La "Wood Wide Web": la internet del bosque

Los árboles no son individuos aislados de un bosque, sino que están conectados entre ellos a través de unas redes de hongos con las que comparten carbono, agua y nutrientes.

Redes forestales

Redes forestales

Las redes de hongos extraen de las raíces de los árboles los azúcares que no pueden producir por sí mismos; a cambio, aportan agua y nutrientes a las raíces de los árboles e incluso de árbol a árbol.

Ilustraciones: Antoine Maillard

Cuando Suzanne Simard terminó la universidad y entró a trabajar en el campo de la silvicultura, la teoría convencional afirmaba que los árboles eran individuos aislados que participaban en una despiadada disputa darwiniana por el agua, la luz solar y el alimento. Las empresas madereras plantaban hileras de las especies más lucrativas y erradicaban la mayor parte de la competencia, un enfoque de "plantación" que, en opinión de Simard, pasaba por alto el espíritu desordenado de la naturaleza, con sus múltiples especies entrelazadas.

En una serie de innovadores experimentos que llevó a cabo (al tiempo que esquivaba osos grizzlies) en los bosques lluviosos de la Canadá occidental, Simard descubrió que los árboles están conectados por vastos sistemas radiculares de hongos, las llamadas redes micorrícicas. Por medio de dicha malla subterránea comparten carbono, agua y nutrientes. Los hongos extraen de las raíces de los árboles los azúcares que no pueden producir por sí mismos; a cambio, aportan agua y nutrientes a las raíces de los árboles e incluso de árbol a árbol.

La revista Nature publicó los revolucionarios descubrimientos de Simard en 1997 bajo el título "The wood-wide web", juego de palabras que evocaba las múltiples interrelaciones de una "Internet del bosque". Aunque su trabajo recibió duras críticas, Simard insistió y terminó demostrando que los árboles se comunican e incluso cooperan entre especies, transmitiendo señales de socorro sobre sequías y enfermedades, e intercambiando minerales por medio de un complejo circuito que comparó con las redes neuronales del cerebro humano.

Simard también ha identificado "árboles madre" que hacen las veces de nodos de estas redes. Son capaces de reconocer a su propia descendencia y enviarles recursos adicionales. Cuando mueren, estas ancianas «vierten» carbono y compuestos defensivos a la red, inundándola de alimento e información en bien de las generaciones futuras.