Roger Hughes no ha visto nunca un pingüino emperador en libertad. Pero cuando los vio en un documental de la BBC, moviéndose como torpedos en el mar y dejando a su paso una estela de burbujas, tuvo una iluminación que lo llevaría a un descubrimiento asombroso. Hughes, biólogo marino de la Universidad de Bangor, en el norte de Gales, se preguntó si aquellas burbujas permitían a los pingüinos nadar con más rapidez.

Comentó su hipótesis a su colega John Davenport, del University College Cork, en Irlanda. Davenport estudia las relaciones entre las estructuras corporales de los animales y sus movimientos, pero él no sabía cómo influían las burbujas en el desplazamiento de los pingüinos. Buscaron en la literatura científica y concluyeron que el fenómeno nunca había sido estudiado, por lo que decidieron hacerlo ellos mismos. Con la ayuda de Poul Larsen, ingeniero mecánico de la Universidad Técnica de Dinamarca, analizaron muchas horas de metraje submarino y descubrieron que los pingüinos hacían algo que los ingenieros llevaban tiempo intentando hacer con embarcaciones y torpedos: aprovechar el aire como lubricante para reducir la resistencia hidrodinámica y aumentar la velocidad.

Cuando un pingüino emperador nada, la fricción de su cuerpo con el agua ralentiza sus movimientos y mantiene su velocidad máxima entre 1,2 y 2,7 metros por segundo. Pero durante breves tramos, el pingüino es capaz de duplicar o incluso triplicar su velocidad, dejando escapar el aire atrapado entre las plumas en forma de burbujas diminutas. Las burbujas reducen la densidad y viscosidad del agua alrededor del cuerpo, lo que reduce la resistencia y permite al ave alcanzar velocidades que de otro modo serían imposibles. (Como ventaja añadida, la velocidad extra permite a los pingüinos escapar de depredadores como la foca leopardo.)

La clave de su velocidad está en las plumas

La clave de esta capacidad está en las plumas. Como otras aves, los pingüinos emperador son capaces de ahuecar el plumaje y aislar el cuerpo con una capa de aire. Sin embargo, mientras que la mayoría de las aves tienen hileras de plumas con la piel desnuda entre una y otra, el plumaje del pingüino emperador forma una capa densa y uniforme. Y como en la base de cada pluma hay filamentos minúsculos de apenas 20 micras de diámetro (menos de la mitad del diámetro de un cabello humano), el aire queda atrapado en una red finísima. Cuando es liberado, lo hace en forma de burbujas diminutas que crean una capa lubricante en la superficie de las plumas.

La tecnología podría por fin dar alcance a la biología. En 2010 una empresa holandesa puso a la venta un sistema que lubrica con burbujas el casco de los buques portacontenedores. El año pasado Mitsubishi anunció un sistema de lubricación por aire para superpetroleros. Pero hasta ahora nadie ha diseñado algo capaz de pasar como una exhalación junto a una foca marina y aterrizar sobre una montaña de hielo. Esa patente es todavía de los pingüinos.