Redescubierta una rana considerada extinta hace más de medio siglo

Gracias al ADN ambiental, un equipo de científicos acaba de relocalizar un total de 7 especies de ranas en Brasil: 4 de ellas en declive; 2 desaparecidas hace años y una considerada extinta hace más de medio siglo

 

 

 

Megaelosia bocainensis

Megaelosia bocainensis

Foto: Délio Baêta / Universidad de Cornwell

Megaelosia bocainensis

Hace apenas unas semanas informábamos en este mismo medio de la potencial capacidad de una nueva técnica basada en el ADN para obtener una gran cantidad de información ambiental y para evaluar la distribución de los organismos en todo tipo de ecosistemas acuáticos. Concretamente nos referíamos al ADN ambiental -ADNa- es decir, el material genético que perteneciente a todo tipo de organismos, vaga libremente y puede hallarse a la deriva en el agua de océanos, ríos o lagos de cualquier rincón del planeta.

La técnica de ADNa ofrece una forma de estudio que puede confirmar la presencia de especies no detectadas en los ecosistemas por métodos tradicionales, proporcionando una herramienta para que los científicos de la conservación evalúen la presencia o ausencia de las especies amenazadas en los mismos, especialmente de aquellas con densidades de población tan bajas que no han sido observadas desde hace varios años.

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Esto es precisamente con lo que han topado varios investigadores de la Universidad de Cornwell quienes esta semana informaban en un artículo titulado Lost and Found: Frogs in a Biodiversity Hotspot Rediscovered with Environmental DNA y publicado en la revista Molecular Ecology del redescubrimiento de varias especies de ranas. Entre los anfibios detectados por los científicos se encontraban 7 especies: 4 de ellas en declive; 2 desaparecidas hace años y una considerada extinta hace más de medio siglo.

De este modo, el ADN de Megaelosia bocainensis, una especie desaparecida del Parque Nacional da Serra da Bocaina, en Brasil, y únicamente conocida por un espécimen de museo recolectado en 1968, acaba de hacer su aparición en el bosque costero atlántico y los pastizales del Cerrado de Brasil, proporcionando una grata sorpresa a los científicos y reafirmando las expectativas de detección de especies puestas en esta técnica que, aún en pañales, se encuentra dando sus primeros pasos.

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En el estudio, los investigadores apuntaron a 13 especies de ranas que han desaparecido por completo y se presumen extintas en la actualidad; 12 ranas que han desaparecido localmente pero que todavía se encuentran en otras partes de su área de distribución; y cinco especies que alguna vez fueron muy abundantes y que aún existen pero son difíciles de encontrar.

Para llevar a cabo su experimento los científicos emplearon una bomba para extraer hasta 60 litros de agua para luego, a través de un filtro especial, capturar el ADN, y posteriormente estabilizar y conservar material genético. De vuelta en el laboratorio, los investigadores extrajeron el ADN, lo secuenciaron genéticamente, y eliminaron el material genético de otros organismos hasta que pudieron aislaron todo el ADN de la rana."Aislamos el subconjunto de secuencias genéticas que sabemos que solo pertenecen a las ranas, y luego, paso a paso, hilando cada vez más fino, continuamos aislando el ADN hasta llegar al género y la especie que estábamos buscando", explica la autora principal de estudio Kelly Zamudio, profesora de Ecología y Biología Evolutiva en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Cornwell.

La identificación de M. bocainensis requirió un ingenioso trabajo detectivesco

La identificación de M. bocainensis requirió un ingenioso trabajo detectivesco: la especie desapareció hace mucho tiempo y no había tejidos de los que extraer el ADN para compararlo con el ADN ambiental. Sin embargo los investigadores tenían las secuencias de todas las especies hermanas del género Megaelosia y conocían los rasgos de las especies emparentadas. "Ahora sabemos que hay una Megaelosia allí", cuenta Zamudio, "simplemente no sabemos cuál es, pero la única que se ha reportado históricamente es la que desapareció".

"Pequeños fragmentos de ADN en el medio ambiente no nos dicen cuántos individuos hay o si esos individuos están sanos, pero sí nos cuenta que la especie todavía está presente en estos ecosistemas", continúa la autora. "Sin embargo esto no solo significa que estén allí, sino que ahora existe la posibilidad de estudiarlas con mucho más detalle", añade mientras recalca que "se trata de una oportunidad única para conocer sobre especies de las que se sabe muy poco".

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