Dinosaurios

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Modelo 3D de la posible apariencia de Stegouros elengassen

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Modelo 3D de la posible apariencia de Stegouros elengassen

Foto: Lucas Jaymez

Representación artística de Stegouros elengassen

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Representación artística de Stegouros elengassen

Esta imagen representa la posible apariencia del nuevo dinosaurio blindado descrito: Stegouros elengassen. La imagen refleja el ambiente de meandros y cuerpos lacustres en un abanico deltaico del borde de la antigua cuenca Austral típicos de esta región de Gondwana y reconstruidos a partir de fósiles hallados en niveles cercanos.

Foto: Mauricio Alvarez

Big John

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Big John

Foto: Cordon Press

Y apenas se conocen omnívoros

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Y apenas se conocen omnívoros

La gran mayoría de los dinosaurios conocidos eran herbívoros, pero en cambio se han identificado con certeza muy pocos omnívoros, alrededor de un 2% de las especies conocidas. Tres grupos de dinosaurios en particular parecen haber sido omnívoros: los ornitomimosaurios, los oviraptorosaurios y los troodóntidos. La mayoría de estos tenían una dieta parcialmente vegetariana e insectívora, que podían complementar con peces o animales pequeños. En la era mesozoica esto podía suponer una ventaja importante, puesto que los modelos climáticos reflejan una tendencia a los fenómenos extremos, como sequías intensas o largas lluvias estacionales, que podían modificar mucho un hábitat y, por lo tanto, la disponibilidad de diversos tipos de comida en diferentes épocas.

Foto: Marcin Polak

Recreación de Timurlengia euotica en su habitat

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Ni sangre fría ni caliente

Uno de los debates históricos en el campo de los dinosaurios ha sido si eran de sangre fría o caliente. La respuesta, según las investigaciones más recientes, puede hallarse en un punto intermedio: los dinosaurios habrían sido capaces de mantener su temperatura interna estable, pero no poseían todos los mecanismos que tienen los animales de sangre caliente para regular su temperatura corporal en condiciones de temperatura extrema. La respuesta tiene más importancia de la que podría parecer, ya que los animales de sangre caliente necesitan consumir mucha más comida que los de sangre fría: esto implica que los dinosaurios carnívoros cazaban más y, por lo tanto, que debía haber una mayor abundancia de presas.

Original painting by Todd Marshall

No eran tan tontos como se pensaba

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No eran tan tontos como se pensaba

Durante mucho tiempo se creyó que la mayoría de los dinosaurios eran animales primitivos, lentos, torpes y estúpidos. Dicha suposición se debe a que el tamaño de sus cerebros era muy pequeño en relación a su cuerpo: el del estegosaurio, por ejemplo, habría sido del tamaño de una nuez. Sin embargo, estudios recientes sugieren que podían tener comportamientos igual de complejos que algunos mamíferos actuales: por ejemplo, se ha afirmado que los tiranosaurios podrían haber sido carnívoros sociales que cazaban en manada, como las orcas o los lobos.

Foto: iStock

Recreación artística de Tlatolophus galorum por Luis V. Rey

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Eran de colores vivos y variados

Los métodos de análisis de fósiles han avanzado mucho y hoy en día se pueden detectar en ellos unos orgánulos llamados melanosomas, que contienen la melanina responsable del color de los tejidos. Esto es una pista de que los dinosaurios podían haber exhibido colores vivos y patrones en la piel, que tendrían diversas funciones: como reclamo para las hembras, colores de camuflaje, o para intimidar a los depredadores. Algunos van más lejos, como el paleobiólogo Jakob Vinther, quien sugiere que “tal vez un día descubramos que tenían plumaje estacional, como patrones coloridos para la época de apareamiento o un plumón blanco durante las nevadas invernales”, lo que abriría la ventana a un nuevo mundo de investigación en lo referente al comportamiento de los dinosaurios.

Foto: Luis V. Rey

Allosaurus europaeus

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No se conocen carnívoros de tamaño mediano

Una cuestión que durante mucho tiempo ha llamado la atención de los paleontólogos es que la mayoría de dinosaurios carnívoros que se conocen eran o muy grandes -más de una tonelada- o relativamente pequeños -de menos de cien kilos-, al contrario de lo que pasa en los carnívoros modernos, que presentan una escala de tamaño mucho más regular. La razón puede estar en que los grandes carnívoros tenían un ritmo de crecimiento muy rápido, por lo que los ejemplares juveniles ocupaban los nichos ecológicos que habrían correspondido a los cazadores de tamaño medio. En la actualidad existe una escala mucho más regular de tamaño porque no hay cazadores gigantes: el carnívoro terrestre más grande que existe es el oso polar.

