002), recibió el premio Nobel de Literatura en 1989 tras toda una vida dedicada a los libros. Esta pasión comenzó de manera curiosa,  mientras se encontraba internado en el sanatorio de Guadarrama. Aunque inicialmente ingresó en la Facultad de Medicina, pronto se interesó más por las letras gracias al poeta Pedro Salinas y sus clases de Literatura Contemporánea. El encuentro resultó fundamental para el joven escritor, hasta el punto de despertarle totalmente su vocación literaria. Su primera obra fue el libro de poemas Pisando la dudosa luz del día, al que le siguieron su primera gran obra La familia de Pascual Duarte,  Viaje a La Alcarria (1948),  El cancionero de La Alcarria (1948) y, finalmente, su obra más reconocida:  La colmena (1951). El autor ingresó posteriormente en la Real Academia de la Lengua Española, donde ocupó el sillón con la letra Q. Junto con otros intelectuales de su época, formó parte activa de la Transición española. Fue elegido senador en las primeras Cortes democráticas y revisó el texto definitivo de la Constitución Española. Entre los premios recibidos en la recta final de su carrera destacan el Príncipe de Asturias de las Letras, otorgado en 1987, y el Miguel de Cervantes, en 1995. En 1996 el rey de España lo condecoró con el título de Marqués de Iria Flavia.

Foto: CordonPress

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Juan Ramón Jiménez - Premio Nobel de Literatura, 1956

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) ganó en 1956 el premio Nobel por su trayectoria literaria, entre la que destaca su obra Platero y Yo, una selección de relatos en las que el autor rememoraba algunas vivencias de cuando era niño. El poeta onubense –retratado aquí junto a su mujer Zenobia Camprubí– cursó inicialmente Derecho y Pintura en la Universidad de Sevilla, pero abandonó sus estudios para dedicarse a la literatura, influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses. En 1936, al estallar la guerra civil española, se exilió a Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, donde recibió el Premio Nobel de Literatura en 1956. Tras la muerte de Rubén Dario, ejerció un liderazgo entre los poetas más jóvenes de su tiempo. 

Foto: Cordonpress

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Jacinto Benavente - Premio Nobel de Literatura, 1922

Jacinto Benavente (1866-1954) fue, además de un autor teatral, un prolífico director, guionista y productor de cine. Nacido en Madrid en 1866, hijo de un conocido pediatra, estudió derecho, pero a la muerte de su padre se embarcó en varios viajes por Francia y Rusia. A su regreso a España, editó y colaboró en diferentes periódicos y revistas. En 1892 publicó su primera obra: Teatro Fantástico, a la que seguiría Cartas de mujeres en 1893.  En 1899 fundó en Madrid el Teatro Artístico, en el que colaboró con Valle Inclán. Las obras de Benavente tratan con todos los estratos de la vida; son a la vez serios y cómicos, realistas y fantásticos. El autor ofrecía a los lectores un retrato fiel de la sociedad de la época, reflejado en obras como La Gobernadora (1901), Rosas de otoño (1905), Señora ama (1908) y La Malquerida (1913), o Los intereses creados (1907), considerada una de sus obras maestras. El autor siguió trabajando hasta poco antes de su muerte. Su obra póstuma: “El bufón de Hamlet” fue publicada en 1958.

 

Foto: Cordonpress

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Olga Tokarczuk

Nacida el 29 de enero de 1962 en Sulechów, Polonia, es una escritora, activista e intelectual polaca con gran relevancia pública. En 2018 se hizo con el Premio Internacional Man Booker por su novela Bieguni (Los corredores). El jurado de los Nobel ha premiado la "imaginación narrativa y la pasión enciclopédica" con el premio Nobel de Literatura 2018.

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El retrato de Oscar Wilde

Oscar Wilde gozaba de un fulgurante éxito como escritor y crítico literario a finales del siglo XIX. Su imagen pública de hombre casado y con dos hijos apenas escondía su preferencia por la compañía masculina y sus tendencias homosexuales. Esta actitud fue tolerada por la mojigata sociedad victoriana hasta que fue denunciado por el padre de Alfred Douglas, su amante, que lo acusó públicamente de "sodomía". En la imagen, Wilde (izquierda) y Douglas en una fotografía de estudio en 1894.

