La Sagrada Familia será en 2026 la iglesia más alta del mundo

Uno de los iconos de la Ciudad Condal, la Sagrada Familia de Barcelona, encara su última fase constructiva, un desafío tecnológico que sorprendería al mismísimo Gaudí y al que le dedicamos un reportaje en el canal de televisión dentro de la serie Megaestructuras

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La Sagrada Familia de Barcelona será terminada en 2026

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La Sagrada Familia de Barcelona será terminada en 2026

La obra de Gaudí actualmente es uno de los lugares más visitados de la ciudad. 

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (9). Una obra vertical

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Una obra vertical

En 2026, además de la impresionante torre de Jesucristo, que contará con un ascensor de cristal para acceder a la cruz situada en su cima, las torres de los cuatro evangelistas se habrán elevado hasta los 135 metros y se habrá terminado de erigir la torre de María, cuya función es conducir la luz hasta el altar. Se espera que estas seis torres centrales estén finalizadas para 2022.

Foto: National Geographic

Construcción de las torres centrales. Construcción de las torres principales

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Construcción de las torres principales

La construcción de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona se completará en 2026, año del centenario de Antoni Gaudí. Las torres principales de la iglesia representarán a las figuras más importantes del cristianismo: Jesús, María, los cuatro evangelistas y los doce apóstoles. La principal, dedicada a Jesús, tendrá una altura de 170 metros.

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (25). Luz y color

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Luz y color

Para Gaudí el color es la manifestación de la vida, y la luz, el elemento natural que da expresividad a la arquitectura. Para dar esplendor a su obra, Gaudí recurrió a la luz. Los rayos solares hacen relucir los pináculos situados en lo alto de todas las torres y de los ventanales, mientras que el sol de levante ilumina los portales de la fachada del Nacimiento, y acentúa la alegría de la vida que es el nacimiento de Jesús.  En el interior del templo, y además del color que aportan los propios materiales constructivos , como los diferentes tipos de piedra utilizados o la baldosa de las bóvedas, también habrá muchos elementos con simbología coloreados, como los vitrales y las inscripciones de los puntos de luz situados en los nudos de cada columna de la nave central.

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (22). Tres fachadas monumentales

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Tres fachadas monumentales

La basílica consta de tres fachadas monumentales: cada una representa uno de los tres momentos culminantes de la vida de Jesucristo: su nacimiento  su pasión, muerte y resurrección , y su gloria, presente y futura. Los diferentes elementos arquitectónicos tienen un simbolismo cristiano ordenado jerárquicamente. Así, cada una de las dieciocho torres tiene una dedicación. Jesucristo estará en el centro, y a su alrededor, las cuatro torres que representan los evangelios, los libros que explican la vida y las enseñanzas de Jesús. La torre sola del ábside, coronada por una estrella, representa a su madre, María, y las doce torres restantes representan a los doce apóstoles, testigos de sus palabras y gestos.

Foto:National Geographic

SAGRADA FAMILIA (10). Completa obra escultórica

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Completa obra escultórica

La obra escultórica del templo es fruto del trabajo de muchos autores que han dejado su impronta artística desde los inicios de la construcción del templo en 1882 hasta la actaulidad. Bajo la dirección inicial del propio Gaudí, creador del proyecto, y siguiendo sus directrices, la obra responde a una compleja iconografía basada en el culto religioso. El propio arquitecto diseñó personalmente muchas de las piezas.

Foto: National Geographic

Un proyecto colosal

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Un proyecto colosal

En 2026 la silueta de la Sagrada Familia habrá visto pasar cinco generaciones de visitantes y nueve arquitectos diferentes. Gaudí dejó maquetas modeladas en yeso que permitían prever su magnitud y sus volúmenes, junto a exhaustivos apuntes y una legión de entregados colaboradores que podían dar fe de los cálculos y complejos desarrollos geométricos no utilizados hasta entonces

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (20). Columnas arborescentes

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Columnas arborescentes

Las columnas arborescentes, además de su función estructural, reflejan la idea de Gaudí de que el interior del templo tenía que ser como un bosque que invitara a la oración, y que fuera adecuado para la celebración eucarística. Con el fin de liberar de peso a los techos y aportar iluminación, proyectó en los espacios situados entre las columnas unos tragaluces o claraboyas, concebidos a partir de hiperboloides, construidos con piezas de vidrio doradas y verdes y con baldosas, por donde entra y se refleja la luz solar. Todos los vitrales del ábside siguen una degradación tonal que busca crear una atmósfera propicia a la introspección.

