Las morsas se comunican a través de aplausos

Científicos documentan por primera vez la capacidad de las morsas para comunicarse a través de la cavitación, una manera no vocal de producir sonidos gracias a la colisión deliberada y rítmica de sus aletas

Morsa - Odobenus rosmarus

Morsa - Odobenus rosmarus

Foto: Cordon Press

Los paisajes sonoros de los océanos están dominados por el movimiento del agua y el ruido distante de los barcos, pero también están influenciados por eventos más raros como la caída de rayos, terremotos submarinos, fuentes discretas de ruido antropogénico o la rotura y agrietamiento del hielo marino.

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Por otro lado, los sonidos producidos por animales marinos como los crustáceos y algunos peces y mamíferos, también otorgan a cada una de las partes del mundo submarino un ecosistema sonoro que puede variar considerablemente con la ubicación y el tiempo. Esto significa que los niveles de sonido ambiental debajo el agua pueden ser altos en un amplio rango de frecuencias y que por lo tanto, para una comunicación efectiva los animales acuáticos que se mantienen en contacto mediante el sonido deben producir señales lo suficientemente potentes para transmitir el mensaje a sus receptores.

Los camarones y la cavitación

Por ejemplo, en ese sentido, uno de los sonidos transitorios más intensos, penetrantes y mejor entendidos de los océanos son los de algunos crustáceos, especialmente el de los camarones de la familia Alphiedae, cuyos "chasquidos" pueden propagarse por kilómetros, y cuyo ruido, crepitante y casi continuo, puede aumentar el nivel de sonido ambiental del mar hasta en 20 decibelios.

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Debido a su pequeño tamaño, este método empleado por los camarones tanto para la comunicación como la defensa y también para la caza de sus presas ha sido ampliamente estudiado. Para producir estos sonidos, estos pequeños pero ruidosos animales se valen de sus pinzas. Así, una parte de estas es desproporcionadamente grande y está diseñada de tal manera que su parte móvil se puede detener en una posición abierta mientras acumula la fuerza muscular. Al liberarse esta fuerza, la parte móvil choca con su contraparte fija a alta velocidad produciéndose un chorro de agua que se mueve súbitamente, lo que reduce la presión lo suficiente como para vaporizar el agua localmente y formar una burbuja que colapsa rápidamente debido a la presión circundante provocando un estruendo capaz de aturdir a sus presas.

Como decíamos, este proceso que recibe el nombre de cavitación ha sido notablemente estudiado en los crustáceos, no obstante nunca había sido observado en mamíferos marinos. Y esta es precisamente la sorpresa que se ha llevado el equipo de investigadores del Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad del Sur de Dinamarca, quienes acaban de documentar por primera vez un mecanismo similar en grandes mamíferos marinos, concretamente en las morsas.

Las morsas y las burbujas

Las morsas -Odobenus rosmarus- son mamíferos marinos que se reproducen bajo el agua cerca del hielo a la deriva durante el invierno ártico Durante la temporada de reproducción los machos adultos emiten canciones bajo el agua con patrones que incluyen secuencias de golpes rítmicos marcados por unos tonos metálicos similares a campanas. Estas inusuales canciones consisten en cientos de pulsos cortos y repetitivos emitidos en ciclos que pueden durar entre varias horas y hasta varios días. Se trata de una de las exhibiciones de cortejo más largas y complejas conocidas entre los mamíferos marinos, sin embargo rara vez se habían observado directamente.

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Ahora durante un estudio en curso sobre los sonidos asociados al comportamiento reproductivo de las morsas, el equipo de investigadores dirigido por Ole Larsen, del departamento de biología de la Universidad de Dinamarca del Sur, y Colleen Reichmuth, del Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad de California en Santa Cruz, acaba de observar y registrar a un macho adulto en cautiverio que producía intensos pulsos transitorios al juntar las aletas delanteras bajo el agua de manera similar a la que los seres humanos tocamos las palmas. Su comportamiento, el cual imita a un aplauso, tuvo lugar coincidiendo con la producción estacional de los sonidos asociados al cortejo de las morsas salvajes y a un ritmo similar. Sin embargo los sonidos eran mucho más fuertes y estaban producidos por un mecanismo completamente diferente.

De este modo los investigadores descubrieron que las morsas pueden generar poderosas pantallas acústicas al juntar sus aletas delanteras bajo el agua. Así mediante el empleo de vídeo de alta velocidad revelaron que la emisión de estos sonidos se producía a través del colapso de las burbujas de aire de un modo similar al que se produce en el caso de los camarones. Con la salvedad, eso si, de que en este caso el sonido producido por cada aplauso podía alcanzar los 200 decibelios de intensidad; posiblemente con la intención de transmitir información sobre su aptitud física tanto a rivales como a potenciales parejas reproductoras.