Cetáceos amenazados en aguas canarias

El excesivo tráfico marítimo está diezmando las poblaciones de calderones en una Zona Especial de Conservación del archipiélago canario. El fotógrafo Francis Pérez retrata el ocaso vivido por estos cetáceos.

Calderón de aleta corta

Calderón de aleta corta

Una hélice de una embarcación de mediano tamaño seccionó de forma irreversible la aleta caudal y la columna de esta joven hembra de calderón de aleta corta en Tenerife.

Foto: Francis Pérez

Calderón de aleta corta

En lo que llevamos de año han muerto cinco cetáceos en aguas de las Islas Canarias por colisiones con embarcaciones. El más reciente, un cachalote cuyo cadáver apareció el 13 de abril con grandes cortes en la cabeza. El penúltimo, una hembra juvenil de calderón de aleta corta, o tropical, que el fotógrafo submarino Francis Pérez captó en esta imagen (derecha) el pasado 27 de marzo en el sudoeste de Tenerife. El ejemplar tuvo que ser eutanasiado in situ: su aleta caudal había sido seccionada casi en su totalidad por la hélice de una embarcación de tamaño mediano.

Sucedió en la Franja marina Teno-Rasca, declarada desde 2011 como Zona Especial de Conservación (ZEC), donde reside una de las poblaciones más importantes del mundo de estos calderones. Las ZEC conforman la Red Natura 2000, un conjunto de espacios protegidos cuyo objetivo es la supervivencia a largo plazo de las especies y los hábitats más amenazados de Europa.

Sin embargo, Teno-Rasca es una zona crítica debido a la gran cantidad de tráfico marítimo: numerosísimos fast ferries se solapan con motos acuáticas y barcos recreativos y profesionales, todos ellos sin límite de velocidad. A mayor velocidad, mayor riesgo de colisión. Aquí los calderones viven estresados, como demostraron los científicos de la Asociación Tonina tras analizar los niveles de cortisol en su grasa subcutánea. Los niveles de esta hormona del estrés eran casi el doble de los que presentan otras poblaciones de calderones de otras zonas sin tanta presión náutica.

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Para Francis Pérez, experimentado fotógrafo y buceador, ese 27 de marzo fue uno de los días más duros vividos en el mar. Jacobo Marrero, director científico de la Asociación Tonina, estaba en la zona en una campaña de investigación de calderones de la Universidad de la Laguna (ULL) cuando recibió aviso del ejemplar herido y le pidió que acudiera a documentarlo.

Una fotografía terrible

"Fotografiar y grabar a esa cría con la aleta caudal seccionada y, luego, presenciar su eutanasia fue terrible", recuerda Pérez. Cuando llegaron los veterinarios del Centro de Recuperación de Fauna de La Tahonilla, del Cabildo de Tenerife, y valoraron la situación, su responsable, Santiago Mayans, vio que Hope (así bautizó Marrero al joven calderón) no tenía salvación. "Código deontológico de veterinaria: animal con heridas físicas que comprometen su vida y síntomas de sufrimiento por causas antropogénicas. Protocolo: eutanasia. ¿Me ayudan a cogerlo?", dijo. Entonces llegó la parte más dura y complicada, añade Pérez. No se disponía de camilla ni de un rifle con dardos sedantes. Se hizo como se pudo. Capturaron a Hope con una red y se procedió a dormirla para siempre. Para ello tuvieron que sacarla del mar, para poder ponerle la inyección y que no oyera las llamadas de su grupo social que la mantenían en estado de máxima alerta. Fue una experiencia tristísima que podría haberse evitado si las medidas pertinentes estuviesen implementadas.

Natacha Aguilar, doctora de la ULL y experta mundial en cachalotes, zifios y calderones, esgrime que para paliar la mortandad por colisiones en primer lugar hay que reducir de forma urgente la velocidad de los barcos en las ZEC y otras zonas de concentración de cetáceos, así como dotar a los ferries de tecnologías de detección y formar a las tripulaciones para que sepan cómo evitar colisionar con los animales detectados. En países como Canadá, las colisiones generan medidas de emergencia. Los cetáceos son especies protegidas. Hagamos que esa protección sea real.

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