El extraño apareamiento de los bogavantes

Una lluvia dorada inicia el rito de apareamiento de este crustáceo que hace las delicias de los amantes del marisco. Y termina de una manera más curiosa todavía...

Un bogavante adulto se defiende del ataque de un pulpo

Un bogavante adulto se defiende del ataque de un pulpo

Foto: AGE fotostock

Un bogavante adulto se defiende del ataque de un pulpo

Esta es la vida sexual de una pareja de bogavantes: durante días, la hembra se dedica a lanzar orina en el interior de la madriguera de su pretendido. Cautivado por el aroma, el macho le permite entrar. Entonces se pasan varios días entregados a los juegos previos, acariciándose con las antenas y las patas, revestidas de receptores gustativos.

Una vez convencida de que obtendrá la protección del macho, ella se desnuda, despojándose lentamente tanto del caparazón duro como de la bolsa en la que había acumulado el esperma de una pareja anterior. Esa muda la deja con una concha nueva peligrosamente blanda, de modo que el macho monta guardia durante la media hora que tarda en endurecerse.

Ella se desnuda, despojándose lentamente tanto del caparazón duro como de la bolsa en la que había acumulado el esperma de una pareja anterior.



Después, apoyándose sobre las pinzas, se suspende sobre ella y la eleva para situarla frente a él, sosteniéndola entre las patas. El nuevo caparazón de la hembra tiene un nuevo saco de esperma en el que el macho introduce un paquete de esperma valiéndose de unos apéndices llamados gonópodos. Misión cumplida.

En cuanto la hembra se haya marchado, el macho abrirá su casa a otra pretendienta. Ella, mientras tanto, usará el paquete de esperma para fecundar miles de óvulos, que llevará debajo de la cola durante alrededor de un año, hasta que las larvas eclosionen.
Pero este curioso proceso reproductor podría verse afectado por el cambio climático, advierte Diane Cowan, fundadora de la ONG Lobster Conservancy.


En cuanto la hembra se haya marchado, el macho abrirá su casa a otra pretendienta.


Cuando el agua está caliente, los bo­gavantes invierten su energía en crecer; si está fría –con temperaturas inver­nales de entre -1 y 4 °C–, la destinan a producir óvulos o esperma, dice Cowan. Si el cambio climático reduce el período frío, estos crustáceos «producirán me­nos gametos. Y si la temperatura del agua es demasiado cálida, dejarán de producirlos por completo. A cero óvulos y cero esperma, cero bogavantes».

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