Foto: iStock

Representación artística de una pareja de oviraptores en su nido.

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No sabemos cómo se reproducían los dinosaurios

Bueno, no exactamente: sí sabemos que eran ovíparos, lo que desconocemos es cómo se apareaban. Han pasado casi dos siglos desde que se acuñó el término dinosaurio y la biología reproductiva de estos animales es todavía un misterio: la razón es que los genitales carecen de estructuras que dejen un rastro fósil, como huesos o queratina. A principios de 2021 se encontró la cloaca excepcionalmente bien preservada de un Psittacosaurus, lo que puede ayudar a reconstruir la anatomía y el comportamiento reproductivo de los dinosaurios.

Foto: © Zhao Chuang

El Tyrannosaurus rex, de más de 1.000 kilos, podía alcanzar los 12 metros de longitud y los tres metros de altura.

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Brazos diminutos, grandes colas

En realidad, estas extremidades diminutas -que podemos ver en muchos dinosaurios gigantes- lo son por una buena razón: reducir el peso en la parte delantera del cuerpo. Estos animales caminaban encorvados a dos patas y, en consecuencia, cargaban una gran parte de su peso en la mitad anterior de sus cuerpos. Por la misma razón, tenían colas largas y gruesas que hacían de contrapeso cuando trotaban y corrían, impidiendo que cayeran de bruces.

Foto: iStock

Una historia muy larga

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Una historia muy larga

Entre la aparición de los primeros dinosaurios y su extinción pasó más tiempo -en concreto, casi el triple- del que ha pasado entre dicha extinción y nosotros. El animal más antiguo conocido con características de dinosaurio es el Nyasasaurus parringtoni, que vivió hace unos 243 millones de años; mientras que los últimos dinosaurios se extinguieron hace alrededor de 66 o 65 millones de años. Aunque tendamos a verlos como un conjunto uniforme, la verdad es que estos animales vivieron en condiciones climáticas y ecosistemas muy diversos, lo que explica su gran diversidad de formas y características.

Foto: iStock/estt

Deinocheirus

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Deinocheirus

El dinosaurio que cierra esta lista tiene el dudoso honor de haber sido considerado “uno de los dinosaurios más raros que han existido nunca”. Su nombre completo, Deinocheirus mirificus, significa “manos horribles y extrañas”, un nombre muy revelador: porque lo más notable de este animal son sus enormes brazos en proporción con su cuerpo -rematados por unas garras igualmente desproporcionadas-, además de un cráneo alargado en forma de pico y una enorme joroba. Stephen Brusatte, un paleontólogo que se dedicó a la investigación del Deinocheirus, sostiene que sus manos y garras funcionaban como un recolector indiscriminado de comida y las usaba también para excavar y romper ramas: “Esta criatura de aspecto alienígena era un omnívoro monstruoso, una especie de dinosaurio basurero que se alimentaba de peces, pequeños vertebrados, plantas y prácticamente cualquier cosa a la que pudiera echar mano”. No es una descripción muy halagüeña, pero al fin y al cabo a este dinosaurio le importaría más comer que posar para una revista de moda.

Foto: Mark Witton

Nigersaurus

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Nigersaurus

A primera vista, el esqueleto de este dinosaurio no parece tener nada de excepcional; hace falta prestar atención a una zona muy concreta para darse cuenta de una peculiaridad: su ancha mandíbula poseía más de quinientos dientes, que crecían en diversas hileras. La razón probable es que su dieta consistiera en plantas duras que ejercían un fuerte efecto abrasivo en los dientes, de modo que tenía que sustituirlos constantemente y tener un reemplazo siempre a punto para cada rincón de esa enorme boca.

Foto: Nobu Tamura

Mamenchisaurus

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Mamenchisaurus

Más que cualquier otro dinosaurio, el Mamenchisaurus lleva el concepto “cuello largo” a un nivel exagerado: su cuello medía entre diez y quince metros y suponía casi la mitad de la longitud total de su cuerpo. Más que preguntarnos por qué, puesto que su ventaja para alimentarse es evidente, la cuestión es cómo logró desarrollarlo tanto. El secreto parece estar en sus vértebras, que eran huecas y sorprendentemente ligeras para su tamaño, lo que le permitía mover el cuello sin dificultad; además, poseía unas costillas cervicales que actuaban como un mecanismo de soporte del peso.

