Libros

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Alfonso III y Jimena

Alfonso III dio un gran impulso a la Reconquista durante su reinado. Como los anteriores soberanos astures, se consideraba continuador de los monarcas visigodos y se presentó en algunas misivas como Hispaniae Rex. Mantuvo buenas relaciones con otro joven reino cristiano, el de Pamplona, gracias a su matrimonio con la princesa navarra Jimena, hija de García Jiménez. En la imagen Alfonso y Jimena en una miniatura del Libro de los Testamentos, del siglo XII.

FOTO: Oronoz / Album

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Crónica Albeldense, la historia de Asturias

Una de las mayores empresas culturales de Alfonso III fue la redacción de las primeras crónicas históricas del reino astur en las que se legitimaba el reino de Asturias como heredero y continuador de la monarquía visigoda. La imagen de arriba pertenece a una página de la Crónica Albeldense depositada en la Biblioteca Nacional de Madrid.

FOTO: Prisma / Album

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La vida del genio

El arquitecto Giorgio Vasari (1511-1574) se ha hecho célebre por recoger las biografías de los más importantes artistas del Renacimiento en su libro Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, entre ellas la de Leonardo da Vinci. Sobre estas líneas, la portada de la biografía de Da Vinci en la segunda edición de la obra (1568), revisada y ampliada.

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Inspiración literaria

El caso Lafarge obsesionó a la alta sociedad parisina e inspiró Madame Bovary, la obra de Gustave Flaubert, sobre estas líneas en una imagen tomada por el fotógrafo Nadar. 

FOTO: Lebrecht / Album

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El suicidio de Werther

En 1774, Wolfgang Goethe publicó Las penas del joven Werther, una novela que se convirtió en un gran éxito editorial pero que creó una gran polémica ya que su protagonista terminaba quitándose la vida al ser rechazado por su amada, Lotte. Varios casos de suicidios por amor a imitación del de la obra llevaron a su prohibición en algunos países. Esta placa autocroma de François-Charles Baude recrea la muerte del protagonista de la obra.

FOTO: Roger-Viollet / Aurimages

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Éxito comercial

Las penas del joven Werther conoció un éxito inmediato. En pocos meses se imprimieron tres ediciones de la novela. Entre sus ilustres lectores se contaba al entonces general Napoleón Bonaparte, que llevó el libro consigo en sus campañas en Egipto. En la imagen, la primera edición de la obra.

FOTO: AKG / Album

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La censura

En 1775, la ciudad de Leipzig promulgó un bando que prohibía la publicación de Werther, por considerar que el libro era "una incitación al suicidio" que podía "impresionar a las personas débiles y a las mujeres". Arriba, la prohibición difundida por el ayuntamiento de la ciudad.

FOTO: AKG / Album

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La verdadera Lotte

La protagonista de la novela, Lotte, tiene su inspiración en una mujer real, Charlotte Buff, de la que Goethe se quedó prendado nada más conocerla en 1772. Charlotte, comprometida con otro hombre, frenó los avances del escritor. Sobre estas líneas la casa natal de Charlotte Buff en Hesse.

FOTO: AKG / Album

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La "fiebre" Werther

La novela se convirtió en una obra de culto y se pusieron a la venta numerosos objetos inspirados en ella: perfumes, porcelana o pinturas fueron algunos de ellos. En la imagen, un abanico decorado con una escena del libro.

FOTO: AKG / Album

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Retiro de madurez

Goethe nunca había imaginado la repercusión y las consecuencias que tendría su obra. En 1787, hizo una revisión de la misma en la que atribuía la decisión de Werther a una enfermedad anímica y hacía esta advertencia al lector: "sé un hombre y no sigas mi ejemplo". La imagen sobe estas líneas muestra la casa de Goethe en Weimar, donde residió desde 1782 hasta su muerte.

FOTO: Hans Szyszka / AGE Fotostock

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Primera edición de 1925

"Esta edición es parte de la historia, una parte importante de la historia que jamás debería de ser olvidada", afirma Ben Jones, consultor de Mullock's, a National Geographic España.

Foto: Mullock's, Specialist Auctioneers & Valuers

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Más de 30.000 euros

El libro, con encuadernación en vitela y letras doradas en relieve en el lomo, tiene un precio de salida de 28.000-30.000 libras esterlinas (unos 32.000-34.000 euros).

Foto: Mullock's, Specialist Auctioneers & Valuers

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Número 19

El libro, una edición limitada de 500 ejemplares, lleva el número 19.