FOTO: British Library / Aurimages

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La nota y el escándalo

"Para Oscar Wilde, que alardea de somdomita [sic]". El marqués de Queensberry, padre de Alfred Douglas, dejó esta nota, con falta de ortografía incluida, en un club que frecuentaba el escritor. Wilde no se lo pensó dos veces y denunció a Queensberry por difamación, aunque las revelaciones que se harían en el juicio pusieron de manifiesto su homosexualidad y se giraron en su contra más adelante. Archivos Nacionales, Londres

FOTO: The National Archives

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Juicio mediático

Oscar Wilde era un personaje muy famoso y su juicio centró la atención de toda la sociedad británica de la época. Durante semanas fue la comidilla del país. Arriba, varias ilustraciones de un periódico londinense sobre el juicio.

FOTO: British Library / Album

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La cárcel de Reading, un presidio duro

Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados en el penal de Reading. La estancia en esta cárcel, a 65 kilómetros de Londres, fue un periodo muy duro que afectó de tal manera a la salud del dramaturgo que se le trasladó a prisiones con mejores condiciones.

FOTO: Graham Mulrooney / Alamy / ACI

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Wilde, el apellido maldito

Después de cumplir su condena, Wilde tuvo que exiliarse a París porque se había convertido en un apestado con el que nadie quería tener contacto en Londres. Tras el juicio, su esposa Constance (en la imagen sobre estas líneas con su hijo Cyril en brazos) se instaló en Suiza junto a sus hijos y cambió sus apellidos por el de Holland.

FOTO: Bridgeman / ACI

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Inspiración literaria

El caso Lafarge obsesionó a la alta sociedad parisina e inspiró Madame Bovary, la obra de Gustave Flaubert, sobre estas líneas en una imagen tomada por el fotógrafo Nadar. 

FOTO: Lebrecht / Album

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Éxito comercial

Las penas del joven Werther conoció un éxito inmediato. En pocos meses se imprimieron tres ediciones de la novela. Entre sus ilustres lectores se contaba al entonces general Napoleón Bonaparte, que llevó el libro consigo en sus campañas en Egipto. En la imagen, la primera edición de la obra.

FOTO: AKG / Album

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La censura

En 1775, la ciudad de Leipzig promulgó un bando que prohibía la publicación de Werther, por considerar que el libro era "una incitación al suicidio" que podía "impresionar a las personas débiles y a las mujeres". Arriba, la prohibición difundida por el ayuntamiento de la ciudad.

FOTO: AKG / Album

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La verdadera Lotte

La protagonista de la novela, Lotte, tiene su inspiración en una mujer real, Charlotte Buff, de la que Goethe se quedó prendado nada más conocerla en 1772. Charlotte, comprometida con otro hombre, frenó los avances del escritor. Sobre estas líneas la casa natal de Charlotte Buff en Hesse.

FOTO: AKG / Album

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La "fiebre" Werther

La novela se convirtió en una obra de culto y se pusieron a la venta numerosos objetos inspirados en ella: perfumes, porcelana o pinturas fueron algunos de ellos. En la imagen, un abanico decorado con una escena del libro.

FOTO: AKG / Album

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Retiro de madurez

Goethe nunca había imaginado la repercusión y las consecuencias que tendría su obra. En 1787, hizo una revisión de la misma en la que atribuía la decisión de Werther a una enfermedad anímica y hacía esta advertencia al lector: "sé un hombre y no sigas mi ejemplo". La imagen sobe estas líneas muestra la casa de Goethe en Weimar, donde residió desde 1782 hasta su muerte.

FOTO: Hans Szyszka / AGE Fotostock

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Referencia a Merlín

Detalle de uno de los fragmentos manuscritos, en el que aparece el nombre Merlín.

Foto: University of Bristol

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Edición de cuatro volúmenes

De izquierda a derecha: Leah Tether, Laura Chuhan Campbell, Michael Richardson y Benjamin Pohl con los libros del erudito y reformador francés Jean Gerson (1363-1429) en la Sala de Libros Raros de la Biblioteca Central de la Universidad de Bristol.

Foto: University of Bristol

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El Edior de Julio Verne

Pierre-Jules Hetzel, sobre estas líneas fotografiado por Nadar hacia 1865, sometía las obras de Julio Verne a un férreo control para asegurar su éxito comercial.

