Así nació el reportaje Matagi, los cazadores de Japón

Hablamos con Javier Corso y Alex Rodal, autores de uno de los reportajes principales que aparecen en el número de enero 2021 de National Geographic España para saber cómo nace, crece y se acaba publicando un reportaje en nuestra revista.

Imagen principal del reportaje sobre los matagi publicado en el número de enero 2021 de National Geographic.

Imagen principal del reportaje sobre los matagi publicado en el número de enero 2021 de National Geographic.

Foto: National Geographic

"Haruo Endo, líder espiritual de un grupo de cazadores matagi en Oguni, en la prefectura de Yamagata, ha tomado la palabra. El resto escucha con atención. «Esto se acaba en nuestra generación», sentencia. Un tenso silencio se apodera de los ancianos allí presentes, quienes fijan su mirada en el suelo y asienten, taciturnos. Solo el calor del fuego reconforta los corazones en la fría noche primaveral. Un fuerte olor a guiso impregna la bulliciosa estancia. Apenas media docena de hombres se han reunido en la pequeña cabaña de Takeshi Sato, apodado «el Capitán». En sus arrugados rostros se percibe una mezcla de tristeza y resignación, conscientes de que no pueden ganar la batalla contra el tiempo.
Los matagi son cazadores tradicionales, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, que viven en pequeños pueblos en los altiplanos del norte de Japón. Cada comunidad tiene sus propias características, pero todos ellos, herederos de un legado transmitido oralmente de padres a hijos, comparten unos códigos de conducta y una cosmovisión según la cual se consideran guardianes del equilibrio natural. Un reducto cultural, desconocido incluso por el resto de los japoneses, que actualmente se encuentra en peligro de extinción".

Así empieza el emocionante reportaje publicado en nuestra revista de enero de 2021 titulado "Los matagi, cazadores de Japón" y firmado por Alex Rodal y el fotógrafo Javier Corso que ha conseguido el reconocimiento de National Geographic como 'Best Edit' entre todas las ediciones del mundo. El relato se adentra en las 18 páginas que componen el trabajo, a través de las fotografías y el texto, en la vida de esta desconocida comunidad japonesa. Un viaje por las prefecturas de Akita y Yamagata en las que los autores van descubriendo a distintos personajes que permiten conocer la evolución histórica de los matagi así como sus prácticas, creencias religiosas y el incierto futuro que les espera. Como nos explica el propio Rodal, "el reportaje no versa sobre la caza. Es sin duda un rasgo común y principal en todas las comunidades matagi, pero a su vez resulta una excusa para hablar de lo que realmente les define: su particular cosmovisión y la relación que tienen con el entorno natural que les rodea".

El inicio del proyecto

Un reportaje de esta envergadura no nace de la noche a la mañana, sino que requiere de un trabajo de años. Alex Rodal nos explica cómo nació: "A mediados de 2016, en OAK STORIES nos propusimos abordar un nuevo proyecto documental –esta vez de clara naturaleza antropológica– que versase sobre herencia cultural. Dado que tanto Corso como yo amamos el país nipón, Japón se erigió entonces como el mejor ejemplo de sociedad en la que aún conviven tradición y modernidad. Inicialmente esbocé una lista de hasta diez posibles temas a tratar, pero fueron Carlos Chevallier, de la Embajada del Japón en España, y Hajime Kishi, de la JNTO (Oficina Nacional de Turismo de Japón), quienes nos pusieron sobre la pista de esta misteriosa y desconocida comunidad de cazadores tradicionales. Tras investigar un poco sobre los matagi, le presenté a Javier un primer dossier con información sobre su cultura y algunos referentes visuales. Sus ojos se iluminaron apenas hubo terminado de leer el primer párrafo" explica Rodal.

"Le presenté a Javier un primer dossier con información sobre la cultura matagi. Sus ojos se iluminaron apenas hubo terminado de leer el primer párrafo", explica Alex Rodal.

