¿Por qué las medusas nos resultan tan fascinantes?

Las medusas son criaturas gelatinosas con una extraña existencia. Crean copias de sí mismas. Y algunas son capaces de rejuvenecer

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Medusas para el consumo humano

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Medusas para el consumo humano

En todo el mundo se recogen más de 750.000 toneladas de medusas para consumo humano. Medusas como esta, del género Rhopilema, constituyen casi un tercio del total. Sus brazos robustos están repletos de nematocistos, células que lanzan a sus víctimas (por ejemplo, pescadores) unos filamentos venenosos. Pero consumirlas cocinadas o desecadas no entraña peligro. Rhopilema sp. 5 centímetros de diámetro.

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager

P´olipos de medusa luna. Pólipos de medusa luna

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Pólipos de medusa luna

En su fase juvenil, las medusas verdaderas son pólipos adheridos a las rocas. Se reproducen asexualmente por estrobilación, liberando diminutos clones que se alejan flotando y se transforman en las medusas con tentáculos que tan bien conocemos. Estas se reproducen sexualmente en el agua y dejan caer al fondo una lluvia de futuros pólipos larvales. Los pólipos de la foto son de medusa luna.

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager

Colonia de pólipos de la especie Nemalecium lighti

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Colonia de pólipos de la especie Nemalecium lighti

Los hidrozoos son una clase distinta de la de las medusas verdaderas. Algunas especies se mantienen como colonias de pólipos, como el caso de la especie Nemalecium lighti. Otras parecen medusas verdaderas.

Foto tomada en la Estación de Invetigación de Bonaire del Consejo de Intercambios Educativos Internacionales.

 

Foto: David Liitschwager

Medusa inmortal (Turritopsis dohrnii). Colonia de hidrozoos

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Colonia de hidrozoos

Algunas colonias de hidrozoos parecen medusas verdaderas, como este ejemplar de Vallentinia gabriellae.

Fotografía tomada en la Estación MArina de la Smithsonian Instituion, Fort Pierce, Florida.

Foto: David Liitschwager

Colonia de hidrozoos de la especie Vallentinia gabriellae. Medusa inmortal

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Medusa inmortal

Ejemplar visto en una gota de agua. Cuenta con un ciclo vital que se salta la muerte: retrocede de medusa a polipo. Se ignora cómo lo hace.
Foto tomada en la Estación Marina de la Smithsonian Instituion, Fort Pierce, Florida.

Foto: David Liitschwager

Medusa sombrilla tropical (Olindias formosus), 10 centímetros  de diámetro. Medusa sombrilla tropical

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Medusa sombrilla tropical

La medusa sombrilla tropical (Olindias formosus) ilustra la paradoja de estas criaturas: son delicadas y amenazadoras al mismo tiempo. Posadas en el fondo del mar, ondeando sus tentáculos coloridos, atraen a los peces, les pican y los devoran.

Olindias formosus
10 centímetros  de diámetro

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager

Medusas bala de cañ´on. Medusas bala de cañón

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Medusas bala de cañón

El ser humano consume medusas bala de cañón sobre todo en Asia, en recetas como la «ensalada de medusa». La tortuga laúd, una especie amenazada, también las devora. Al igual que otras medusas, las bala de cañón nadan contrayendo la umbrela, que en su caso está relativamente musculada. La umbrela un poco hundida de estos ejemplares indica que tienen cierta edad. Los barcos de pesca han empezado a poner sus miras en esta especie también en aguas americanas.

Stomolophus meleagris
7 centímetros de diámetro

 Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager.

Cten´oforos . Ctenóforos

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Ctenóforos

Los ctenóforos, o nueces de mar, tal vez sean los animales vivos más antiguos. Tienen sistema nervioso y –algo que desconcertó a los especialistas– dos anos diminutos. No están emparentados con las medusas verdaderas, que excretan por la boca. Sus ocho hileras de cilios funcionan como remos. En la década de 1980 una especie se multiplicó a tal velocidad en el mar Negro que diezmó sus pesquerías.

Beroe abyssicola
12 cent´imetros de largo

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager

Ortigas de mar

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Ortigas de mar

Las ortigas de mar del Pacífico nadan en zonas profundas durante la noche para descansar y ascienden a la superficie durante el día para alimentarse de plancton. Dentro del conjunto de organismos gelatinosos, se trata de «medusas verdaderas»; pertenecen a la clase que con mayor probabilidad nos topamos en las playas.

Chrysaora fuscescens
20 centímetros de diámetro

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager.

