Katie trasplante de cara

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Connie Culp de frente y de lado

Imagen tomada antes de someterse al trasplante total de cara.

Foto: Gtres

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Un tiro en la cara

En 2004, cuando tenía 41 años, el desgraciado de su marido le descerrajó un tiro. Perdió la nariz, las mejillas, el paladar y un ojo. Solo conservó los párpados superiores, la frente, el labio inferior y la barbilla.

Foto: Cleveland Clinic

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Connie Culp, lo importante es sonreír

En 2008 Connie fue la primera persona que recibía un trasplante de cara en Estados Unidos y la cuarta del mundo. Recibió esta nueva cara en el Cleveland Clinic tras haberse sometido a 30 cirugías reconstructivas.

Foto: Martin Schoeller

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Accidente con un arma

En 1997 Richard Norris se disparó por accidente manipulando una escopeta. Tenía 22 años. En 2012, en una operación que duró 36 horas, un equipo dirigido por Eduardo Rodríguez en el Centro Médico de la Universidad de Maryland le devolvió la nariz, los labios, la lengua, los dientes y las mandíbulas.

Foto: Eduardo Rodríguez

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Richard Norris tras la operación

Actualmente Norris vive en la zona de Nueva Orleans, adonde se ha mudado para estar cerca de su novia. Se conocieron cuando ella le escribió por Facebook tras verlo en televisión.

Foto: Martin Schoeller

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Shaun Fiddler, un desgraciado accidente de tráfico

En 2011, cuando tenía 43 años, Shaun Fiddler chocó en su furgoneta contra un árbol y sufrió múltiples fracturas en la cara. Después de operarse desarrolló una dolencia que le desintegraba los tejidos, lo que le destruyó casi toda la cara y el ojo derecho. Tras acudir al Cleveland Clinic, en noviembre de 2014 los médicos reemplazaron cerca del 70% de su rostro. Aún debe someterse a otra cirugía con la que podría mejorar la visión del ojo izquierdo.

FoFoto: Martin Schoeller

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Katie antes del accidente que la desfiguró

Esta es la cara que tenía Katie hasta 2013.

Foto: Familia Stubblefield

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1 año, 9 meses y 18 días antes del trasplante

La familia de Katie acabó amando su cara reconstruida y viendo en ella la prueba de los extraordinarios esfuerzos médicos por salvarle la vida. Para entender su historia, los Stubblefield creen que es esencial que la gente vea este rostro. Pero vivir con una cara a la que Katie llamaba Shrek era muy duro para ella. "Sentía que la gente me miraba y pensaba que tenía cara de cíclope o de monstruo de feria", dijo.

Foto: Cleveland Clinic

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Katie de perfil tras el incidente

Foto: Maggie Steber

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1 año y 2 días antes del trasplante

Durante uno de los ingresos hospitalarios de Katie, Alesia la limpia y la consuela después de comer. Katie bebía de un vaso con boquilla porque, al no tener labios, los líquidos se le salían de la boca.

Foto: Maggie Steber

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1 año y 1 día antes del trasplante de Katie

Aprovechando el buen tiempo primaveral, Katie y sus padres, Robb y Alesia Stubblefield, disfrutan de una siesta en un parque próximo al Cleveland Clinic. Con Katie en una silla de ruedas, los tres exploraron el parque paseando entre árboles en flor y trinos de pájaros. Era el primer día que Katie salía tras un mes en el hospital. Para reposicionarle los ojos, los cirujanos le habían implantado un distractor. En los tres años previos al trasplante Katie tuvo más de 12 ingresos hospitalarios. 

Foto: Maggie Steber

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9 meses y 22 días antes del trasplante

En el hotel Tudor Arms de Cleveland, Katie y su padre cantan Have I told you lately that I love you? mientras bailan. "Antes de esto no pasaba demasiado tiempo con mis padres", dijo Katie, convencida de que su amor y devoción han ayudado a salvarle la vida.

Foto: Maggie Steber

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9 meses y 21 días antes del trasplante

Katie toma la sopa que le dan para el almuerzo. Con la visión limitada tenía dificultades para acertar con la boca. Aquel día no podía comer sólidos porque la habían intervenido hacía poco para retirarle el distractor, gracias al cual la posición de sus ojos había mejorado. 