Foto: Mullock's, Specialist Auctioneers & Valuers

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El "viejo y buen camarada" Esser

Una parte de la dedicatoria escrita y firmada por Hitler dice lo siguiente: "Hermann Esser, el viejo y buen camarada, con ocasión de la Navidad de 1925".

Foto: Mullock's, Specialist Auctioneers & Valuers

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Escrito por un lingüista alemán

Estadísticas, prensa y organizaciones del judaísmo en Estados Unidos y Canadá, un libro escrito en alemán por Heinz Kloss, un eminente lingüista alemán que visitó Estados Unidos en 1936-1937.

Foto: Library and Archives Canada

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Libro de Adolf Hitler

En el exlibris o etiqueta en el reverso de la tapa aparecen el águila imperial, la esvástica y el nombre de Adolf Hitler.

Foto: Library and Archives Canada

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Viñeta de la obra de Hergé "Aterrizaje en la Luna" (1953)

Hergé se documentó con diferentes obras científicas del momento para recrear diferentes aspectos de la historia. En la exposición se puede ver algunos dibujos originales del genial creador de Tintín. “¡Ya estoy aquí! ¡He dado unos cuantos pasos! Seguramente por primera vez en la historia de la humanidad, se ha caminado sobre la Luna", dijo Tintín, adelantándose casi 20 años a la célebre frase de Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

 

Foto: CosmoCaixa Barcelona

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"El Camino más corto", Manuel Leguineche

El camino más corto se recorre en algo más de 600 páginas y pasa por dar una vuelta al mundo que duró más de dos años. Un viaje en el que participó un joven de 23 años, Manuel Leguineche, que con el tiempo se convirtió en una de las figuras más legendarias del periodismo español. El primer capítulo comienza así: “Harold Stevens, el Jefe, palmeó varias veces sobre la bruñida chapa del todoterreno como si fuera el lomo de un pura sangre”. Es el pistoletazo de salida para un recorrido lleno de aventuras que contagia la emoción por descubrir el mundo. Manuel Leguineche escogió el título de un fragmento del libro Diario de viaje de un filósofo, de Hermann Keyserling: “El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo”.

Foto: Unsplash | Matt Duncan

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"El tao del viajero", Paul Theroux

Toda una enciclopedia portátil para el viajero escrita por Paul Theroux, uno de los más grandes escritores estadounidenses actuales; sobre todo en materia de viajes, autor de clásicos ya del género como El gran bazar del ferrocarril: en tren a través de Asia (1975) o El viejo expreso de la Patagonia: un viaje en tren por las Américas (1979). El valor de El tao del viajero está en que evidencia toda la poética viajera que hay detrás de un gran viajero como es Paul Theroux. El resultado: un divertido compendio de anécdotas, autores que le influyeron, citas, reflexiones y observaciones acerca de qué significa el viaje.

Unsplash | Stas Kulesh

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Viajes con Heródoto (Kapuscinski)

“Al fin y al cabo, el viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino”, escribió Ryszard Kapuscinski. Empieza mucho antes, y, de alguna forma, nunca acaba porque es una actitud vital. Kapuscinski era reportero en la empobrecida Polonia de los cincuenta. En aquello tiempos, una idea le obsesionaba: “Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera”. Así es como logró viajar por primera vez fuera de su país, a la India, donde llegó a Delhi con un ejemplar de la Historia de Heródoto bajo el brazo. Éste clásico del periodismo, más que a viajar, nos enseña a mirar: la mirada a los otros como elemento fundamental de todo viaje. El libro es un personal homenaje al historiador griego, que acompañó a Kapuscinski a lo largo de toda su trayectoria vital y profesional a lo largo del mundo.

FOTO: CHRISTOPHE BOISVIEUX / HEMIS / GTRES

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"Cinco viajes al infierno", Marta Gellhorn

“El único aspecto de nuestros viajes que tiene público garantizado es el desastre”, así era la inteligencia que se solía gastar Martha Gellhorn, escritora, periodista y aventurera americana de arrolladora personalidad. Tanta, que dejó plantado a Hemingway tras cinco años de matrimonio. Hizo lo que se le antojó en sus 90 años de vida; sobre todo, viajar como corresponsal por diferentes lugares de África, España, México, sin rehuir nunca algunos de los destinos más conflictivos del mundo por entonces. Este libro reúne algunas de sus muchas anécdotas y experiencias a lo largo del mundo.

