Se suele hablar de Mesopotamia como una de las cunas de la civilización, y como tal también lo es de uno de los grandes compañeros del género humano: el gato. Su domesticación es mucho más reciente que la de los perros, pero desde la prehistoria han sido compañeros inestimables, especialmente por su capacidad de mantener a raya a los roedores. No es de extrañar, pues, que la expansión del gato doméstico por Europa vaya pareja a las grandes migraciones humanas.

Un estudio de la Universidad de Cambridge ha trazado un mapa de la expansión del gato doméstico desde tiempos preneolíticos hasta la época vikinga, confirmando que esta coincide con grandes movimientos migratorios o expansiones militares. También ha comparado numerosas mandíbulas de gato doméstico, pertenecientes a diferentes lugares y épocas, con las de dos especies de gato silvestre: el gato salvaje europeo (Felis silvestris silvestris) y el gato salvaje africano (Felis silvestris lybica) y concluye que el gato doméstico procede de este último.

El gato salvaje europeo es de mayor tamaño y complexión más robusta que su pariente africano
Foto: Luc Viatour / https://Lucnix.be

Siguiendo las huellas del gato doméstico

El mapa muestra que la domesticación del gato probablemente se produjo por primera vez en Mesopotamia y que hubo cinco grandes momentos de expansión. Los dos primeros están vinculados a las migraciones de las sociedades prehistóricas. El primero se produjo alrededor del año 7500 a.C. desde Mesopotamia hacia los Balcanes, pasando por Asia Menor, cuando los cambios en el clima empujaron a las personas a buscar nuevos territorios para el ganado. El segundo tuvo lugar aproximadamente entre el 3800 y el 1700 a.C. y se produjo a través del Mediterráneo oriental, llegando a Egipto, a las islas del mar Egeo, a Grecia y a Sicilia. También se produjo una migración paralela a esta desde los Balcanes hacia el noreste de Europa.

Mapa de la expansión del gato doméstico por Europa y Oriente Próximo
Fuente: Autores del estudio

Una tercera expansión se produjo entre la Edad del Bronce y del Hierro: esta fue hacia el Mediterráneo occidental, alcanzando la península Itálica y la Ibérica, así como las islas de Cerdeña y Córcega. Este movimiento está asociado sobre todo a los navegantes griegos, etruscos y púnicos que dejaban sus ciudades para fundar colonias en otras tierras. En esta migración, la presencia de los gatos iba estrechamente ligada a su función de protectores de las cosechas frente a los roedores, puesto que estos colonos buscaban precisamente nuevas tierras de cultivo.

La cuarta y la quinta migración del gato doméstico, en cambio, están relacionadas con la conquista militar. La primera de ellas tiene lugar durante la expansión romana y amplía el área de distribución del gato a toda Europa continental y a la parte de Gran Bretaña bajo dominio romano. La segunda es más tardía y se produce de la mano de los vikingos, a lo largo del mar del Norte, el mar Báltico y las costas atlánticas de Europa.

Un amor de larga duración

El estudio también muestra una variación considerable del tamaño medio del gato doméstico a lo largo de las épocas, aunque hay que tener en cuenta que las muestras se han tomado en sitios de Europa central y oriental y, por lo tanto, solo son aplicables a los animales de estas zonas.

Variación del tamaño medio del gato salvaje europeo (en verde) y el gato doméstico (en naranja)
Fuente: Autores del estudio

Los resultados muestran que los gatos domésticos fueron disminuyendo de tamaño desde el Neolítico hasta la Edad Media, para luego recuperarse ligeramente hasta la actualidad. En cambio, el tamaño medio del gato salvaje europeo ha permanecido estable en todo este tiempo, por lo que la variación en los gatos domésticos puede atribuirse a una menor abundancia de roedores y, por lo tanto, de cosechas.

Una conclusión curiosa de este estudio es que desmiente una creencia arraigada según la cual los gatos eran vistos con malos ojos durante la Edad Media. En cambio, los resultados apuntan a que la popularidad de estos animales como mascotas creció durante el Medievo, en particular desde el siglo XIII. Paradójicamente, esto coincide con la bula papal Vox in Rama de Gregorio IX, en la que condenaba los gatos y en particular los de color negro como agentes de Satán, por lo que estos resultados sugieren que ni siquiera la condena del Papa pudo eliminar la popularidad de la que gozaban estos compañeros domésticos desde tiempos antiguos.

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