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (28). Recreación de la vida de Jesús

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Recreación de la vida de Jesús

Gaudí solo vio finalizados la cripta, el ábside y esta fachada del Nacimiento. La tecnología ha brindado a sus sucesores soluciones que, imaginamos, el propio Gaudí habría recibido con complacencia. La más impresionante es la construcción de los paneles que conforman las torres, un conglomerado de piedra y acero de hasta cinco metros de altura, que se construyen a 80 kilómetros de la basílica.

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (18). Planos curvos

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Planos curvos

Gaudí basó sus edificios en una premisa sencilla: si la naturaleza es obra de Dios y las obras arquitectónicas derivan de la naturaleza, entonces el mejor modo de enaltecer a Dios es diseñar edificios basados en su obra. El arquitecto utilizó supefficies helicoidales y planos curvos como base orgánica de sus edificios. Sus columnas, arcos y escaleras nacen invariablemente de este concepto de diseño natural que domina toda su obra, desde la estructura de la fachada hasta las columnas y bóvedas interiores.

Foto: National Geographic

SAGRADA FAMILIA (15). Una obra de altura

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Una obra de altura

La cota máxima de la basílica será de 172,5 metros, una altura que en Barcelona solo exceden la montaña de Montjuïc y el Tibidabo. La verticalidad es una de las características de la iglesia que propone Gaudí con el objetivo simbólico de elevarse hacia Dios: una forma de pirámide desde el exterior, una altura elevada en las naves y unos pináculos, en la cumbre de las torres, que parecen confundirse con el cielo.

Foto: National Geographic

La Sagrada Familia de Barcelona será terminada en 2026

La Sagrada Familia será en 2026 la iglesia más alta del mundo

Barcelona crecerá en vertical durante los próximos meses a un ritmo aproximado de tres metros por día. Es la altura que proporcionarán los paneles pretensados que, milimétricamente ensamblados, culminarán la torre de Jesucristo. Con ella se dará por finalizada la última de las 18 torres proyectadas en la Sagrada Familia, que mar­­cará también la cota máxima de la basílica: 172,5 metros, una altura que en Barcelona solo exceden la montaña de Montjuïc y el Tibidabo. ¿Por qué este límite? Antoni Gaudí, la mente que concibió el templo hace algo más de un siglo, lo tenía muy claro: «la obra del hombre no debe superar jamás la obra de la naturaleza».

El sueño de Gaudí ya tiene fecha de finalización: 2026. Exactamente 144 años después de su inicio y en el centenario de la muerte del genio que la hizo posible. Para entonces, además de la impresionante torre de Jesucristo, que contará con un ascensor de cristal para acceder a la cruz situada en su cima, las torres de los cuatro evangelistas se habrán elevado hasta los 135 metros y se habrá terminado de erigir la torre de María, cuya función es conducir la luz hasta el altar. Se espera que estas seis torres centrales estén finalizadas para 2022. En cuatro años más se habrán culminado diferentes detalles arquitectónicos y la última fachada, la de la Gloria, la puerta principal del templo. En ese momento, en 2026, la silueta de la basílica habrá visto pasar cinco generaciones de visitantes y nueve arquitectos diferentes.

Lacota máxima de la basílica: 172,5 metros, una altura que en Barcelona solo exceden la montaña de Montjuïc y el Tibidabo.


«Mi cliente no tiene prisa», dicen que respondió el maestro Gaudí cuando le preguntaron por los plazos de aquel templo expiatorio que comenzó a alzarse hace casi un siglo y medio en un solar a las afueras de Barcelona. Él tampoco parecía tenerla. Aunque murió antes de lo previsto –como todos los genios–, y para entonces llevaba ya 40 años de su vida dedicados a la construcción de la que sería su obra magna, el joven y visionario arquitecto que había concebido un proyecto colosal mezclando los textos sagrados con las líneas perfectas de la naturaleza sabía, como los maestros de las grandes catedrales góticas, que jamás la vería terminada.

