Un antepasado parecido a las mantis vivió en Teruel hace 105 millones de años

Conservado en un ámbar hallado en la localidad de Utrillas, el descubrimiento de este insecto puede resultar clave para entender la evolución de las patas raptoras características de las mantis actuales

Aragomantispa lacerata

Aragomantispa lacerata

Foto: Scientific Report

Aragomantispa lacerata

Científicos del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford y del Instituto Geológico y Minero del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España -IGME- han descrito una nueva especie de insecto, denominada Aragomantispa lacerata, de 105 millones de años. El fósil, parecido a una mantis religiosa, se halló en un ámbar alojado en el yacimiento turolense de San Just, en la localidad de Utrillas. El descubrimiento el cuál se describe en el artículo titulado A mantidfly in Cretaceous Spanish amber provides insights into the evolution of integumentary specialisations on the raptorial foreleg y publicado en la revista especializada Nature Scientific Reports podría resultar clave para entender la evolución de las patas raptoras en este tipo de insectos.

Las patas raptoras muestran una compleja dotación de espinas y otras estructuras de agarre

El paleobiólogo del IGME Enrique Peñalver, uno de los dos responsables de la investigación, nos avanza la importancia del estudio: “los mantíspidos son extremadamente escasos en el registro fósil, sobre todo en ámbar. Este nuevo fósil es clave para entender cómo las patas raptoras evolucionaron en este fascinante grupo de insectos depredadores altamente especializados en la caza”, ya que las patas raptoras de mantíspidos del Cretácico como el que ahora se presenta tenían estructuras especializadas distintas a las de sus parientes actuales.

La preservación fragmentaria del ejemplar fósil contrasta con la exquisita conservación de las patas raptoras, las cuales muestran una compleja dotación de espinas y otras estructuras de agarre, lo que ha permitido por vez primera una comparación detallada entre mantíspidos fósiles y actuales. “En el Cretácico Inferior, las espinas de las patas raptoras de los mantíspidos, al menos las de Aragomantispa, carecían de los complejos órganos sensoriales de los mantíspidos actuales, formados por minúsculos conos en la punta de las espinas”, señala Ricardo Pérez de la Fuente del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford, y autor principal de la publicación.

Fósil de Aragomantispa lacerata hallado en el yacimiento de Sant Just

Fósil de Aragomantispa lacerata hallado en el yacimiento de Sant Just

Foto: Scientific Reports

Qué es un mantíspido

Los expertos nos explican que, aunque a primera vista parece una mantis religiosa y cazaba de forma similar, pertenece a un grupo de insectos muy distinto. Los mantíspidos son unos peculiares insectos depredadores que tienen patas delanteras con espinas que usan parar cazar insectos mediante movimientos súbitos de agarre, también llamados raptores. No obstante, son insectos neurópteros, por tanto, no emparentados con las mantis religiosas, sino con otros insectos como las crisopas o las hormigas león. En la actualidad se conocen unas 400 especies a nivel mundial, aunque tan sólo cuatro habitan la península Ibérica.

Por eso, Ricardo Pérez de la Fuente resalta que: “es la primera vez que un mantíspido fósil se halla en la península Ibérica, con lo que el descubrimiento también revela cómo los mantíspidos han habitado esta región del planeta durante, al menos, más de 100 millones de años, siendo desde entonces el letal azote de sus presas”.

Aunque a primera vista parece una mantis religiosa y cazaba de forma similar, pertenece a un grupo de insectos muy distinto.

La nueva especie, Aragomantispa lacerata, ha sido dedicada a Aragón y representa el mantíspido más antiguo descrito en ámbar con unos 105 millones de años. Curiosamente, en este mismo yacimiento durante la misma excavación se descubrió una mantis religiosa auténtica, publicada en el año 2016 y también dedicada a Aragón: Aragonimantis aenigma. El trozo de ámbar con el ejemplar de la nueva especie, encapsulado en resina sintética epoxi de alta calidad para su conservación, se añade al valioso patrimonio paleontológico de Aragón y está depositado en la colección de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis. “Este nuevo organismo se une a la colección de formas de vida extintas que nos muestra el ámbar turolense, y sin duda participa de forma destacada en nuestra visión de la ecología de los bosques del Cretácico, por ser un gran depredador en el pequeño mundo de los insectos”, concluye Enrique Peñalver.

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