Foto: iStock/MR1805

Leptoceratops

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Leptoceratops

El Leptoceratops parece el resultado de un proyecto de armadura que ha cambiado de diseño en el último momento y ha terminado como un curioso pastiche: su cráneo tiene la estructura propia de los ceratópsidos o dinosaurios con cuernos, pero carece de ellos. En lugar de esto, la cola presenta unas espinas altas y afiladas. La explicación probable a esta curiosa combinación es que solo una rama evolutiva llegó a desarrollar los cuernos y dio lugar a los ceratópsidos, que a causa de sus nuevas armas perdieron la necesidad de protegerse con la cola; en cambio, las que no tuvieron tanta fortuna en la carrera armamentística tuvieron que conservar sus defensas primitivas.

Foto: Nobu Tamura

Halszkaraptor

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Halszkaraptor

Este curioso dinosaurio parecido a un pato pertenece a la familia de los dromeosáuridos, unos primos lejanos de las primeras aves. De hecho, su peculiaridad radica en que exhibe muchas características propias de los pájaros pescadores, casi 10 millones de años antes que aparecieran las primeras aves modernas: caminaba en posición erguida, su cuello tenía forma de S invertida, sus extremidades y cola estaban adaptadas a la vida semiacuática y probablemente tenía plumaje o algún otro tipo de estructura aislante. Esta morfología resulta interesante como ejemplo de que otros grupos de dinosaurios habían desarrollado características aviares.
Si quieres saber más acerca de cómo los dinosaurios emplumados se convirtieron en aves, puedes profundizar en este artículo.

Foto: Tomopteryx

dinosaurioactualidad

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Concavenator

Su nombre completo es Concavenator corcovatus, que significa “el cazador jorobado de Cuenca”, y es un ejemplo de diversos tipos de dinosaurios que presentan una o varias jorobas, resultado de unas vértebras excepcionalmente altas alrededor de la zona pélvica. La función de dichas jorobas sigue siendo un misterio a día de hoy: la teoría más obvia, es decir que servían como reservas de agua o lípidos, resulta inconsistente con el clima del Cretácico, un periodo generalmente húmedo y con abundancia de presas -puesto que se trataba de un dinosaurio carnívoro. El enigma no termina ahí, ya que este dinosaurio poseía también una especie de espinas en los antebrazos: su función desconcierta a los expertos, puesto que no tienen ninguna utilidad aparente, y por ahora la única teoría es que sirvieran como base a algún tipo de plumas u otras estructuras queratinosas. Puedes conocer más sobre él en este artículo.

Stygimoloch

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Stygimoloch

El Stygimoloch es uno de los miembros más imponentes de la familia de los paquicefalosáuridos, dinosaurios que poseían un domo craneal con tendones osificados, lo que le confería una gran resistencia y lo convertía en un poderoso casco. El Stygmoloch, además, poseía un gran número de protuberancias óseas sobre la nariz, en las mandíbulas y en la parte posterior del domo craneal que le daban un aspecto monstruoso: su nombre significa, de hecho, “el diablo espinoso de Estigia”, el río que en la mitología griega daba acceso al reino de los muertos. Aunque se ha aceptado de forma general que los paquicefalosáuridos machos realizaban combates por los derechos de apareamiento, la función exacta de las protuberancias de esta especie sigue siendo un misterio: los cráneos muestran la ausencia de fracturas compatibles con lesiones de este tipo, por lo que los paleontólogos creen mayoritariamente que las usaban para golpear a otros individuos en los flancos a modo de advertencia o provocación.

Foto: Jordan Mallon

Garras

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Therizinosaurus

Su nombre significa “lagartos guadaña” y resulta evidente el por qué: sus garras medían alrededor de medio metro y son las más largas de cualquier dinosaurio conocido. Inicialmente se pensó que las usaban como arma frente a los depredadores, especialmente porque la constitución de sus brazos les habría permitido dar zarpazos muy potentes. Sin embargo, posteriormente se constató que las garras eran demasiado frágiles para constituir un arma efectiva y solo habrían tenido un efecto disuasorio. Otras teorías sostienen que las usaban para arrancar el follaje del que se alimentaban, para excavar madrigueras, como agarre al escalar a los árboles o para hurgar en cavidades en busca de comida como hacen los osos.

Foto: ABelov2014 (CC)

Cuellos con pinchos

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Amargasaurus

Este dinosaurio de cuello largo destaca por tener unas largas protuberancias en las vértebras cervicales, que externamente podrían haber tenido forma de pinchos o de vela. Su aspecto y función son todavía objeto de debate, aunque la mayoría de paleontólogos considera la hipótesis de los pinchos más probable que la de la vela. En tal caso, su función más evidente sería la de espantar a los depredadores o incluso atacarlos, de forma similar al órix o el antílope sable gigante. Otras hipótesis con menos aceptación apuntan a combates entre machos por el derecho de apareamiento o a un reclamo sexual para las hembras.

