Desastres naturales

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Artajona, Navarra

Foto: AP /Alvaro Barrientos

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Estrategias de guerra contra el fuego

Foto: David Royal/The Monterey County Herald via AP

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Kiribati

En un malecón del atolón de Tarawa, unos niños observan como se aproxima una tormenta. Se prevé que el calentamiento de la atmósfera se traducirá en precipitaciones más abundantes sobre Kiribati y otras naciones insulares del Pacífico Central.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Staines-upon-Thames, Inglaterra

Las inundaciones de 2014 «fueron surrealistas», dice Jeff Waters, quien posa con su esposa, Tracy, en el jardín de su casa de Staines-upon-Thames, Inglaterra. El agua quedó a unos milímetros del umbral de la vivienda.

Foto: Gideon Mendel

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Khairpur Nathan Shah, Pakistán

Ahmed, un residente de Khairpur Nathan Shah (Pakistán) que solo dio su nombre de pila, es retratado en el centro de la ciudad durante las inundaciones de 2010. Las autoridades gubernamentales encargadas de la gestión del desastre las calificaron como las peores de la historia de Pakistán y cifraron el número de afectados directos en 20 millones.

Foto: Gideon Mendel

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Igbogene, Nigeria

Joseph y Endurance Edem, con su hijo Godfreedom y su hija Josephine, posan delante del portalón de su casa de Igbogene, en Nigeria. En 2012 este país africano sufrió las peores inundaciones que se han registrado en medio siglo. «Tenía miedo –confiesa Josephine–. Creía que íbamos a ahogarnos todos.» La catástrofe natural se cobró al menos 360 víctimas mortales.

Foto: Gideon Mendel

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Bayelsa, Nigeria

Aquel mismo año, en el estado de Bayelsa, situado en el sur de Nigeria, Hope y Victor America posaron delante de su casa inundada.

Foto: Gideon Mendel

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Muzaffarpur, Bihar, India

Las aguas de inundación rodean una casa y una escuela en las inmediaciones de Muzaffarpur, en el estado indio de Bihar. La población describe las inundaciones de 2007 como las peores que se recuerdan. Se cerraron escuelas, hubo millones de afectados y más de 1.000 personas perdieron la vida.

Foto: Gideon Mendel

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Los monzones en Tailandia

Entre julio de 2011 y enero de 2012, 65 de las 77 provincias de Thailandia fueron declaradas zona catastrófica. Las inundaciones de origen monzónico que anegaron el hogar de Sakorn Ponsiri cerca de Bangkok «algo tenían que ver con el cambio climático –dice–. Podría repetirse. Tendremos que estar mejor preparados».

Foto: Gideon Mendel

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Marigot, Haití

Marie Miracle Andris, de 75 años, posa delante de su casa en Marigot, en el sudeste de Haití. Su hogar se inundó durante el huracán Gustav, uno de los cuatro huracanes y tormentas tropicales que anegaron la isla durante cuatro semanas de la temporada de huracanes de 2008.

Foto: Gideon Mendel

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Moorland, Inglaterra

Más al oeste, en Moorland, Shirley Armitage corrió peor suerte: la casa, que levantó su padre en 1955, quedó anegada por más de un metro de agua.

Foto: Gideon Mendel

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Wilaiporn Hongjantuek, Tailandia

Las inundaciones de Tailandia de 2012, las peores en 50 años, anegaron el pueblo de Wilaiporn Hongjantuek, pero así y todo ella fue a la tienda para abastecer a los suyos.

Foto: Gideon Mendel

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Somerset, Inglaterra

Los temporales que azotaron las islas Británicas durante el invierno de 2013-2014 hicieron que se registraran lluvias e inundaciones generalizadas en Inglaterra. En la zona de Somerset Levels, un área muy llana, miles de hectáreas de tierra agrícola, como la explotación de Roger Forgan, quedaron anegadas durante meses.

Foto: Gideon Mendel

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Burrowbridge, Somerset, Inglaterra

En Burrowbridge, un pueblo de Somerset, Dave Donaldson y su hija Heather, de 12 años, posan en su casa inundada. Aunque el resto de la familia fue evacuada temporalmente, Dave se quedó para intentar salvar el ganado de una devastación que, en palabras suyas, «parecía la escena de una extraña película de catástrofes».

Foto: Gideon Mendel

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Fortaleza de espítiru

Unos niños juegan en Jaliakhali, una localidad devastada por el ciclón Aila en 2009. Al llegar la tormenta captada por esta imagen, los habitantes del pueblo buscaron protección en uno de los miles de refugios recién construidos contra los ciclones (arriba), muchos de los cuales funcionan además como centros comunitarios.

Mantener un país a flote

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Lecciones para el futuro

Los niños acuden durante todo el año a una escuela flotante. Para las niñas, que tradicionalmente se quedan en casa, es una ventaja que la escuela vaya a su encuentro. Varios estudios demuestran que las niñas más instruidas (y también los niños) tienen menos hijos de mayores.

