Agua

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Marsabit, Kenya

Cerca de Marsabit, Kenya, los habitantes del poblado y los asnos se inclinan para acceder al agua del «pozo cantarín», llamado así porque la gente canta en las colas que se forman, mientras los bidones llenos corren de mano en mano. Cada individuo puede llenar sólo un bidón al día y, a menudo, las mujeres tienen que esperar a que los animales hayan saciado su sed.

Foto: Lynn Johnson

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Hasta la última gota

En un poblado de Kenya, el agua sale con lentitud del grifo de un tanque casi vacío. Un camión del gobierno llenó el tanque la noche anterior, pero los habitantes del poblado lo dejaron prácticamente seco en poco tiempo, y las disputas no se hicieron esperar.
 

Foto: Lynn Johnson

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Konso, Etiopía

Unos niños afortunados por poder acceder a la educación gracias a las donaciones muestran con orgullo sus cartillas de evaluación en la escuela Mechello de Konso, en Etiopía. El agua potable y la higiene protegen a los niños de la enfermedad y les permiten asistir a clase.

Foto: Lynn Johnson

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Foro, Etiopía

Unas jóvenes adolescentes y unos niños suben por un sendero empinado del pueblo de Foro, en Etiopía, cada uno de ellos cargado con seis galones de agua turbia de río que utilizarán para beber y cocinar. Varias veces al día recorren el trayecto de unas dos o tres horas. Cuando los niños varones alcanzan la edad de 7 o 8 años se les exhime de esta tarea. Pero las mujeres dedican la mayor parte de su vida a acarrear agua.

Foto: Lynn Johnson

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El poder del agua

Si los millones de mujeres que tienen que recorrer grandes distancias para ir a por agua tuviesen un grifo en la puerta de sus casas, sociedades enteras se transformarían.

Foto: Lynn Johnson

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¿Quién bebe primero?

Haciendo equilibrios en una escala improvisada, nueve mujeres, una por encima de la otra, se pasan de mano en mano la preciada agua desde el fondo de un pozo en la región de Marsabit, en el norte de Kenya. Luego se la disputarán con los hombres por el sediento ganado.

Foto: Lynn Johnson

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Rendille, Kenia

Los vecinos de Rendille, una aldea del norte de Kenya, extraen hasta la última gota de un depósito de agua que un camión cisterna del gobierno llenó la noche anterior. En un día el nivel ha bajado tanto que ya no alcanza la espita, y el camión no volverá hasta la semana que viene.

Foto: Lynn Johnson

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Río Arayo, Etiopía

En la estación seca, el río Arayo de Etiopía es un rezumadero lodoso en el que las mujeres «escarban» en busca de agua. Gracias al dique de arena construido río arriba, con las próximas lluvias se acumulará agua limpia en un depósito subterráneo provisto de bomba manual.

Foto: Lynn Johnson

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Addis Abeba, Etiopía

En una lavandería callejera de un barrio de chabolas de Addis Abeba, Muntaha Umer gana un dólar al día lavando ropa de hombre (sólo ellos pueden permitírselo) en un agua inmunda.

Foto: Lynn Johnson

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«Todo lo podemos»

«Todo lo podemos», cantan los aldeanos mientras cavan una zanja para tender tuberías cerca de Ticho. Con la ayuda de WaterAid, sus esfuerzos pronto se materializarán en agua corriente.

Foto: Lynn Johnson

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Educar para sobrevivir

La maestra Hiruut Nigusee se ríe al mostrar el dibujo de un hombre defecando en la clase de higiene que imparte cerca de la ciudad etíope de Ticho. Al principio los alumnos se sentían incómodos, pero ahora usan la letrina, se lavan las manos y sufren menos brotes de diarrea.

Foto: Lynn Johnson

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Botas de lluvia

Botas de lluvia, del artista suizo Roman Signer, es una llamada de atención sobre una realidad: sin agua, no somos nada.
 

Foto: Wasserstiefel © 1986 / Roman Signer cortesía de Hauser & Wirth; Foto: Marek Rogowiec

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Osaka, Japón

Para cuidar el cuerpo y el espíritu, Taizo Noda, de 72 años, se baña en un onsen, o fuente termal, cerca de Osaka. Las horas pasadas a remojo son «el secreto de una larga vida», dice.
 

Foto: John Stanmeyer

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Luanda, Angola

Una vendedora de agua limpia de pozo (a siete céntimos de euro la bolsa) no tiene dificultades para encontrar clientes en un suburbio de Luanda, en Angola. En 2006, la contaminación del agua en la ciudad causó una de las peores epidemias de cólera de África, con 80.000 afectados.

Foto: Thomas Havisham / Panos

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Brooklyn, Nueva York

Una cascada de 27 metros de altura vierte sus aguas bajo el puente de Brooklyn en Nueva York. El artista Olafur Eliasson la instaló en 2008 como homenaje a «la materialidad del agua».
 

Foto: Thomas Havisham / Panos

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Mumbai, India

Shiva domina el parque acuático Suraj, cerca de Mumbai, donde la decoración es india, pero los placeres son universales. Las actividades de ocio demandan cada vez más agua.
 

Foto: John Stanmeyer

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Un bien común

Los agricultores del sudoeste de Estados Unidos han compartido durante siglos acequias comunitarias, como la acequia del Pueblo, de 150 años de antigüedad, que recorre el valle de San Luis, en Colorado.
 

Foto: Jack Dykinga

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A la deriva

Este iceberg desgajado del borde de la Antártida podrá flotar durante años, mientras se derrite y libera en el mar su reserva de agua dulce. Con el tiempo, las moléculas de agua se evaporarán, se condensarán y volverán a caer sobre la Tierra en forma de precipitación.
 

Foto: Camille Seaman

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Río, Kolgríma, Islandia

En Islandia, los brazos del caudaloso río Kolgríma fluyen por las llanuras que se extienden desde el glaciar Vatnajökull, el más grande de la isla, hasta el mar, tallando la tierra a su paso.
 

Foto: Hans Strand

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Bangladesh

Durante una larga sequía que azotó Bangladesh en 1972, un campesino regaba sus plantas una a una.
 

Foto: Dick Durrance II / National Geographic Stock

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Catarátas del Iguazú

Una colosal masa de agua desciende por las cataratas del Iguazú, en la frontera entre Brasil y Argentina.
 

Foto: Frans Lanting

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Lago Tofte, Estados Unidos

Un aguacero de verano alimenta el lago Tofte, en el norte del estado de Minnesota.
 

Foto: Jim Brandenburg / Minden Pictures