Foto: iStock/A V S Turner

Parasaurolophus

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Parasaurolophus

Seguramente se trata de uno de los miembros más reconocibles de la lista, Parasaurolophus es un género de dinosaurios que engloba tres especies conocidas. Destacan por su llamativa cresta en la parte posterior del cráneo, que es en realidad una prolongación del hueso nasal. Ha pasado casi un siglo desde que se encontró el primer fósil de Parasaurolophus y los paleontólogos aún no se han puesto de acuerdo sobre la función de la cresta; se han propuesto muchas hipótesis que incluyen un apéndice para respirar bajo el agua -como si fuera un tubo de buceo-, un método de atracción sexual -como las melenas de los leones-, un sistema de termorregulación y, como teoría más aceptada, una caja de resonancia para emitir sonidos y comunicarse.

Foto: MR1805

Garras

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Garras

Aunque asociemos las garras a los dinosaurios carnívoros, unos pocos herbívoros también las tenían: eran los tericinosáuridos, literalmente “lagartos guadaña”, que recibieron este nombre debido a las largas garras que lucían en sus patas delanteras. En la especie que da nombre a esta familia, el Therizinosaurus, estos apéndices podían llegar a medir medio metro, el récord en cualquier dinosaurio jamás encontrado. Aunque los científicos concluyen que eran demasiado frágiles para ser usadas de forma efectiva como arma, habrían tenido un efecto disuasorio notable en cualquier cazador de tamaño similar.

Foto: ABelov2014 (CC)

Estrategia

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Estrategia

El gran estratega Sun Tzu dijo que “someter al enemigo sin luchar es la suprema excelencia”. Aunque los dinosaurios han sido presentados históricamente como criaturas poco inteligentes, los estudios recientes apuntan a que eran capaces de elaborar estrategias complejas de caza y fuga. Una de las más habituales entre los herbívoros parece haber sido la de atraer a sus depredadores hacia el agua o zonas fangosas y tal vez hacerles perder el equilibrio: los grandes depredadores solían ser bípedos y a menudo con unos brazos raquíticos en comparación a su peso, por lo que hundirse en el agua o en el fango era una muerte segura. Las múltiples ocasiones en que sus fósiles son extraídos de depósitos sedimentarios, indicando que murieron sepultados, podrían ser una confirmación de esta estrategia.

Foto: iStock/Daniel Eskridge

Cuellos con pinchos

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Cuellos con pinchos

Por si la cola no era suficiente, algunos dinosaurios de cuello largo tenían también espinas sobresaliendo de las vértebras cervicales. Se trata de los dicreosáuridos, una familia de saurópodos cuyas especies eran de tamaño relativamente pequeño, similar al de un elefante africano o un poco mayor. Para compensar su “debilidad” respecto a sus mastodónticos parientes, podían blandir su cuello como arma de forma similar a la cola de los dinosaurios acorazados. Sin embargo, resultaba más peligroso al estar sus espinas conectadas a las vértebras cervicales, por lo que probablemente fuera un arma más disuasoria que efectiva.

Foto: iStock/A V S Turner

Colas “sin tunear”

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Colas “sin tunear”

Llegados a un cierto tamaño, incluso una cola sin pinchos ni huesos podía ser un arma formidable. Los saurópodos, conocidos popularmente como “cuellolargos”, poseían algunas de las colas más potentes que jamás ha tenido cualquier animal. Estas funcionaban como un látigo que podían lanzar contra sus atacantes a una velocidad muy alta, fracturándoles los huesos con consecuencias fatales, o provocando sonidos para intimidarlos. Incluso los que eran relativamente pequeños -como el Europasaurus, un ejemplo de enanismo insular con “poco más” de 6 metros de longitud- se contaban entre los animales más grandes de su ecosistema y tenían muy pocos depredadores naturales; los más grandes, como los titanosaurios, eran prácticamente intocables y solo los depredadores más grandes como tiranosáuridos y abelisáuridos podían aspirar a cazarlos… como último recurso.

