Como grandes arquitectos de la naturaleza que son, los castores ayudan con su labor a preservar los ecosistemas fluviales, pues, al construir sus diques con los troncos de los árboles, alteran el curso de los ríos y arroyos, formando involuntariamente bañsas que contribuyen a conservar el agua y que favorecen la biodiversidad, un trabajo que contribuye en gran medida a dispersar los sedimentos, algo que, entre otros beneficios, redunda en la calidad del agua y a detener la pérdida de suelo agrícola, según documentaron hace unos años científicos de la Universidad de Exeter, en Inglaterra. Sin embargo, como muchas otras actividades naturales, las presas construidas por los castores también tienen efectos colaterales. En ecosistemas de tundra, por ejemplo, estos roedores semiacuáticos ayudan a la creación de nuevos pantanos y lagos que aceleran el deshielo del permafrost. En otras latitudes, como el oeste de Estados Unidos, su actividad puede agravar la propagación de toxinas ricas en mercurio, tanto en los ríos que represan como en sus hábitats circundantes. Son las conclusiones de un estudio reciente pendiente de revisión llevado a cabo por la Universidad de Colorado en Boulder y presentado en la última convención de la Convención de Geofísica Americana, celebrada en San Francisco. 

"En un mundo en el que los castores se consideran cada vez más un medio eficaz en labores de restauración y conservación, la reintroducción de estos roedores en el oeste de Estados Unidos está relacionada con un aumento de la probabilidad de detección de flujos anormalmente grandes de metilmercurio a gran escala", afirma Clifford Adamchak, doctorando del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de dicha universidad". Por ello, advierte, es importante comprender mejor el impacto de sus actividades".  

Las actividades humanas, como la quema de carbón y la minería, emiten mercurio a la atmósfera que, cuando llueve o nieva, regresa a la tierra a través de lagos o arroyos. En el agua, las reacciones químicas y ciertas bacterias transforman el mineral en metilmercurio, un compuesto orgánico tóxico que puede acumularse en los organismos y descender por la cadena trófica. Por ejemplo, cuando un oso depreda un pescado que contiene esta neurotoxina, el agente contaminante se acumula en su organismo, con lo que la ingesta de grandes cantidades de alimentos que contienen este compuesto pueden provocar envenenamiento por mercurio y daños en el sistema nervioso de otros animales de la cadena trófica, entre los que nos encontramos los seres humanos. Así, los esfuerzos para mantener a raya las emisiones de gases de efecto invernadero en los últimos años han reducido considerablemente los niveles de este compuesto tóxico en el este de Estados Unidos, pero no así en el oeste del país, donde los niveles se han mantenido constantes, o incluso han aumentado. 

Contaminación de los lodos

Adamchak y su equipo se propusieron investigar si el aumento de la actividad de los castores a raíz de su reintroducción había incrementado los niveles de metilmercurio en el agua de ríos y arroyos del oeste de Estados Unidos. Para ello, se dirigió a varios estanques en California y Colorado y tomó más de 300 muestras de agua y sedimentos de estos ecosistemas y de su entorno circundante. Al analizarlos, descubrió que los niveles de tóxicos en el agua eran muy bajos, no así en los sedimentos localizados en el limo, lo que sugiere que las toxinas podrían estar acumulándose en el fondo de los pantanos y en sus alrededores, donde el agua se sumerge periódicamente, dejando a la intemperie lodazales con unas concentraciones muy altas de estos agentes contaminantes. No es la primera vez que se llegan a conclusiones similares. En 2009, un estudio publicado en la revista especializada Environmental Science and Tecnology concluyó que la alteración del paisaje por parte de los castores puede ser una importante fuente de metilmercurio en masas de agua más profundas, mientras que en 2015 otra investigación encontró que las concentraciones de estos agentes contaminantes de las aguas profundas podrían albergar hasta 3,5 veces más contaminantes.

Un castor americano remueve la vegetación en busca de material para construir una presa
Traci Beattie/ Shutterstock

El posible efecto perjudicial que estos arquitectos de la naturaleza ejercen sobre la dispersión del mercurio queda sobradamente compensado por los innumerables beneficios que los castores tienen en la conservación de estos ecosistemas fluviales.

A pesar de todo, los castores tienen una gran importancia ecológica para los ecosistemas fluviales

Sea como fuere, el posible efecto perjudicial que estos arquitectos de la naturaleza ejercen sobre la dispersión del mercurio queda sobradamente compensado por los innumerables beneficios que los castores tienen en la conservación de estos ecosistemas fluviales. Adamchak sostiene que su investigación, todavía en las primeras fases de estudio, no ha logrado probar hasta el momento hasta qué punto el aumento del metilmercurio se debe únicamente a la actividad de los castores. “Creo que las concentraciones en el agua son lo suficientemente bajas como para no ser preocupantes, sobre todo porque existen mecanismos naturales de descontaminación que transformarán el mercurio tóxico de nuevo en su forma menos tóxica. Sin embargo, si la contaminación de mercurio inorgánico de la atmósfera (Hg) aumenta significativamente, las concentraciones de MeHg también aumentarán”, aclara. Aun así, recalca, se ha demostrado que los estanques pueden eliminar por sí mismos el exceso de nutrientes y contaminantes del agua y transformarlos en formas menos tóxicas o almacenarlos en los sedimentos. De hecho, estos ecosistemas acuáticos actúan como ‘riñones’, que filtran los contaminantes, con lo que, aunque los castores puedan contribuir involuntariamente a aumentar las concentraciones de metilmercurio y reducir la presencia de otros muchos agentes contaminantes que podrían ser más perjudiciales para la salud de los ecosistemas. "Los castores tienen un efecto abrumadoramente positivo en el paisaje, desde la mitigación de los daños causados por incendios, sequías e inundaciones hasta el aumento de la recarga de acuíferos, el incremento general de la calidad del agua y el almacenamiento de sedimentos y nutrientes en el paisaje. Por ello, la reintroducción de estos animales a gran escala contribuirá sin lugar a dudas a la mejora del medio ambiente, señala el experto. El beneficio de estos roedores supera al coste medioambiental. Y al final, es lo que cuenta.

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