Medusas luna

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Medusas luna

Las medusas luna, presentes en todo el planeta, reciben su nombre común por la traslucidez espectral de su umbrela. La orla de cilios conduce el alimento –sobre todo plancton– hacia la boca. Las medusas cambian de color en función de lo que comen.

Aurelia sp.
La más grande mide 17 centímetros de diámetro

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón.

Foto: David Liitschwager.

Medusas moteadas de Pap´ua. Medusas moteadas de Papúa

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Medusas moteadas de Papúa

Las medusas moteadas de Papúa, que flotan en bahías y lagunas del Pacífico Sur, de día suben a la superficie para que los diminutos organismos parecidos a plantas que viven en su interior y las alimentan vean el sol. Las medusas no viven solo de estos simbiontes; sus brazos, revestidos de células urticantes y minibocas, engullen zooplancton.

Mastigias papua.
La más grande mide algo más de 8 cm de diámetro.

Medusa fotografiada en un tanque Kreisel (cilindro con el frente y la trasera planos) del Acuario de Kamo, Tsuruoka, Japón

Foto: David Liitschwager

Medusas para el consumo humano

¿Por qué las medusas nos resultan tan fascinantes?

Las medusas luna, habitantes de bahías someras de todo el mundo, parecen pequeños fantasmas no del todo benévolos.
Tienen una umbrela traslúcida orlada de pálidos tentáculos, y al contemplar su avance pulsado, casi se diría que el agua ha cobrado vida. En el Acuario Nacional de Baltimore, cuando se anima a los visitantes a tocar las medusas luna, la primera reacción suele ser de miedo. Al garantizarles que son inofensivas, los visitantes se remangan y, no muy convencidos, introducen la mano en la pecera.

«¡Son blanditas!», oigo chillar a un niño.
«¡Qué frías!», grita una niña.

«A mí me parecen hipnóticas –me dice Jennie Janssen, la conservadora auxiliar que supervisa el cuidado de las medusas del acuario–. Aunque no tienen cerebro, sobreviven (prosperan, de hecho) generación tras generación».

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Fotografías


Pavorosas, blandas, frías, hipnóticas: las medusas son eso y mucho más. Desde el punto de vista anatómico son animales simples; carecen de
cerebro, de sangre y de hueso
s, y poseen órganos sensoriales muy rudimentarios. Muchas de las criaturas a las que ponemos la etiqueta genérica de medusas tienen menos relación entre sí que, pongamos, el caballo y el caballito de mar. No solo ocupan ramas distintas del árbol zoológico, sino que ni siquiera comparten hábitat: a algunas les gusta la superficie del mar; a otras, las profundida­des, e incluso las hay que prefieren el agua dulce. Lo que tienen en común es haber coincidido en el uso de una estrategia similarmente eficaz para ir flotando por la vida: tienen el cuerpo gelatinoso.

En vista de su diversa historia evolutiva, no es de extrañar que las medusas presenten una fabulosa gama de morfologías, tamaños y conductas. En lo relativo a la reproducción, son unas de las criaturas más versátiles del planeta. Pueden reproducirse tanto sexual como asexualmente; dependiendo de la especie, algunas crean copias de sí mismas al dividirse en dos, otras forman pequeños grupos de células capaces de crear un nuevo ejemplar completo, o liberan diminutos clones con forma de copo de nieve en un proceso denominado estrobilación. Lo más asombroso de todo es que algunas medusas parecen capaces de reproducirse más allá de la tumba.

Desde el punto de vista anat´omico son animales simples: carecen de cerebro, sangre y huesos, pero en lo relativo a la reproducci´on, son las criaturas m´as vers´atiles del planeta, y pueden reproducirse tanto sexual como asexualmente


La llamada medusa inmortal parece un minúsculo dedal velludo. Vive en el Mediterráneo y en aguas de Japón. Los miembros de esta especie son capaces de revertir el proceso de envejecimiento, de modo que, en vez de morir, se reconstituyen a sí mismos en forma de juveniles. El juvenil reinicia entonces el ciclo vital de la medusa. Es como si una rana volviese a convertirse en renacuajo, o una mariposa en oruga. Los científicos llaman a este proceso casi milagroso transdiferenciación.

Las medusas luna y sus primas, entre las que se cuentan la medusa crin de león y la ortiga de mar, se conocen como medusas verdaderas. Pertenecen a la clase de los escifozoos, del filo de los cnidarios, que también incluye a los corales. (La categoría taxonómica filo es tan amplia que humanos, peces, serpientes, ranas y todos los demás animales con notocordio se engloban en el mismo –el filo de los cordados–, como también las salpas, que a veces se meten en el mismo saco que las medusas).

