Vídeo: ¿Cuánto sabes sobre la longevidad de tu perro?

Por norma general, y aunque haya excepciones, los perros de razas muy grandes – como el San Bernardo o el gran danés – suelen tener una esperanza de vida más corta que aquellos de razas pequeñas, como el chihuahua. Mientras que estos últimos pueden alcanzar los 20 años, los perros de gran tamaño – las llamadas razas gigantes, que superan los 50 kilos – no suelen pasar de los 10 años.

Típicamente se ha dicho que la razón de esto es que los perros de raza gigante envejecen más rápido. Pero un nuevo estudio apunta a que esto no es exactamente así: lo que sucede es que son más vulnerables a las enfermedades asociadas a la vejez y por esto pueden padecerlas a edades más tempranas.

 

Cuanto más grande, una vida más corta

Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Adelaida (Australia) ha examinado las diferencias en la esperanza de vida de 164 razas caninas. Los investigadores han observado que la principal causa de muerte natural en perros ancianos es el cáncer y que las razas de gran tamaño tienden a sufrir esta enfermedad a edades más tempranas.

El doctor Jack da Silva, coautor del estudio, afirma que a medida que el peso corporal medio aumenta, las tasas de cáncer también lo hacen. ¿La explicación? “Creemos que la relación entre el tamaño del cuerpo de un perro y su esperanza de vida puede deberse a un retraso evolutivo en las defensas contra el cáncer del cuerpo, que no pueden seguir el ritmo de la rápida y reciente cría selectiva de perros más grandes”, afirma.

 

Boyero de Berna (1)
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El boyero de Berna es una de las razas con menor esperanza de vida: aunque puede llegar a vivir 10 años, a causa de su predisposición al cáncer es frecuente que mueran antes, incluso con 4 o 5 años.

 

Lo que sucede es, a la práctica, que los perros de razas gigantes tienen un sistema inmunitario insuficiente para su tamaño o, dicho de otra manera, que es el propio de un perro de tamaño mediano-grande. La razón subyacente es que su sistema inmunitario se ha forjado a lo largo de su historia evolutiva y, puesto que en esta han predominado los perros de tamaño mediano, las defensas genéticas de la especie son las adecuadas a un organismo de ese tamaño.

Por supuesto, hay razas de menor tamaño con esperanzas de vida más o menos igual de cortas. Un caso típico es el del bulldog francés, cuya esperanza de vida ronda los 10 años. La razón es que esta raza es un caso extremo de braquiocefalia, es decir, su cráneo es más pequeño de lo que debería por su especie: de forma natural los perros, igual que los lobos, deberían tener un hocico más o menos alargado. Como consecuencia de la cría selectiva para crear perros de hocico chato, estos tienen hasta 20 veces más probabilidades de sufrir problemas respiratorios.

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Los perros de hocico chato, como los bulldog o los pug, tienen una incidencia hasta 20 veces mayor de enfermedades respiratorias.

Crecer rápido y reproducirse joven

Por norma general, las especies más pequeñas tienden a tener un ritmo de madurez más rápido: su objetivo natural es llegar a la edad reproductiva lo más pronto posible. En el caso de los perros, la madurez sexual se alcanza entre los seis y los doce meses de edad, proporcionalmente al tamaño. Durante la fase de crecimiento, el organismo se va formando y, entre otras cosas, desarrolla sus defensas genéticas.

Lo que sucede con los perros gigantes es que la diferencia entre su peso y tamaño de cachorros y de adultos es demasiado grande. Por poner un ejemplo, un cachorro de San Bernardo pesa alrededor de 5 kilos cuando solo tiene un mes de edad, mientras que de adulto puede superar los 80 kilos. Y especialmente en los primeros meses de vida, su crecimiento es muy rápido. Esto hace que su sistema inmunitario no pueda desarrollarse al ritmo que sería adecuado para un organismo de ese tamaño, lo que se traduce en una mayor vulnerabilidad a enfermedades como el cáncer.

El problema, en definitiva, no es que los perros gigantes envejezcan antes, sino que se hacen adultos tan rápido que su sistema inmunitario no puede seguirles el ritmo y, en consecuencia, no se desarrolla como debería hacerlo.

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La teoría del soma desechable

Esta conclusión se basa en una teoría conocida como “soma desechable”, propuesta en 1977 por el biólogo Thomas Kirkwood. Esta teoría afirma que un organismo tiene una cantidad limitada de recursos que debe distribuir en tres áreas: crecimiento, reproducción y mantenimiento del ADN. Lo que sucede en los organismos que dedican muchos recursos al crecimiento y a la reproducción es que, en contrapartida, pueden dedicar menos al mantenimiento del ADN, lo cual facilita la aparición de células cancerígenas.

Esto parece contrastar con otra tendencia natural: las especies de mayor tamaño suelen tener esperanzas de vida más largas. Pero eso tiene una explicación: dichas especies tardan mucho más en alcanzar la madurez sexual, tienen periodos de gestación más largos y suelen parir pocas crías por camada. Por ejemplo, el elefante africano tiene un periodo de gestación de 22 meses y solo nace una cría en cada parto.

En comparación, el embarazo de un perro dura entre dos y tres meses y puede dar a luz hasta a nueve cachorros en el caso de las razas más grandes. De hecho, una de las principales razones que dan los veterinarios para esterilizar a una mascota es que la menor exposición a las hormonas sexuales reduce el riesgo de ciertos tipos de cáncer, como el de próstata en los machos y el de mama en las hembras.

 

Chihuahua (1)
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Los chihuahuas son una de las razas más longevas: su esperanza de vida media llega a los 16 años, mientras que la mayoría de razas oscilan entre los 10 y los 12.

 

La influencia de la cría selectiva

La buena noticia para estas razas es que, según los autores, en el futuro debería mejorar su resistencia al cáncer. “La mayoría de las aproximadamente 400 razas de perros que conocemos hoy en día solo se establecieron en los últimos 200 años”, explica el doctor da Silva.Los perros más grandes no han tenido tiempo de desarrollar mejores mecanismos de defensa contra el cáncer que coincidan con su tamaño”.

Esto aún podría suceder, pero puede tener un coste para la reproducción”, explica el investigador. Es decir, que si en el futuro los perros tuviesen menos crías, su organismo podría dedicar más recursos al mantenimiento del ADN. Otra posibilidad sería que su tamaño promedio disminuyera, ajustándose a lo que su sistema inmunitario puede defender.

Beagle (1)
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El cáncer es responsable de aproximadamente el 50% de las muertes naturales en perros; un porcentaje mucho mayor que el de los humanos, que está alrededor del 25%. Ciertas razas, como el beagle, son más propensas a sufrirlo a causa de la endogamia.

Además del tamaño, hay otra razón principal por la que ciertas razas son más propensas a padecer cáncer: la endogamia. Razas de tamaño mediano, como el beagle y el golden retriever, tienen unas tasas de cáncer mucho más altas que otros perros de su tamaño. En una escala global, los bóxer – considerados perros de talla grande, pero no gigante – son la raza con una mayor incidencia de cáncer en comparación con las de su mismo tamaño.

Esto se debe principalmente a que el pool o acervo genético de ciertas razas es muy limitado. Los criterios para que un perro sea considerado de raza pura varían de una a otra y, cuanto más estrictos sean, mayor será la endogamia y por, lo tanto, más probabilidad de sufrir enfermedades. Por el contrario, el pool será más amplio cuanto más variantes tengan sus representantes. Ese es el motivo por el que, de media, los perros de razas cruzadas tienen una esperanza de vida superior, que se incrementa cuanto más distantes sean entre sí sus progenitores.

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