Foto: Maggie Steber

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6 meses y 4 días antes del trasplante

En una consulta, Katie sostiene un instrumento que mide su agudeza visual. El optometrista de Cleveland Clinic Robert Engel estaba evaluando sus córneas. También le recolocó una de las lentes de contacto, que se había desplazado. Las usa para protegerse las córneas de las abrasiones que le causan las pestañas al crecer hacia dentro.

Foto: Maggie Steber

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6 meses y 3 días antes del trasplante

Katie conoce a los dos primeros trasplantados faciales del hospital: Shaun Fiddler y Connie Culp. Le ofrecieron consuelo además de humor. "No pasa nada por estar asustado -dijo Fiddler-. Todo irá a mejore, pero lleva su tiempo". Culp bromeó: "tú no te preocupes. ¡Pero que no te trasplanten arrugas!".

Foto: Maggie Steber

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6 meses y 1 día antes del trasplante

Al celebrar los 21 años, su madre le dice que sople las velas. La familia salía a comer fuera aunque a veces Katie oía los cuchicheos de la gente acerca de su cara. Le afectaban, pero fingía no haberlos oído. Le daban ganas de decirles: "tuve un problema, pero me estoy recuperando".

Foto: Maggie Steber

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Adrea Schneider, la donante de rostro

Después de estar durante más de un año en la lista de espera de trasplantes apareció una donante: Adrea Schneider, muerta por sobredosis de cocaína.

Foto: Familia Bennington

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Katie el día antes del trasplante

La víspera del trasplante, Katie, cuya cara desfigurada fue reconstruida, le comunica por gestos que está impaciente por recibir un rostro nuevo. Comparte este momento distendido con Diana Donnarumma, una amiga a la que conoció en la Ronald McDonald House , y con la auxiliar de la clínica Karnya Wade.

Foto: Lynn Johnson

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Una cara nueva para Katie

16 horas después de haber empezado la operación de trasplante en el Cleveland Clinic de Ohio, los cirujanos finalizan la delicada tarea de extirpar la cara de una donante de órganos. Impactado por la imagen y por el alcance de su labor, el equipo enmudece de pronto mientras otros profesionales registran el estado del rostro en transición entre dos vidas. Los cirujanos invertirían otras 15 horas en implantar la cara a Katie Stubblefield.

Foto: Lynn Johnson

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En mitad del trasplante de cara

Con la cara de la donante casi totalmente implantada, los cirujanos se disponen a separar la frente original de Katie, siguiendo la línea trazada sobre su piel. Habían comenzado desde el cuello y trabajado hacia arriba, conectando vasos sanguíneos, huesos y nervios. Para unir los vasos y nervios, los microcirujanos usaron suturas del diámetro de un cabello humano.

Foto: Lynn Johnson

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Un trasplante histórico

Los médicos principales de Katie, Brian Gastman (al fondo) y Frank Papay (en el centro), habían planeado un trasplante parcial manteniendo las mejillas, las cejas y la frente originales. Pero conforme avanzaba la operación se dieron cuenta de que si optaban por el trasplante integral el resultado sería más estético porqeu la cara de la donante era más grande y de un tono más oscuro. Para mostrar a los padres de Katie cómo quedaría, Gastman y Papay la fotografían con el nuevo rostro.

Foto: Lynn Johnson

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31 horas de intervención

Un residente de cirugía sostiene con todo el cuidado la cabeza de Katie para que no se le mueva mientras la instalan en la unidad de cuidados intensivos tras 31 horas de intervención. Para protegerle los ojos le han suturado los párpados. Completado el trasplante, Katie todavía necesitaría operaciones adicionales y muchos meses de rehabilitación.

Foto: Lynn Johnson

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Pros y contras del trasplante total

Abandonado un momento el quirófano, Papay (sentado junto a Alesia) y Gastman (al lado de Robb) muestran a los padres las fotos que acaban de tomar a Katie y les explican los pros y contras de implantar la cara entera de la donante. El trasplante completo sería más agradable a las vista, con lo cual Katie se sentiría más cómoda en público, pero trasplantar tal cantidad de piel podría aumentar el riesgo de rechazo. Robb y Alesia decidieron que Katie querría tener el mejor aspecto posible. 