FOTO: Adoc-photos / Album

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Manuscrito original

Una página del manuscrito de La vuelta al mundo en 80 días en la que se aprecia la manera de trabajar de Julio Verne, ocupando sólo la mitad del folio para dejar espacio para las correcciones.

FOTO: BNF

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Passendale, Flandes Occidental, Bélgica

Con casi 12.000 tumbas, el de Tyne Cot es el mayor cementerio de soldados de la Commonwealth que hay en el mundo. En 1922, el rey Jorge V de Inglaterra dijo de él: «Me he preguntado a menudo si en los años venideros puede existir un defensor de la paz más poderoso que esta inmensa multitud de testigos silenciosos de la desolación de la guerra».

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Verdún, Lorena, Francia

Todo lo que queda del puesto defensivo de Thiaumont es una cúpula de observación de acero de siete toneladas de peso, hoy abandonada y hecha pedazos. Este enclave estratégico sufrió la dura ofensiva alemana de Verdún, la batalla más larga de la Primera Guerra Mundial, que se saldó con un balance de más de un cuarto de millón de muertos.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Somme, Hauts-de-France, Francia

En Beaumont-Hamel, la escarcha cubre las trincheras abiertas durante la sangrienta batalla del Somme, librada entre julio y noviembre de 1916. Este «paisaje de combate» es uno de los mejor conservados del Frente Occidental y hoy forma parte del Newfoundland Memorial Park, creado en homenaje a los soldados procedentes de Terranova que aquí perdieron la vida.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Le linge, Alsacia, Francia

Los violentos combates que se sucedieron en esta zona del frente provocaron cerca de 17.000 víctimas: 10.000 franceses y 7.000 alemanes. El lugar alberga hoy dos cementerios distintos, el francés de Wettstein y el germano de Baerenstall.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Bayenwald, Flandes Occidental, Bélgica

Para detener el avance de los británicos, los alemanes construyeron en Bayernwald, cerca de la población belga de Ypres, esta red de trincheras con cinco búnkeres, dos túneles y pozos. Buena parte de la Gran Guerra se libró en trincheras como esta, en las que los ejércitos combatían parapetados tras las líneas de fortificación cavadas en el suelo. Una lucha encarnizada por ganar terreno con escasa efectividad y un número elevadísimo de bajas.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Ovillers, Somme, Francia

Esta pequeña localidad francesa situada a unos 40 kilómetros de Amiens fue escenario de intensos y prolongados combates. El cementerio militar alberga 3.559 tumbas, en su mayoría de soldados británicos, pero también franceses, canadienses, australianos, neozelandeses y sudafricanos.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Passendale, Bélgica

Alambrada alemana, todavía en uso cien años después de la contienda.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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La Main de Massiges, Francia

Granada de mano encontrada en el campo de batalla

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Vauquois, Francia

Restos de la bota de un soldado francés hallada en una trinchera alemana.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Ypres, Bélgica

El cuello de una botella de ron británica es utilizada hoy como aislante de una alambrada eléctrica.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Departamento de Somme, Francia

Munición encontrada en el jardín de una casa particular.

Foto: Cortesía deMichael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Departamento de Some, Francia

Fragmentos de armas encontrados en el jardín de una casa particular.

Foto: Cortesía deMichael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Gommecourt, Somme, Hauts-de-France, Francia

Un búnker británico construido en 1918 cerca de Hébuterne parece vigilar las posiciones alemanas parapetadas en Gommecourt. La batalla del Somme se libró en un frente que se extendía a lo largo de unos 40 kilómetros al norte y al sur del río homónimo.

Foto: Cortesía de Michael St Maur Sheil /Mary Evans Picture Library

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Vimy, Hauts-de-France, Francia

La escultura de una mujer con gesto abatido, ataviada con capa y encapuchada, preside la colina de Vimy. Representa a Canadá y forma parte del monumento que rinde homenaje a los cerca de 60.000 soldados de esta nacionalidad que perdieron la vida en los campos de batalla de Francia.

Foto: Javier González Prieto

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Pensamientos íntimos

La emperatriz volcaba todas sus frustaciones en su diario personal, en el que se desahogaba y escribía poemas satíricos contra miembros de su familia, como por ejemplo su tío, el archiduque Guillermo.