Foto: A. Atuchin

Colas de martillo y de pinchos

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Colas de martillo y de pinchos

No solo importa el arma, sino también saber usarla. Muchas especies de dinosaurios tenían la cola rematada por pinchos o huesos gruesos que podían funcionar como un martillo de guerra. Entre los de cola de martillo tenemos a los anquilosaurios, que eran auténticos tanques vivientes gracias a su espalda con protuberancias óseas, y a los estegosáuridos, que con sus placas dorsales y sus colas con pinchos tenían también una formidable armadura. Su potencial letal no residía en las colas en sí mismas, sino en el impulso que les daban al balancearlas: el golpe podía atravesar la piel y fracturar los huesos de sus atacantes e, incluso sin ser letal, lesionarlos gravemente. Un depredador cojo tenía los días contados, así que lanzarse a por tales presas era una decisión arriesgada.

Foto: iStock/Warpaintcobra

Cabeza dura

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Cabeza dura

Ser un cabeza dura a veces tiene sus ventajas. Los paquicefalosaurios fueron un infraorden de dinosaurios caracterizado por un hueso craneal de varios centímetros de grosor, a veces rematado con protuberancias. Aunque los estudios concluyen que los usaban en combates contra los de su misma especie para establecer jerarquías y derechos de apareamiento, tal como hacen animales actuales como los carneros, en caso de necesidad podían volverse un arma disuasoria contra depredadores. Difícilmente podrían haber procurado heridas graves, pero el probable comportamiento de rebaño de estos dinosaurios supondría, para sus depredadores, enfrentarse a un muro de escudos craneales.

Foto: iStock/Corey Ford

Cuernos

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Cuernos

La defensa más obvia son las astas que lucían los ceratópsidos, una familia que incluye a todos los dinosaurios con cuernos: su miembro más famoso es el Triceratops, pero se han identificado alrededor de cincuenta géneros distintos con sus respectivas especies cada uno. Sus características comunes eran los cuernos -de distinto tamaño y número- sobre la nariz y los ojos, así como un collar óseo que protegía el cuello y que a veces también estaba rematado con protuberancias o cuernos, como el temible Styracosaurus. A pesar de esta formidable defensa, los huesos encontrados presentan marcas que demuestran que eran cazados por grandes carnívoros como los tiranosaurios, pero sin duda vendían cara su piel.

Foto: iStock/Warpaintcobra

Dinosaurios “viajeros del tiempo”

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Dinosaurios “viajeros del tiempo”

¿Cuántas veces habremos visto compartir pantalla a especies que vivieron con millones de años de diferencia? Por poner un ejemplo clásico, entre los últimos estegosaurios y los primeros tiranosaurios hay un espacio de 76 millones de años, mientras que “solo” 66 nos separan a nosotros de los últimos tiranosaurios. Es más, las especies se desarrollaron en entornos muy diversos: el clima del Triásico, cuando aparecieron los primeros dinosaurios, era extremadamente seco y caluroso; mientras que el del Cretácico, la etapa final de la era mesozoica, era tropical o subtropical. Por lo tanto, las que prosperaron en un momento dado habrían perecido sin remedio en otro.

Foto: iStock

Embrión fósil de dinosaurio

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Es posible clonar dinosaurios

Esto tal vez esté fuera de discusión, pero por si alguien aún fantasea con esa posibilidad, hay que decirle que clonar dinosaurios es pura fantasía. El ADN necesario para ello es una molécula que se degrada fácilmente y que, de ninguna manera, podría perdurar durante millones de años. Los problemas no terminarían aquí, ya que haría falta introducir dicho ADN en un óvulo de una especie compatible. Si los cruces entre especies más emparentadas, como tigres y leones, a menudo producen ejemplares estériles, esperar que el ADN de dinosaurio se desarrolle en un óvulo de ave -sus parientes más cercanos- es una quimera.

Foto: AMNH / M. Ellison

Su piel era monocroma y de colores poco variados

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Su piel era monocroma y de colores poco variados

Los dinosaurios que vemos en la pantalla a menudo lucen un solo color o dos a lo sumo, normalmente de tonos marrones o verdes. Basta echar un vistazo a los reptiles actuales para darnos cuenta de cuán falso es este tópico: si los camaleones o las serpientes pueden tener muchos colores, ¿por qué no iban a tenerlos también los dinosaurios? De hecho, en algunos fósiles pueden encontrarse trazas de melanina que delatan que no solo lucían colores variados, sino que estos formaban patrones como rayas o manchas, bien para camuflarse con su entorno, para atraer a potenciales parejas u otros usos.

Foto: iStock/Warpaintcobra

ictiosaurio2

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Había dinosaurios acuáticos

Al hilo de lo anterior, si los dinosaurios no eran voladores, tampoco eran nadadores. Los ictiosaurios, plesiosaurios y mosasaurios se encuentran muy lejos de los dinosaurios en el árbol evolutivo. En cuanto a estos últimos, aunque algunos se alimentaban de peces, lo hacían en aguas poco profundas y seguramente de forma más parecida a la de los pájaros ribereños. Estudios recientes afirman que ni siquiera los dinosaurios “pescadores” se sumergían en el agua para cazar, porque su anatomía no habría permitido el desarrollo de los músculos necesarios para perseguir a sus presas de manera efectiva.