Papeleos, llamadas, revisión histórica, contactos... El trabajo previo al viaje fotográfico fue titánico. A los problemas con el vocabulario (ninguno de los dos autores sabía japonés), se unía la reticencia de la comunidad a de dejar que unos occidentales se "colaran" en sus vidas y les fotografiaran para documentarlo. Javier Corso nos explica cómo fue la primera toma de contacto con una comunidad matagi: "Tras unos meses preparando el terreno, finalmente viajé sin Rodal en la primavera de 2017. Aquella primera estancia de varias semanas me permitió conocer a uno de los grupos de cazadores de Animatagi, en la prefectura de Akita, y a otro en Oguni (Yamagata). Fue en este último –ya al final de la expedición– donde me presentaron a Hiroko Ebihara, la primera mujer matagi. La ausencia de mujeres cazadoras ha sido lo habitual durante sus cinco siglos de historia, por lo que el hallazgo suponía un giro inesperado que nos permitía ampliar el proyecto. Dos años más tarde, y gracias al apoyo de National Geographic, regresamos a la región de Tōhoku para seguir contando su historia y la del resto de mujeres: madres, esposas e hijas de los cazadores matagi", apunta Corso.

La preparación de un fotógrafo National Geographic

Javier Corso es uno de los fotógrafos con más talento del panorama actual. Sus fotografías transmiten sentimientos y transportan a quien las mira al lugar de la acción de una manera personal e intimista. Sus fotografías cuentan historias. Y el proyecto matagi no es una excepción. ¿Cuál es su secreto? ¿Qué tipo de trabajo previo hay que realizar para conseguir ese tipo de imágenes? ¿Qué equipo fotográfico se necesita?

"Lo que transmitimos está intrínsecamente ligado a cómo nos perciben o nos ven, y eso afecta directamente a cómo los demás se protegen o se exponen frente a la cámara. Javier Corso.

El propio Corso nos lo explica: "Antes del proyecto MATAGI ya había tenido ocasión de visitar Japón en el año 2015, por lo que durante los meses previos al viaje me dediqué a recordar atmósferas, comportamientos e intuiciones que había visto, vivido o sentido estando allí. Aquello tenía que ver más con el cómo comportarse y el qué esperar —como documentalista extranjero— que con el acto fotográfico en sí; ya que lo que transmitimos está intrínsecamente ligado a cómo nos perciben o nos ven, y eso afecta directamente a cómo los demás se protegen o se exponen frente a la cámara.

Imaginé cientos de situaciones perfectas en base a lo que habíamos podido averiguar sobre ellos, revisando por las noches el tratamiento del hombre y la naturaleza en el cine y literatura, acompañado de viejos conocidos como London, Iñárritu o Kurosawa, y otros proyectos fotográficos como “The Hunt” de mi amigo Álvaro Laiz. Todas las fotografías que tenía en la cabeza —y las muchas que ni llegaba a imaginar— las podía resolver con las tres lentes que utilizo habitualmente en los reportajes: 24, 35, y excepcionalmente un 85mm de la luminosa serie Art (1.4), de la casa SIGMA".

Y la preparación periodística

La fotografía es uno de los elementos clave en cualquier reportaje de National Geographic, pero los textos también deben ser sublimes para que el trabajo sea excepcional. Y para llevar a cabo este trabajo periodístico los problemas y limitaciones son más que evidentes. Por un lado las cuestiones logísticas como el idioma o el acceso restringido a extranjeros y por otro el hecho de que los matagi son, en esencia, cazadores, siendo su presa principal el oso negro japonés, una especie considerada como vulnerable por la UICN.

Rodal nos explica en primera persona algunas de estas complicaciones. "En nuestro segundo viaje a Japón, en abril de 2019, nada más aterrizar nos comunicaron que Toda, el líder del grupo al que pertenecía Hiroko (la primera mujer matagi) no estaba dispuesto a aceptarnos ni a dejarnos documentar su estilo de vida. Preocupados pero no resignados, decidimos esperar nuestra oportunidad. Como ya había logrado Javier dos años antes, teníamos que ganarnos la confianza de este nuevo grupo. Nos informaron que al día siguiente se iban a reunir todos los líderes cazadores de la región, convocados por las autoridades locales, con el fin de diseñar una estrategia para controlar la población de animales salvajes y establecer los límites de la caza.