FOTO: AKG / Album

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Jacob y Wilhelm Grimm

Los hermanos Grimm son recordados por su recopilación de historias infantiles tradicionales, pero su labor se extendió también a la investigación lingüística, llegando a publicar un diccionario etimológico. También fueron profesores universitarios. Fueron desterrados del territorio de Hannover junto con otros cinco catedráticos tras firmar, en 1837, una carta de protesta contra el soberano de Hannover cuando éste abolió el régimen constitucional. En la revolución de 1848, Jacob fue elegido diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort. En la imagen Wilhelm (de pié) y Jacob posan para un daguerrotipo tomado hacia 1850.

FOTO: AKG / Album

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El encargo de Brentano

Clemens Brentano se propuso recopilar cuentos para realizar un libro de poesías basadas en esas historias tradicionales. De él surgió el encargo que Friedrich Carl von Savigny trasladó a los hermanos Grimm, buscar relatos populares de su región. Estas historias acabaron convirtiéndose en la colección de cuentos que Jacob y Wilhelm publicaron en 1812. La imagen pertenece a un retrato realizado por Emilie Linder del escritor alemán hacia 1840.

FOTO: AKG / Album

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Hanau

La plaza del Ayuntamiento de la localidad alemana de Hanau, lugar de nacimiento de los hermanos Grimm. En el centro de la plaza, la estatua que los representa.

FOTO: Getty Images

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Un final demasiado cruel

Los cuentos delos hermanos Grimm han sido reeditados en multitud de ocasiones y los castigos y los finales han ido blanqueándose a lo largo de estos últimos 200 años. En la edición de 1812, las hermanas de Cenicienta se cortan los dedos de los pies y los talones para que les entre el zapato. Además, las palomas benefactoras de la protagonista les sacan a cada una un ojo al entrar y otro al salir de la iglesia el día de la boda de la doncella, con lo que quedan ciegas de por vida. Portada de una edición de los cuentos de los hermanos Grimm de 1865.

FOTO: Alamy / ACI

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El Sahara es toda una aventura

El joven piloto cumplió con su formación militar en Casablanca, Marruecos. Pero cuando parecía que su carrera como aviador estaba encarada, Saint-Exupéry se enamoró de una brillante y aristocrática joven, Louise de Vilmorina, por quien dejó la aviación. A la postre, la joven rompió con él por carta desde Biarritz. Siguieron años de aquí para allí sin saber muy bien cómo ganarse la vida, hasta que fue contratado por la Compañía Latécoère como piloto del correo junto a otras leyendas de la aviación. Cubrió la línea de Toulouse a Dakar, lo que le llevó a hacer escala varias veces en la ciudad de Alicante. Pero sin duda, el destinó que más le marcó fue el de jefe de la base aérea de Cabo Juby, en la zona meridional del protectorado español en Marruecos. Allí pasó 18 meses en contacto con la naturaleza del desierto, cumpliendo peligrosas misiones de rescate. De aquel tiempo dejó escrito que allí, “ni siquiera un silencio se parece a otro”. El cielo estrellado y la soledad del lugar le fascinaron.

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Córcega y la desaparición

Su compromiso era tal que Saint-Exupéry no paró hasta lograr reincorporarse en activo. Su edad (cuarenta y cuatro años) no era la ideal y su salud, muy maltrecha por todos los accidentes que había ido sufriendo, tampoco; a pesar de todo ello, en febrero de 1944 logró reincorporarse en su escuadrilla destinada primero en Cerdeña y, posteriormente, en Córcega. Le autorizaron a cumplir cinco misiones. La mañana del 31 de julio de 1944, Saint-Exupéry partió en vuelo de reconocimiento hacia la región francesa de Grenoble, al este de Lyon. Ya nunca volvió; tal vez aprovechó para sobrevolar por última vez el castillo de Saint-Maurice, el refugio de infancia al que siempre acudía cuando comenzaba a notar la punzada de la nostalgia.

