La contaminación lumínica desorienta a los animales que se guían con el cielo nocturno

Una nueva investigación ha demostrado, a través de un experimento con escarabajos peloteros, que la contaminación lumínica limita la capacidad de algunos animales para orientarse ante la falta de luz nocturna natural.

Un escarabajo pelotero nocturno trepa sobre su bola de estiércol para observar las estrellas antes de comenzar a rodar.

Foto: Chris Collingridge, Lund University

El aumento de la contaminación lumínica en todo el mundo está provocando serios problemas para aquellos seres vivos adaptados a la oscuridad de la noche. Algunos animales, como algunas aves migratorias, focas o polillas, utilizan la luz de la luna, las estrellas o incluso la Vía Láctea para orientarse. Ahora, según los hallazgos publicados en Current Biology, se ha evidenciado que debido a la contaminación lumínica no perciben correctamente la luz nocturna natural y se ven obligados a utilizar farolas, luces de neón u otras fuentes lumínicas para orientarse, lo que, finalmente, termina por desorientarles más.

La contaminación lumínica está provocando serios problemas para aquellos animales que están adaptados a la oscuridad nocturna.

El estudio del comportamiento de los animales nocturnos no es nuevo. En mayo de 2016, un equipo de investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) comprobó que los escarabajos peloteros realizaban una danza misteriosa y tomaban instantáneas del cielo para recoger información sobre los cuerpos celestes y así poder trazar su trayectoria. Ahora, este nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de esta misma universidad junto a otros de la Universidad de Witwatersand (Sudáfrica), ha demostrado cómo estos insectos se ven obligados a buscar señales de su entorno inmediato para navegar ante la falta de luz nocturna natural. “Estos escarabajos se ven obligados a abandonar su brújula celeste y orientarse con luz artificial en su lugar”, explica James Foster de la Universidad de Würzburg en Alemania, quien dirigió el estudio durante su estancia en la Universidad de Lund.

Un escarabajo pelotero sobre una bola de estiércol ejecuta una danza misteriosa. Su caparazón duro rota encima de la pelota y con sus ojos diminutos toma una serie de instantáneas del cielo diurno o nocturno que quedarán almacenadas en su pequeño pero prodigioso cerebro.

Foto: Emily Baird, Lund University

Cómo estudiar la contaminación lumínica

Los experimentos se realizaron varias noches en dos ubicaciones diferentes de Sudáfrica. El primero de ellos era un lugar donde existía mucha contaminación lumínica, una azotea en el centro de Johannesburgo, mientras que el otro se encontraba en la zona rural de Limpopo, donde las estrellas iluminan la oscuridad nocturna.

Los resultados fueron inequívocos: los escarabajos peloteros eran incapaces de utilizar su brújula celeste en presencia de la contaminación lumínica, provocando que se desplazasen hacia farolas y elementos iluminados de forma artificial. Además, varios individuos se desplazaron hacia la misma fuente de luz, cuando en condiciones naturales tienden a dispersarse en todas las direcciones, alejándose unos de otros para evitar la confrontación.

James Foster y Marie Dacke realizan experimentos de orientación en un sitio de cielo oscuro en la zona rural de Limpopo

Foto: Lund University

Claudia Tocco en la misma noche realizando el mismo experimento en nuestro sitio contaminado por la luz: el techo de la Universidad de Witwatersrand en el centro de Johannesburgo

Foto: Marcus Byrne, Lund University

En el estudio, también comprobaron la influencia del nivel de exposición a luz artificial al que se sometían los escarabajos. “En nuestros experimentos, observamos como los escarabajos que veían la contaminación lumínica directa se comportaban de forma poco natural, pero permanecían orientados. Los que solo podían ver el cielo nocturno contaminado por la luz, pero no podían ver edificios iluminados ni farolas, se desorientaron por completo”, sostiene Foster.

No solo afecta a los escarabajos

A su vez, los investigadores del estudio deducen que este fenómeno se extrapola a otros animales. “Creemos que la contaminación lumínica puede tener un efecto equivalente en las polillas, obligándolas a abandonar su brújula y volar hacia la luz artificial, para tener alguna señal con la que orientarse”, apunta Maria Dacke, profesora de Zoología Funcional en Universidad de Lund.

Los investigadores del estudio piensan que este desorientación causada por la contaminación lumínica es extrapolable a otros animales.

A fin de cuentas los científicos han comprobado como la contaminación lumínica reduce las señales celestes naturales, lo cual dificulta de forma drástica la orientación de los animales que se guían y orientan a través del cielo nocturno. Es como si la luz emitida por el ser humano fuera una especie de "desmagnetizador" de la brújula estelar que tienen los animales para viajar seguros.

El mapa de la contaminación lumínica y sus efectos

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