El futuro del Mar Menor

Las manecillas del reloj no se detienen y, con el paso de los días, se va prolongando la agonía del Mar Menor. Pareciera que la muerte masiva de peces o las cantidades exorbitadas de algas que aparecen en sus aguas no fueran lo suficientemente graves como para llamar a la acción inmediata. Sin embargo, las administraciones no entienden que se trata de un problema con profundas raíces que no puede ser solucionado con medidas milagrosas. Quien algo quiere, algo le cuesta, y si no se está dispuesto a cambiar la dinámica de las actividades que se desarrollan en la cuenca de la laguna, ¿qué futuro le espera al Mar Menor?

Es cierto que, a raíz de la creciente popularidad de este desastre ecológico, han surgido distintas iniciativas para tratar de solucionarlo pero, no es oro todo lo que reluce. Hace unos días han comenzado unos nuevos ensayos que consisten en la inyección directa de oxígeno en la laguna, lo que demuestra los intentos por buscar una solución inmediata y sin compromiso. Aún se desconoce la eficacia de esta “solución” pero lo que sí se sabe es que no frenará los aportes de nitratos y fosfatos, que son los verdaderos causantes del problema. Las medidas a corto plazo no hacen más que prolongar la incertidumbre y contribuyen a la demora de soluciones eficaces.

Es hora de escuchar a investigadores y científicos que desde hace años vienen advirtiendo del desastre que hoy es una triste realidad. Su conocimiento puede ser clave para paliar el problema y sus propuestas como la biorremediación con bivalvos podrían albergar la clave para ayudar a este necesitado ecosistema.

Pero de nada sirven este tipo de iniciativas si el problema no se corta de raíz o si no se cuenta con los medios necesarios para llevarlas a cabo. En esta tesitura se vuelve vital establecer un consenso entre la comunidad científica, la administración y las empresas de la zona para luchar contra un enemigo común, la muerte del Mar Menor.

Aunque la atropellada gestión de este desastre parece una cosa de adultos, los jóvenes también deberíamos tener derecho a defender algo que es tan nuestro como suyo y, dentro de nuestras posibilidades, debemos ser partícipes de este consenso pues somos una importante pieza del puzzle.

Somos nosotros los que sufrimos al ver cómo la laguna pierde día a día su brillo, los que más sufriremos las consecuencias y los que más impedidos nos vemos a la hora de colaborar. A pesar de ello, no nos cansaremos de luchar por ser escuchados. No debemos olvidar que la unión hace la fuerza y que juntos podemos lograr lo impensable ¿cómo si no el Mar Menor estaría a punto de conseguir personalidad jurídica?

Como sociedad disponemos de las herramientas para cambiar la situación y debemos hacerlo pronto. Cuanto más se tarde en tomar medidas, más difícil será enmendar el daño causado por la eutrofización. Al Mar Menor se le agota el tiempo, actuemos.