Cambio climático

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El cambio climático

Desde unos 2.300 metros de altura, Nueva York de noche recuerda más a un circuito electrónico que a una ciudad. El resplandor de las lámparas led –que aquí vemos iluminando Times Square y otras zonas del centro de Manhattan– explica los tonos violáceos.

Foto: Vincent Laforet

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El cambio climático

Bajo el sol matutino, el humo de los árboles incendiados vela la selva amazónica del Mato Grosso brasileño. En las últimas décadas se ha arrasado casi una cuarta parte de su masa forestal para dar paso al cultivo, lanzando a la atmósfera millones de toneladas de carbono almacenado.

Foto: George Steinmetz

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Kiribati

En un malecón del atolón de Tarawa, unos niños observan como se aproxima una tormenta. Se prevé que el calentamiento de la atmósfera se traducirá en precipitaciones más abundantes sobre Kiribati y otras naciones insulares del Pacífico Central.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Kiribati

Los estanques de acuicultura se adueñan de una zona ganada al mar junto al aeropuerto de Tarawa, capital de Kiribati y el más poblado de los atolones que lo integran. La mayor parte de la tierra emergida de Tarawa está a menos de 2,50 metros sobre el nivel del mar y corre el riesgo de quedar bajo las aguas.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Kiribati

La gente que vive en los atolones exteriores de Kiribati acude en masa a Tarawa Sur en busca de empleo, educación y sanidad, incrementando la población a más de 50.000 habitantes. Los recién llegados a menudo acaban viviendo en zonas marginales que suelen inundarse con la pleamar.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Kiribati

Los sacos de arena no son muy efectivos para contener el océano en Temwaiku, una población vulnerable de Tarawa Sur. El pasado mes de febrero el oleaje arrasó este muro defensivo y penetró tierra adentro, dejando tras de sí viviendas inundadas, un terreno salinizado y pozos contaminados.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Kiribati

Los manglares no pueden detener el avance del océano, pero los troncos y las raíces de los mangles maduros reducen la erosión y atenúan las mareas de tempestad. Cerca del aeropuerto de Tarawa se han plantado ejemplares jóvenes para que estabilicen la orilla de la laguna.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Kiribati

Un barco pesquero naufragado hace las veces de trampolín para los chiquillos de Tarawa, unos niños que se crían en contacto permanente con el océano. Su generación y las que la sucedan se enfrentan a importantes retos climáticos a medida que el calentamiento, la acidificación y la subida de nivel del océano pone en peligro la vida en sus islas nativas.

Foto: Kadir van Lohuizen

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Un perro revoltoso

Los perros de Uunartoq Lovstrom tiran de él y de su trineo mientras atraviesan el fiordo helado de camino a casa, en la isla de Saattut. Lovstrom castigó al perro de la derecha por no obeceder y enredar las cuerdas.

Foto: Ciril Jazbec

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Pesca, la principal fuente de ingresos

Løvstrøm (izquierda) ayuda a su hijo Hans Peter a cobrar una red llena de fletanes a través de un agujero en la baquisa cerca de Saattut. La pesca es la principal fuente de ingresos de los habitantes de los asentamientos del fiordo. Estos peces se venderán a una planta de procesamiento de Royal Greenland para su exportación.

Foto: Ciril Jazbec

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Pescar en la banquisa

A Pavia Nielsen, otro residente de Saattut, esta cabaña montada sobre un trineo le permite pasar varios días seguidos cazando y pescando en la banquisa. La cabaña se mantiene caliente gracias a un pequeño calentador de gas.

Foto: Ciril Jazbec

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Una pantalla muy especial

El iceberg que hizo las veces de pantalla de proyección quedó atrapado por la banquisa en el fiordo de Uummannaq. Una noche clara, iluminada por las estrellas y la aurora boreal, el público llegó en sus motos de nieve y con sus prendas de piel de foca para no pasar frío. La temperatura era de unos -15,5 ºC.

Foto: Ciril Jazbec

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Piel de oso

Una piel de oso polar se seca en un tendedero fuera de la casa de Ane Løvstrøm, en la isla de Saattut. Ella es una de las pocas mujeres de la comunidad que saben confeccionar botas y pantalones con la piel del mayor depredador del lejano norte. Los cazadores tienen en gran estima estas prendas, porque no hay otras que aporten mayor calidez.

Foto: Ciril Jazbec

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Al acecho de la foca

Protegido del frío del Ártico por unos pantalones de piel de oso polar y un abrigo de piel de foca, y camuflado en el hielo tras una pantalla blanca, Albert Lukassen acecha a una foca. Como el clima se está calentando, la banquisa tarda más en formarse y se funde antes, lo que acorta la temporada de caza.

