Inclinada sobre el suelo, la gente se apiña en torno a una roca enorme para plantar ca­­léndulas. Es una costumbre que se repite cada año, dice Michelle Leger, miembro de la extensa familia que se reúne en la plaza de un pueblo de Massachusetts para cumplir con la tradición. El Rollstone Boulder, como llaman a este peñasco, «es el orgullo de Fichtburg. Somos afortunados de poder adornarlo como se merece», añade.

Con sus tres metros de altura, es impresionante. Pero, ¿merece tanta atención una simple roca? Es evidente que algunas tienen admiradores devotos. Las que son como el Rollstone Boulder se denominan bloques erráticos. Son rocas arrancadas y acarreadas por un glaciar y luego abandonadas por la corriente de hielo, y hay un sinfín de ellas desperdigadas por el planeta.

La obsesión del fotógrafo Fritz Hoffmann por los bloques erráticos comenzó cuando se puso a buscar información sobre las rocas dispersas por su finca de Connecticut. Un día, de viaje en Massachusetts, pasó junto a un cartel que decía «Plymouth Rock». Se detuvo frente al punto de información y preguntó a la recepcionista: «¿No será Plymouth Rock un bloque errático?».

«Llegó hasta aquí transportada por un glaciar, si es a eso a lo que se refiere», fue la respuesta.

Los desplazamientos de los bloques erráticos, transportados por glaciares durante los períodos glaciales, fueron largos, a veces de cientos de kilómetros. Su nombre deriva del latín errare, «vagabundear», y tiene sentido, porque han vagado a lomos del hielo desde sus ubicaciones originales hasta los sitios donde los vemos hoy. Uno de esos sitios es el norte de Estados Unidos. En las praderas, esas rocas insólitas quiebran el horizonte. En los bosques, son enigmáticos gi­­gantes rodeados de árboles. Y en las montañas, se asoman al abismo en precario equilibrio.

¿Cómo llegaron a esos lugares inverosímiles? ¿Los escupió un volcán primigenio? ¿Se desbordó el océano Ártico con tal violencia que sembró de peñascos las faldas de las montañas? ¿Cambió la órbita terrestre provocando aludes cuesta arriba?

Louis Agassiz, científico suizo de la Universidad Harvard, popularizó la teoría glacial para explicar la presencia de esas rocas en lugares tan extraños. En su exploración de los Alpes suizos, el científico había visto rocas erosionadas por el hielo depositadas en los frentes de los glaciares, pero también había observado depósitos de rocas similares en las islas Británicas, donde no hay glaciares. Entonces se le ocurrió la idea de que en el pasado terrestre los glaciares fueron mucho más extensos.

En 1871 Agassiz presentó sus observaciones sobre los bloques rocosos dispersos por los montes Berkshire de Massachusetts y propuso la teoría de que un glaciar había avanzado lentamente desde el norte, arrastrando cuanto encontró a su paso. Cuando el hielo se derritió, los detritos quedaron depositados sobre el terreno. Aseguró además que los bloques transportados por los glaciares habían dejado marcas de su paso sobre la superficie del lecho de las Montañas Rocosas a 3.400 metros de altitud.

Eso significa que Rollstone Boulder, Plymouth Rock y los demás bloques erráticos en su día formaron parte de las laderas de las montañas o del lecho rocoso, arrancados probablemente por ciclos de congelación y fusión: el agua se filtraba por las grietas de la roca y después se expandía al congelarse, lo que separaba los bloques de la roca madre.

Cuando hace 25.000 años el clima se enfrió y los glaciares se expandieron, un manto de hielo se deslizó hacia el sur sobre los bloques sueltos, y los arrastró consigo. Bajo una capa de hielo de quizás un kilómetro de grosor o más, chocaron entre sí, y sus aristas se redondearon. Y hace 21.000 años, el hielo empezó a fundirse.

«Aún usamos los bloques erráticos para cartografiar los depósitos glaciales –dice la geóloga Carrie Jennings–. En algunos de los depósitos más antiguos, el viento y el agua han erosionado los sedimentos de grano más fino, compuestos de arcilla, arena y grava; a veces lo único que ha quedado del glaciar son los bloques erráticos.»

Tiempo atrás el Rollstone Boulder estaba en las afueras del pueblo, balanceándose al borde de una cantera. Ante el temor de que cayera, su club de fans lo partió en trozos, acarreó sus 110 toneladas a su actual lugar de honor y volvió a montarlo. Ahí sigue desde 1930, rodeado de señales de tráfico, bicis y carritos de bebé, y cada mes de mayo la gente del pueblo acude a plantar flores a sus pies.