Iridiscencia, el lenguaje secreto, y engañoso, de los animales

En el reino animal, el color juega un papel fundamental en la comunicación. Sin embargo, la naturaleza cambiante de las coloraciones iridiscentes presenta una paradoja que los científicos están tratando de comprender

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Estornino del cabo - Lamprotornis nitens

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Foto: iStock

En la comunicación, las señales han de ser concisas para que un emisor y un receptor puedan entenderse con facilidad. Esto pasa por que ambos empleen un lenguaje similar basado en señales coherentes que sendos sujetos puedan percibir y evaluar fácilmente, ya estemos hablando de palabras, sonidos, cabezazos incluso, como sucede en el mundo de las abejas o en el caso que nos concierne en este artículo, colores.

El lenguaje visual es muy habitual en el mundo animal, y dentro de este, el color es un elemento comunicativo fundamental. Así por ejemplo, la coloración en numerosas especies animales está destinada a avisar a posibles depredadores de su toxicidad, mal sabor o de lo peligroso que puede resultar ser comidas. Es lo que en biología se conoce como aposematismo. Un buen ejemplo lo encontramos en la serpiente de coral, una de las más venenosas del mundo y cuyas bandas rojas, amarillas y negras son una invitación directa a otros animales a mantenerse una distancia prudente. Se trata de una estrategia tan efectiva que incluso otras serpientes no venenosas, las falsas corales, suelen imitar como método de defensa, aunque en este caso los patrones en el orden difieran.

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Podemos encontrar miles de ejemplos en la naturaleza de la importancia del color. Así sepias, pulpos y camaleones son capaces modular su coloración para mimetizarse con el entorno y pasar desapercibidos. En diversas especies de primates la intensidad del color rojo en ciertas partes del cuerpo parece estar relacionado positivamente con una mayor atracción sexual. Y en el mundo de las aves, donde las diferencias cromáticas pueden hacerse evidentes ya no solo a nivel de especie, si no entre diferentes sexos, edades e incluso individuos, es quizá donde el color alcanza quizá su mayor complejidad.

El del color en la comunicación animal es un tema fascinante, sin embargo no siempre de fácil interpretación. De este modo, en la naturaleza existen mecanismos y códigos complejos al que los científicos aún tratan de dar un significado. ¿Qué ocurre cuando los animales emiten señales visuales poco fiables? Esto es precisamente lo que se preguntó un equipo de investigadores de la universidad de Melbourne al estudiar el fenómeno de la iridiscencia en el reino animal.

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La irisdiscencia es un fenómeno óptico por el cual el color que presenta una superficie varía en base al ángulo del observador. Podemos apreciarlo fácilmente en una mancha de aceite en el agua, en una burbuja de jabón, o en la cara trasera de un CD-ROM. Se trata también de un fenómeno muy común en la naturaleza, evidente en numerosas especies de aves, insectos y peces.

Detalle de las plumas de un pavo real

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Foto:: iStock

Los objetos iridiscentes suelen ser llamativos y vívidos, sin embargo su naturaleza cambiante da lugar a una paradoja cuando se trata de la comunicación: ¿cómo pueden resultar fiables estas señales? Ahora, bajo el título The paradox of iridiscent signals, un nuevo trabajo publicado en la revista Trends in Evolution and Ecology indaga en varios estudios para descubrir cómo los animales interactúan con los colores iridiscentes en la naturaleza.

La doctora Amanda Franklin de la escuela de biociencias de la universidad de Melbourne y autora del estudio, hace hincapié en que: "la iridiscencia es difícil de estudiar porque el tono que ves depende de la posición del espectador y la dirección de la luz". "Eso significa que los colores iridiscentes cambian constantemente, por lo que es difícil entender cómo pueden transmitir una información fidedigna. Se trata de la regla número uno de la comunicación; la información debe ser fiable ¡y esto es así tanto para los humanos como para los animales!"

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No obstante y paradójicamente, los colores iridiscentes como los que pueden encontrarse en los deslumbrantes tonos de las alas de las mariposas o las espectaculares plumas del pavo real están muy extendidos en el mundo natural. Estos deben jugar un papel importante en la naturaleza, y eso es lo que los científicos están tratando de comprender. Leslie Ng, coautor de la investigación declara al respecto que: "al estudiar cómo los animales detectan y procesan la iridiscencia, podemos tener una mejor idea de cuándo esta es en realidad una señal de comunicación útil y cuando no". "Las señales iridiscentes fidedignas generalmente se asocian con adaptaciones físicas o de comportamiento que ayudan a los animales a controlar el efecto visual. Por ejemplo, los colibríes machos de Anna controlan con precisión sus vuelos de cortejo para que sus gargantas iridiscentes parezcan de un color rosa brillante y constante para las hembras que se mantienen ojo avizor".

"Los organismos pueden hacer cosas realmente fascinantes con la luz" continúa Franklin. "A través de la evolución, han adaptado microestructuras para producir efectos específicos. Algunos usan microestructuras para controlar el ángulo preciso en el que el tono de los colores iridiscentes parece cambiar. De esta manera, controlan la información que comunican con el color".

Colibrí de Anna - Calypte anna

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Foto: iStock

¿Cómo perciben la iridiscencia los animales?

Según Leslie Ng, muchos estudios sugieren que los colores iridiscentes son importantes para el cortejo o el camuflaje, pero rara vez se ha considerado cómo los animales ven estas llamativas señales. "Debido a esto, sabemos muy poco sobre cómo se procesa la iridiscencia en el cerebro del animal". La detección de señales iridiscentes también depende de cómo los organismos muestran sus parches de color y de la posición física tanto del emisor como del espectador. Por ejemplo, un color iridiscente se puede procesar de manera diferente si se mueve rápidamente o se percibe a modo de destellos. "La iridiscencia destaca la naturaleza dinámica de muchas señales de color y puede revelar nuevos ámbitos de adaptación biológica", declara el autor.

Por su parte, el autor principal del estudio, la profesora Devi Stuart-Fox, defiende que este arroja nueva luz sobre el colorido mundo de la comunicación animal, abriendo la puerta al desafío de estudiar con precisión cómo funcionan los colores iridiscentes en la naturaleza. "La naturaleza proporciona un campo de pruebas para la detección y el procesamiento de señales dinámicas y coloridas", expone. "Comprender cómo los animales usan y reproducen de manera fidedigna estas señales cambiantes resultar muy útil de cara al futuro, y ese es precisamente nuestro próximo reto", concluye.

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