Ilustración de hadrosaurios en un paleoambiente ártico

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Los dinosaurios dominarían el mundo actual

Aunque por obra de algún milagro científico se consiguiera clonar dinosaurios, estos no podían sobrevivir en la Tierra tal y como es ahora. Y mucho menos volver a ser los reyes del planeta. Según los modelos simulados en base a la composición del ámbar prehistórico, la atmósfera y el clima en la era mesozoica eran muy diferentes de la actualidad, una diferencia más marcada cuanto más retrocedemos en el tiempo: incluso en el Cretácico, el último periodo de la era de los dinosaurios, los niveles de oxígeno eran hasta un 10% inferiores y la temperatura unos 10 ºC superior a la actual.

Foto: Masato Hattori

Una bandada de adultos y crías de Pterodaustro guinazui, parecidos a flamencos, emprende el vuelo en la Argentina del Cretácico Inferior

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Los pterosaurios eran dinosaurios

Ninguna película de dinosaurios está completa sin sus seres voladores. Al fin y al cabo, ¿qué puede ser más terrorífico que un reptil enorme agarrándote por sorpresa y llevándote hasta su nido para que sus crías te devoren vivo? Pero por muy resultones que sean, los pterosaurios no son dinosaurios, sino un orden distinto de arcosaurios; por así decirlo, son primos lejanos. Los dinosaurios, con la sola excepción de las aves, eran animales terrestres con una anatomía muy diferente a la de los pterosaurios, cuyo esqueleto está desarrollado específicamente para el vuelo. Te explicamos las diferencias más a fondo en este artículo.

Foto: Mark Witton

Los expertos creen que el sentido del tacto debía de ser imprescindible para los dinosaurios.

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Todos tenían aspecto de reptiles

Los dinosaurios poblaron la Tierra durante unos 200 millones de años, un tiempo que da margen para una gran variedad de posibilidades evolutivas. Durante mucho tiempo se creyó que estaban recubiertos de escamas y la palabra dinosaurio significa, al fin y al cabo, “lagarto terrible”. Sin embargo, hoy en día se sabe que lo que poseían en común eran estructuras queratinosas, que pueden dar como resultado escamas, plumas o plumón, e incluso pelo, como algunos investigadores han propuesto.

Foto: Helmut Tischlinger, Museo Jurásico de Eichstätt

Los temibles velociraptores

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Los temibles velociraptores

Entrando en mitos más específicos, seguramente el dinosaurio más sobrepotenciado del cine sea el Velociraptor. Porque los “raptores” de Parque Jurásico en realidad no están inspirados en el Velociraptor sino el Deinonychus, un pariente de la misma subfamilia, los velociraptorinos. Los Deinonychus poseían la característica garra curva en las patas traseras, pero no llegaban al metro de alto; el Velociraptor era aún más pequeño (medio metro de altura) y tenía una cabeza más alargada. Sus dientes en forma de sierra sin duda los harían peligrosos, pero no imponían tanto como el cine nos ha hecho creer.

Foto: Chrisi1964 (CC)

Las especies no se mezclaban

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Las especies no se mezclaban

Quienes hayan visto En busca del valle encantado tal vez recuerden al especista padre de Cera amonestando a su hija porque “los trescuernos nunca juegan con los cuellolargos”. El cine, y a veces incluso los documentales, tienden a mostrar a las especies de dinosaurios haciendo cada una su vida separada. Pero la paleontología nos dice lo contrario, puesto que en una misma zona se pueden encontrar esqueletos de especies que vivieron en el mismo periodo geológico y que, con toda seguridad, compartieron hábitat. Y esto no se aplica solo a los herbívoros, puesto que también los depredadores compartían -de forma seguramente más conflictiva- territorio de caza. Por ejemplo, en lo que hoy es el norte de África existieron al mismo tiempo dos de los depredadores terrestres más temibles de la historia, el Spinosaurus y el Carcharodontodaurus.

