Temporada ballenera en Alaska

Para el pueblo nativo de los inupiat, la vida gira en torno a su tradicional caza de la ballena

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Hijo de capitán ballenero

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Hijo de capitán ballenero

Yugu Alfred Ningeok es hijo de un capitán ballenero y miembro de un equipo ballenero inupiat.

Foto: Kiliii Yüyan

Bote de piel

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Bote de piel

Un umiak, o bote de piel, lleva a bordo un reducido equipo a la caza de una ballena.

Foto: Kiliii Yüyan

Batidas balleneras

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Batidas balleneras

Thomas William Kingosak lleva un rifle en las batidas balleneras por si se produce el ataque de un oso polar. Hay precedentes de osos polares que se acercan a los campamentos de cazadores en busca de alimento.

Foto: Kiliii Yüyan

Cantos de ballenas

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Cantos de ballenas

Un cazador escucha el agua en busca de los cantos de las ballenas cercanas.

Foto: Kiliii Yüyan

Ballenas de Groenlandia

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Ballenas de Groenlandia

Las ballenas de Groenlandia están adaptadas a las aguas gélidas. En su migración anual por los mares de los Chukchi y de Beaufort, se las ha visto romper hielos de medio metro de espesor para salir a respirar.

Foto: Kiliii Yüyan

Despiece de una ballena

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Despiece de una ballena

El despiece de una ballena de Groenlandia puede reportar miles de kilos de comida. El ninit –reparto comunitario de carne y grasa– se distribuye equitativamente para garantizar que todo el mundo se beneficie de una buena caza. «La mayor aspiración que puedes tener en la vida es llegar a ser capitán ballenero –dice el fotógrafo Kiliii Yüyan–. Es un trabajo que beneficia a toda la comunidad».

Foto: Kiliii Yüyan

Cantos de ballenas

Temporada ballenera en Alaska

En la north slope , o «pendiente ártica», de Alaska la cultura de los inupiat gira en torno a las ballenas. Cada primavera hombres y mujeres pasan semanas sobre el tuvaq –el hielo que está cerca del agua– pendientes de la llegada de las ballenas de Groenlandia que migran rumbo al norte desde el mar de Bering hacia el Ártico canadiense.

Cuando avistan un ejemplar, un equipo empuja al agua un umiak, un tipo de embarcación utilizada por los inuit. Normalmente solo hay una oportunidad de arponear a la ballena. Si hay éxito con la caza, cada habitante de la aldea recibe un pedazo de la carne.

Este relato de continuidad cultural fascinó al fotógrafo Kiliii Yüyan, que también es indígena: desciende de los cazadores y pescadores hezhen (nanái en ruso) del norte de China y el sudeste de Siberia. Retratar a las comunidades indígenas co­­mo pueblos degradados o depauperados es pasar por alto su complejidad, dice Yüyan. «Hay que vivir con ellos para ver su esperanza y su alegría».

Durante 10 meses en un lapso de cinco años, Yüyan convivió con los inupiat en Utqiaġvik (antes conocida como Barrow). Acampó con ellos sobre la banquisa a la espera de la llegada de ballenas y más de una vez vigiló de noche, cuando la oscuridad y la quietud se imponían en aquellas latitudes. Es un silencio que se quiebra de repente en cuanto llega una ballena y el vigía grita su posición, instando al equipo a hacerse a la mar. «Cuando todos se acercan, el ruido es muy notable. Entonan canciones. Es como un musical».

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