Azul marino

Pensar en los océanos es evocar las grandes gestas de la Humanidad. Es imaginar aventuras, estudiar expediciones épicas en busca de nuevas tierras, soñar con civilizaciones y ciudades mitológicas sumergidas en los oscuros fondos marinos, aprender de las innumerables exploraciones, asombrarse con la fauna abisal. Es comercio, encuentros, naufragios. Es conocer que en los océanos habitan desde el animal más grande del planeta como es la ballena azul, hasta organismos microscópicos como el plancton. La historia de los océanos es la historia de cómo surgió la vida, de las especies que de él se nutren y de los hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, se han sentido atraídos por sus profundidades, han aceptado sus desafíos y superado sus miedos en busca de respuestas.

Se trata del hábitat más grande del planeta Tierra, pero desgraciadamente los altos niveles de contaminación han afectado a cientos de especies y la situación en la que se encuentran nuestros océanos no es la más deseable. La explotación de sus recursos, el calentamiento y la acidificación de las aguas, la sobrepesca o la contaminación por plásticos son algunos ejemplos de los problemas que debemos afrontar si queremos protegerlos. La buena noticia es que actualmente contamos con tecnologías capaces de detectar y de poner soluciones al impacto que el cambio climático está teniendo en los océanos. El uso de drones o de aplicaciones que emplean un algoritmo diseñado con técnicas de inteligencia artificial son algunas de ellas.

A través de organismos como la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO o diferentes organizaciones como OCEANA, BirdLife Europe o Seas At Risk, entre otras muchas, se lucha por la recuperación y la conservación de los ecosistemas marinos. También es digna de mención la labor que llevan a cabo personas anónimas desde todos los puntos del planeta. Todo suma. Pero, lamentablemente, lo que más resuena en nuestros cerebros son promesas o iniciativas que muchas veces dan la sensación de que se quedan únicamente en eso. Puede que no se trate solo de compromisos, de subvenciones millonarias o de inteligencias artificiales. Vivimos demasiado desconectados de la naturaleza en general y de los océanos en particular. Quizás deberíamos volver a verlos con los ojos maravillados con los que miramos las primeras veces, con los ojos que debieron verlos nuestros ancestros. Aquellos que aprendieron a aprovechar lo que los océanos generosamente les ofrecían, aquellos que se embarcaron en la odisea de surcarlos y que comprendieron lo importante que eran para sus vidas. Para la vida.

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Este es uno de los trabajos ganadores o finalistas del II Concurso de Redacción Periodística para Jóvenes de National Geographic España y RBA Libros, dedicado a los océanos. Aquí podéis consultar la lista completa de los trabajos premiados y seleccionados por el jurado.