La diversidad del color de la piel, el espectro cromático humano

La fotógrafa Angélica Dass asoció durante años miles de tonos de piel con los matices de una paleta cromática estándar para demostrar cuán arbitrarias pueden ser las clasificaciones raciales.

Collage de retratos multiétnicos

Collage de retratos multiétnicos

Foto: Angélica Dass

Collage de retratos multiétnicos

Cuando la gente veía la piel oscura de la brasileña Angélica Dass y los tonos rosados del español con el que está casada, especulaban sobre el color de sus futuros hijos. En busca de pistas, Dass estudió a su propia familia, cuyos tonos europeos y africanos van "del bizcocho al chocolate, pasando por el cacahuete". En 2012 se fotografió a sí misma, a su marido y a sus respectivas familias para mostrar esta mezcla de colores. Luego tomó una franja de píxeles de la zona de la nariz de todos ellos y buscó su correspondencia en la carta Pantone, el estándar por excelencia en materia de color. Así nació Humanae, un proyecto que ha recopilado 4.000 retratos y un inventario cromático de los diferentes tonos de la piel humana en 18 países.

En el siglo XXI el color de la piel sigue determinando el tratamiento que recibe una persona. "Esta deshumanización de los seres humanos está ocurriendo ahora mismo –dice Dass–. En la frontera de Libia y en nuestra vida cotidiana, cuando alguien no tiene la misma libertad que tú, es porque lo estás tratando como si fuese un poco menos humano". Ella culpa a lo que llama nuestra paleta cromática "binaria". Cuando tenía seis años, su maestra le dijo que pintase con la cera de "color carne". Se quedó mirando la cera rosa y pensó: "¿Cómo le digo que yo no soy de este color?". Esa noche, antes de dormir, pidió a Dios que por la mañana se despertase siendo blanca.

En el siglo XXI el color de la piel sigue determinando el tratamiento que recibe una persona. "Los niños no se describen como blancos o negros, eso se lo enseñamos nosotros", asegura Dass.

Años después, cuando estudiaba diseño y moda, aprendió a distinguir miles de matices dentro de un mismo color. Se lo cuenta a los alumnos cuando presenta su proyecto en los colegios, pero la mayoría de ellos ya lo sabe. "Los niños no se describen como blancos o negros, eso se lo enseñamos nosotros", asegura Dass. Precisamente los niños, explica, inventaron los nombres de los colores que ella utiliza ahora para hablar de su familia, como cacahuete y chocolate.

Para crear Humanae ha estado en todo el mundo, desde Tennessee, donde un exsupremacista blanco se echó a llorar en sus brazos, hasta Suiza, donde unos ancianos se reunieron con los refugiados a cuyo reasentamiento se oponían. "Los espacios en los que no esperas hallar empatía pueden ser el lugar perfecto para que empiece a brotar una semilla, que tal vez transforme nuestro futuro como seres humanos", declara la artista.

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