Quizá por eso dejó maquetas modeladas en yeso que permitían prever su magnitud y sus volúmenes, junto a exhaustivos apuntes y una legión de entregados colaboradores que podían dar fe de los cálculos y complejos desarrollos geométricos no utilizados hasta entonces. Gaudí sabía que los que vinieran detrás de él, sus herederos, tendrían que reinterpretar su mente cuando él ya no estuviera.

Pese al incendio que destruyó el taller de Gaudí en 1936, Jordi Faulí, el arquitecto responsable de las obras, afirma que la documentación heredada ha permitido continuar los trabajos durante todo este tiempo con la seguridad de estar siguiendo el camino trazado por su creador. «Gaudí concibió la globalidad del edificio en dibujos de conjunto; y en maquetas, el detalle de partes muy importantes para que sirvieran de modelo para otras partes análogas. También describió todo el simbolismo cristiano que contiene».

El sueño de Gaudí


¿Será entonces el resultado final fiel al sueño de Gaudí? «Reflejará su proyecto tal y como lo han interpretado sus sucesores», matiza Faulí, quien señala que el anhelo de acertar en las decisiones tomadas supone «una importante responsabilidad» para todo el equipo heredero de este sueño colectivo.

Hay también cambios imprevisibles, «cosas que Gaudí no podía prever», apunta Albert Portolés, responsable del taller de modelistas que diseñan y proyectan a escala cada una de las piezas que se alzan formando parte de este puzzle imposible. «Nos toca a nosotros tomar decisiones para adaptarnos a las normativas municipales sobre seguridad o sencillamente al entorno de una ciudad que ha crecido y ha cambiado», añade. Tampoco podía Gaudí imaginar que en la actualidad impresoras 3D diseñaran las piezas que él entonces modelaba en moldes de yeso.

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«La tecnología no modifica el proyecto, solo acelera su ejecución. Gracias a ella nuestra generación podrá verlo terminado», afirma Portolés, quien destila pasión cuando habla de un proyecto al que lleva ligado toda su vida profesional. Empezó con 16 años, enderezando los clavos torcidos para poder reutilizarlos y «estirar» así un dinero que, a base de donativos, afortunadamente nunca ha dejado de llegar. Sea por motivos artísticos o religiosos, las donaciones y las visitas se suceden ininterrumpidamente en un templo que no recibe ninguna otra subvención. Estas suponen una inyección económica que alcanza ya los 50 millones de euros anuales y que permite garantizar la culminación de un sueño.

Quizá Gaudí lo imaginara y por ello tratara de implicar a las generaciones venideras mediante una genial ma­niobra de marketing: en lugar de proyectar las naves en horizontal, como se hace con cualquier edificio, optó por culminar una alzada, la fachada del Nacimiento. La singularidad de sus líneas, la curiosidad que despertaba, sería su mejor tarjeta de presentación y lo que mucho tiempo después aseguraría la viabilidad del proyecto. «Vendrán gentes de todo el mundo para ver lo que estamos haciendo», profetizó el maestro. Más de cien años después, casi cuatro millones de turistas anuales dan verosimilitud a sus previsiones. E incluso –nos atrevemos a pensar– seguramente las excedan con creces.

Las obras de la Sagrada Familia en la actualidad



En la actualidad las obras conviven con el horario de culto, misas en cinco idiomas, un ritmo de visitantes diarios que alcanza las 15.000 personas y el intenso tráfico de la calle Mallorca, una importante y céntrica arteria de la ciudad. «Nada de esto se podía prever hace más de un siglo», señala Portolés.

Una vez más la tecnología ha brindado a sus sucesores soluciones que, imaginamos, el propio Gaudí habría recibido con complacencia. La más impresionante es la construcción de los paneles que conforman las torres, un conglomerado de piedra y acero de hasta cinco metros de altura, que se construyen a 80 kilómetros de la basílica y a ras de suelo, disminuyendo ostensiblemente los embotellamientos y reduciendo los riesgos inherentes a la construcción. Las voluminosas piezas llegarán a la catedral únicamente para ser ensambladas, como en un gigantesco Lego. Será así como barceloneses y visitantes podrán contemplar desde ahora hasta 2022 cómo la basílica crece, literalmente, ante sus ojos.

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