Foto: iStock

Y los aún más temibles tiranosaurios

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Y los aún más temibles tiranosaurios

Sin duda, a nadie le gustaría ser perseguido por un tiranosaurio. Sin embargo, la buena noticia es que habría tenido posibilidades reales de escapar corriendo. La razón es que, cuanto más grande era un dinosaurio, más lentamente se movía debido a su enorme peso; el tiranosaurio en concreto podía pesar entre 6 y 8 toneladas, 10 como máximo, y era bípedo. Un animal de esa constitución tenía muchas posibilidades de dañarse los huesos de las patas si echaba a correr, por lo que lo máximo que habría hecho en circunstancias normales sería trotar ligeramente: según modelos computerizados su velocidad punta podría rozar los 25 Km/h, pero durante muy poca distancia debido al gran estrés que sufrirían los huesos de las piernas.

Foto: iStock

Una bandada de adultos y crías de Pterodaustro guinazui, parecidos a flamencos, emprende el vuelo en la Argentina del Cretácico Inferior

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Una bandada de adultos y crías de Pterodaustro guinazui, parecidos a flamencos, emprende el vuelo en la Argentina del Cretácico Inferior

Foto: Mark Witton

Stegosaurus ungulatus

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Stegosaurus ungulatus

Stegosaurus, que significa "lagarto con tejado" o "lagarto cubierto" fue bautizado así en referencia a las placas óseas que nacen de su espina dorsal. Estos gigantes que alcanzaron los 9 metros de longitud habitaron lo que hoy es la península Ibérica a finales del período Jurásico, hace aproximadamente entre 156 y 144 millones de años. Su aparición tuvo lugar concretamente en 2 yacimientos portugueses, los de Casal Novo y Vale Pombas. Herbívoro, cuadrúpedo, y pesadamente constituido, Stegosaurus tenía una distintiva e inusual postura, con un lomo fuertemente arqueado, los miembros anteriores cortos, la cabeza cerca del suelo y la cola rígida sostenida en el aire. Su arsenal de placas y de púas ha sido el tema de muchas conjeturas. Las espinas fueron utilizadas muy probablemente para la defensa, mientras que las placas también se han propuesto como mecanismo defensivo, como parte de la exhibición y de las funciones de termorregulación.

Foto: iStock

Europelta carbonensis

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Europelta carbonensis

Se trata del nodosaurio europeo más antiguo descubierto, y fue hallado en una mina de lignito de la provincia de Teruel, la Mina de Santa María, en la localidad de Ariño. Este dinosaurio acorazado de 5 a 6 metros de longitud habitó en la península Ibérica hace entre 113 y 101 millones de años, durante el Cretácico temprano, y hoy sabemos de él gracias 2 esqueletos parciales asociados que representan el material fósil más completo conocido de un anquilosaurio en Europa.

Foto: Andrey Atuchin

Iguanodon galvensis. Iguanodones

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Iguanodones

El iguanodón o iguanodonte (diente de iguana), es un género que incluye a dos e incluso posiblemente a 3 especies de dinosaurios que habitaron en Europa durante el cretácico temprano, entre hace 129 y 120 millones de años. Fueron dinosaurios herbívoros grandes y robustos que pudieron alcanzar fácilmente los 11 metros de longitud y las 4 toneladas de peso. En la península Ibérica se conocen por los restos hallados principalmente en Castellón y Teruel, y los cuales se identifican respectivamente con las especies Iguanodon bernissartensis e Iguanodon galvensis.

Foto: iStock

Morelladon beltrani

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Morelladon beltrani

Morelladon beltrani fue un dinosaurio de la clase de los iguanondontios descubierto en la Cantera del Más de la Parreta, en Morella, Castellón, de la cual recibe su nombre. Habitó en lo que hoy es la península Ibérica entre hace unos 129 y 125 millones de años. Este dinosaurio herbívoro llegó a medir 6 metros de longitud y como característica peculiar poseía una especie de espinas verticales que partiendo desde su espina dorsal le dotaban de una especie de vela o cresta que recorría su espada, y de la cual se ignora su función. 

Foto: Peter Montgomery

Caratosaurus aff. nasicornis . Ceratosaurus aff. nasicornis

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Ceratosaurus aff. nasicornis

Los ceratosaurios son algunos de los primeros dinosaurios descritos en la historia de la paleontología. Su nombre significa lagarto con cuerno en referencia al cuerno que lucían en la parte superior delantera del hocico, y responden a la típica descripción de un dinosaurio bípedo de patas robustas y brazos cortos que midió cerca de 6 metros y alcanzó la media tonelada de peso. Habitó en Europa entre hace 154 y 145 millones de años, y concretamente en la península Ibérica sus restos han sido hallados en Portugal, en el conocido yacimiento de Valmitao, en el municipio de Lourinha.