Foto: Ciril Jazbec

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Perros de trineo

Karl-Frederik Jensen lanza fletán congelado a sus perros de trineo. Los guarda en una isla deshabitada donde puede dejarlos sin atar. La merma del hielo complica la rentabilidad de tener perros; algunos cazadores han sacrificado los suyos.

Foto: Ciril Jazbec

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Focas en los fiordos

Agotados y frustrados tras cuatro días de caza infructuosa, Knud Jensen (con abrigo de foca) y Apollo Mathiassen buscan focas en los hielos del fiordo de Uummannaq. Jensen, de 15 años, quiere ganarse la vida cazando y no tiene el menor deseo de abandonar su comunidad para trabajar en alguna ciudad más grande de Groenlandia.

Foto: Ciril Jazbec

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Su mundo se derrite

Albert Lukassen ve cómo su mundo se derrite a su alrededor. Cuando este inuit de 64 años era joven, podía cazar con su trineo de perros sobre el helado fiordo de Uummannaq, en la costa occidental de Groenlandia, hasta el mes de junio. En esta fotografía vemos a Lukassen en el mismo lugar en abril. Todas las imágenes que ilustran este artículo se tomaron en dicho fiordo.

Foto: Ciril Jazbec

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Sin carreteras

La llegada de la banquisa pone fin al aislamiento de poblaciones insulares como Saattut, hogar de 200 personas y 500 perros de trineo. Libres ya de tener que navegar o hacer un costoso viaje aéreo, los vecinos se valen de los trineos y las motos de nieve para salir a cazar y visitar a sus familiares. En Groenlandia no hay carreteras, ni siquiera en la isla principal.

Foto: Ciril Jazbec

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Staines-upon-Thames, Inglaterra

Las inundaciones de 2014 «fueron surrealistas», dice Jeff Waters, quien posa con su esposa, Tracy, en el jardín de su casa de Staines-upon-Thames, Inglaterra. El agua quedó a unos milímetros del umbral de la vivienda.

Foto: Gideon Mendel

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Khairpur Nathan Shah, Pakistán

Ahmed, un residente de Khairpur Nathan Shah (Pakistán) que solo dio su nombre de pila, es retratado en el centro de la ciudad durante las inundaciones de 2010. Las autoridades gubernamentales encargadas de la gestión del desastre las calificaron como las peores de la historia de Pakistán y cifraron el número de afectados directos en 20 millones.

Foto: Gideon Mendel

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Igbogene, Nigeria

Joseph y Endurance Edem, con su hijo Godfreedom y su hija Josephine, posan delante del portalón de su casa de Igbogene, en Nigeria. En 2012 este país africano sufrió las peores inundaciones que se han registrado en medio siglo. «Tenía miedo –confiesa Josephine–. Creía que íbamos a ahogarnos todos.» La catástrofe natural se cobró al menos 360 víctimas mortales.

Foto: Gideon Mendel

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Bayelsa, Nigeria

Aquel mismo año, en el estado de Bayelsa, situado en el sur de Nigeria, Hope y Victor America posaron delante de su casa inundada.

Foto: Gideon Mendel

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Muzaffarpur, Bihar, India

Las aguas de inundación rodean una casa y una escuela en las inmediaciones de Muzaffarpur, en el estado indio de Bihar. La población describe las inundaciones de 2007 como las peores que se recuerdan. Se cerraron escuelas, hubo millones de afectados y más de 1.000 personas perdieron la vida.

Foto: Gideon Mendel

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Los monzones en Tailandia

Entre julio de 2011 y enero de 2012, 65 de las 77 provincias de Thailandia fueron declaradas zona catastrófica. Las inundaciones de origen monzónico que anegaron el hogar de Sakorn Ponsiri cerca de Bangkok «algo tenían que ver con el cambio climático –dice–. Podría repetirse. Tendremos que estar mejor preparados».

Foto: Gideon Mendel

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Marigot, Haití

Marie Miracle Andris, de 75 años, posa delante de su casa en Marigot, en el sudeste de Haití. Su hogar se inundó durante el huracán Gustav, uno de los cuatro huracanes y tormentas tropicales que anegaron la isla durante cuatro semanas de la temporada de huracanes de 2008.

Foto: Gideon Mendel

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Moorland, Inglaterra

Más al oeste, en Moorland, Shirley Armitage corrió peor suerte: la casa, que levantó su padre en 1955, quedó anegada por más de un metro de agua.

Foto: Gideon Mendel

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Wilaiporn Hongjantuek, Tailandia

Las inundaciones de Tailandia de 2012, las peores en 50 años, anegaron el pueblo de Wilaiporn Hongjantuek, pero así y todo ella fue a la tienda para abastecer a los suyos.

Foto: Gideon Mendel

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Somerset, Inglaterra

Los temporales que azotaron las islas Británicas durante el invierno de 2013-2014 hicieron que se registraran lluvias e inundaciones generalizadas en Inglaterra. En la zona de Somerset Levels, un área muy llana, miles de hectáreas de tierra agrícola, como la explotación de Roger Forgan, quedaron anegadas durante meses.