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Fitz Roy, abriendo caminos en La Patagonia

Las aventuras en el desierto contribuyeron a convertir a Saint-Exupéry en un personaje legendario. Así, en 1929, tras publicar Correo Sur (1928), uno de sus primeros éxitos literarios, el piloto es enviado a Buenos Aires como director de la Aeropostal Argentina, filial de la compañía francesa donde trabajaba. Pero Saint-Exupéry seguía sin sentirse a gusto en las ciudades y mucho menos en tareas directivas, así que, a la mínima se escapaba en vuelos de reconocimiento. En uno de ellos llegó a batir un récord mundial al cubrir los 2.400 kilómetros de distancia entre Buenos Aires y Río Gallegos. Pero, lo que le marcó más en aquellos años no fue tanto el paisaje que veía desde su avión, como por ejemplo el Fitz Roy, todo un símbolo de la Patagonia, y con un pico llamado como el autor en su recuerdo, sino la historia de supervivencia que protagonizó su amigo Henri Guillaument mientas el escritor se encontraba al frente de la Aeropostal Argentina. Su amigo se perdió en los Andes durante un vuelo. Los Andes en invierno eran una trampa mortal; pero, finalmente, éste logró sobrevivir tras unas jornadas angustiosas: “Te lo juro –confesó al escritor–, ninguna bestia sería capaz de hacer lo que yo he hecho”. Aquella historia sería clave en la vida de Saint-Exupéry.

Foto: Gtres

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Berlín y la II Guerra Mundial

Efectivamente, Saint Exupery comenzó a sentir que algo terrible estaba a punto de suceder. Se respiraba en el ambiente. A principios de 1939, salió publicado Tierra de hombres y fue nombrado oficial de la Legión de Honor. Presintiendo lo que estaba por venir, viajó a Berlín para ver con sus propios ojos cómo se estaba desarrollando todo en Alemania. Volvió horrorizado, convencido de que con Hiter no habría paz. No se equivocó. En diciembre de 1939, Saint-Exupéry se incorporó en una escuadrilla de reconocimiento con base en la región de Champagne. Llegó a realizar siete peligrosas misiones de reconocimiento, por las que recibió la Cruz de Guerra. Pero el avance nazi era imparable, la escuadrilla fue evacuada y Francia ocupada. El mundo que había conocido comenzaba a desaparecer.

Foto: AgeFotostock

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Nueva York en el exilio

Saint Exupéry puso rumbo a Estados Unidos, donde se exilió en Nueva York. Vivió momentos de profunda tristeza. Su matrimonio con Consuelo no funcionaba y ambos vivían vidas independientes, con apartamentos y amantes por separado. Ideológicamente se posicionó alejado del Gobierno de Vichy igual que de Charle de Gaulle, del que desconfía. Publicó Piloto de Guerra (1942), que había escrito como mensaje de apoyo a los franceses que seguían resistiendo y un llamado a que Estados Unidos interviniera en la guerra. Pero, el libro no alcanzó sus objetivos y Saint-Exupéry sufrió las intrigas políticas tanto como los remordimientos por no poder volar y encontrarse a salvo mientras otros compatriotas seguían sufriendo la guerra. Cuenta en su libro Montse Morata que al escritor le gustaba lanzar aviones de papel desde su ventana, en la planta 21 de su edificio en el 240 de Central Park South. Tal vez, mientras flotaban en el aire soñaba con volver a pilotar. Algo positivo quedó de todo aquello: El Principito , que se escribió en una mansión que ocupó en Long Island. Antes de marcharse, el escritor regaló el manuscrito a su amante, la periodista Silvia Hamilton.

Foto: AgeFotostock

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Moscú y su trabajo como periodista

Poco a poco, Saint-Exupéry se va abriendo paso también en el mundo del periodismo. Su libro Vuelo nocturno (1931) se vende bien. El diario Paris-Soir quiso contar con él para que el escritor viajase Moscú como enviado especial para explicar cómo era la vida en la Unión Soviética. A Saint-Exupéry aquello no le interesaba especialmente, pero necesitaba el dinero y el periódico pagaba muy bien. También necesitaba un poco de acción: “Necesito ver a los hombres, los pueblos -le escribe a su esposa Consuelo- en su evolución. Me siento castrado cuando estoy en casa”.  Partió en abril de 1935 y publicó seis reportajes en los que su estilo periodístico quedó ya muy definido. No buscaba la máxima actualidad, sino, más bien, las historias, los personajes, los detalles. Más allá de lo esperable y convencional, narraba lo visto con un enfoque humanista. Y sus artículos fueron un éxito. Llegó a un gran número de lectores y, lo más importante, llegaron nuevos encargos. Mientras, el escritor comenzaba a sentir nostalgia de sus años de piloto y su tormentoso matrimonio con la salvadoreña Consuelo Suncín de Sandoval -la rosa del Principito- no pasaba por muy buenos momentos.