Foto: GTRES

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"Guía para viajeros inocentes", Mark Twain

Son varios los argumentos para considerar a éste uno de los libros de viajes más importantes dentro del género. Pero resumiendo: primero, lo escribió Mark Twain, padre de personajes emblemáticos como Tom Sawyer; segundo, en él narró el que, probablemente, fue el primer viaje organizado de la historia ("una excursión a Tierra Santa, Egipto, Crimea, Grecia y lugares de interés intermedios"); y, tercero, porque su lectura de más de 600 páginas, aún hoy,  depara una serie de divertidísimas impresiones acerca del viaje moderno.

Foto: Ricardo Liberato

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"En los mares del Sur", Robert Louis Stevenson

Si de niños soñamos con ser piratas no es más que por el tesoro escondido. De mayor, muchos siguen buscándolo en sus viajes. Para Robert Louis Stevenson su tesoro se encontraba en cualquier lugar con un clima benigno para sus pulmones castigados por la tuberculosis. Así es como llegó a los mares del Sur. En el año 1889, acompañado de su esposa Fanny y su hijastro Lloyd Osbourne, llegaba a bordo del velero "El Casco" las Islas Marquesas, las Pomotú, Hawai, las Gilbert y Samoa. Finalmente, se asentaron en Samoa, en la isla de Upolu, para morir pocos años después, en 1894. Este libro es una obra autobiográfica en la que narra todo lo que vio y experimentó durante este periplo por los mares del Sur. El resultado, un conjunto de artículos con un detalle minucioso y una riqueza en descripciones que transportan al lector a estos paradisíacos parajes.

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"El pez escorpión", Nicolas Bouvier

El pez escorpión (1982), en realidad, es comenzar por la mitad de un viaje. De Nicolas Bouvier hay que hablar de tres libros de viajes míticos publicados en diferentes fechas pero que explican un mismo viaje: el realizado entre los años 1953 y 1956, junto a su buen amigo Thierry Vernet, desde Yugoslavia a la India, Ceilán, y Japón. Los caminos del mundo (1963), narra la primera parte; mientras que, en Crónica japonesa (1975) explica el final de su largo recorrido. En concreto, El pez escorpión es el libro con el que Nicolas Bouvier consiguió, 27 años después, narrar su experiencia -dolorosa y a la vez, reveladora- en Ceilán, la antigua Sri Lanka, donde se vio forzado a hacer un alto durante meses, enfermo y deprimido. Y es que, como él mismo dejó escritor: “Crees que vas a hacer un viaje, pero enseguida el viaje es el que te hace, o te deshace”.

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"Viajes con Charlie", John Steinbeck

“Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito”. Pues bien, ahí está John Steinbeck, todo un Premio Nobel de Literatura, para desmentir que el instinto nómada pase con la edad. A los 58 años y tras un ictus cerebral, el autor se fue de viaje junto a su perro Charlie, un caniche francés “viejo y caballeroso”, a lo largo de Estados Unidos. De aquella experiencia, escribió este libro: Viajes con Charley en busca de Estados Unidos (1960). El libro, genial entre la realidad y la ficción, no deja de ser un canto, aunque nostálgico, a la libertad del viaje.

Jarrod Castaing

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"Viaje al Japón", Rudyard Kipling

No es un libro de viajes al uso. Incluso, Kipling se inventó a un personaje para poder tener un contrapunto a la hora de hablar de Japón, el país que, en 1889, fue su última escala en Asia antes de seguir ruta en barco hacia Estados Unidos. El libro narra desde una perspectiva muy subjetiva, en momentos rayando la irónica superioridad, varios lugares del "País del Sol naciente". Un Japón “del que proceden el alcanfor, la laca y las espadas de piel de tiburón [...]”. Kipling hace lo que debe hacer cualquier viajero: admirarse constantemente. Y si bien el país ha cambiado mucho desde su visita, vale la pena volver a este clásico, aunque sólo sea por la magnífica prosa y sus bellos pasajes descriptivos.

