El peligro de que el coronavirus llegue a los animales salvajes

El SARS-CoV-2 sigue traspasando fronteras y uno de los grandes frentes de preocupación es el desarrollo de la enfermedad por parte de la fauna salvaje. Tras los primeros contagios en los zoos y el brote masivo en una granja de visones en Dinamarca, los esfuerzos se centran en evitar contagios descontrolados en animales salvajes que puedan derivar en mutaciones del virus.

El contagio de un gran número de visones -Neovison vison- mantiene en alerta a la comunidad científica.

El contagio de un gran número de visones -Neovison vison- mantiene en alerta a la comunidad científica.

Foto: iStock

Durante la pandemia de COVID-19 se han detectado casos de infección por coronavirus en mascotas como gatos y perros, así como en numerosos animales que estaban en zoos, lo que incluye a gorilas y a grandes felinos. En estos últimos casos, los contagios se han producido aun cuando los cuidadores llevaban equipos de protección personal. Pero fue aún más perturbador lo ocurrido el pasado diciembre, cuando el Departamento de Agricultura de Estados Unidos confirmó el primer caso de un animal salvaje contagiado de SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19. Los investigadores detectaron a un visón salvaje infectado en Utah, cerca de una granja de visones que estaba afectada por un brote del virus.

¿Se está contagiando del virus la fauna salvaje? Y en caso afirmativo, ¿qué implicaciones tendría tanto para los animales como para la sociedad?

¿Cómo saltan los virus de una especie a otra?

En ciencia se denomina “desbordamiento” (spillover) al fenómeno que se produce cuando un virus salta de una especie a otra. Afortunadamente, estos desbordamientos no son habituales. Para infectar a una nueva especie, un virus tiene que ser capaz de unirse a una proteína sobre una célula y penetrar en dicha célula; y todo ello mientras trata de sobrevivir a un sistema inmunitario al que nunca se ha enfrentado antes. Luego, y mientras el virus trata de esquivar los anticuerpos y a otros agentes antivirales, debe replicarse en cantidad suficiente como para poder transmitirse al siguiente animal.

Esto implica que, por lo general, cuanto más estrecho sea el contacto entre dos especies, más probable es que compartan virus. El chimpancé, que es la especie más similar al hombre, puede contraer numerosos virus humanos y caer enfermo. A principios de este mes veterinarios del zoo de San Diego informaron de que la manada de gorilas de dicho zoo estaba contagiada de SARS-CoV-2, lo que apunta a la posibilidad de que el virus sea capaz de saltar de los humanos a las especies más cercanas.

Algunos virus tienden a quedarse en una sola especie o en especies similares, mientras que otros son capaces por su propia naturaleza de realizar saltos intraespecies mucho más grandes. La gripe, por ejemplo, puede infectar a una amplia variedad de animales, desde gorriones a ballenas. Del mismo modo, los coronavirus se caracterizan por saltar entre especies cada poco tiempo.

Una cuestión clave es saber a cuántas especies y de qué tipo podría infectar el SARS-CoV-2 (y cuáles de estas especies podrían favorecer que el virus siguiera circulando).

La búsqueda de covid-19 en la fauna salvaje

Para que se produzca un desbordamiento de SARS-CoV-2 de humanos a fauna salvaje, el animal debe exponerse a una dosis del virus lo bastante elevada como para infectarse. Las situaciones de mayor riesgo se producen cuando hay un contacto directo con el ser humano, como por ejemplo cuando un veterinario cura a un animal herido. El contacto entre una persona contagiada y su mascota o el contacto entre un infectado de COVID-19 con un animal de granja también supone un riesgo, pues dichos animales pueden hacer de huéspedes intermedios que permitan que el virus se extienda hasta infectar a una especie salvaje.

Los veterinarios de fauna salvaje poseen una posición inmejorable para detectar síntomas de infección de coronavirus en animales que viven en libertad.

Los veterinarios de fauna salvaje poseen una posición inmejorable para detectar síntomas de infección de coronavirus en animales que viven en libertad.

Foto: iStock

Otra forma en que el virus puede transmitirse de humanos a animales es mediante una infección indirecta, como por ejemplo a través de aguas residuales. Se han detectado restos de este y otros patógenos en este tipo de aguas, muchas de las cuales son arrojadas sin ningún tratamiento a espacios naturales donde ciertas especies de fauna salvaje, como por ejemplo los mamíferos marinos, pueden estar expuestos a ellas. Se piensa que fue así como algunos elefantes marinos de California contrajeron la gripe H1N1 durante la epidemia de gripe porcina de 2009.

