El pez león, el letal invasor del Mediterráneo

Desde que se documentara su presencia por primera vez en el Mediterráneo hace más de 30 años, el pez león se ha extendido de manera imparable por el Mare Nostrum. ¿Por qué es tan peligrosa esta especie invasora? ¿Se puede frenar su avance para que deje de dañar los ecosistemas marinos?

Una feroz especie invasiva

Una feroz especie invasiva

El pez león es una especie invasora letal para los ecosistemas del Mediterráneo. Se ha documentado que hasta el 95 por ciento de sus presas se compone de especies de gran importancia ecológica y económica.

Foto: Istock

En muchas ocasiones, la belleza más indiscutible esconde el peligro más impredecible. Ocurre con las célebres sirenas de la mitología griega, los espíritus-zorros de la mitología china "Huli jing" y, cómo no, con numerosas especies del reino animal. Entre ellas, el pez león (Pterois miles), considerado por algunos científicos la especie más dañina para los ecosistemas documentada hasta la fecha. Posee una belleza extraordinaria, con una apariencia vistosa e hipnotizadora, solo comparable con la devastación que provoca en los mares que coloniza.

El pez león arrasa con todo, desplaza las especies autóctonas y dinamita la biodiversidad marina.

El león es un pez acostumbrado a disponer de comida en abundancia en las cálidas aguas del Pacífico Sur y el Índico, donde se alimenta de una gran variedad de presas, como pequeños moluscos o invertebrados. Pero la cosa cambia cuando se introduce en hábitats lejanos a su área de distribución natural, como es el caso del Mediterráneo. Allí arrasa con todo, desplaza a las especies autóctonas y dinamita la biodiversidad marina.

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Reproducción muy rápida

El principal problema para los ecosistemas colonizados es la alta tasa de reproducción de esta especie. Tras colonizar una zona, estos peces se reproducen a un ritmo asombrosamente alto: desovan cada dos o tres días, multiplicando su capacidad diseminarse a lo largo y ancho del océano. Una sola hembra puede producir hasta 2 millones de huevos al año.

Por si fuera poco, tienen un apetito voraz, un hecho que se ve acrecentado por su enorme estómago, capaz de aumentar hasta 30 veces su tamaño. Un auténtico devorador que hace estragos no solo en las especies de las que se alimenta, sino también en otros depredadores marinos, que se quedan sin presas de las que alimentarse. "Se trata de una de las especies invasoras más letales que existen, con un fuerte impacto sobre muchas especies comerciales. En un solo día un único ejemplar puede ingerir ingentes cantidades de peces juveniles", explica Erneto Azzurro, investigador del Instituto para la Investigación Biológica y Biotecnológica Marina IRBIM-CNR a National Geographic España.

La presencia del pez león reduce las presas de otros depredadores, lo que implica que afecta a diversos pisos de la escala trófica.

“Al ser una especie nueva en el ecosistema, sus presas no saben cómo evitarlo. La experiencia de otras partes del mundo muestra el daño que puede causar: en las Bahamas su número ha aumentado un 40% 2004-2010, un hecho que se ha relacionado con una reducción del 65% en el reclutamiento de especies de peces, esenciales a su vez para la dieta de otras especies autóctonas”, apunta Óscar Esparza, biólogo marino y coordinador de Áreas Marinas Protegidas de WWF- a National Geographic España a través de un correo electrónico. El experto agrega que un reciente estudio sobre el contenido estomacal en el Mediterráneo reveló que el 95% de las presas del pez león se componía de peces autóctonos de importancia ecológica y económica.

Y eso no es todo. Parece que llegó al Mediterráneo para quedarse. En 1991 se capturó el primer ejemplar en Israel, y desde entonces el pez león se ha diseminado ya por todo el Mediterráneo oriental: Líbano, Chipre, Turquía, Grecia, Túnez, Siria, Italia y Libia. Ahora se dirige imparable hasta el oeste y el norte.

Un depredador voraz

Un depredador voraz

Un depredador voraz

El pez león es un depredador voraz capaz de ingerir gran cantidad de alimento. Además, las presas autóctonas no están familiarizadas esta especie invasora, lo que facilita todavía más su expansión. 

Foto: Istock

El efecto del cambio climático

“El cambio climático significa que probablemente será imposible detener la continua propagación de especies destructivas como el pez león”, agrega Esparza, quien manifiesta, sin embargo, que deberíamos encontrar un modo de controlar esta especie tan agresiva si queremos conservar los ecosistemas marinos de la cuenca del Mediterráneo, una condición indispensable para sectores clave, desde la pesca hasta el turismo.

“En países como Chipre o Turquía las capturas de pez león y pez conejo (peces del género Siganus tambiéninvasores en el Mediterráneo) han transformado ya buena parte de los hábitats marinos”, afirma el biólogo marino, quien manifiesta, sin embargo, que hay luz al final del túnel. Existen diversas maneras de frenar el incremento de esta especie. Por ejemplo, aumentando el número de depredadores naturales de pez león, como los meros, que podrían ayudar a controlar las poblaciones de esta y otras especies invasoras. Pero claro, antes se debe proteger a los meros de la sobrepesca a las que están sometidos en todo el Mediterráneo.

Rápida expansión

Rápida expansión

Rápida expansión

Desde que en 1991 se capturara el primer ejemplar en Israel, la especie se ha diseminado por todo el Mediterráneo oriental. Ahora se dirige al este y al norte. 

Foto: Istock

¿Y por qué no pescar peces león?

Otra opción es incorporar el pez león a la dieta humana. Algunos restaurantes están introduciendo en sus menús esta especie invasora en una mezcla entre cocina de fusión y conservacionismo. Crear una nueva demanda destinada al consumo de Pterois miles, podría ser definitivamente fácil controlar las poblaciones de esta letal especie invasora.

Según explica Azzurro, "se trata de un pez muy sabroso que se puede preparar de distintas maneras". A tal efecto, existen diversas iniciativas destinadas a la promoción de esta especie, entre ellas el proyecto europeo MPA Engage, liderado por el ICM-CSIC de Barcelona. Parece que, por una vez, la sobrepesca de una especie podría ayudar a preservar los ecosistemas en lugar de para expoliarlos.

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