Ataques de tiburones: mitos y respuestas

Tras varios años de descenso, los ataques de tiburones volvieron a aumentar en 2021. ¿Por qué se ha producido este aumento? ¿Es preocupante? ¿Por qué tenemos tanto miedo a los tiburones? Desvelamos algunos de los mitos más extendidos sobre los escualos.

Nadando entre tiburones

Nadando entre tiburones

La oceanógrafa Gádor Muntaner nada junto a un tiburón en aguas abiertas. Según la experta, una de las claves para evitar el ataque de un escualo es que estos depredadores no nos consideren una presa. 

Foto: Rafael Fernández Caballero

En 2021 los ataques de tiburones volvieron a repuntar en todo el mundo después de descender durante tres años consecutivos. Así lo indican los datos del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón del Museo de Historia Natural de Florida, la institución que lleva el recuento de este fenómeno en todo el mundo. En concreto, el año pasado se contabilizaron un total de 73 mordeduras y nueve muertes, 21 más que el año anterior, la mayoría de ellas en Estados Unidos, donde tuvieron lugar el 64% de todos los casos mundiales. Todos, salvo cinco, en la costa del Atlántico.

El 64% de todos los ataques de tiburón se registraron en Estados Unidos.

A pesar de ser pocas las personas atacadas, hay quien sigue pensando que los escualos son muy peligrosos, cuando la realidad es que los ataques de tiburones son muy poco frecuentes. Las posibilidades de que suceda son, en realidad, minúsculas, comparadas con las de otros animales. Por ejemplo, el número de fallecidos por ahogamiento es infinitamente superior, y ello no desata un miedo atroz a meterse en el agua. De hecho, las pocas mordeduras que ocurren cada año son un excelente indicador de que los tiburones no se alimentan de humanos y que la mayoría de episodios se deben simplemente a un accidente, o en el peor de los casos, a un acto de defensa.

Los tiburones no se alimentan de humanos. La mayoría de los ataques son accidentes

“Al contrario de lo que podríamos pensar, los ataques de tiburones son una rareza. Por ejemplo, los perros matan a unas 35.000 personas al año, muchísimo más que los escualos” -afirma Gádor Muntaner, oceanógrafa especializada en tiburones y storyteller de la revista National Geographic España. Entonces, ¿por qué les tenemos tanto miedo? ¿Son todos los tiburones igualmente peligrosos? ¿Qué debemos evitar si nos encontramos de frente con un tiburón?

Gádor Muntaner, la oceanógrafa que nada entre tiburones

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No todos los tiburones son igual de peligrosos

Para empezar, de las más de 500 especies diferentes de tiburones que pueblan los océanos solo atacan a los humanos alrededor de 30, esto es, únicamente cerca del 6% de todos los escualos. Además, de estos, solo alrededor de una docena pueden considerarle peligrosos, entre ellos el gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) y el tiburón toro(Carcharhinus leucas).

Estas especies son las que han tenido peor fama, pero no significa que sean más peligrosas, sino que coincidimos más a menudo con ellas, apunta Gádor Muntaner, quien recuerda que estos depredadores suelen acercarse más a la costa para alimentarse, lo que aumenta el número de contactos -y accidentes- con los humanos. "Siempre han sido esas especies las que peor fama han tenido… pero la razón no es que sean más peligrosos como tal, sino que coincidimos más a menudo con ellos. Se trata de especies que se acercan a la costa para alimentarse (a diferencia de otras, que son de hábitos más pelágicos) y, por tanto, coexistimos más con ellas que con otras. Además, usan esas zonas para alimentarse (justo las áreas dónde nosotros hacemos actividades de ocio), las probabilidades de accidente aumentan" apunta la especialista.

A resguardo

A resguardo

Gádor Muntaner observa el paso de un tiburón desde una jaula de protección. 

Foto: Gádor Muntaner

“No hay animales peligrosos, sino más bien situaciones peligrosas. Nadar entre tiburones, de por sí, no tiene por qué ser arriesgado, excepto si nos encontramos en su área de alimentación en las horas que dedican a esta actividad, por ejemplo, durante el amanecer o en el ocaso. En esos casos aumentan considerablemente las probabilidades de que ocurra un accidente- afirma Muntaner-, aunque aun en esas condiciones, sigue siendo estadísticamente muy difícil que suceda”.

"No hay animales peligrosos, sino más bien situaciones peligrosas". Gádor Muntaner, oceanógrafa.

Los tiburones son depredadores

Todos los tiburones, sean grandes o pequeños, son depredadores, con lo que tienen potencial de provocar fuertes lesiones. Por ello, es importante tener interacciones respetuosas. Y esto es algo a tener en cuenta cuando uno nada entre ellos. “Es importante que intentemos no parecer una presa, sino un depredador -afirma Muntaner-. Si huimos, el tiburón verá el comportamiento típico de todas sus presas, pero si actuamos como un depredador, quedándonos agrupados o incluso nadando hacia ellos, no nos atacará”.

Estos son algunos consejos para nadar con tiburones:

  • Mantenerse siempre en grupo.
  • No alejarse demasiado de la costa.
  • Evitar las primeras horas del día o el crepúsculo, cuando tiburones se alimentan y están más activos.
  • No llevar nada brillante, pues la luz reflejada puede confundir al tiburón con las escamas de un pez.
  • Evitar el baño cuando el agua está turbia y no llevar ropa con colores brillantes, pues los tiburones pueden detectar el contraste.
  • Abstenerse de salpicar en exceso.
  • Por supuesto, no molestar a los tiburones.

Los humanos no forman parte de su dieta

Todos tenemos en mente la típica imagen de un tiburón persiguiendo a un incauto surfista en una playa. Pero, en realidad, los humanos no nos encontramos entre el plato preferido de los escualos. El más temido de todos, el gran blanco, protagonista de la película Tiburón, se alimenta de peces, mamíferos marinos y cetáceos, pero no seres humanos.

El mito de la sangre

Uno de los mitos más extendidos es que los tiburones son capaces de detectar nuestra sangre a kilómetros de distancia. Sí es cierto que son capaces de detectar sangre a grandes distancias, pero no pueden hacerlo a kilómetros vista, o si la sangre se está muy diluida en el agua. Además, tienen muchos otros sentidos para identificar a sus presas, e intentan asegurarse de gastar su energía de forma efectiva, eligiendo presas que les aporten un alto contenido energético y nutritivo, y ahí no nos encontramos los humanos.

Por otro lado, no es cierto que ataquen cuando detectan sangre humana, ya que, como hemos dicho antes, el ser humano no forma parte de su dieta. “La sangre humana no les atrae como sí lo hace la de pescado -apunta Gádor Muntaner-. Es posible que en un caso de sangrado muy abundante se acercasen a curiosear, pero desde luego no con la menstruación de una mujer, por ejemplo, como muchos piensan. Además, también tienen papilas gustativas con las que diferencian sabores y eligen lo que les gusta”.

Entonces, ¿por qué tenemos tanto miedo a los tiburones?

El miedo de los humanos a los tiburones puede estar en parte arraigado en nuestro pasado, cuando teníamos que estar en constante alerta ante los grandes depredadores. En la actualidad nos encontramos sometidos a un incesante bombardeo de imágenes estereotipadas procedentes del cine o exageradas por los medios de comunicación, con mucha información errónea o fuera de contexto. El tiburón es un gran depredador esencial para el equilibrio de los ecosistemas acuáticos. Merece nuestro respeto, pero no nuestro miedo.

¿Cuánto sabes sobre el tiburón blanco?

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