Foto: Jonas Bendiksen

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Soluciones autóctonas


Amarrado seis días a la semana, un buque escuela de propulsión solar colabora en la educación de los niños cuyos hogares sufren inundaciones periódicas.

Foto: Jonas Bendiksen

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Soluciones autóctonas

Un ejército de sanitarios formados por una ONG bangladesí llamada BRAC han contribuido a reducir tanto la tasa de mortalidad infantil como la tasa de natalidad.
 

 

Foto: Jonas Bendiksen

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Una mano amiga

El barco hospital de una organización de cooperación llamada FriendshipBd da asistencia a los cientos de miles de bangladesíes que viven en las islas sedimentarias efímeras del río Jamuna.

Foto: Jonas Bendiksen

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Asentamientos efímeros

Nada dura demasiado en Sirajbag, una población de varios miles de habitantes asentada en una de las islas sedimentarias efímeras del río Jamuna, al norte de Dhaka. Unos voluntarios reerigen la mezquita del pueblo; la desplazan periódicamente para evitar que la barra el río.

Foto: Jonas Bendiksen

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En busca de terreno más elevado

Unos aldeanos aúnan esfuerzos para trasladar los edificios construidos en Sirajbag, un islote de arena y lodo del río Jamuna donde las inundaciones son frecuentes. Desmantelada a mediodía, esta mezquita fue reconstruida a tiempo para las oraciones vespertinas.

Foto: Jonas Bendiksen

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En casa, de momento

Con el agua hasta casi las rodillas, la familia Uddin se reúne para comer. Hacía poco que habían trasladado su casa a este lugar, huyendo de las inundaciones en una isla cercana a Kurigram. Poco después de tomar esta fotografía, la familia decidió desmontar la casa para volver a trasladarla.

Foto: Jonas Bendiksen

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Para no mojarse

Cuando crece el río, los hijos de Jabed Ali saben lo que hay que hacer: trepar al bambú del patio y agarrarse fuerte. Los habitantes de los chars (las islas en constante transformación que jalonan las llanuras de inundación de los tres grandes ríos de Bangladesh) están habituados a este tipo de calamidades, cada vez más frecuentes.

Foto: Jonas Bendiksen

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Río Jamuna

Que el agua llegue a la puerta de su casa ya es rutina para las familias de pescadores que viven en las islas del río Jamuna. Conocidos como los habitantes de los chars, se han convertido en los mayores expertos del mundo a la hora de adaptarse a cualquier circunstancia que la vida —y el cambio climático— les eche encima.

Foto: Jonas Bendiksen

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Dhaka

Tórridas, planas y abarrotadas, las calles de Dhaka absorben la multitud que no cabe en la mezquita para celebrar el final del Ramadán. Dhaka, una de las ciudades de crecimiento más acelerado del planeta, rebosa de migrantes que huyen del rural, castigado por inundaciones y tormentas.

Foto: Jonas Bendiksen

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A punto de reventar

Los barrios de chabolas de Dacca, como Korail (en primer término), están abarrotados de refugiados medioambientales, lo que supone una presión todavía mayor para una ciudad abrumada por el peso de unas infraestructuras obsoletas, la enorme pobreza y las frecuentes inundaciones.

Foto: Jonas Bendiksen

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Atestados de gente

Los taxis flotantes, llamados kheya nouka, cruzan el río Buriganga hasta Sadar Ghat, la principal terminal fl uvial de Dacca, ofreciendo transporte en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Situada a muy baja altura, la capital de Bangladesh es una de las ciudades más amenazadas por el aumento del nivel del mar.

Foto: Jonas Bendiksen

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Hacia la ciudad

Bajo el cielo de la estación lluviosa, los migrantes regresan en tren a Dhaka tras visitar sus aldeas natales al norte de la capital. A cada lado hay arrozales; aquí están sanos, pero más al sur la salinidad causa estragos.

Foto: Jonas Bendiksen

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A merced del clima

Arrimados a un muro, los trabajadores de una fábrica de ladrillos se protegen de la furia de un aguacero juanto al río Turag, al oeste de Dacca.

 

Foto: Jonas Bendiksen

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Cosecha temprana

Cogidos por sorpresa por una inundación temprana, el granjero Abdul Kadir (delante) y sus hombres cosechan el yute aún verde en una isla del Jamuna próxima a Kurigram. El cambio climático ha recrudecido las crecidas estacionales en las últimas décadas.

Foto: Jonas Bendiksen

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Mantener un país a flote

En el sur salobre, los agricultores han convertido los arrozales anegados en charcas para gambas y cangrejos que toleran la salinidad.

Foto: Jonas Bendiksen

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A unos palmos sobre el nivel del mar

Los habitantes de la costa sur de Bangladesh no solo tienen que soportar unas de las precipitaciones más copiosas del mundo; también viven en comunidades castigadas por los ciclones y asentadas en terreno blando, a apenas unos palmos sobre el nivel del mar.

Foto: Jonas Bendiksen