Cambio climático

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Texas Hill Country, Texas, Estados Unidos

En sus buenos tiempos el río San Saba a la altura de Brady, en la región de Texas Hill Country, era una corriente de 15 metros de ancho rebosante de percas. Pero el año pasado se secó completamente. Los colores de estos árboles ribereños no son los propios del otoño, sino los de unos ejemplares que se están muriendo.

www.robbkendrick.com

Foto: Robb Kendrick

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Río de Janeiro, Brasil

El 5 de enero de este año, un tramo de la autopista BR-356 quedó destruido por la rotura de un dique durante el desbordamiento del río Muriaé en el municipio de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Más de 300 familias de la región tuvieron que ser desalojadas de sus casas.

Foto: © Marcos de Paula / Agencia Estado / Zuma24.com

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Glasgow, Montana, Estados Unidos

 Un diluvio se precipita desde el corazón de una tormenta cerca de la localidad de Glasgow, Montana, en julio de 2010. «Sentí que si hubiese podido situarme justo debajo, al mirar hacia arriba habría visto el paraíso», recuerda el fotógrafo Sean Heavey.

 

 

Foto: Sean R. Heavy, Barcroft Media / Landov

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Phoenix, Arizona, Estados Unidos

La mayor tormenta de polvo que se recuerda se abate sobre Phoenix, capital del estado de Arizona, el 5 de julio de 2011, y reduce a cero la visibilidad. La actividad tormentosa sobre el desierto levantó una pared de polvo y arena de 1,5 kilómetros de altura.

 

Foto: Daniel Bryant

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¡Por fin a salvo!

«Nada más verlo, la hembra dio un resoplido y los cachorros empezaron a correr.» Saltando de un témpano a otro, siguieron huyendo hasta mucho después de estar a salvo.

Florian Schulz

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Acechando a dos oseznos

El fotógrafo Florian Schulz vio cómo un macho de las Svalbard (al fondo) acechaba a una hembra con dos oseznos. 

Florian Schulz

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Siempre atentas

Los machos pueden comerse a las crías, por lo que las madres están siempre vigilantes. 

Jenny E. Ross

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Ataque a un charrán ártico

Un oso famélico ignora el ataque de un charrán ártico mientras busca huevos en la costa de la bahía de Hudson. El verano obliga a los osos a quedarse en tierra, donde el biólogo Ian Stirling ha visto una relación entre la reducción del hielo marino, la delgadez de los osos y las camadas más pequeñas.

Florian Schulz

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Osamenta de ballena

En tierra, un macho olfatea una osamenta de ballena. Las reservas de grasa que acumulan los osos cazando focas anilladas y barbudas, y a veces morsas, tienen que durarles todo el verano.

Florian Schulz

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Amamantando a sus crías

Una osa amamanta a sus crías sobre el hielo marino de finales de julio, frente a las costas de las Svalbard. 

Florian Schulz

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Flotando a la deriva

En verano, un oso polar sobre una placa de hielo flota a la deriva en el archipiélago noruego de las Svalbard. El hielo marino es un hábitat fundamental para el gran depredador del Ártico, pero a causa del aumento de las temperaturas, cada vez son más largos los períodos sin hielo.

Florian Schulz

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Sequías y hambrunas

Supervivientes de la sequía que en 1984 asoló Etiopía, con la consiguiente hambruna, Ansha Seid y Aminat Yimam conocen bien el precio de las cosechas perdidas. Hoy son miembros de una comunidad con banco de semillas financiado por Ethio-Organic Seed Action. En períodos de prosperidad los agricultores aportan semillas que pueden recuperar en caso de que los cultivos se echen a perder de nuevo.

Foto: Jim Richardson

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Fortaleza de espítiru

Unos niños juegan en Jaliakhali, una localidad devastada por el ciclón Aila en 2009. Al llegar la tormenta captada por esta imagen, los habitantes del pueblo buscaron protección en uno de los miles de refugios recién construidos contra los ciclones (arriba), muchos de los cuales funcionan además como centros comunitarios.

Mantener un país a flote

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Lecciones para el futuro

Los niños acuden durante todo el año a una escuela flotante. Para las niñas, que tradicionalmente se quedan en casa, es una ventaja que la escuela vaya a su encuentro. Varios estudios demuestran que las niñas más instruidas (y también los niños) tienen menos hijos de mayores.

Foto: Jonas Bendiksen

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Soluciones autóctonas


Amarrado seis días a la semana, un buque escuela de propulsión solar colabora en la educación de los niños cuyos hogares sufren inundaciones periódicas.