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"En las antípodas", Bill Bryson

Bill Bryson es de esa gente que siempre, siempre, aparece en las fotos con una gran sonrisa. Sonrisa que se te queda marcada en el rostro cuando comienzas a leer y que se mantiene tiempo después tras la última página del libro. El humor y la ironía son dos de los principales rasgos de este prolífico autor de libros de viajes. “Nuestros instintos culturales nos dicen que cuando se viaja tan lejos, se debería encontrar, por lo menos, gente a camello…”, esto lo dice el bueno de Bill Bryson al llegar a Australia, el único país que es a la vez continente, y ver que la gente no va en camello, que, precisamente, no es una de las especies endémicas; pero que, por contra, hay algunos de los animales más peligrosos del planeta.

vaccarella luigi / fototeca 9x12

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"Venecia", Jan Morris

Nadie como Jan Morris para encarnar la pasión nómada que nos empuja a ir siempre tras un nuevo horizonte. El viaje viene a enseñarnos de alguna forma que la identidad no es estable. Jan Morris lo sabía y tal vez por ello, con menos de 40 años ya había dado varias vueltas al mundo, había sido militar, corresponsal de guerra y había tenido tiempo, incluso, para coronar el Everest. Le falta, eso sí, culminar su transformación en mujer, porque, por entonces, aún se llamaba James Morris. Como escritora, es la autora de varios libros clásicos de viaje. El que dedicó a Venecia, donde vivió un largo tiempo, es uno de ellos: una historia desbordante, subjetiva y apasionada de la ciudad. Justo lo que necesita en estos tiempos de masificación turística.

 

Foto: AgeFotostock

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"En el camino", Jack Kerouac

Se publicó por primera vez en 1957 y más que un libro, es un auténtico mito. Un torbellino de sensaciones, de vida, de continuo movimiento. Esta es la biblia de la generación beat, escrita en un rollo de papel contínuo en una sola noche empujada por la benzedrina, o eso dice el mito de su génesis (en realidad fueron tres semanas y sucesivas ediciones). Este libro es un enfurecido canto a la libertad, su ritmo es el del Bebop, el jazz de los años 40; en él, la carretera es metáfora de la vida,  y está dedicado a la única gente que le interesaba a Jack Kerouac: “la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes”.

Foto: Unsplash | Jakub Gorajek

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"Cartas desde Estambul", Mary Wortley Montagu

¡Qué viajera! Mary Wortley Montagu fue la primera persona que accedió a los espacios más privados e íntimos de la sociedad otomana, como los harenes, y lo contó en un libro en forma de epistolario que cambió para siempre la imagen que Europa tenía en el siglo XVIII de la cultura otomana. La vida de esta viajera, que despertó la admiración de intelectuales de la época, es hoy un necesario icono feminista: empujada por la pasión del viaje, ocupó un espacio que la sociedad victoriana de su época no le había abierto. En 1716, Lady Montagu viajó con su marido, embajador inglés, hasta Adrianópolis. Durante el tiempo que le acompañó, aprovechó para observar con atención e inteligencia todo lo que le rodeaba y mantuvo una abundante correspondencia con familiares y amigos. Cartas espléndidas de leer que, tras su muerte, en 1763, aparecieron publicadas bajo el título de Embassy Letters.

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"En la Patagonia", Bruce Chatwin

A Bruce Chatwin, experto en arte, arqueólogo, escritor, seductor y soñador, le obsesionó el movimiento desde siempre. Por eso, con poco más de 30 años, dejó su trabajo en el Sunday Times Magazine para irse a la Patagonia. Dice la leyenda que le envió un telegrama a su jefe: "Me he ido a la Patagonia". Y cuando volvió, escribió su primer libro, En la Patagonia (1977), con el que revolucionó el género de libros de viajes. Ya no dejó de viajar y de escribir hasta su muerte con 48 años, en 1989. El éxito de éste libro provocó que la región de la Patagonia, compartida por Argentina y Chile, se popularizara en todo el mundo. A pesar del poco tiempo que tuvo como escritor, su pasión le permitió dejar algunos títulos imprescindibles, como por ejemplo, Los trazos de la canción (1987).

Foto: Hilton Chen / Age Fotostock

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Julio Verne, Ciencia y ficción

Julio Verne encontró, a través de sus Viajes Extraordinarios, la manera de combinar el entretenimiento con la difusión de los conocimientos de su época. Lector obsesivo de revistas científicas y geográficas, él sostenía que cada dato contenido en sus obras «ha sido examinado al detalle y es rigurosamente exacto». En la imagen, aparece en una foto de 1880 coloreada.

FOTO: AKG / Album

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Máquinas increibles

En sus obras, Verne imaginó ingenios que se anticiparon a su tiempo, como el submarino, los viajes espaciales o las máquinas voladoras. Entre los diferentes aparatos que poblaron sus obras, se encuentra El Espanto, aparecido en la novela El dueño del mundo, que viajaba por tierra, mar y aire. Sobre estas líneas aparece volando con las alas desplegadas.

