Oleada de huracanes en septiembre y octubre

En 2018 el huracán Florence y el Helen hicieron saltar las alarmas en Estados Unidos y Europa. Cierto es que el final del verano en el hemisferio norte es época de formación de huracanes pero, ¿es normal que se formen tantos huracanes y de tanta virulencia? ¿Qué provoca que haya tantos huracanes? ¿Tiene algo que ver el cambio climático?

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El gigantesco huracán Florence desde espacio. El gigantesco huracán Florence desde el espacio

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El gigantesco huracán Florence desde el espacio

Espectacular imagen tomada por el astronauta Alexander Gerst el 12 de septiembre de 2018, desde la Estación Espacial Internacional (ISS), a 400 km de altura. Tras realizarla comentó: "¡Cuidado, América! El huracán Florence es tan enorme que solo pudimos capturarla con un objetivo súper gran angular desde la Estación Espacial Internacional, a 400 km directamente sobre el ojo. Prepárense en la costa este, es una pesadilla que se dirige hacia vosotros".

Foto: ESA

El ojo del huracán Florence

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El ojo del huracán Florence

Espectacular imagen del ojo del huracán categoría 4. Como comentó el autor de la foto, el astronauta Alexander Gerst, desde la ISS, "¿Alguna vez has mirado por el ojo de un huracán de categoría 4? Es escalofriante, incluso desde el espacio".

Foto: ESA

Un huracán categoría 4

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Un huracán categoría 4

A finales de agosto de 2018 las aguas del Atlántico se calentaron, generando un caldo de cultivo perfecto para la gestación de los huracanes. La consecuencia fue este enorme huracán, Florence, que puso en alerta a Estados Unidos.

Foto: ESA

El gigantesco huracán Florence desde espacio

Oleada de huracanes en septiembre y octubre

Septiembre es el mes de huracanes por excelencia. Climatológicamente hablando más del 90% se producen después del 1 de agosto, por lo que finales del verano y comienzos del otoño representan la época óptima para el desarrollo de estos sistemas en la zona tropical. En 2018 Florence, un huracán de categoría 4 sobre 5 impactó en las costas del este de Estados Unidos dejando cuantiosos daños personales y materiales en la zona. Pero este huracán no se desarrolló solo en aguas atlánticas, sino que le acompañaron otros cinco sistemas, alguno de ellos incluso se dirigió hacia Europa. Al mismo tiempo, en el Pacífico, Filipinas recibió el impacto del tifón Mangkhut, de categoría 5 con vientos sostenidos de más de 200 km/h.

Tanta actividad no debería sorprender, teniendo en cuenta que septiembre es un mes de alto desarrollo de ciclones tropicales, pero es bastante inusual que hasta ese momento la temporada había sido muy poco activa y en cuestión de días aparecieron hasta nueve ciclones a lo largo de todo el trópico.

Aproximadamente el 60% de los ciclones tropicales y el 85% de los huracanes más intensos nacen en África

Cómo se forman los huracanes

Para poder comprender este fenómeno es necesario saber cómo se originan los ciclones tropicales. En el caso de los que se generan en el Atlántico -los conocidos como huracanes- la mayor parte de ellos tienen su punto de partida en uno de los lugares menos imaginables: África. Aproximadamente el 60% de los ciclones tropicales y el 85% de los huracanes más intensos nacen en este continente.

En la región más occidental, frente a las islas de Cabo Verde, comienzan a gestarse muchas de las tormentas que posteriormente darán lugar a estos impresionantes fenómenos meteorológicos. En esta región se une el aire seco y cálido del Sahara con el frío y húmedo del Golfo de Guinea. Esta confluencia de vientos genera las llamadas ondas tropicales, zonas de bajas presiones relativas que se mueven hacia el oeste en los trópicos, creando tormentas.

Sin embargo, para que tormentas como estas se conviertan en huracanes necesitan “alimentarse” y “nutrirse”, algo que consiguen al desplazarse sobre aguas más cálidas que favorecen la evaporación y posterior formación de nubes.

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Cuando la zona del Atlántico tropical está más fría de lo normal durante los meses de verano existen menos huracanes en dicha época. Sin embargo, en el momento en que empiezan a calentarse las aguas se genera el caldo de cultivo perfecto para la gestación de los huracanes. Cuando dicho calentamiento de la superficie del Atlántico (y del trópico en general) se produce repentinamente la actividad de ciclones dispara, como ocurrió el año 2018. Evidentemente no es el único requisito para que puedan desarrollarse, pero sí es uno de los más importantes.

La importancia del cambio climático

Aunque no existe un consenso sobre si el cambio climático provocará un aumento en el número de huracanes, se espera que los próximos años las temperaturas del agua del mar sigan aumentando y que esto pueda intensificar sus impactos, aunque no su frecuencia.

Algunos análisis recientes concluyen que los huracanes de mayor categoría formados en la cuenca Atlántica han aumentado su intensidad en las últimas décadas y no se descarta que en un futuro sus efectos puedan ser más devastadores. Habrá que esperar a los datos registrados en 2019 y los consecuentes registros, pero las expectativas no son muy halagüeñas.

Mar Gómez, ElTiempo.es

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