De adultas, las medusas verdaderas tienen forma de platillo invertido o de paracaídas abierto. Se propulsan por el agua contrayendo los músculos de la umbrela, y sus tentáculos están provistos de células urticantes que lanzan minúsculos filamentos venenosos con los que arponean a las presas flotantes. Para llevárselas a la boca se valen de unos apéndices que recuerdan a serpentinas, los llamados brazos orales. En algunas especies los brazos orales tienen boca propia.

Hay medusas, como las temidas carabelas portuguesas –que pertenecen a un orden distinto, el de los sifonóforos–, que practican una forma poco habitual de vida colectiva. Lo que nos parece una única carabela es técnicamente una colonia desarrollada a partir del mismo embrión. En vez de limitarse a aumentar de tamaño, el embrión cría nuevos «cuerpos» que desempeñan diferentes funciones. Algunos se convierten en tentáculos, por ejemplo; otros llegan a ser órganos reproductores.

«En el ciclo de vida humano, nacemos con un cuerpo que ya contiene todos los componentes que tendremos de adultos –observa Casey Dunn, biólogo evolutivo de la Universidad Yale–. Lo fascinante de los sifonóforos es que han dado con un método totalmente distinto de hacer las cosas».

Y luego están los ctenóforos, unos seres tan extraños que forman un filo propio. También llamados nueces de mar o medusas peine –en alusión a las hileras de diminutos remos en forma de peine con los que nadan–, suelen ser pequeños, delicados y difíciles de estudiar. Existen en toda una gama de morfologías a cual más extraña: algunos son planos, como cintas; otros tienen más aspecto de bolsillo o de coronita.

La mayoría atrapa a sus presas adhiriéndose a ellas. «En los tentáculos tienen unas células (los coloblastos) con unos gránulos que, al romperse, liberan una sustancia adhesiva sobre sus capturas», explica Steve Haddock, científico sénior del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey.

En las últimas décadas las poblaciones de medusas han crecido exponencialmente en algunas regiones del mundo. En los años ochenta apareció en el mar Negro una nuez de mar cuyo nombre científico es Mnemiopsis leidyi. Nativa del Atlántico occidental, se supone que viajó en las aguas de lastre de un buque, y en el mar Negro se reprodujo a tal velocidad que en 1989 había alcanzado densidades de hasta 400 individuos por metro cúbico de agua. Los peces no podían competir por el alimento con aquellos animales gelatinosos –esta especie come hasta 10 veces su peso al día– y muchos pasaron a ser comidos por esos intrusos. Las pesquerías de la zona se desmoronaron.

En otras partes del mundo ha habido grandes concentraciones de medusas que han atorado las redes de pesca y supuesto un peligro para los bañistas. En 2006 se cerraron playas de Italia y España a causa de una proliferación de la medusa luminiscente Pelagia noctiluca. En 2013 una central nuclear sueca tuvo que cerrar temporalmente porque las medusas luna estaban bloqueando los tubos de refrigeración.

Situaciones como estas dieron lugar a una avalancha de titulares que expandían la idea de que las medusas estaban adueñándose de los mares. Pero según los científicos la situación es más compleja. Las poblaciones de medusas fluctúan de manera natural, y la gente solo se fija en las proliferaciones. «Una gran proliferación acapara los titulares, mientras que su ausencia ni se nombra», dice Lucas Brotz, de la Universidad de la Columbia Británica.

Seg´un los cient´ificos, las poblaciones de medusas fluctúan de manera natural


Aunque algunas especies parecen beneficiarse de las alteraciones antropogénicas –en Namibia, por ejemplo, es posible que la sobrepesca haya inclinado el ecosistema hacia un nuevo estado dominado por la medusa radiada Chrysaora hysoscella y la medusa centelleante Aequorea victoria–, otras más delicadas parecen estar en declive. En un par de puntos del planeta los investigadores han ob­servado menos especies de medusas que antes.

Entre tanto la pregunta es: si hoy vivimos más encuentros desagradables con las medusas, ¿es porque se están adueñando de los mares? ¿O porque nos estamos adueñando nosotros?

«Siempre que tenemos un encuentro adverso con las medusas es porque los humanos hemos invadido los océanos –advierte Haddock–. Somos nosotros los intrusos en sus hábitats». Ellas se limitan a hacer lo que llevan haciendo generación tras generación desde hace cientos de millones de años: propulsarse por los mares sin hacer ruido, y, si se las observa con la luz adecuada, con una belleza infinita.

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