Para averiguar si se están produciendo desbordamientos de SARS-CoV-2, un equipo de la Universidad de Tufts trabaja con veterinarios y conservadores de fauna salvaje de todo Estados Unidos para recoger y analizar muestras de los animales a su cuidado. Durante este tiempo se han analizado muestras de cerca de 300 animales salvajes de más de 20 especies y, hasta ahora, ninguno (desde murciélagos a focas, pasando por coyotes) ha dado positivo en COVID-19 en los test de anticuerpos o en muestras recogidas con torundas.

Los investigadores han centrado sus actividades de vigilancia selectiva de fauna salvaje en lugares donde se habían producido contagios de animales domésticos. El primer caso confirmado de contagio de visón salvaje fue detectado mientras se realizaba una labor de vigilancia cerca de una granja de visones donde se había producido un brote y, aunque aún no está claro cómo contrajo la enfermedad este visón salvaje, la gran cantidad de visones infectados y de partículas potencialmente infecciosas emitidas por ellos hacen que se hable de una zona de alto riesgo.

Malo para los animales y malo para las personas

Cuando un virus salta a una especie nueva a veces muta para infectar, replicarse y transmitirse de forma más eficaz dentro del nuevo animal. Este proceso se denomina “adaptación al huésped”. Cuando un virus salta a un nuevo huésped y empieza este proceso de adaptación, los resultados son impredecibles.

A finales de 2020, cuando el SARS-CoV-2 llegó a una granja de visones de Dinamarca, este experimentó una serie de mutaciones que son poco comunes cuando el virus ataca a humanos. Algunas de estas mutaciones se produjeron en partes del virus que la mayor parte de las vacunas están diseñadas para localizar. Y esto no ocurrió una sola vez, sino que las mutaciones se produjeron muchas veces y de forma independiente en brotes producidos en otras granjas de visones.

A pesar de que aún no está claro cuál es el impacto que tienen estas mutaciones (si es que tienen alguno) en el desarrollo de la enfermedad en humanos, o incluso en las vacunas, se trata de señales de adaptación al huésped que podrían dar lugar a nuevas variantes del virus; variantes que podrían permanecer en huéspedes animales y volver a surgir en el futuro. Otro riesgo es que el que el SARS-CoV-2 pueda hacer enfermar a los animales. Las organizaciones ecologistas están especialmente alerta por las especies en peligro como el hurón patinegro, un animal similar al visón y que se cree podría ser muy vulnerable al virus.

Cuando un virus salta a un nuevo huésped y empieza este proceso de adaptación, los resultados son impredecibles.

Una hembra de gorila de montaña pasea con su cría en el Parque Nacional Virunga.

Una hembra de gorila de montaña pasea con su cría en el Parque Nacional Virunga.

Foto: iStock

Estos desbordamientos de personas a animales salvajes ya han ocurrido en el pasado. A finales del siglo XX el virus del ébola saltó de los humanos a los grandes simios y tuvo consecuencias devastadoras para estas especies en peligro. Y más recientemente se ha detectado un virus respiratorio humano que afecta a las amenazadas poblaciones de gorilas de montaña, y que también ha causado numerosas muertes.

Pero quizá el mayor riesgo para los humanos sea que el desbordamiento pueda provocar que el coronavirus quede almacenado en nuevas especies animales y en regiones que hasta ahora no se han visto afectadas. Esto podría hacer que en el futuro pudieran volver a surgir nuevos brotes de COVID-19.

Este mes se ha publicado un artículo en el que se muestra que esto ya ha ocurrido a pequeña escala en granjas de visones de Dinamarca, donde el virus pasó de humanos a animales y luego volvió otra vez a humanos. A pesar de que el equipo de la Universidad de Tufts no ha encontrado pruebas de casos de COVID-19 en animales salvajes en Estados Unidos, sí que hay evidencias concluyentes de desbordamientos frecuentes en perros, gatos y algunos animales que viven en zoológicos. El hallazgo de visones salvajes infectados confirmó los temores, pues detectar el primer caso en un animal salvaje con COVID-19 resultó alarmante, pero no sorprendente.

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*Jonathan Runstadler es Profesor de Enfermedades Infecciosas y Salud Global en la Universidad de Tufts. Kaitlin Sawatzki es Investigadora postdoctoral de Enfermedades Infecciosas también en la Universidad de Tufts. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.