La kriptonita de las hormigas locas o cómo contener una marabunta

¿Cómo detener a un ejército de hormigas hambrientas, organizadas, bien armadas y que, literalmente, arrasa con todo lo que se encuentra a su paso? Ahora un equipo de científicos acaba de encontrar la solución en la propia naturaleza.

Un grupo de hormigas locas leonadas depreda sobre una araña

Un grupo de hormigas locas leonadas depreda sobre una araña

Foto: Mark Sanders

12 de abril de 2022, 15:45 | Actualizado a

El término marabunta es utilizado para designar a cerca de 200 especies de hormigas caracterizadas por un comportamiento depredador y un estilo de vida migratorio o nómada. Estas hormigas también reciben el sobrenombre de legionarias u hormigas guerreras debido a que no forman colonias, sino que sus "ejércitos" se hallan en continuo movimiento.

En lo que se respecta a las hormigas, los mirmecólogos siempre han reservado los términos guerreras o legionarias para referirse a un número reducido de 5 o 6 familias de hormigas capaces de organizarse en grupos de entre 100.000 y 2.000.000 millones de ejemplares. Estas pueden formar columnas de hasta 20 metros de ancho y 200 de largo para adentrarse en una nueva zona en busca de sus presas.

Pero este síndrome, conocido como comportamiento legionario también se ha observado en otras especies de hormigas. Una de ellas es Nylanderia fulva, también conocida como la hormiga loca leonada, y la cual de desde el año 2002 lleva expandiéndose por el sureste de los Estados Unidos.

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Cuando las hormigas locas leonadas se mudan a un área nueva, la especie invasora actúa como una bola de demolición ecológica: expulsando tanto a insectos nativos como a animales pequeños y causando grandes dolores de cabeza a los habitantes de la zona. Por ejemplo, en algunas partes de Texas, las casas han sido invadidas por hormigas que se reparten entre contadores eléctricos, unidades de aire acondicionado, bombas de aguas residuales y otros dispositivos eléctricos causando cortocircuitos y otros daños. Y es que, nativas de América del Sur, las hormigas locas leonadas han hecho sonar las alarmas a medida que se han extendido por el sureste de los Estados Unidos durante los últimos 20 años. La buena noticia es que ahora un equipo de científicos de la Universidad de Texas en Austin acaba de encontrar un modo para detener su avance basado en el uso de un hongo capaz de acabar con sus poblaciones. Su método se describe en un artículo titulado Pathogen-mediated natural and manipulated population collapse in an invasive social insect y publicado recientemente en la revista PNAS.

Myrmecomorba nylanderiae: un asesino selectivo de hormigas locas

Edward LeBrun, científico investigador del Programa de Investigación de Especies Invasoras de Texas en el Laboratorio de Campo Brackenridge y autor principal del estudio, cuenta que la idea de usar este hongo patógeno surgió al observar que las poblaciones salvajes de hormigas locas que se infectaban con este colapsaban sin intervención humana.

Hace unos ocho años LeBrun se encontraba con uno de miembros de su equipo estudiando hormigas locas en Florida cuando se dieron cuenta de que algunas de ellas tenían el abdomen hinchado de grasa. Cuando miraron dentro de sus cuerpos, encontraron esporas de un conjunto de microsporidios, un grupo de hongos patógenos que parasitan el interior de las células de algunos animales y protozoos. En la actualidad apenas se conocen unas 800 especies de este tipo de hongos, y la que Lebrun y su compañero del Laboratorio de Campo Brackenridge, Robert Plowes, habían descubierto era una nueva especie para la ciencia que bautizaron con el nombre de Myrmecomorba nylanderiae.

Los patógenos microsporidianos, por lo general, secuestran las células grasas de un insecto y las convierten en fábricas de esporas.

A día de hoy los investigadores no saben la procedencia del hongo, pero barajan la posibilidad que tal vez sea originario del área de distribución nativa de las hormigas locas leonadas, en América del Sur, o de otro insecto. No obstante, LeBrun y sus colegas comenzaron a encontrar este patógeno en hormigas locas de todo el estado de Texas. Y así, al observar 15 poblaciones locales durante ocho años, el equipo descubrió que hasta el 62% de aquellas infectadas con el hongo desaparecieron por completo.

Esporas del microsporidio Myrmecomorba nylanderiae recolectas en las hormigas locas leonadas

Esporas del microsporidio Myrmecomorba nylanderiae recolectas en las hormigas locas leonadas

Foto: Edward LeBrun / University of Texas at Austin

“No esperas que un patógeno conduzca a la extinción total de una población”, apunta LeBrun. “Una población infectada normalmente pasa por ciclos de auge y caída a medida que la infección aumenta y disminuye”, añade el autor, quien teoriza que las colonias quizá colapsaron porque el patógeno acorta la vida de las hormigas obreras, lo que dificulta que una población sobreviva durante el invierno.

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Cualquiera que sea la razón, parece tratarse de un problema exclusivo de las hormigas locas. Sin relación con otros microsporidios que infectan a las hormigas, el patógeno parece dejar ilesas a las hormigas nativas y otros artrópodos, lo que lo convierte en un agente de control biológico aparentemente ideal.

Una guerra biológica a pequeña escala

Para poner a prueba la nueva alianza hombre-hongo contra las hormigas loca leonadas el equipo de LeBrun desplegó el patógeno tras recibir la llamada del Parque Estatal Estero Llano Grande, en Weslaco, Texas. El parque estaba perdiendo sus insectos, escorpiones, serpientes, lagartijas y pájaros a gran velocidad a causa de las hormigas locas leonadas. Incluso las crías de conejo estaban siendo cegadas en sus propias madrigueras debido al efecto del ácido segregado por las cohortes de Nylanderia fulva.

“El parque sufrió una auténtica infestación de hormigas locas y fue apocalíptica: ríos de hormigas subiendo y bajando por cada árbol”, cuenta el investigador. "No estábamos realmente preparados para comenzar con un proceso experimental de este tipo, pero pocas más cosas podíamos hacer que intentarlo", añade.

Una hormiga loca leonada obrera - Nylanderia fulva

Una hormiga loca leonada obrera - Nylanderia fulva

Foto: Michael Bentley / Cc

Empleando hormigas de otros lugares ya infectados con el patógeno microsporidiano, los investigadores colocaron hormigas infectadas en cajas nido cerca de otras colonias de hormigas locas en el parque estatal. Colocaron cebos alrededor de las cajas para atraer a las hormigas locales y fusionar las ambas poblaciones, la sana y la infectada, con Myrmecomorba nylanderiae. El experimento fue un éxito rotundo.

Durante el primer año, la enfermedad se propagó a toda la población de hormigas locas de Estero. En dos años, sus números se desplomaron. Ahora, las hormigas locas leonadas están ausentes en todo el territorio del parque y las especies nativas están progresivamente regresando a la zona. Desde entonces, los investigadores han erradicado una segunda población de hormigas locas en otra localidad y esta primavera planean probar su nuevo enfoque de control biológico en otros hábitats sensibles de Texas infestados de hormigas locas en lo que podría ser el principio del fin de esta especie invasora en Estados Unidos.

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