Foto: Jonas Bendiksen

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Soluciones autóctonas

Un ejército de sanitarios formados por una ONG bangladesí llamada BRAC han contribuido a reducir tanto la tasa de mortalidad infantil como la tasa de natalidad.
 

 

Foto: Jonas Bendiksen

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Una mano amiga

El barco hospital de una organización de cooperación llamada FriendshipBd da asistencia a los cientos de miles de bangladesíes que viven en las islas sedimentarias efímeras del río Jamuna.

Foto: Jonas Bendiksen

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Asentamientos efímeros

Nada dura demasiado en Sirajbag, una población de varios miles de habitantes asentada en una de las islas sedimentarias efímeras del río Jamuna, al norte de Dhaka. Unos voluntarios reerigen la mezquita del pueblo; la desplazan periódicamente para evitar que la barra el río.

Foto: Jonas Bendiksen

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En busca de terreno más elevado

Unos aldeanos aúnan esfuerzos para trasladar los edificios construidos en Sirajbag, un islote de arena y lodo del río Jamuna donde las inundaciones son frecuentes. Desmantelada a mediodía, esta mezquita fue reconstruida a tiempo para las oraciones vespertinas.

Foto: Jonas Bendiksen

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En casa, de momento

Con el agua hasta casi las rodillas, la familia Uddin se reúne para comer. Hacía poco que habían trasladado su casa a este lugar, huyendo de las inundaciones en una isla cercana a Kurigram. Poco después de tomar esta fotografía, la familia decidió desmontar la casa para volver a trasladarla.

Foto: Jonas Bendiksen

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Para no mojarse

Cuando crece el río, los hijos de Jabed Ali saben lo que hay que hacer: trepar al bambú del patio y agarrarse fuerte. Los habitantes de los chars (las islas en constante transformación que jalonan las llanuras de inundación de los tres grandes ríos de Bangladesh) están habituados a este tipo de calamidades, cada vez más frecuentes.

Foto: Jonas Bendiksen

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Río Jamuna

Que el agua llegue a la puerta de su casa ya es rutina para las familias de pescadores que viven en las islas del río Jamuna. Conocidos como los habitantes de los chars, se han convertido en los mayores expertos del mundo a la hora de adaptarse a cualquier circunstancia que la vida —y el cambio climático— les eche encima.

Foto: Jonas Bendiksen

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Dhaka

Tórridas, planas y abarrotadas, las calles de Dhaka absorben la multitud que no cabe en la mezquita para celebrar el final del Ramadán. Dhaka, una de las ciudades de crecimiento más acelerado del planeta, rebosa de migrantes que huyen del rural, castigado por inundaciones y tormentas.

Foto: Jonas Bendiksen

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A punto de reventar

Los barrios de chabolas de Dacca, como Korail (en primer término), están abarrotados de refugiados medioambientales, lo que supone una presión todavía mayor para una ciudad abrumada por el peso de unas infraestructuras obsoletas, la enorme pobreza y las frecuentes inundaciones.

Foto: Jonas Bendiksen

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Atestados de gente

Los taxis flotantes, llamados kheya nouka, cruzan el río Buriganga hasta Sadar Ghat, la principal terminal fl uvial de Dacca, ofreciendo transporte en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Situada a muy baja altura, la capital de Bangladesh es una de las ciudades más amenazadas por el aumento del nivel del mar.

Foto: Jonas Bendiksen

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Hacia la ciudad

Bajo el cielo de la estación lluviosa, los migrantes regresan en tren a Dhaka tras visitar sus aldeas natales al norte de la capital. A cada lado hay arrozales; aquí están sanos, pero más al sur la salinidad causa estragos.

Foto: Jonas Bendiksen

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A merced del clima

Arrimados a un muro, los trabajadores de una fábrica de ladrillos se protegen de la furia de un aguacero juanto al río Turag, al oeste de Dacca.

 

Foto: Jonas Bendiksen

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Cosecha temprana

Cogidos por sorpresa por una inundación temprana, el granjero Abdul Kadir (delante) y sus hombres cosechan el yute aún verde en una isla del Jamuna próxima a Kurigram. El cambio climático ha recrudecido las crecidas estacionales en las últimas décadas.

Foto: Jonas Bendiksen

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Mantener un país a flote

En el sur salobre, los agricultores han convertido los arrozales anegados en charcas para gambas y cangrejos que toleran la salinidad.

Foto: Jonas Bendiksen

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A unos palmos sobre el nivel del mar

Los habitantes de la costa sur de Bangladesh no solo tienen que soportar unas de las precipitaciones más copiosas del mundo; también viven en comunidades castigadas por los ciclones y asentadas en terreno blando, a apenas unos palmos sobre el nivel del mar.

Foto: Jonas Bendiksen