FOTO: Leemage / Prisma Archivo

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Ediciones de lujo

El editor de Julio Verne cuidaba con mimo la estética de los Viajes Extraordinarios para adaptarla a los gustos del público. Así surgió la idea de las portadas diseñadas mediante la técnica del cartonaje, encuadernando los libros con una cubierta de cartón forrada de tela ricamente decorada. La imagen pertenece a una portada original de la novela Víctor Sevardac (1877).

FOTO: Leemage / Prisma Archivo

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El retiro tranquilo

A inicios de la década de 1880, el escritor se instaló en Amiens, buscando la tranquilidad para escribir al ritmo frenético de dos libros anuales. Verne se integró plenamente en la vida social de la ciudad, de la que llegó a ser concejal de Educación, Museos y Fiestas. Entre sus logros se cuenta la construcción de un circo, en la imagen, donde entre otros espectáculos, se representaban adaptaciones de sus obras.

FOTO: Alamy / ACI

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La Casa de la Torre de Amiens

Los últimos 18 años de su vida, Julio Verne los pasó en la llamada Casa de la Torre, en Amiens. Su arquitectura de hierro y cristal es similar a la de las exposiciones universales de finales del siglo XIX. En la imagen la fachada de la entrada, que se hacía a través de un jardín de invierno donde recibía a sus visitantes. Hoy la mansión se ha convertido en un museo dedicado al autor.

 

 

FOTO: Alamy / ACI

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Adaptaciones teatrales

Muchos de los Viajes Extraordinarios de Julio Verne fueron adaptados al teatro con gran éxito y reportaron beneficios extraordinarios al autor. La caricatura aparecida en el semanario L'Eclipse en 1874 se hace eco del estreno de la adaptación teatral de La vuelta al mundo en 80 días.

FOTO: Bridgeman / ACI

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Lugares lejanos y exóticos

A través de los libros de Verne, los lectores europeos se trasladaban a lugares lejanos y exóticos del resto de continentes. En la imagen, el templo de Kali en Calcuta, ciudad a la que llegó Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días tras atravesar la India desde Bombay.

FOTO: John Warburton-Lee / Alamy / ACI

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El lado oscuro del escritor

En la última etapa de su vida, las obras de Julio Verne transmitieron su pesimismo respecto al mal uso que la humanidad podía hacer de los avances tecnológicos. Sobre estas líneas, una portada moderna de Los 500 millones de la Begún (1879), en la que advertía del peligro de poner la tecnología al servicio del imperialismo imperante en la época. En esta obra, el escritor avanzó el uso del gas tóxico y los misiles aéreos, armas utilizadas 35 años después en el gran conflicto nacionalista que fue la Primera Guerra Mundial.

FOTO: Rue des Archives / Album

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Un hombre poco viajero

Al contrario que los personajes de sus libros, Julio Verne apenas salió de Francia. Recorrió la costa atlántica y mediterránea con alguno de sus tres barcos y sus viajes pueden contarse con los dedos de una mano: visitó Escocia, Inglaterra y Escandinavia, e hizo un crucero a Nueva York, donde visitó las cataratas del Niágara (sobre estas líneas en un óleo del siglo XIX) que lo impresionaron. Años más tarde afirmaba no poder "hablar de ello sin emoción".

FOTO: Bridgeman / ACI

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El Edior de Julio Verne

Pierre-Jules Hetzel, sobre estas líneas fotografiado por Nadar hacia 1865, sometía las obras de Julio Verne a un férreo control para asegurar su éxito comercial.

FOTO: Adoc-photos / Album

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Manuscrito original

Una página del manuscrito de La vuelta al mundo en 80 días en la que se aprecia la manera de trabajar de Julio Verne, ocupando sólo la mitad del folio para dejar espacio para las correcciones.

FOTO: BNF

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Dispositivos electrónicos de lectura

Vale que somos de esos que al entrar en una librería lo primero que hacemos es abrir un libro y oler sus páginas. Vale que el papel será siempre el papel... Pero para los viajeros lectores, el poder llevar toda una biblioteca en el bolsillo es todo un placer, ¿no creéis? Antes, en la mochila cabían uno o dos libros, dependiendo de su grosor. Muchos usaban técnicas, como arrancar las páginas leídas o intercambiarlos una vez acabados. Ahora, puedes llevar más libros de los que te dará tiempo de leer en tus viajes de forma cómoda. Además, hay dispositivos electrónicos de lectura que llevan su propia luz, ¡para leer en la habitación del albergue sin molestar a nadie!