Foto: iStock

Torvosaurus gurneyi

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Torvosaurus gurneyi

Con 10 metros de longitud, 5 toneladas de peso y un cráneo de hasta 1,15 metros dotado de unas temibles mandíbulas, Torvosaurus gurneyi fue el dinosaurio más grande que ha poblado Europa durante el Jurásico Tardío y posiblemente uno de los depredadores más temibles. Sus restos en la península Ibérica han sido hallados en nuestro país vecino, en la llamada Formación Lourinhã, mas no en España. Sin embargo se baraja la posibilidad de que algunos fósiles hallados en Teruel y datados en el Jurásico, pudieran pertenecer a esta especie que vivió entre hace 154 y 145 millones de años. 

Foto: Istock

Allosaurus europaeus

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Allosaurus europaeus

Pese a que su nombre significa lagarto extraño, el Allosaurus es uno de los grandes dinosaurios carnívoros más abundantes del registro fósil. Podía llegar a medir 7 metros de longitud, pesar en torno a una tonelada y contaba con una especie de pequeñas crestas en el cráneo a la altura de los ojos. Abundante en Estados Unidos, pobló la Tierra entre hace 154 y 145 millones de años y su descubrimiento en Portugal en el año 2006 dio origen a la definición de una nueva especie, Allosaurus Europaeus.

Foto: iStock

Aviatyrannis jurassica

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Aviatyrannis jurassica

Este dinosaurio de fiero aspecto fue hallado en la mina de Guimarora, en Portugal. Vivió durante el Jurásico tardío, hace entre 157 y 152 millones de años. Conocido como la "abuela del tirano" que es lo que significa el nombre de Aviatyrannis jurassica, este animal habitó la tierra 80 millones de años antes que su pariente, el archiconocido Tyrannosaurus rex, y a pesar de sus pequeñas dimensiones, aproximadamente las de un pavo, fue un carnívoro depredador del cual se presumía que suplía su falta de tamaño con una ferocidad sin parangón.

Foto: Robinson Kunz

Dos de las primeras aves voladoras

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Dos de las primeras aves voladoras

En esta imagen podemos apreciar los fósiles de dos aves que pudieron ser de las primeras en desarrollar estrategias para mejorar su eficiencia de vuelo en fases muy tempranas de su evolución. A la izquierda del todo encontramos a Concornis lacustris, con un peso de apenas 70 gramos y 34 centímetros de envergadura, y a quien corresponde el fósil situado más a la derecha de la fotografía. El segundo fósil corresponde a los restos de Eoalulavis hoyasi, mucho más pequeño y ligero, de solo 12 centímetros de longitud, 26 centímetros de envergadura y 14 gramos de peso. Ambos habitaron entre hace 129 y 125 millones de años, y sus restos fueron hallados en Las hoyas, Cuenca. También sendos pájaros pertenecen a un grupo anterior a todas las aves modernas, las enantiornitas, que convivieron con sus parientes, los dinosaurios, y se extinguieron con ellos hace 65 millones de años, quedando las aves neornitas como únicos representantes de este linaje.

Foto: SINC / Raúl Martín / UMA-UAM

Iberomesornis romerali

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Iberomesornis romerali

Solo se conoce un ejemplar de esta emblemática especie a medio camino entre un Archaeopteryx y las aves modernas. El fósil fue hallado completamente defenestrado en una diminuta sección de roca caliza en Las Hoyas, Cuenca, y da fe de un pequeño dinosaurio de apenas el tamaño de un gorrión que habitó en nuestro territorio entre hace unos 129 y 125 millones de años. Aunque no se tienen restos de la cabeza del animal, su posición en el árbol filogenético de las aves hace pensar a los expertos que tuvo dientes.

Foto: Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid / José-Manuel Benito Álvarez / Locutus Borg

Lohuecotitan pandafilandi

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Lohuecotitan pandafilandi

Medía entre 15 y 20 metros de largo, pero por suerte para sus coetáneos era herbívoro. Este enorme dinosaurio habitó la península Ibérica hace unos 75 millones de años y probablemente estaba dotado de una armadura compuesta de huesos y placas dérmicas. Conocido como el gigante de Cuenca, sus restos fueron encontrados fortuitamente en Lo Hueco, Cuenca, durante las obras del trazado del Ave entre Madrid y Valencia. Se trata del titanosáurio del Cretácico Tardío mejor descrito de toda toda Europa, y como curiosidad cabe decir que su apellido, pandafilandi, hace honor al gigante imaginario, Pandafilando de la Fosca Vista, con el que quiso luchar nuestro caballero andante, Don Quijote de la Mancha.

Foto: Commons Wikimedia / PePeEfe