La Gran Muralla Verde del Sahel: convertir de forma rentable un desierto en un vergel

Un nuevo estudio que contempla estrategias tanto a corto como a largo plazo informa, más allá de los beneficios ecológicos derivados de la Gran Muralla Verde del Sahel, sobre la viabilidad económica del proyecto

Pueblo típico de la región del Sahel, en Níger

Pueblo típico de la región del Sahel, en Níger

Foto: FAO

22 de noviembre de 2021, 10:32 | Actualizado a

El Sahel se extiende al sur del Sahara, desde Senegal en el oeste, hasta Etiopía en el este de África. En la actualidad, debido a las sequías, los métodos de cultivo agrícolas deficientes y el uso excesivo de la tierra debido a la creciente demanda de alimentos o leña, vastas áreas de la que antaño fuera una región fértil y productiva se encuentran prácticamente sin cultivar.

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Para tratar de revertir esta situación, así como el continuo avance de la desertificación en toda la zona, en el año 2007 una iniciativa liderada por la Unión Africana sembró la idea de plantar una línea de árboles que, con unos 8.000 kilómetros de longitud y 15 de anchura, atravesara las zonas más áridas del Sahel. El proyecto sería conocido con el nombre de la Gran Muralla Verde del Sahel, y la barrera, con la cual se pretendía frenar el avance del desierto, se extendería desde Senegal en el Oeste, hasta Eritrea, en el extremo opuesto del continente, atravesando un total de 11 países y restaurando aproximadamente 100 millones de hectáreas de tierra.

Sin embargo, hasta el momento, este ambicioso objetivo está muy lejos de lograrse, en parte debido a la falta de recursos financieros. Ahora, no obstante, esto podría cambiar en un futuro próximo, o eso creen los más optimistas a razón de la promesa de varios países en el marco de la cumbre One Planet Summit for Biodiversity, celebrada el 11 de enero de este mismo año, de donar 13.000 millones de euros para sacar adelante el titánico proyecto. "Pero para usar estos fondos de manera eficiente, ahora tenemos que preguntarnos dónde y para qué medidas deberían usarse de manera más sensata", enfatiza el doctor Alisher Mirzabaev del Centro de Investigación para el Desarrollo -ZEF- de la Universidad de Bonn.

Trabajos de preparación de la tierra para la Gran Muralla Verde cerca en Burkina Faso

Trabajos de preparación de la tierra para la Gran Muralla Verde cerca en Burkina Faso

Foto: FAO

20 céntimos por cada euro invertido de rentabilidad neta

Mirzabaev, economista agrícola, es el director de un estudio que bajo el títuloEconomic efficiency and targeting of the African Great Green Wall, se publicaba recientemente en la revista Nature, y en el cual, los investigadores dividieron la región del Sahel en 40 millones de parcelas de 25 hectáreas.

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Una vez diseccionado el territorio, el equipo de Mirzabaev analizó qué medidas de restauración de tierras serían las idóneas para cada una de las parcelas y cuánto costaría llevarlas a cabo. Luego estipularon los beneficios económicos que se podrían lograr. “Por un lado, incluimos los llamados servicios de aprovisionamiento”, explica el economista. “Esto engloba las cosas que producen los ecosistemas: alimentos y agua potable, materias primas como la madera o las plantas medicinales". "También tuvimos en cuenta otros efectos de la iniciativa, como la mejora del clima local, la disminución de la erosión eólica o los servicios proporcionados por los polinizadores, que a su vez aumentan el rendimiento de los cultivos de los agricultores", añade. "Los resultados muestran que la construcción del "Muro Verde" también valdría la pena económicamente", continua, puntualizando, no obstante, la gran dependencia de varios factores que tendrían estas medidas.

Un pulso al desierto

Según explican los investigadores, por regla general, la reforestación sería la solución más ventajosa económica y ecológicamente. Esto tiene el inconveniente de que se necesitan décadas para que unos cientos de plántulas se conviertan en un bosque, por tanto hablaríamos de una inversión únicamente capaz de dar frutos a muy largo plazo.

Sin embargo, la situación se torna diferente cuando las áreas degradadas se convierten en tierras de cultivo. "Idealmente, la primera cosecha es posible después de solo un año", indica Mirzabaev. Por lo tanto, la restauración de tierras de cultivo puede pagarse por sí misma comparativamente rápido. Además, muchos pequeños agricultores pobres también prefieren retornos rápidos de sus actividades de restauración. Sin embargo, las ganancias que se pueden lograr como resultado son significativamente menores, al igual que los efectos ambientales.

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“En nuestro análisis trabajamos con diferentes escenarios, algunos de los cuales apuntan a beneficios más a corto plazo, mientras que otros generarán réditos más a largo plazo”, explica el economista agrícola, quien es miembro del Área de Investigación Transdisciplinar “Futuros Sostenibles” de la Universidad de Bonn. Por ejemplo, el llamado escenario de referencia, el más asequible contemplado por los científicos, incluye una combinación de rendimientos tanto a corto como a largo plazo en que cada euro gastado produce un rendimiento neto promedio de 20 céntimos.

La maldición africana

Entre las regiones que podrían resultar más beneficiadas de la consolidación de la Muralla Verde, se encuentran Nigeria, Eritrea y Etiopía. "Es aquí donde la inversión en la Muralla Verde daría sus mayores frutos", señala Mirzabaev. Para financiar todas las medidas propuestas en este escenario, se necesitaría una suma de 44.000 millones de euros que permitirían restaurar 28 millones de hectáreas de tierra.

Pueblo del Sahel cerca de Tombuctú en el borde de la Gran Muralla Verde

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Foto: FAO

No obstante, pese al optimismo de los más confiados con la iniciativa, en un territorio que cruza el continente africano de este a oeste en la zona de su máxima extensión latitudinal, existen enormes variaciones regionales, y la mitad de las regiones rentables contempladas son demasiado inseguras para actuar.

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Es por ello que el análisis también muestra que esto probablemente solo funcionará en teoría. La razón es que, debido a conflictos, disputas tribales y guerras, muchas de las regiones donde tendría sentido construir la Gran Muralla Verde son simplemente demasiado inseguras para adoptar tales medidas. "Si sacamos estas áreas, nos quedamos con apenas 14 millones de hectáreas", señala Mirzabaev. "Esto muestra cómo tales disputas no solo causan un sufrimiento humano directo, sino que también impiden el desarrollo positivo de las regiones afectadas", concluye con un sabor agridulce en la boca. Y es que Muralla Verde del Sahara, podría convertirse en una de las mayores obras de ingeniería agroforestal jamás llevadas a cabo por el ser humano, pero para ganarle un pulso a la naturaleza y el desierto, el hombre parece primero tener que ajustar cuentas consigo mismo.