Un iceberg liberó más de 152.000 millones de toneladas de agua al derretirse

Los satélites revelan que A68A, el mega iceberg desprendido en 2017 de la plataforma de hielo Larsen C, liberó más de 152.000 millones de toneladas de agua dulce cuando se derritió a su paso por la isla subantártica de Georgia del Sur.

A68A con algunas partes de hielo desprendidas a su alrededor. 21 de noviembre de 2020

A68A con algunas partes de hielo desprendidas a su alrededor. 21 de noviembre de 2020

Foto: MODIS/ NASA Worldview Snapshots

23 de febrero de 2022, 18:31 | Actualizado a

En julio de 2017, el iceberg A68A se desprendió de la plataforma de hielo Larsen-C en la Península Antártica y comenzó un viaje de 3 años y medio y 4.000 kilómetros a través del Océano Antártico. Con una extensión de 5.719 kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de Cantabria, se trataba del iceberg más grande de la Tierra en el momento de su desprendimiento y el sexto más grande de todo el planeta jamás registrado.

Tres años después, cercana la Navidad de 2020, el colosal témpano recibió una atención generalizada cuando se acercó a la isla de Georgia del Sur, provocando la preocupación de los científicos debido a la posibilidad de dañar el frágil ecosistema que rodeaba a la isla.

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Ahora, no obstante, Investigadores del Centro de Observación y Modelado Polar -CPOM- y del British Antarctic Survey -BAS- se han valido de mediciones satelitales para trazar el área del iceberg A68A y el cambio de grosor a lo largo de su ciclo de vida. De este modo, en un artículo titulado Observing the Disintegration of the A68A Iceberg from Space que se publicaba a finales de enero en la revista especializada Remote Sesing of Environment, los autores mostraban que el témpano se había derretido lo suficiente como para evitar dañar el lecho marino alrededor de Georgia del Sur al encallar.

Los autores del estudio mostraban que el témpano se había derretido lo suficiente como para evitar dañar el lecho marino alrededor de Georgia del Sur al encallar

No obstante, un efecto secundario de su derretimiento fue la liberación de una colosal cantidad de agua dulce: 152.00 millones de toneladas de agua de deshielo se mezclaron con el agua del mar en las proximidades de la isla; una perturbación que podría tener un profundo impacto en el hábitat marino circundante.

Iceberg a la deriva

Durante los primeros dos años de su vida, A68A permaneció cerca de la Antártida en las frías aguas del mar de Weddell y experimentó un derretimiento moderado. Sin embargo, una vez que comenzó su viaje hacia el norte, a través del Pasaje Drake, atravesó zonas de aguas cada vez más cálidas y comenzó a derretirse. Los datos satelitales informaron que para el año 2019, el iceberg había adelgazado 67 metros desde su espesor inicial de 235, haciendo patente que la tasa de fusión aumentó bruscamente a medida que el iceberg se desplazaba en el mar de Scotia, alrededor de la isla de Georgia del Sur.

Posiciones del iceberg A-68A a lo largo de su viaje de 3 años

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Foto: ESA /Copernicus Sentinel / Antarctic Iceberg Tracking Database

Laura Gerrish, especialista en sistemas de información geográfica y cartografía en el British Antarctic Survey y una de las coautoras del estudio explica que: “A68 fue un iceberg absolutamente fascinante para rastrear todo el camino desde su desprendimiento hasta su total derretimiento. Las frecuentes mediciones nos permitieron seguir cada movimiento y observar como se fracturaba el témpano a medida que avanzaba lentamente hacia el mar de Scotia, donde pronto ganó velocidad acercándose a las proximidades de la isla de Georgia del Sur”.

¿Puede un iceberg tener un impacto ambiental negativo?

Si la quilla de un iceberg es demasiado profunda, puede encallar en el fondo del mar, lo que puede resultar perjudicial para el ecosistema de varias maneras diferentes: el arrastre de la base de este por el lecho marino puede destruir la fauna establecida en este, y por sí mismo el propio témpano también es susceptible de bloquear las corrientes oceánicas y las rutas de alimentación de los depredadores.

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Todas estas posibles consecuencias eran temidas por los científicos cuando A68A se acercó a Georgia del Sur. Sin embargo, por suerte, el presente estudio revela que la colosal masa de hielo a la deriva únicamente colisionó de forma breve con el fondo del mar fracturándose poco después, lo que disminuyó considerablemente el riesgo de las consecuencias temidas por los investigadores. Así, cuando arribó a las aguas poco profundas alrededor de las isla de Georgia del Sur, la quilla del iceberg ya se había reducido a unos 141 metros por debajo de la superficie del océano, lo suficiente como para evitar el dañar el lecho marino, que se expande a unos 150 metros de profundidad.

Un océano más dulce

No obstante, las amenazas del tempano no se quedaban en el mero daño físico directo que este podía provocar sobre el lecho marino; "el ecosistema y la vida silvestre alrededor de Georgia del Sur en cierta manera han sentido el impacto de la visita del colosal iceberg”, añade Gerrish. Cuando los icebergs se desprenden de las plataformas de hielo, se desplazan con las corrientes oceánicas y el viento mientras liberan agua fría de deshielo y nutrientes a medida que se derriten. Este proceso influye en la circulación oceánica local y fomenta la producción biológica alrededor del iceberg. Los científicos informan que en su apogeo, el iceberg se estaba derritiendo a un ritmo de 7 metros mensuales y que en total liberó la ingente cantidad de 152.000 millones de toneladas de agua dulce y nutrientes al océano Antártico.

Anne Braakmann-Folgmann, investigadora del CPOM, candidata a doctorado en la Escuela de la Tierra y el Medio Ambiente de la Universidad de Leeds y autora principal del estudio declara que “esta es una gran cantidad de agua derretida, y lo siguiente que queremos saber es si tuvo un impacto positivo o negativo en el ecosistema alrededor de Georgia del Sur". "Debido a que A68A tomó una ruta común a través del Pasaje de Drake, en el futuro esperamos aprender más sobre los icebergs que toman una trayectoria similar y cómo influyen en los océanos polares", concluye.