Foto: Gideon Mendel

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Burrowbridge, Somerset, Inglaterra

En Burrowbridge, un pueblo de Somerset, Dave Donaldson y su hija Heather, de 12 años, posan en su casa inundada. Aunque el resto de la familia fue evacuada temporalmente, Dave se quedó para intentar salvar el ganado de una devastación que, en palabras suyas, «parecía la escena de una extraña película de catástrofes».

Foto: Gideon Mendel

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Fiordo de hielo de Ilulissat, Groenlandia

Lo sólido se torna líquido a medida que un iceberg de una altura equivalente a un edificio de 15 pisos se erosiona en los mares cada vez más cálidos del Atlántico Norte.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Glaciar Stein, Suiza, 2006

Los últimos seis años han pasado factura a la morfología de este viejo glaciar. Si la tendencia de unos veranos más cálidos y secos persiste en las tierras altas, muchos glaciares alpinos podrian perder hasta el 75 por ciento de su masa a finales de este siglo o incluso desaparecer, poniendo en peligro el abastecimiento de agua en la región.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Glaciar Stein, Suiza, 2012

Los últimos seis años han pasado factura a la morfología de este viejo glaciar. Si la tendencia de unos veranos más cálidos y secos persiste en las tierras altas, muchos glaciares alpinos podrian perder hasta el 75 por ciento de su masa a finales de este siglo o incluso desaparecer, poniendo en peligro el abastecimiento de agua en la región.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Glaciar Bridge, Columbia Británica, 2009

Con un retroceso de unos 150 centímetros al día durante la época de deshielo, este glaciar de casi 17 kilómetros de longitud, situado en la cadena Costera de la Columbia Británica, sufre el doble golpe de unas nevadas más escasas en invierno y unas temperaturas más altas en verano. A medida que el glaciar retrocede, el lago situado en su frente va aumentando de tamaño.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Glaciar Bridge, Columbia Británica, 2012

Con un retroceso de unos 150 centímetros al día durante la época de deshielo, este glaciar de casi 17 kilómetros de longitud, situado en la cadena Costera de la Columbia Británica, sufre el doble golpe de unas nevadas más escasas en invierno y unas temperaturas más altas en verano. A medida que el glaciar retrocede, el lago situado en su frente va aumentando de tamaño.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Glaciar del Ródano, Suiza, 2012

Un río de hielo se está secando en los Alpes. En el pasado siglo este glaciar, fuente del río Ródano, ha perdido casi un kilometro y medio de longitud. Todos los veranos los propietarios del Hotel Belvedere excavan un túnel en el glaciar para que los turistas puedan asomarse a sus entrañas; en los últimos años, para asegurarse de que el túnel sobrevivirá a la estación de deshielo, han tenido que cubrirlo con un tejido aislante.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Glaciar del Ródano, Suiza, 2012

Esta foto del túnel excavado en el glaciar del Ródano se tomó en el verano de 2012; en el verano de 2009 el hielo llegaba a la altura de la tela. El glaciar está perdiendo masa a gran velocidad y su longitud y su anchura están disminuyendo. Un montañero camina sobre el hielo cubierto de tierra y rocas que han caído de las laderas de las montañas.

http://extremeicesurvey.org

Foto: James Balog

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Manila, Filipinas

A medida que el agua marina se calienta, su volumen se incrementa. La expansión térmica representa alrededor de un tercio del actual ascenso del nivel del mar. 

www.georgesteinmetz.com

Foto: George Steinmetz

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Glaciar Tahumming, Columbia Británica

La fusión de los glaciares de montaña contribuye a la subida del mar con otra tercera parte. Para 2100 es probable que añadan varios centímetros más al nivel del mar, pero no metros. Comparados con los mantos polares, no contienen mucho hielo.

Foto: James Balog, Extreme Ice Survey

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Cañon Birthday, Groenlandia

Actualmente el manto de hielo de Groenlandia contribuye poco a la subida del nivel del mar, pero su superficie ha empezado a fundirse en verano, lo cual es un signo preocupante. El agua contenida en este manto de hielo podría aumentar el nivel del mar casi 7,5 metros.

Foto: James Balog, Extreme Ice Survey

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Glaciar Pine Island, Antártida Occidental

La Antártida Oriental parece bastante estable, pero algunas partes del manto de hielo de la Antártida Occidental están siendo socavadas por un océano cada vez más caliente. Su futuro, como el de Groenlandia, es muy incierto.