 

Foto: AgeFotostock

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Biblioteca Nacional de Praga

Desde hace más de dos siglos el magnífico complejo del Clementinum, situado a orillas del Moldava, alberga la Biblioteca Nacional. Una maravilla barrroca con un fondo impresionante, todo ello tamizado por la luz blanquecina de la sala y la sensación de estar en un lugar donde el saber está por encima de todo.

Foto: Miroslav Krob / Age fotostock

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Narratio Prima, síntesis de la obra copernicana

El astrónomo austriaco Georg Joachim Rheticus fue la persona más importante para la futura fama de Copérenico: fue a conocerlo a Frombrork en 1540 y lo persuadió para que le dejara escribir y publicar la Narratio prima, una exposición simplificada de las investigaciones de Nicolás Copérnico. Gracias al empeño personal de Rheticus se editó también, en 1543, la gran obra del astrónomo polaco, Sobre las Revoluciones de los orbes celestes. Esta imagen pertenece a la portada de una edición de la Narratio prima de 1566.

FOTO: Culture Club / Getty Images

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Sobre las Revoluciones, la gran obra de Copernico

En 1543, gracias al empeño personal de Rheticus, apareció en Núremberg la versión completa de Sobre las revoluciones de los orbes celestes, la gran obra en la que Nicolás Copérnico exponía su modelo de cosmos: un universo cerrado con el sol en el centro y los demás astros girando a su alrededor. La imagen pertenece a una edición de la obra magna de Copérnico y la Narratio prima publicada en Basilea en 1566.

FOTO: Bridgeman / ACI

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Los cálculos y las observaciones del astrónomo

Copérnico anotó las observaciones que hacía y las incluyó en su obra. Esta imagen reproduce un par de páginas del libro II de Sobre las revoluciones de los orbes celestes con las tablas astronómicas de las observaciones copernicanas.

FOTO: SPL / Getty Images

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Un final demasiado cruel

Los cuentos delos hermanos Grimm han sido reeditados en multitud de ocasiones y los castigos y los finales han ido blanqueándose a lo largo de estos últimos 200 años. En la edición de 1812, las hermanas de Cenicienta se cortan los dedos de los pies y los talones para que les entre el zapato. Además, las palomas benefactoras de la protagonista les sacan a cada una un ojo al entrar y otro al salir de la iglesia el día de la boda de la doncella, con lo que quedan ciegas de por vida. Portada de una edición de los cuentos de los hermanos Grimm de 1865.

FOTO: Alamy / ACI

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Dorothea Viehmann, la cuentacuentos

Dorothea Viehmann era la hija de un inmigrante hugonote, que residía en las cercanías de la ciudad de Kassel y fue la mujer que más historias aportó a la recopilación de Jacob y Wilhelm. Louis Katzenstein recreó en el siglo XIX a los hermanos Grimm escuchando una de las historias explicadas por la mujer.

FOTO: Bridgeman / ACI

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Fitz Roy, abriendo caminos en La Patagonia

Las aventuras en el desierto contribuyeron a convertir a Saint-Exupéry en un personaje legendario. Así, en 1929, tras publicar Correo Sur (1928), uno de sus primeros éxitos literarios, el piloto es enviado a Buenos Aires como director de la Aeropostal Argentina, filial de la compañía francesa donde trabajaba. Pero Saint-Exupéry seguía sin sentirse a gusto en las ciudades y mucho menos en tareas directivas, así que, a la mínima se escapaba en vuelos de reconocimiento. En uno de ellos llegó a batir un récord mundial al cubrir los 2.400 kilómetros de distancia entre Buenos Aires y Río Gallegos. Pero, lo que le marcó más en aquellos años no fue tanto el paisaje que veía desde su avión, como por ejemplo el Fitz Roy, todo un símbolo de la Patagonia, y con un pico llamado como el autor en su recuerdo, sino la historia de supervivencia que protagonizó su amigo Henri Guillaument mientas el escritor se encontraba al frente de la Aeropostal Argentina. Su amigo se perdió en los Andes durante un vuelo. Los Andes en invierno eran una trampa mortal; pero, finalmente, éste logró sobrevivir tras unas jornadas angustiosas: “Te lo juro –confesó al escritor–, ninguna bestia sería capaz de hacer lo que yo he hecho”. Aquella historia sería clave en la vida de Saint-Exupéry.

Foto: Gtres