Tan pronto entramos en la sala que acogía el encuentro, el veterano y respetado Capitán Sato –un matagi de aspecto serio y con reputación de tipo duro– sonrió de oreja a oreja, se puso de pie, cruzó la habitación y abrazó a Corso frente a todos los demás. Este significativo gesto, una muestra de aprecio rara entre los japoneses, evidenció lo que habían vivido juntos dos años antes. La mejor carta de presentación que nadie podría habernos dado. Después de presenciar ese entrañable momento, y unas pocas palabras más tarde, Toda nos abrió las puertas de su comunidad y aceptó que subiéramos a la montaña con ellos".

"El veterano y respetado Capitán Sato sonrió de oreja a oreja, se puso de pie, cruzó la habitación y abrazó a Corso frente a todos los demás. Esta fue la mejor carta de presentación que nadie podría habernos dado". Alex Rodal

Javier Corso junto al capitán Sato, en Oguni, Japón, en el viaje que realizó en 2017.

Javier Corso junto al capitán Sato, en Oguni, Japón, en el viaje que realizó en 2017.

Foto: Lautaro Bolaño

La primera mujer matagi

Muchas tradiciones mantienen a las mujeres en un segundo plano. Y la comunidad de los matagi no es una excepción. Conocer a Hiroko Ebihara, la primera mujer matagi trastocó los planes de Corso y Rodal, pero para bien. El proyecto se elevaba a un nivel superior, pues precisamente que esta comunidad de cazadores en peligro de extinción transgrediera sus propias creencias y aceptara a una mujer entre sus filas cambiaba la perspectiva y los objetivos del mismo. En palabras de Javier Corso, este hecho "nos permitía hacer una revisión al completo de la historia matagi desde sus orígenes hasta nuestros días, invitando a la reflexión sobre el papel de la mujer en el mundo. Esta nueva forma de aproximarnos al tema nos valió el reconocimiento de la National Geographic Society, de la que recibimos a finales de 2018 una de sus becas de investigación y exploración".

Y es que precisamente este reconocimiento de National Geographic (el cual es posible gracias a las aportaciones y los suscriptores de la revista, pues parte del beneficio obtenido redunda directamente en este fondo para la exploración y la investigación) supuso el espaldarazo definitivo al proyecto. La designación de estas becas convierten al becado en Explorer de National Geographic, pasando a formar parte de una exclusiva comunidad de comunicadores, científicos, fotógrafos, etcétera para el desarrollo de sus proyectos. La beca supuso, además, que otras entidades se decidiesen a prestarles su apoyo como patrocinadores, lo que logísticamente facilitó mucho la segunda expedición a Japón.

Un futuro prometedor

Para Rodal y Corso descubrir historias e intentar hacerlas llegar a más y más gente forma parte de su ADN. El proyecto matagi está a punto de concluir, pero tienen otras muchas ideas de futuro en la cabeza. De momento, como broche final del proyecto cuentan con una exposición fotográfica que esperan pueda seguir itinerando a partir de la primavera de 2021, "una muestra que nos gustaría llevar a Japón y compartir con la comunidad" apunta Rodal. Además, acaban de lanzar un libro que permite profundizar aún más en el proyecto y que están promocionando a través de una campaña de crowdfunding en la que se puede conseguir el libro junto a copias fotográficas y otros contenidos exclusivos. "Se trata de un proyecto editorial que hemos cuidado al detalle en fondo y forma, y en el que los lectores podrán encontrar una selección de las mejores fotografías, la leyenda original matagi —con su correspondiente traducción al castellano—, y un diario en nueve capítulos que toma el testigo de este mito sintoísta y nos narra la evolución de la comunidad matagi desde sus orígenes hasta nuestros días. Un ejercicio literario que hemos llevado a cabo Javier y yo, escribiendo a cuatro manos una historia fascinante que emplea la voz de la propia diosa de la montaña, Yama-no-Kami, como hilo conductor".

National Geographic Enero 2021

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