Foto: Maria Stenzel

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Intoxicación por agua salada

Estos cipreses de un humedal al este de Nueva Orleans probablemente murieron por la infiltración de agua salada procedente del golfo de México incluso antes de la llegada del huracán Katrina en 2005. Pero cuando la marea de tempestad del Katrina rompió un dique cercano, el resultado fue devastador para el resto de la marisma.

www.georgesteinmetz.com

Foto: George Steinmetz

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Texas, Estados Unidos

Unas plantas rodadoras quedan atrapadas en los surcos de un campo de algodón en barbecho cerca de Brownfield, al sudoeste de Lubbock, Texas. Los fuertes vientos y una ola de calor sin precedentes produjeron una erosión muy perjudicial, explica Buzz Cooper, quien conduce una desmotadora de algodón en las cercanías. «Era como un horno con ventilador», dice.

www.robbkendrick.com

Foto: Robb Kendrick

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Tuscaloosa, Alabama, Estados Unidos

ESTADOS UNIDOS

El 27 de abril de 2011, se formaron sobre Estados Unidos 199 tornados, un número récord para un solo día. Sin embargo, los científicos señalan que no hay pruebas concluyentes de un aumento a largo plazo de la frecuencia de los tornados. El vórtice que trazó una clara trayectoria a través de Tuscaloosa (Alabama), a 305 kilómetros por hora, perdonó por tan solo un kilómetro el estadio de fútbol americano de la Universidad de Alabama (arriba, a la izquierda) y pasó después entre un gran centro comercial (el edificio en forma de X del centro) y el hospital general, donde ya empezaban a llegar las víctimas. El tornado se cobró 44 vidas y prosiguió su marcha hacia el noreste, hacia el área de Birmingham, donde mató a otras 20 personas.

Foto: Digitalglobe

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Lago Ginebra, Suiza

La rociadura helada procedente del lago Ginebra sepulta árboles, coches y una vía pública durante una ola de frío intenso en febrero de 2012. Un inusual desplazamiento hacia el sur de la corriente en chorro polar, que llegó hasta África, llevó aire ártico y fuertes nevadas a Europa y causó cientos de muertes.

Foto: Martial Trezzini, European Pressphoto Agency/Landov

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Nashville, Tennessee, Estados unidos

Jamey Howell y Andrea Silvia acababan de enterarse de que la misa había sido cancelada cuando la riada sumergió su todoterreno cerca de Nashville, Tennessee, el 2 de mayo de 2010. Pasaron más de una hora agarrados a la baca del vehículo y después, ante la mirada impotente de sus padres, se soltaron. Tras ser arrastrados aproximadamente un kilómetro por la corriente, los jóvenes llegaron vivos a la orilla.

Foto: Rick Murray

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Vicksburg, Mississippi, Estados Unidos

Protegida por un dique, una vivienda de las afueras de Vicksburg, Mississippi, resiste un desbordamiento del río Yazoo, en mayo de 2011. La fusión de la nieve y las lluvias intensas (ocho veces más de lo normal en algunas zonas de la cuenca del Mississippi) provocaron inundaciones que causaron unos daños valorados entre 3.000 y 4.000 millones de dólares.

Foto: Scott Olson, Getty Images

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Bradshaw, Nebraska, Estados Unidos

«¡Vaya si avanzaba!» A 209 kilómetros por hora, para ser exactos, pero el fotógrafo Mike Hollingshead, curtido cazatormentas, no pensó en dar media vuelta y huir. Hollingshead captó este tornado el 20 de junio de 2011 en las afueras de Bradshaw, Nebraska, cerca de la Interestatal 80 y de las vías del tren, donde hizo descarrilar varios vagones de carga. 

Foto: Mike Hollingshead

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Bangkok, Tailandia

Un autobús urbano se abre paso por una calle inundada de Bangkok el 7 de noviembre de 2011. Miles de fábricas cerraron, se perdieron millones de toneladas de arroz y hubo más de nueve millones de damnificados. El país sufrió las peores inundaciones en más de 50 años.

Foto: Paula Bronstein, Getty Images

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Embalse Jablanicko, Bosnia-Herzegovina

Un cementerio inundado por las aguas del embalse Jablanicko reaparece en febrero de este año al secarse el lago. La grave sequía, que comenzó en agosto del año pasado, redujo la producción hidroeléctrica de las presas situadas sobre el río que alimenta este embalse, el Neretva. Bosnia, que normalmente exporta energía a la región, tuvo que importar electricidad en enero de este año.

Foto: Dado Ruvic, Reuters

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Golovanovo, Rusia

Unos hombres tratan de frenar el avance de las llamas cerca de Golovanovo, en la región de Ryazan, el 5 de agosto de 2010. Aquel verano Rusia sufrió los peores incendios forestales de su historia moderna. Hubo 50 muertos y el presidente Medvédev destituyó a altos cargos militares por su negligencia en la gestión de la catástrofe.

Foto: Natalia Kolesnikova, AFP / Getty Images