Foto: Gtres

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Madrid durante la Guerra Civil

La Guerra Civil española es el primero de los grandes conflictos bélicos que Saint-Exupéry vivió en primera persona. El escritor acudió a cubrir la guerra en dos ocasiones, primero a Barcelona y después a Madrid, donde coincidió con los más grandes reporteros de entonces: Ernest Hemingway y Martha Gellhorn, John Dos Passos, George Orwell o Robert Capa. Son días en los que despierta su consciencia más política: “no es una guerra sino una enfermedad”, llegará a decir. En Barcelona estuvo a punto de ser fusilado una noche; pero ese no era el destino que le aguardaba. En Madrid, en abril de 1937, se encontró una ciudad completamente asediada por las tropas franquistas. De alguna forma, frente a la sinrazón de tanta muerte, Saint-Exupéry comenzó a reflexionar sobre qué era lo que daba sentido a la vida de los hombres y mujeres ante los poderes autoritarios: “¿Qué necesitaríamos -se preguntó en uno de los reportajes de aquel tiempo- para nacer a la vida?”.

 

Foto: Gtres

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París le enferma

En septiembre de 1917 se matricula en un liceo, en París. Pronto descubre la vida bohemia de la gran ciudad. Son los años en los que París era una fiesta. Para el joven, que nunca fue un estudiante muy aplicado, había demasiadas distracciones en el Barrio Latino. Tantas, que por las noches se escapaba del internado a través del alcantarillado hasta que fue descubierto. Pero Saint-Exupéry se sentía mal al no encontrar una verdadera vocación y pasó de disfrutar de la agitada vida cultural a sentir que todo aquello le enfermaba. En Abril de 1921 se incorporó al Segundo Regimiento de Aviación de Estraburgo. Su carrera como aviador profesional comenzaba. Obtuvo con veintiún años su licencia de piloto civil, no sin algún susto. Dicen que su comandante por entonces le espetó: “Usted jamás se matará en la aviación, porque ya lo habría hecho”. Lamentablemente, se equivocó.

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Friburgo, la ciudad de sus primeros estudios

Con la edad de nueve años se acabó lo mejor de su infancia. Junto a su hermano François y su hermana Gabrielle (los tres mayores) dejó la libertad del castillo para conocer la autoridad del internado en Le Mans, ciudad de la familia paterna.Tiempo después, la madre envió a Antoine y François a Friburgo, Suiza. Allí, el escritor vivió momentos felices, conoció a muchos amigos que irían apareciendo luego a lo largo de su vida. Para nada buen estudiante, se pasaba horas leyendo con pasión a poetas como Baudelaire y a novelistas como Balzac y Dostoievski. Saint-Exupéry se libró de ser llamado a filas en la I Guerra Mundial, al cumplir su mayoría de edad poco antes del final de la guerra. Pero durante el último año de internado, murió su hermano François al que estaba muy unido. Una experiencia que afectó mucho al futuro escritor.

Foto: AgeFotostock

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Lyon, la ciudad natal de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en un apartamento del centro de la ciudad de Lyon; pero a los cuatro años, al morir su padre, toda la familia pasó a vivir en el castillo de Saint-Maurice-de-Rémens, muy cerca de la ciudad. Este castillo, propiedad de la tía de su madre, la condesa de Tricaud,  se convirtió en el espacio predilecto de su infancia y su recuerdo no le abandonó nunca. En los días de lluvia él y sus hermanos (era el tercero de cinco hermanos, tres niñas y dos niños) se refugiaban para jugar en la bohardilla. Ya entonces, el futuro escritor soñaba con volar. El castillo sigue hoy vacío, pendiente desde 2011 de un eterno proyecto para convertirlo en casa-museo.

Foto: AgeFotostock

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Contra Marco Antonio

Cicerón lanzó contra Marco Antonio una serie de duros discursos, las Filípicas. Portada de una de las copias de la obra, siglo XV.

FOTO: Bridgeman / ACI

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