6 zonas de España contaminadas por radiación nuclear

El Consejo de Seguridad Nuclear ha señalado seis terrenos contaminados, aunque ha admitido que no están catalogados como tales debido a la ausencia de legislación al respecto.

Residuos nucleares

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Foto: Gtres

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EL CSN, la organización encargada de velar por la seguridad nuclear en España, ha emitido un comunicado en el que admite la existencia de hasta seis zonas afectadas por contaminación, entre las cuales se encuentran terrenos localizados en la pedanía de Palomares, en Almería, y en las marismas de Mendaña, en la desembocadura del río Tinto, en Huelva. El organismo regulador ha elaborado una lista con aquellos terrenos que "presentan radiactividad originada por actividades humanas”, aunque no cataloga estos puntos como zonas contaminadas, debido a la ausencia de regulación específica sobre esta materia.

En este caso, la organización ha venido actuando caso por caso en función del riesgo o del impacto radiológico potencial de cada zona, reflejando cada actuación en sus informes anuales remitidos al Congreso de los Diputados. El resultado es un listado de seis puntos negros que presentan radiactividad originada por accidentes (Palomares) o por la realización de trabajos con sustancias radiactivas en el pasado. Sin embargo, excluye los terrenos afectados ubicados en instalaciones nucleares autorizadas.

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En concreto, los seis puntos negros identificados por el CSN son los siguientes:

1- Palomares. En esta pedanía situada en el término municipal de Cuevas de Almazora, en Almería, se han identificado 40 hectáreas de terrenos contaminados, fraccionados en cuatro zonas, con presencia de Plutonio-239 y Americio-241. El terreno es conocido por el accidente ocurrido en 1966, cuando un bombardero estadounidense B-52 chocó con un avión nodriza, provocando la caída de cuatro bombas nucleares de 1,5 megatones cada una.

2-Marismas de Mendaña. En este paraje natural situado en el estuario del río Tinto en Huelva, antes de su confluencia con el río Odiel, se ha documentado la existencia de un terreno de aproximadamente 1.600 m2, con presencia de Cesio-137.

3-Estuario del río Tinto en Huelva. La desembocadura de este característico rí, conocido por el color rojizo de sus aguas, presenta una balsa de fosfoyesos on una extensión de aproximadamente 1.200 hectáreas, en una zona contaminada localizada antes de su confluencia con el río Odiel.

4-Paraje de El Hondón, situado en Cartagena, Murcia. Se han encontrado depósitos de lodos de fosfatos, con una extensión de aproximadamente 108 hectáreas, con presencia de Uranio-238.

5-Provincias de Madrid y Toledo. Concretamente, en las márgenes del Canal Real del Jarama, se encuentran ocho zanjas de longitud y profundidad variable, conocidas como las Banquetas del Jarama, en las que se ha detectado la presencia de Cesio-137 y Estroncio-90.

6- Flix. En el embalse del río Ebro situado en este pueblo tarraconense se han detectado lodos de fosfatos, con presencia de Uranio-238, que ya han sido retirados.

Además de las seis zonas contaminadas citada, el CSN informa de la existencia de explotaciones de mineral uranio en las que se han desarrollado labores de restauración con el objetivo de garantizar que no suponen un riesgo para la población, además de minas de metal abandonadas.

Vacío normativo

La actuación del Consejo de Seguridad Nuclear responde a la ausencia de una normativa estatal que regule la catalogación de zonas contaminadas. La propia organización elaboró en 2010 un proyecto de Real Decreto de cara a la realización de actividades potencialmente contaminantes del suelo. Sin embargo, la propia entidad estimó necesario modificar la Ley de Energía Nuclear “como ley habilitadora de algunos aspectos regulados en el decreto”. Dicha labor se inició en 2014 con una propuesta del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que hoy se encuentra todavía en trámite por el Ministerio para la Transición Ecológica.

Las organizaciones conservacionistas critican la excesiva demora legislativa, que impide delimitar y actuar en las zonas afectadas. "Resulta incomprensible que, estando el medio ambiente y la salud de las personas en juego, el CSN no pueda hacer nada por falta de normativa, y sin embargo, cuando es necesaria una nueva autorización de una instalación, como en la tramitación de permisos para el almacén nuclear de Villar de Cañas (Cuenca), emite informes al amparo del Sexto Plan General de Residuos Radiactivos, que data de 2006", declara a National Geographic Raquel Montón, responsable de la campaña antinuclear de Greenpeace. La organización ecologista exige la renovación de un consejo, que, a su juicio, se escuda en la falta de normativa para no cumplir con sus obligaciones.

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