Foto: Lynn Johnson

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Tras la operación de trasplante facial

Poco después de la operación, Robb, Alesia y el hermano de Katie, Robert, observan el nuevo rostro de Katie por primera vez mientras ella sigue sedada en la UCI. Al lado de su cama, hablan en susurros sobre su nuevo aspecto. Robb dijo más tarde que le parecía surrealista estar viendo a su hija con la tercera cara que le conocía. Alesia pensó que el aspecto era muy bueno, no tan inflamado como se esperaba, pero también se preguntó: "¿Dónde está Katie?". Robert se fijó en un nuevo rasgo: un hoyuelo en la barbilla. 

Foto: Lynn Johnson

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19 días después del trasplante

Katie disfruta de un momento de soledad en su habitación, algo muy poco frecuente dado que los médicos y otros profesionales acuden sin cesar para comprobar cómo va. Su nueva cara, todavía con las suturas, sigue muy hinchada.

Foto: Maggie Steber

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20 días después del trasplante

En uno de sus paseos diarios por los pasillos del hospital, Katie canta mientras se ejercita con la fisioterapeuta Becky Vano (a la izquierda) y la estudiante de fisioterapia Nicole Bliss. Antes del trasplante, Katie tuvo que aprender a caminar de nuevo para superar la espasticidad de las extremidades causada por el traumatismo cerebral. Después del trasplante tuvo que empezar  de nuevo a fortalecer las piernas. 

Foto: Maggie Steber

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7 meses y 16 días después del trasplante

En su primer viaje lejos del Cleveland Clinic y la Ronald McDonald Hous, Katie visita a su hermana, Olivia McCay, en Peoria, Illinois. Sostiene en brazos a su sobrino, Luke, nacido casi seis meses después del trasplante facial. "Espero seguir mejorando para que no se asuste cuando me vea", dice Katie. A menudo se nota los ojos secos e irritados, así que a veces se los cubre con una película de plástico protectora para mantenerlos húmedos. 

Foto: Lynn Johnson

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8 meses y 22 días después del trasplante

Al conocer a Katie, Sandra estudia su rostro, el que fue el de su nieta. "Estás preciosa", le dice. Katie no es idéntica a su nieta, Adrea, pero Sandra vio a Adrea en su nariz y su boca. Antes de conocerse, Katie había llorado de puro nerviosismo. Después dijo: "me sentí como si fuese mi abuela. Me sentí muy querida". Sandra explicó  posteriormente que tenía ganas de decir a Katie que la llamase 'amma' como hacía Adrea. 

Foto: Maggie Steber

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8 meses y 23 días después del trasplante

Determinados a ayudar a Katie a llevar una vida lo más normal y plena posible, Robb y Alesia dejaron aparcadas las suyas durante más de cuatro años. Luchando contra el agotamiento, apoyándose en su fe en Dios, acompañan a su hija en sus infinitas citas médicas y sesiones de terapia. Nunca dejan de buscar maneras de mejorar la visión de Katie, entre ellas la posibilidad de un trasplante de córnea. A medio plazo piensan quedarse en Cleveland, cerca del hospital y los médicos de Katie. 

Foto: Maggie Steber

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1 año y 29 días después del trasplante de Katie

Katie puede cerrar los ojos, arrugar la nariz, fruncir los labios y, como dice Gastman, "tiene una sonrisa en proceso". Desde entonces los médicos le han ajustado el maxilar inferior y probablemente le afinarán la cara, le atenuarán las cicatrices y le mejorarán los párpados. Con el tiempo su rostro irá recuperando la funcionalidad.  "no es como mi cara normal, pero parte de mi piensa: 'esta es mi cara, ahora es mi cara'" dice Katie.

Foto: Martin Schoeller

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Sandra Bennington, abuela de Adrea Schneider

La abuela de Adrea, la donante de cara, llora mientras habla de su nieta. Sandra accedió a donar el rostro de Adrea cuando esta no superó una sobredosis de drogas. Adrea no lo tuvo fácil en la vida, dijo su abuela. Su madre era toxicómana y Adrea nació con drogas en el organismo. Antes de morir se sometió a programas de desintoxicación y había recuperado la relación con su abuela. "venía de visita y nos reíamos y hacíamos el tonto, ya sabe, como dos hremanas". 

Foto: Maggie Steber