La abeja gigante de la resina se extiende por Europa

Aunque Megachile sculpturalis no es agresiva, a pesar de su tamaño, los científicos sostienen que el seguimiento preciso de la especie es clave para evaluar correctamente su estatus de especie exótica invasora

La abeja gigante de la resina - Megachile sculpturalis

La abeja gigante de la resina - Megachile sculpturalis

Foto: iStock

La abeja gigante de la resina -Megachile sculpturalis- es la primera abeja exótica documentada de Europa. Aunque no se trata de una de las abejas más grandes de su género, este miembro de la familia Megachilidae puede alcanzar entre los 1,4 y 2,4 centímetros. Fue documentada en Europa, en las cercanías de Marsella, Francia, por primera vez en el año 2009. Desde entonces ha colonizado gran parte de los países de Europa central a un ritmo vertiginoso y sus registros se han multiplicado por diez en los últimos años. En la península Ibérica se tiene constancia de su presencia desde el año 2018, la cual se concentra en el litoral mediterráneo, aunque se espera que próximamente alcance las regiones de la cornisa cantábrica.

Ahora no obstante, un estudio en el que han participado el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales -CREAF- y la Universidad Autónoma de Barcelona -UAB- que bajo el titulo On the road: Anthropogenic factors drive the invasion risk of a wild solitary bee species se publica en la revista especializada Science of The Total Environment, acaba de poner de manifiesto que de la invasión de esta especie en Europa no ha hecho más que comenzar, ya que según los investigadores, M. sculpturalis sólo ha ocupado una pequeña parte, el 25%, del territorio potencial que teniendo en cuenta sus requerimientos ecológicos podría colonizar.

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Urbana y amante de la carretera

La abeja gigante de la resina es originaria de Asia oriental e igual que la mayoría de especies de abeja es solitaria, es decir, al reproducirse las hembras de esta especie fundan su propia colonia. En el caso de M. sculpturalis, estas fabrican sus nidos en agujeros de todo tipo o en los troncos de árboles, ya estén vivos o muertos. El estudio, liderado por la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena -BOKU-, ha comprobado que esta especie se expande por carretera, se refugia en las ciudades y que el cambio climático no afecta a su expansión, sólo a su distribución en Europa.

Megachile sculpturalis sólo ha ocupado una pequeña parte, el 25%, del territorio potencial que teniendo en cuenta sus requerimientos ecológicos podría colonizar.

De entre los factores más importantes que explican la rápida expansión de esta abeja gigante muchos guardan relación con la actividad humana. Más allá del clima, el cual debe ser parecido a la región de origen de la especie, esta abeja invasora emplea los puertos, las vías de comunicación y las ciudades densamente pobladas para expandirse y reproducirse. De hecho, se cree que M. sculpturalis muy probablemente llegó a Europa mediante el transporte marítimo de madera, alojada en el interior de algunas de las piezas transportadas, y que una vez aquí las carreteras han servido para dispersar a la especie. Según los datos, su presencia se concentra en las áreas urbanas, donde es capaz de utilizar construcciones humanas como los huecos de los ladrillos para nidificar y extraer de forma exclusiva el el polen de algunos árboles exóticos ornamentales.

En base a las conclusiones del estudio, parece que el cambio climático no favorecerá que en el futuro Megachile sculpturalis pueda ampliar su potencial capacidad de colonización, lo que probablemente se traduzca en una menor presencia de la especie en las regiones mediterráneas, pero una mayor presencia en el centro y norte de Europa, por ejemplo, en las islas británicas. Y aunque los daños ecológicos y humanos que puede originar la abeja gigante de la resina son limitados, los investigadores afirman que es necesario vigilar a la especie para generar más conocimiento científico y evaluar correctamente su estatus de especie exótica invasora, algo para lo cual las bases de datos de ciencia ciudadana han sido cruciales en este trabajo.

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