La curiosa reproducción de los sapos parteros

Entre la gran variedad de estrategias reproductivas de los anfibios se encuentra el fascinante caso de los sapos parteros: un grupo de sapos europeos en el que los machos transportan sus huevos hasta que las larvas de su interior se desarrollan y son liberadas en el agua.

En los sapos partero del género Alytes, como este Alytes obstetricans, los machos acarrean una ingente cantidad de huevos durante varias semanas.

En los sapos partero del género Alytes, como este Alytes obstetricans, los machos acarrean una ingente cantidad de huevos durante varias semanas.

Foto: Roberto García Roa

La evolución es una artista cuya creatividad parece no tener límites. Un ejemplo de ello es la reproducción de los anfibios. La amalgama de estrategias que ranas, sapos, salamandras, tritones o cecilias utilizan durante la cópula, la fertilización de los huevos y su desarrollo, ha sido recientemente recapitulada en un estudio en el que se han descrito 74 modos diferentes de reproducción en las 2.171 especies de anfibios (alrededor del 30% de las especies del grupo).

Al leer esto se podría pensar que, para encontrar casos excepcionales en dichas estrategias reproductivas, hay que viajar a lugares exóticos y buscar especies fuera de lo común. Pero no siempre es así. Por ejemplo, en Europa habita un grupo de sapos cuyo modo de reproducción es una rara avis, un caso realmente excepcional: los sapos parteros.

Este grupo de anfibios está formado actualmente por cinco especies: el sapo partero ibérico o Alytes cisternasii (distribuido en la parte más suroccidental de la península Ibérica), el sapillo balear o Alytes muletensis (endémico de la isla de Mallorca), el sapo partero bético o Alytes dickhilleni (endémico del sureste de la península Ibérica), el sapo partero marroquí o Alytes maurus (distribuido en la cordillera del Atlas, en Marruecos), y finalmente la especie que aparece en la fotografía, el sapo partero común o Alytes obstetricans (su distribución se extiende desde España hasta Suiza y Reino Unido).

Un canto irresistible

En los sapos parteros, los machos y las hembras se localizan por medio de un canto tan breve como embriagador. Un sutil pitido que puede ser detectado a cientos de metros de distancia, especialmente cuando varios machos entonan su propia melodía. Estos pueden llegar a formar “duetos” en donde coordinan sus notas con los competidores más cercanos. Al igual que en otros anfibios, los machos más grandes emitirán cantos más graves, lo cual será una señal irresistible para atraer a aquellas hembras en busca de pretendientes.

Estas vocalizaciones no las realizan inmersos en masas de agua, como charcas o ríos, si no fuera de ella. Cuando la temperatura en el exterior es inferior a los 10 ºC, pueden hacerlo incluso enterrados en el sustrato o abrigados por taludes y pedregales. De hecho, la cópula puede llegar a darse dentro de estos refugios, evitando la pérdida de temperatura corporal y la molestia de posibles depredadores.

Un apareamiento poco convencional

En un apareamiento que puede llegar a durar más dos horas, el macho se agarra a la hembra de la zona inguinal, momento en el cual empieza a producir repetidos pedaleos sobre esta. Tras un baile de movimientos, la hembra expulsa un cordón de huevos que recoge entre sus patas. El macho entonces soltará la cintura de la hembra y la agarrará por su cabeza.

Es precisamente en ese momento cuando estos sapos empiezan a diferenciarse de la mayoría de los anfibios; es aquí donde se ganan el nombre de “sapos parteros”.

Cuando la hembra ha expulsado todos los huevos, el macho enrolla el cordón entre sus patas, haciéndose pleno responsable del cuidado y desarrollo de la prole una vez que la hembra se haya ido. Todo este proceso puede repetirse con varias hembras en noches consecutivas, de tal modo que los machos más grandes serán capaces de transportar un mayor número de puestas distintas – se ha documentado que algunos pueden cargar hasta tres puestas de diferentes hembras.

En la batalla por la reproducción, los machos más grandes gozarán de un mayor éxito reproductivo. Esto desemboca en una elevada competencia entre las hembras por tener acceso a estos machos.

Durante un periodo aproximado de un mes, los machos de sapos parteros acarrean a sus espaldas una mochila llena de vida: su descendencia. Una ristra de huevos que irá desarrollándose con el paso de los días. Cuando las larvas están plenamente formadas en el interior de los huevos, el macho se aproxima, ahora sí, a una masa de agua en donde liberará la puesta. Al sentir el contacto con el agua, las larvas salen de los huevos y empiezan su propia vida como renacuajos independientes – una metamorfosis que en las especies de sapos partero puede requerir de varios años hasta completarse.

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